Una sola interpretación – La integridad de la perícopa

La predicación expositiva parte de un texto bíblico. Es la exégesis de un pasaje de las Escrituras, con la aplicación del mensaje del texto a la vida del predicador primero, después la comunicación de esa idea central a un grupo de hermanos para que respondan con fe y obediencia, y acaben transformados un poco más a la imagen de Jesucristo. El objetivo de la predicación expositiva es que el reino de Dios se reproduzca en la vida de los creyentes.

Una perícopa es una porción de las Escrituras apta para ser predicada. Es una unidad de pensamiento dentro de la revelación bíblica. Puede ser un párrafo de las epístolas del Nuevo Testamento, una porción extensa de la narrativa del Antiugo Testamento, un salmo, o un solo versículo de Proverbios. Lo que define la perícopa es que resume una sola idea, transmite un solo mensaje.[1] Esto significa que no se puede sacar muchas interpretaciones distintas de un pasaje bíblico. El mensaje central de una perícopa es único. Se trata de aquello que el autor quiso transmitir. La tarea del predicador consiste en descubrir la idea central del texto descifrando la intención del autor. No es válida una predicación basada en cualquier idea central; hay que dar con el propósito original del que ha compuesto el texto.

El mensaje central de un pasaje bíblico fluye de la pragmática del texto: ¿qué quiere hacer el autor con las palabras que escribe? ¿Cuál es el efecto que busca en los oyentes? Analizar la semántica –el significado léxico de palabras, los datos históricos relevantes, el funcionamiento gramático dentro de la oración– no es suficiente. Hay que descubrir la intención real del autor. ¿Qué espera que ocurra en los que leen su relato? Es una consideración que no suele figurar en los comentarios tradicionales.

Una sola idea

Si analizáramos los periódicos un día cualquiera, podríamos leer titulares como los siguientes:

La segunda ola golpea España

La feroz lucha de Lukashenko por la supervivencia política

Un vídeo, maletas llenas de billetes y tres expresidentes

Después del titular sigue el artículo. En cada caso el periodista busca transmitir una información concreta que gira en torno a una sola tesis, un concepto único. No se puede derivar cualquier conclusión del titular. Lo que define y pone límites al sentido del texto es la intención del autor, cómo trata de exponer un asunto y no otro. Debido a esta característica de la comunicación humana, el refrán «Donde dije “digo”, ahora digo “Diego”» tiene su sentido. Lo que el hablante quiere comunicar en un primer momento es lo que es. No procede desdecirse luego. No es correcto retocar palabras para notificar algo diferente a lo que se ha expresado al principio. Hay un solo sentido admisible, el que corresponde con el objetivo original del locutor.

Si la intención del que habla o del que escribe define el sentido de la comunicacion en general, tanto más se aplica esta misma norma a la palabra de Dios. Cuando Esdras y Nehemías reúnen al pueblo para que escuchen la lectura de la palabra del Señor, su afán es abrir el sentido original que Dios pretendía en sus comunicaciones a los profetas. Había un solo sentido, no varios. Ese sentido único es lo que el pueblo debía descubrir y comprender.

Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido,
de modo que entendiesen la lectura (Neh. 8.8).

No se admitían varios significados. El mensaje de cada porción de la palabra del Señor tenía su interpretación correcta. Esta es lo que los levitas tratan de ayudar al pueblo a comprender. Inventar otros sentidos habría sido utilizar una «pluma mentirosa». Sería como hurtar las palabras de Dios del pueblo redimido.

Ciertamente la ha cambiado en mentira
la pluma mentirosa de los escribas (Jer. 8.8).

Por tanto, he aquí que yo estoy contra los profetas, dice Jehova,
que hurtan mis palabas cada uno de su más cercano (Jer. 23.30).

De la misma manera, si un predicador se equivoca en la interpretación de un pasaje, si no da con la esencia que el Señor quiso al inspirar este texto bíblico en concreto, podría estar recurriendo igualmente a «la pluma mentirosa de los escribas». No se puede sacar cualquier idea central de un texto. Hay que descubrir la idea central que el Señor –inspirando al autor humano– tenía en mente. Sólo es válida la exposición que se ajusta a la intención del autor.

