Boletín Círculos de Predicadores nº 52

Os escribimos este nuevo boletín días después de que el Presidente del Gobierno decrete el estado de alerta por la pandemia del Coronavirus (covid-19). Esta crisis nos está obligando a parar tanto activismo, quedarnos en casa, leer algún libro que teníamos pendiente y centrarnos más en nuestra relación personal con Dios. Quizás necesitamos un STOP y por eso Dios ha permitido estos acontecimientos, quien sabe…

Coronavirus

Por otra parte, este año el Taller de Predicadores inicia un nuevo ciclo con nuevas personas que han asumido el reto de formarse para mejorar la calidad de nuestras predicaciones. A todos ellos les damos la bienvenida deseando que este nuevo ciclo sea una bendición para ellos como lo ha sido para aquellos que lo realizamos hace unos años.

Jaume Sagués

Reseña del mini-retiro de la zona Nordeste (Cataluña y Aragón)

El pasado 28-29 de febrero tuvo lugar en el Hotel Nuba Coma-ruga de Tarragona el segundo fin de semana del del Taller de Predicación dela Zona Nordeste. 42 herman@s de Catalunya y Aragón participaron este año en ambos encuentros. Desde Lleida, Zaragoza y toda la provincia de Barcelona, se dieron cita en el primer año de este 2ºCiclo del Taller.

Último mini-retiro de la zona Nordeste

El primer fin de semana las exposiciones estuvieron a cargo de Timoteo Glasscock, profesor en IBSTE y el Centro de Estudios Éfeso, y con una larga experiencia en la vida y enseñanza en la Iglesias de Marín (Galicia) y Salamanca, con dos meditaciones bíblicas de Tesalonicenses y la “La importancia de la predicación expositiva” así como “Construyendo puentes” una exposición clara de la necesidad de acercar a nuestra generación las verdades y el mensaje bíblico. Fue un impacto escucharle, especialmente su comentario sobre el texto del profeta Amós 3:8 “Ha rugido el león, ¿quién no temerá? ha hablado el Señor Dios, ¿quién no profetizará?”

Para ver la reseña completa y ver todas las fotos, haz click aquí.

Por el comité regional

Artículo“La narrativa del Antiguo Testamento”: Un reto para la predicación expositiva – Génesis 28:10-22 

El sueño de Jacob acerca de una escalera que une cielo y tierra es una de las escenas más llamativas de la época patriarcal. La obsesión de Jacob por conseguir la primogenitura responde a su deseo de ejercer como sacerdote de la familia después de la partida de su padre Isaac. Delata su viva confianza en la promesa del Redentor venidero, algo que mantiene hasta el final de su vida (Gn. 49.18). Su fe viene mezclada, sin embargo, con el resorte carnal de la manipulación. En vez de descansar en el hecho de que Dios seguramente cumplirá lo que ha prometido (de que su hermano acabaría sirviéndole, lo cual implicaba que Jacob ejercería de primogénito (Gn. 25.23), Jacob cree que debe maniobrar para asegurar el cumplimiento. Así compra la primogenitura de su hermano con un plato de lentejas (Gn. 25.29-34) y después engaña a su padre para que le dé la bendición (Gn. 27). Entre una cosa y otra provoca en Esaú una sed de venganza que le obliga a huir lejos de su casa.

La visión de la escalera ocurre durante la huida de Jacob hacia Mesopotamia. Jesucristo se refiere a ello cuando afirma que Natanael vería la unión de cielo y tierra a través del Hijo del Hombre (Jn.1.51). De alguna manera el sueño de Jacob apunta a Jesucristo.

Varia cosas llaman la atención en el relato. El sueño que visibiliza una conexión entre el cielo y la tierra sirve de consuelo a Jacob en su huida. El Señor le confirma la promesa que antes había dado a Abraham –de darle la tierra y una descendencia, y que su Descendiente llevaría la bendición a todas las familias de la tierra– y garantiza que no dejará a Jacob hasta cumplir lo que ha prometido.

En este pasaje aparecen por primera vez dos objetos que luego aparecen repetidamente en el relato bíblico: la piedra y la unción. La piedra aporta descanso a Jacob (la pone de cabecera y parece que el pie de la escalera se apoya en ella). La piedra habla de algo inmutable y eterno, algo que sirve de fundamento para la vida (Dt.32.4; Is. 28.16; Mt. 16.18; 1 Co. 3.11, 10.4; 1 P. 2.4).

