Boletín Círculos de Predicadores Nº 51

Hace unos días se celebró el Día de Acción de Gracias, y el Black Friday… Con qué hemos pasado más tiempo? Buscando ofertas y encontrar el mejor precio, o hemos aprovechado para tener un tiempo de gratitud a Dios y compartirlo con hermanos…

No siempre somos conscientes, pero tenemos en nuestras manos el libro más importante jamás escrito, el libro más relevante para cualquier vida, el libro con más relevancia en la actualidad y en la eternidad, el libro en el que puedo encontrar quién soy y quién es Él, … Por eso, desde TdP, queremos darle las gracias a Dios por habernos dejado su palabra por escrito, que nos permite acercarnos al corazón de Dios, para conocerle y vivirle y experimentarle.

Primer Acción de Gracias en Plymouth’, cuadro de Brownscombe, 1914.

Os compartimos un nuevo boletín, con una reseña sobre el mini-retiro del grupo de Zona Centro (Madrid) y un artículo sobre el Predicador como consejero bíblico, muy interesantes.

Gracias por leernos ☺

Jesús M.

Taller de predicación mini-retiro nivel 1 – Zona Centro (Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura)

Hemos celebrado el segundo mini-retiro de este año del 8 a 9 de noviembre en el centro de conferencias de Pinos Reales. Con una asistencia de 29 personas, hemos abordado dos temas apasionantes respecto a la predicación expositiva del Antiguo Testamento: la poesía y la profecía. Luis Fajardo y Esteban Rodemann han dado exposiciones bíblicas –evaluadas acto seguido en los grupos pequeños– y sesiones de enseñanza sobre cómo abordar estos dos géneros literarios para el mayor provecho de las congregaciones.

Zacarías 8 fue el pasaje de estudio para los mini-grupos. El ejercicio de distinguir entre la prosa llana y las figuras de dicción ha sido todo un reto, pero fundamental para analizar cómo un pasaje profético puede transmitir un mensaje al creyente de hoy.

Para ver el artículo completo y más fotos pues hacer click aquí.

Por el comité regional

Luis Cano, Esteban Rodemann, Evelio Moreno

El predicador como consejero bíblico: La predicación expositiva y la atención personalizada

La Biblia se refiere al poder sanador de la palabra de Dios. Desde la primera promesa en Edén («alguien vendrá para arreglar esto», Gn. 3.15), las promesas del Señor se multiplican para renovar fuerzas en hombres y mujeres que luchan por sobrevivir en un mundo caído. La certeza que mana de lo que Dios ha prometido hacer infunde vitalidad a la experiencia del creyente:

Envió su palabra, y los sanó,Y los libró de su ruina (Sal. 107.20).

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (Jn. 17.17).

…con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos (Mt. 8.16).

Para que la palabra de Dios ejerza esta función sanadora, tiene que llegar a los oídos de la congregación como palabra de Dios. Así actúa en los creyentes (1 Tes. 2.13), produciendo cambios reales en las vidas humanas. Pablo recuerda a los efesios que habían oído a Jesús, habían sido enseñados por Jesús (Ef. 4.21), aunque Jesucristo en persona nunca había pisado su tierra. Los portavoces humanos en esa ciudad habían sido Pablo y Apolos, y su mensaje llegó a los corazones como si los vecinos de Éfeso hubieran escuchado directamente al Señor Jesucristo.

Artículo completo aquí.

Esteban Rodemann

Encuentro nacional 2020: Guárdate la fecha

Del 4 al 7 de diciembre de 2020 se celebrará una gran conferencia nacional sobre el desafío de la predicación expositiva de la Biblia en esta generación. Con el título «Predicadores de Cristo en un mundo escéptico», promete ser un evento único en nuestro país, un poderoso estímulo para la buena exposición de la Palabra de Dios.

+ Info aquí

El predicador como consejero bíblico

La Biblia se refiere al poder sanador de la palabra de Dios. Desde la primera promesa en Edén («alguien vendrá para arreglar esto», Gn. 3.15), las promesas del Señor se multiplican para renovar fuerzas en hombres y mujeres que luchan por sobrevivir en un mundo caído. La certeza que mana de lo que Dios ha prometido hacer infunde vitalidad a la experiencia del creyente:

Envió su palabra, y los sanó,
Y los libró de su ruina (Sal. 107.20).