Otro ejemplo secular de la naturaleza del acto comunicacional son las fábulas de Esopo. Este escritor griego, que vivió allí por el s. VII a.C., compuso historias morales con animales como protagonistas. Uno de ellas es la historia del perro y el trozo de carne:

Un buen día, un perro que se creía muy inteligente, robó un enorme pedazo de carne de una carnicería. Antes de que pudieran atraparle, corrió tan lejos como pudo, queriendo poder disfrutar de aquella pieza con tranquilidad.

Tras la carrera llegó hasta un puente y, cuando se hallaba sobre él, miró hacia abajo y vio su imagen reflejada en el agua.

Aquel perro que se creía muy listo pensó: 

«Ese perro que está ahí abajo también tiene un pedazo de carne. ¡No puede ser! Su trozo parece más grande que el mío. Pero ese perro tiene cara de bobo. Si lo logro asustar, dejará su pedazo de carne y yo podré comer hoy dos trozos de esta delicia. ¡Soy tan listo!»

Pero al abrir el hocico para ladrar, su pedazo de carne cayó al río, se hundió en el agua y desapareció.

Cada fábula de Esopo tiene una moraleja. En este caso el «enfoque teológico» del apólogo (una narración con instrucción ética) es que la avaricia conduce a la pérdida. El asunto más importante para nuestra consideración es que la fábula tiene un significado. Hay un enfoque moral, solo uno, y de él se deriva la aplicación: ¡no seas avaro! Esta aplicación base se podría practicar de muchas maneras, según la situación vital de los oyentes del cuento. La avaricia y la generosidad se podrían manifestar de muchas formas, y el cuentacuentos hábil intentaría ayudar al público a ver la manera más apropiada de incorporar esta enseñanza a la vida real.

La pragmática, clave de la aplicación

La unicidad del significado de un texto se manifiesta en la pragmática. La pragmática se refiere a lo que el autor pretende hacer con las palabras que ha escrito. Es el enfoque teológico que el autor quiso transmitir con sus frases. Este enfoque teológico es único. El autor quiere decir una cosa y no otra. En otras palabras, cada perícopa tiene un solo significado, y este condiciona la aplicación.

Tomemos como ejemplo una oración sencilla de cuatro palabras:

La puerta está abierta.

Un análisis exegético tendría que aclarar el significado de «puerta», junto con su funcionamiento (se abre y se cierra). El intérprete tomaría nota del tiempo presente del verbo, de cómo describe la situación actual de la puerta. Más análisis léxico aclararía el significado de «abrir». Un examen gramático apuntaría el artículo definido «la». Se trata de una puerta, de esta puerta y no otra.

Para determinar la aplicación, sin embargo, hay que preguntarse ¿qué trata de hacer el autor con esta frase? ¿Cuál es la pragmática de la frase? ¿Qué espera el que habla? ¿Qué quiere que ocurra? Se podría pensar en varios escenarios:

Una discusión. Pepe y María acaban de discutir acaloradamente en el salón de su casa. Frustrado, harto, Pepe dice a María, «La puerta está abierta». Lo que pretende con esta frase es que ella se largue. No quiere seguir discutiendo con ella. Aplicación: ¡márchate!

Un día caluroso. Ramón y Begoña han encendido el aire acondicionado a 23º porque hace un calor sofocante afuera en la calle. Él, al sacar la basura, ha olvidado cerrar la puerta detrás de sí cuando vuelve. Ella le dice, «La puerta está abierta». Está molesta porque todo el aire fresco se escapa de la casa. Aplicación: ¡Apaga el aire!

Una excursión al campo. Pedro y Eva han hecho bocadillos para llevar a los niños a la sierra y pasar un día en familia haciendo senderismo. Mientras cargan el coche con una mesa de camping y sillas, algún balón, y una mochila con la comida, él mira a casa y ve que no han cerrado la puerta. Le dice a Eva, «La puerta está abierta». Quiere decir que no se olviden de echar la llave antes de marcharse de excursión. Aplicación: ¡Cierra la puerta echando llave!

Un cotilleo de oficina. Tomás y Margarita, que trabajan juntos en una empresa, acaban de tomar un café de máquina durante el descanso de media mañana. Ella empieza a contarle un rumor que está circulando por la oficina, un lío de faldas de uno de los directivos. Él la para diciendo, «La puerta está abierta». Quiere decir que otros pueden estar al loro, conviene bajar la voz. Aplicación: ¡Baja la voz!