De la misma manera, la unción habla del refrigerio y la alegría que aporta el aceite de oliva como ungüento en un clima desértico (Sal.104.15, 45.7). Transmite ideas de renovación y de sanidad (Lc.10.34). La unción oficial de sumo sacerdotes, reyes y profetas hablaba de una capacitación especial del cielo para una responsabilidad concreta en la tierra. Así Jesús fue ungido del Espíritu para hacer el bien restaurando vidas (Hch. 10.38).

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Esteban Rodemann

Estudio en grupo – Interpretación y aplicación de la profecía bíblica Zacarías 8

Muchos comentaristas han calificado el libro de Zacarías como el más mesiánico, el más escatológico, de todo el Antiguo Testamento. Abundan los símbolos apocalípticos y las referencias al ministerio de Cristo en su segunda venida. El libro está calculado a dar esperanza al pueblo de Dios en un momento de existencia nacional precaria.

Ministrando alrededor de 520 a.C. (el segundo año del rey Darío, Zac. 1.1), el profeta colabora con Hageo para avivar la moral entre los que han vuelto de Babilonia a su tierra ancestral. Los que han regresado son pocos (unos 50.000); muchos de sus compatriotas han quedado en las provincias del imperio persa. Las murallas de la ciudad antigua de Jerusalén siguen derrumbadas; el pueblo está expuesto a las abusos de enemigos que ostentan el poder político.

El decreto el Ciro el Grande que ha permitido el retorno de los exiliados incluye el encargo de levantar de nuevo el templo en Jerusalén: «Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá» (Esd. 1.2). En la mente del rey persa, la orden de levantar el templo es un apaño político para garantizar la complicidad de los dioses de los pueblos vencidos. Si Ciro concede libertad de culto, es posible que sus dioses le favorezcan en sus empresas guerreras.

Templo de Jerusalén

Para los que regresaron, sin embargo, levantar el templo supone algo mucho más importante: dar testimonio de Cristo. Sin templo, no era posible ofrecer el holocausto diario. El cordero sacrificado cada mañana y cada tarde –dando su sangre, consumido en el fuego, levantado en alto a la vista de todos–  era una poderosa ayuda visual para anunciar la persona y obra del Salvador venidero. El testimonio de Cristo era lo que daba sentido a Israel como nación; levantar el templo sería el medio para transmitir el mensaje de salvación a los pueblos de alrededor.

Sin embargo, los enemigos era muchos y los recursos pocos. Dios envía a Hageo y Zacarías a predicar en Jerusalén, primero para levantar el ánimo de los responsables Zorobabel y Josué, y luego avivar el compromiso espiritual de todo el pueblo (Esd. 5.1-2). Había que poner manos ala obra, dejar atrás los intereses personales y luchar juntos para construir un testimonio unido en nombre de aquel que sería el Deseado de todas las naciones (Hag. 2.7).

Para estimular la obra de la construcción del templo, Zacarías entrega varias visiones que tienen que ver con la futura restauración de Jerusalén. El capítulo 8 describe con gran viveza la prosperidad, seguridad y alegría que la restauración de la ciudad santa supondrá. Para el predicador,este capítulo obliga a escoger un método hermenéutico. Si las palabras «Sión» y «Jerusalén» (Zac. 8.2-3) se refieren a la Iglesia, ¿cómo se cumplen las promesas de manera espiritual en la Iglesia? ¿Cuál sería la aplicación de ellas a la vivencia espiritual del creyente de hoy?

Artículo completo aquí

Esteban Rodemann

Estudio en grupo – Interpretación y aplicación de profecía bíblica – Zacarías 8

Muchos comentaristas han calificado el libro de Zacarías como el más mesiánico, el más escatológico, de todo el Antiguo Testamento. Abundan los símbolos apocalípticos y las referencias al ministerio de Cristo en su segunda venida. El libro tiene el propósito de dar esperanza al pueblo de Dios en un momento de existencia nacional precaria.

Ministrando alrededor de 520 a.C. (el segundo año del rey Darío,
Zac. 1.1), el profeta colabora con Hageo para avivar la moral entre
los que han vuelto de Babilonia a su tierra ancestral. Los que han
regresado son pocos (unos 50.000); muchos de sus compatriotas han
quedado en las provincias del imperio persa. Las murallas de la
ciudad antigua de Jerusalén siguen derrumbadas; el pueblo está
expuesto a las abusos de enemigos que ostentan el poder político.

El decreto el Ciro el Grande que ha permitido el retorno de los
exiliados incluye el encargo de levantar de nuevo el templo en
Jerusalén: «Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los
reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en
Jerusalén, que está en Judá» (Esd. 1.2). En la mente del rey
persa, la orden de levantar el templo es un apaño político para
garantizar la complicidad de los dioses de los pueblos vencidos. Si
Ciro concede libertad de culto, es posible que sus dioses le
favorezcan en sus empresas guerreras.