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (Jn. 17.17).

…con la palabra echó fuera a los demonios,
y sanó a todos los enfermos (Mt. 8.16).

Para que la palabra de Dios ejerza esta función sanadora, tiene que llegar a los oídos de la congregación como palabra de Dios. Así actúa en los creyentes (1 Tes. 2.13), produciendo cambios reales en las vidas humanas. Pablo recuerda a los efesios que habían oído a Jesús, habían sido enseñados por Jesús (Ef. 4.21), aunque Jesucristo en persona nunca había pisado su tierra. Los portavoces humanos en esa ciudad habían sido Pablo y Apolos, y su mensaje llegó a los corazones como si los vecinos de Éfeso hubieran escuchado directamente al Señor Jesucristo.

Hace falta sanidad porque el creyente se desenvuelve en un mundo caído. El cuerpo se desgasta, la enfermedad acecha, surgen conflictos con personas. Algunos luchan con la ansiedad, otros con adicciones. La vida en familia queda corta de lo que uno desearía. Falta trabajo, escasea el sustento material. A veces el carácter de la persona provoca enfrentamientos y malentendidos. Hay residuos del mal latentes en el corazón del cristiano, y se ve inmerso en una lucha constante por no ceder a impulsos indignos. A veces hay un lastre de traumas del pasado: abusos, traiciones, abandonos, accidentes.

Para que el mensaje del predicador humano se escuche como la voz del cielo y aporte sanidad a las almas, hacen falta tres cosas: 1) fidelidad, para que la enseñanza se ciña a un pasaje de la Escritura; 2) pertinencia, para que la enseñanza conecte de forma real con la situación inmediata de los creyentes; y 3) claridad, para que la enseñanza se desarrolle en torno a una idea central, cuyo argumento los oyentes puedan seguir paso a paso.

La exposición bíblica ocurre en las iglesias de dos maneras: en público, desde el púlpito, donde el predicador explica y aplica el mensaje central de un pasaje de las Escrituras. También ocurre en privado, en la intimidad de una casa, donde el predicador utiliza la Palabra pastoralmente para ayudar a los creyentes a encontrar solución a sus problemas. Las dos facetas de la exposición –el predicador como orador y el predicador como consejero– se complementan y se refuerzan, en tres sentidos.

El predicador como profeta

El apóstol Pablo afirma que el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación (1 Co. 14.3). Tiene la misión de manifestar la suficiencia de Jesucristo para todas las necesidades humanas, tanto en esta vida como en el más allá. La carga de la Palabra de Dios es promesa: lo que Dios ha prometido hacer en Cristo. Como respuesta a la promesa divina, las personas creen de todo corazón y se comprometen con la voluntad de Dios, con el mismo espíritu que los egipcios salvados por José de la hambruna:

La vida nos has dado; hallemos gracia en ojos de nuestro señor,
y seamos siervos de Faraón (Gn. 47.25).

Dicho de otra manera: el predicador expone motivos para que las personas confíen en Dios, y después aclara cómo la obediencia es su «culto racional» (deseable, normal, correcto, Ro. 12.1). El salmista lo expresa así: «Confía en Dios, y haz el bien» (Sal. 37.3). Primero la fe, expresada a través de la oración, luego la obediencia, andando en los caminos del Señor.

Desde el púlpito, el predicador se esfuerza en poner delante de los hermanos todas las virtudes de Jesucristo, para que se animen a acudir a Cristo diariamente en su experiencia personal: «Acercándoos a él, piedra viva» (1 P. 2.4). Le llevarán sus cargas en oración («confía en Jehová») y tratarán de seguir el camino de la justicia en todo momento («y haz el bien»).

Cuando los hermanos aprenden la dinámica de una vida espiritual sana, el Espíritu de Dios moldea su personalidad. Les infunde esperanza y consuelo. Los cambia en mejores personas, y estas cosas por sí solas solucionan muchos problemas de convivencia. Cuando la gracia de Dios transforma a una persona peleona en pacífica, una persona suspicaz en benigna, una persona mentirosa en veraz, el cambio siempre supone una mejora en la calidad de las relaciones personales. Jesús dice que el trato que damos a otros es lo que solemos recibir de ellos a cambio (Lc. 6.38).