En estos cuatro casos se pronuncian las mismas palabras, pero en situaciones muy dispares. El significado reside en lo que el autor pretende hacer con las palabras que dice, no el sentido léxico y gramático de las palabras mismas. La aplicación varía según la pragmática del autor. El que se expresa tiene en mente una sola idea, no todas las ideas posibles. La aplicación fluye de la intención práctica del que habla. Esto es lo que el intérprete debe discernir.

Aun cuando el sentido sea único, y la aplicación principal fluye de ella, podría haber varias formas secundarias de ponerla en práctica. Ramón y Begoña podrían apagar el aire o cerrar la puerta para que no se escape el aire fresco. Pedro y Eva podrían cerrar la puerta y echar la llave o mandar a uno de sus hijos a hacerlo. Tomás y Margarita podrían bajar la voz o dejar el cuarto de máquinas expendedoras para compartir confidencias en la escalera.

Lo más importante es que la aplicación se basa en la pragmática del texto. Proponer una aplicación sin tener en cuenta lo que el autor pretende hacer con sus palabras conduce al error. Cuando se trata de un pasaje de la palabra de Dios, desemboca en aplicaciones trilladas e insulsas, de poca utilidad para lograr una poderosa transformación espiritual de los hermanos.

Las tentaciones de Jesucristo

El relato acerca de las tentaciones de Jesucristo en el desierto representa una mina de oro para el predicador. La cuestión es ¿cómo deducir la aplicación correcta de este pasaje? ¿Qué pretende el evangelista al narrar las tres tentaciones que Jesús soportó antes de iniciar su ministerio? ¿Qué importancia tiene su victoria sobre el diablo? ¿Cuál es el enfoque teológico del autor?

Algunos expositores plantean el pasaje simplemente como un modelo a seguir. Hay que imitar a Jesús resistiendo la tentación. Otros profundizarán en el método con que Jesús se enfrenta al diablo citando pasajes de la Escritura. ¡Memoriza textos bíblicos!, dice el predicador. Otro pastor se fija en el hecho de que esta secuencia ocurra al inicio del ministerio público de Cristo, y exhorta a los hermanos a cuidar su santidad personal antes de emprender un servicio al Señor.

Todas estas aplicaciones quedan debilitadas, sin embargo, si no empalman con lo que el autor trata de hacer al contar la historia. Son como una mala aplicación de la frase «La puerta está abierta» en el ejemplo dado arriba. Si la pragmática (lo que el autor quiere hacer con sus palabras) es que Margarita baje la voz, sería un error aplicar la frase apagando el aire acondicionado.

En el relato de Mateo 4.1-11 el autor está retratando el talante moral de Jesucristo. Quiere demostrar que Jesús sufrió tentación verdaderamente y que la rechazó con contundencia. Fue probado de verdad y superó la prueba. La importancia de este hecho reside en cómo capacita a Cristo para ser el sumo sacerdote que los creyentes de hoy necesitamos. Habiendo sido tentado de verdad, se identifica plenamente con nosotros y nuestras luchas. Habiendo descartado la invitación al mal, él es fuerte para ayudarnos a hacer lo mismo en las encrucijadas morales de nuestra experiencia diaria.

Pues en cuanto él mismo padeció siento tentado,
es poderoso para socorrer a los que son tentados (He. 2.18).

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado (He. 4.15).

Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores,  hecho más sublime que los cielos (He. 7.26).

De esta manera, el enfoque teológico de Mateo es que Jesucristo ha demostrado ser la clase de sumo sacerdote que necesitamos, para que acudamos a él cada vez que nos encontramos en una tesitura conflictiva. Debido a su justicia, porque se negó a desviarse de la voluntad del Padre, está capacitado para mediar gracia a su pueblo, como el sumo sacerdote en Israel que llevaba la mitra blanca y una lámina de oro con las palabras «Santidad a Jehová» (Ex. 28.36). Él es como el rey ideal que ha cabalgado sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia, para que derrote poderosamente a los enemigos (Sal. 45.4-5). La calidad moral de su vida le capacita para ayudar a los demás en sus luchas contra el mal.