Para los retornados, sin embargo, levantar el templo supone algo
mucho más importante: dar testimonio de Cristo. Sin templo, no era
posible ofrecer el holocausto diario. El cordero sacrificado cada
mañana y cada tarde –dando su sangre, consumido en el fuego,
levantado en alto a la vista de todos– era una poderosa ayuda
visual para anunciar la persona y obra del Salvador venidero. El
testimonio de Cristo era lo que daba sentido a Israel como nación;
levantar el templo sería el medio para transmitir el mensaje de
salvación a los pueblos de alrededor.

Sin embargo, los enemigos eran muchos y los recursos pocos. Dios
envía a Hageo y Zacarías a predicar en Jerusalén, primero para
levantar el ánimo de los responsables Zorobabel y Josué, y luego
avivar el compromiso espiritual de todo el pueblo (Esd. 5.1-2). Había
que poner manos a la obra, dejar atrás los intereses personales y
luchar juntos para construir un testimonio unido en nombre de aquel
que sería el Deseado de todas las naciones (Hag. 2.7).

Para estimular la obra de la construcción del templo, Zacarías
entrega varias visiones que tienen que ver con la futura restauración
de Jerusalén. El capítulo 8 describe con gran viveza la
prosperidad, seguridad y alegría que la restauración de la ciudad
santa supondrá. Para el predicador, este capítulo obliga a escoger
un método hermenéutico. Si las palabras «Sion» y «Jerusalén»
(Zac. 8.2-3) se refieren a la Iglesia, ¿cómo se cumplen las
promesas de manera espiritual en la Iglesia? ¿Cuál sería la
aplicación de ellas a la vivencia espiritual del creyente de hoy?

En cambio, si las promesas se cumplen en el cielo nuevo y tierranueva, se confirma la vertiente futura de la esperanza, lo cualtambién tiene implicaciones para el comportamiento del creyente. Sinembargo, hay un detalle en el pasaje que parece descartar laposibilidad de que estas promesas se refieran al cielo nuevo y tierranueva: la procreación de niños (Zac. 8.5, Mt. 22.30).

Por otra parte, si las promesas se interpretan de forma literal, el cumplimiento ha de dar lugar en una futura edad de oro, entre la segunda venida de Cristo y el comienzo del cielo nuevo y tierra nueva. Sería como la primera etapa del estado eterno. De esta manera, la promesas describen cosas que ocurrirán en la ciudad literal de Jerusalén como bendición para el remanente de Israel, aquel grupo reducido de israelitas según la carne que también habrán creído en Jesucristo como su Mesías (Zac. 8.1, 12; compárese con Is. 1.9, 10.22, 17.6, 24.13). ¿Qué datos aporta Zac.8.14-15 sobre la posible literalidad de las promesas?

Si las promesas sobre la restauración de Jerusalén han de cumplirse
literalmente, se plantea el mismo reto para la aplicación: ¿Qué
aportan estas promesas al creyente en Cristo hoy? ¿Cuáles serían
las aplicaciones que deben resaltar el predicador expositivo en
nuestros días?

Estas cuestiones se aclaran analizando los detalles de dos aspectos
del texto:

Las promesas de restauración: ¿qué se promete concretamente
a los habitantes de Jerusalén?

–8.3 (2.10)

–8.4-6 (cp. 14.11)

–8.7-8

–8.10-12

–8.11-12

–8.13

–8.19

–8.21-23 (cp. 2.11-12, 14.16-19)

Las respuestas de fe: ¿cuáles son las respuestas adecuadas a
tan grandes promesas? Las promesas gloriosas influyen en el
comportamiento de los que las abrazan.

–8.16

–8.16

–8.17

–8.17

–1.3

–2.13

Exégesis

¿Cómo fluye el argumento de este pasaje? ¿Cuáles son las unidades
de pensamiento en este capítulo? ¿Qué sería la idea central del
pasaje, el mensaje principal? ¿Cuál sería el propósito de un
sermón sobre este pasaje (lo que queremos que ocurra en los
oyentes)?

Como grupo, tratad de elaborar un bosquejo que refleje la enseñanza
del profeta.

Exposición

1. ¿Cuál será la idea
central de vuestro mensaje?
¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras
personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma
el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y
memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre
la idea central del texto.

2. Como resultado de
escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes
entiendan, sientan y hagan?
Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el
efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.

3. Debatid posibles
bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos
que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente
lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y
fáciles de recordar.