El predicador como consejero

El predicador que transmite empatía desde la plataforma, que se identifica con las luchas de los creyentes, que comparte de su propia experiencia lo suficiente para que los hermanos vean que no se considera más santo que ellos, esto desprende dulzura espiritual. Invita a que los hermanos acudan en privado, buscando orientación sobre situaciones concretas. Una atención pastoral cercana –escuchando con interés, trayendo a colación algún texto bíblico, orando en voz alta por la persona– ayuda a las personas a seguir avanzando con Cristo, a pesar de todas las vicisitudes de la vida terrenal, que a veces parece un campo minado.

Cuando el predicador sigue la exposición progresiva de libros bíblicos enteros, muchas veces tocan pasajes con un enfoque eminentemente práctico:

Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen,
haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen
(Mt. 5.44).

El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal,
y sus labios no hablen engaño (1 P. 3.10).

Ninguno busque su propio bien, sino el del otro (1 Co. 10.24).

Cuando el predicador abre el sentido de este tipo de pasajes, es consciente de que estará ministrando a varias personas de la congregación al mismo tiempo. El predicador no conoce todas las intimidades de la gente, pero Dios suele usar sus palabras para aportar respuestas en muchas direcciones a la vez.

El predicador como entrenador

A veces la consejería cristiana más eficaz ocurre en un contexto de amistad entre creyentes. Si hay cercanía personal, el amigo es el que escucha mejor y el que comparte mejor cómo el Señor le ha ayudado en una situación parecida. Una relación de amistad es algo duradero; la conversación sigue, en medio de todos los avatares de la vida. Hay más confianza, en base de experiencias compartidas durante tiempo.

Hierro con hierro se aguza;
y así el hombre aguza el rostro de su amigo (Pr. 27.17).

Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento,
de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros (Ro. 15.14).

El predicador sienta las bases para el buen funcionamiento espiritual de la amistad dentro de la congregación, en tres sentidos. Promueve una sana dinámica espiritual con su exposición de Jesucristo como sumo sacerdote celestial. En segundo lugar, enseña cómo funciona la vida bajo el sol. Dios ha hecho la vida de una manera y no de otra. Si el creyente consigue sintonizar su camino con la voluntad de Dios, todo le irá bien. Si no, se hace pupa.

El buen entendimiento da gracia;
mas el camino de los transgresores es duro (Pr. 13.15).

En tercer lugar, el predicador enseña sobre el poderoso ministerio mutuo que los creyentes ejercen, unos sobre otros. Es un tema que se repite a menudo en el Nuevo Testamento, y cualquier exposición sistemática necesariamente lo toca antes o después.

La voz de Dios aporta sanidad a las personas. El desafío para el predicador expositivo es hacer todo lo posible para que los hermanos oigan la voz de aquel que vino para sanar a los quebrantados de corazón.

Esteban Rodemann

Taller de predicación mini-retiro nivel 2 – Zona Centro (Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura)

Hemos celebrado el segundo mini-retiro de este año del 8 a 9 de noviembre en el centro de conferencias de Pinos Reales. Con una asistencia de 29 personas, hemos abordado dos temas apasionantes respecto a la predicación expositiva del Antiguo Testamento: la poesía y la profecía. Luis Fajardo y Esteban Rodemann han dado exposiciones bíblicas –evaluadas acto seguido en los grupos pequeños– y sesiones de enseñanza sobre cómo abordar estos dos géneros literarios para el mayor provecho de las congregaciones.

Zacarías 8 fue el pasaje de estudio para los mini-grupos. El ejercicio de distinguir entre la prosa llana y las figuras de dicción ha sido todo un reto, pero fundamental para analizar cómo un pasaje profético puede transmitir un mensaje al creyente de hoy. En las presentaciones de los distintos grupos, hemos visto que algunos han sacado una idea central y bosquejo con facilidad, mientras para otros la tarea ha costado más.

Ha sido una grandísima bendición volver a vernos. El mutuo estímulo entre personas que luchan por transmitir la Palabra a otros no tiene precio. Los tiempos de alabanza dirigidos por Eduardo Morillas también han sido de mucho ánimo, como también la velada de oración el viernes por la noche y las conversaciones en los descansos. Ahora miramos con ganas los mini-retiros de 2020, cuando esperamos terminar el ciclo de tres años de conferencias regionales.

Por el comité regional
Luis Cano, Esteban Rodemann, Evelio Moreno