De esta manera, el enfoque teológico (la idea central, la pragmática) podría resumirse así:

Si Cristo lidió con el mal y superó la prueba,
te puede ayudar cuando eres tentado

Son dos aspectos: lo que Jesús logró y cómo ayuda a los suyos en situaciones parecidas. El bosquejo tendría dos grandes apartados: la naturaleza de la tentación y la esencia de la justicia. Añadiendo detalles se podría concebir un bosquejo algo así:

A. La naturaleza de la tentación
1. Procede del tentador, el diablo
2. Consiste en la invitación a satisfacer alguna necesidad sin contar con Dios
3. Dios permite situaciones de necesidad (lleva a Jesús al desierto)
B. La esencia de la justicia
1. Hay movimientos (el significado de cada tentación)
a. La desesperación frente a la espera (piedras en panes)
b. El nerviosismo frente al silencio de Dios (tirarse de lo alto del templo)
c. La frustración de ser ignorado (recibir gloria adorando al diablo)
2. Hay matices
a. La palabra de Dios aclara el buen camino
b. Practicar la justicia te da un mensaje para los demás (los 40 días en el desierto como los 40 días de Moisés en el monte de Sinaí)
c. Optar por la justicia abre la puerta al apoyo divino (ministerio de los ángeles a Jesús)

La aplicación principal es que conviene acudir a Cristo en medio de la tentación, sabiendo que él fue tentado de verdad y venció aferrándose a la voluntad del Padre. La aplicación podría practicarse, sin embargo, de varias maneras. El predicador podría exhortar a los hermanos a examinar los movimientos profundos de su corazón para discernir dónde se están cansando de esperar la provisión de Dios (la tentación de cambiar piedras en panes), dónde deben seguir confiando en las promesas del Señor a pesar de su silencio (la tentación de tirarse de lo alto del templo para obligar que Dios actúe), y dónde deben dejar con Dios su reconocimiento (la tentación de conseguir gloria adorando al diablo).[2]

El pastor también podría animar a los oyentes a empaparse de la Palabra de Dios, sabiendo que ella aclara los preceptos, las prioridades y las prácticas que caracterizan a la persona justificada por la fe de Cristo. O podría invitarles a acercarse a Cristo en oración, pidiendo fuerzas para hacer lo correcto en un momento ambiguo. O podría explicar cómo funciona la confesión de pecado cuando ha habido un fallo (1 Jn. 1.9, Pr. 28.13).

Otra área para practicar la aplicación del enfoque teológico del pasaje tiene que ver con la providencia divina que a veces permite necesidades intensas (como Jesús en el desierto). Su intención no es quebrantarnos, sino darnos una plataforma para escoger la justicia (confiar en Dios y hacer el bien, Sal. 37.3), para que quede evidente a todos la nueva vida que él ha formado dentro de nosotros. Superar la tentación es lo que da al creyente un mensaje para los demás. Como Moisés impartió el mensaje de Dios después de 40 días en el monte de Sinaí, y como Jesucristo empezó su ministerio público después de 40 días en el desierto, así el creyente de hoy ve respaldado su mensaje verbal si echa mano de Cristo para superar sus pruebas vitales.

Cada perícopa de la Escritura recoge una sola idea central, que se basa en lo que el autor pretende hacer con sus palabras. La pragmática del texto refleja la intención del autor, lo que trata de conseguir en los que leen u oyen sus palabras. Discernir la pragmática del autor requiere una reflexión sostenida sobre el texto bíblico en sí, más que la consulta a comentarios, que suelen centrarse en detalles léxicos y gramaticales, históricos y geográficos, que son interesantes pero no aclaran la idea central. El enfoque teológico correctamente analizado abre la puerta a la aplicación que transforma vidas.

–Esteban Rodemann


[1] La definición exacta de «perícopa» es un pasaje breve de cualquier tipo de documento. Antiguamente se usaba para señalar una porción de los evangelios adecuada para ser leída en público durante el culto dominical. Véase la web de la Iglesia de Pueblo Nuevo:

https://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_pericopa . Algunos autores emplean el término para delimitar un pasaje que sirve para ser predicado. Véase Abraham Kuruvilla, A Vision for Preaching: Understanding the Heart of Pastoral Ministry (Grand Rapids: Baker Academic, 2015), 92-93.

[2] Llama la atención el hecho de que ninguna de las tentaciones tenga que ver con quebrantar los Diez Mandamientos. Atacan algo más sútil, los movimientos profundos del corazón que invitan a apartarse de la voluntad de Dios.

Serie de estudios basados en el evangelio de Juan – La predicación expositiva secuencial II

Ocho señales del evangelio de Juan – La fe que ve

Las imágenes más espectaculares de la NASA –de la luna[1], de la tierra[2], del espacio– están hechas de cientos de fotos que se combinan para una exposición completa. Son fotos cósmicas compuestas. ¿Qué pasaría si tuviéramos una foto compuesta del Señor Jesucristo? Sería una sucesión de cromos que, al juntarlos, darían motivos para creer plenamente, sin ninguna sombra de duda.

La Biblia afirma que andamos por fe, no por vista (2 Co. 5.7). Esto significa que la verdadera fe se basa en las palabras de Dios y no en milagros espectaculares. No necesitamos portentos diarios si tenemos la palabra de Dios. Una fe de milagros puede ser una prueba de candidez más que de confianza. Jesús insiste en que ha sido enviado para transmitir palabras, un mensaje inteligible que las personas necesitan oir: «Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla» (Jn. 3.34).

Al mismo tiempo, las señales que Jesús hace abren el oído para que la gente preste atención al mensaje verbal. Convencen de que se trata de un anuncio del cielo, no las divagaciones incoherentes de un iluminado. Es como observa Nicodemo: «Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro (es decir, lo que importa son las palabras), porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él (es decir, las señales convencen de la urgencia de escuchar la palabra)» (Jn. 3.2).

El evangelio de Juan indica que Jesús hizo muchas señales (Jn. 2.23, 6.2, 7.31, 11.47, 12.37). La palabra «señal» (semeion) se refiere a un milagro con mensaje. Es mucho más que un mero prodigio, más que algo sobrenatural que sorprende porque desobedece las leyes naturales normales. Es una maravilla que a la vez enseña algún concepto espiritual. Así son las sanidades que hace Jesús: anuncian visiblemente las condiciones del reino de Dios, cuando la plenitud de vida humana habrá quedado totalmente restaurada. Los profetas lo anuncian y Jesús, al sanar a unos y otros, apunta que aquel día se acerca: «Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo» (Is. 35.5-6).

Si Jesús hace muchas señales, el evangelista Juan se centra en ocho de ellas para dibujar una imagen completa del Hijo de Dios. Cada señal aporta información sobre una faceta nueva de Cristo, para que la fe del creyente cristalice. El cuadro completo conduce a una fe madura, para que el creyente disfrute al máximo de una experiencia de vida eterna.

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre (Jn. 20.30-31).

Un tema relacionado con las señales es la vista. Cuando los primeros discípulos piden información a Jesús, su respuesta es «Venid y ved» (Jn. 1.39). De la misma manera, cuando Natanael plantea dudas sobre la identidad de Jesús, Felipe le dice «ven y ve» (Jn. 1.46). Ver a Jesús significa acercarse, escucharle, elaborar una noción completa de su persona y su obra. Es verle como Hijo de Dios e Hijo del Hombre. El título «Hijo de Dios» viene del Salmo 2.6-7 y se refiere al hombre designado por Dios para reinar en su nombre sobre toda la tierra. El nombre «Hijo del Hombre» se remonta a Daniel 7.13-14 y también describe al hombre escogido para reinar sobre la tierra. El calificativo «Cristo» (Ungido) indica que el rey elegido estaría señalado y capacitado por Dios para realizar su tarea.

Jesús recrimina a los asistentes en la sinagoga de Capernaum el haberle buscado «no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan» (Jn. 6.26). Ellos, en vez de indagar en el significado del milagro, solo querían una pensión vitalicia. La idea es que la contemplación de las señales debería haber provocado una búsqueda espiritual, porque las señales enseñan algo nuevo acerca de Jesús. Es lo que buscan los griegos cuando se acercan a los discípulos: «quisiéramos ver a Jesús» (Jn. 12.21).

Ver a Jesús significa comprender quién es Jesús. Comprender quién es Jesús despierta deseos de acercarse más a Jesús. Las señales están para convencer que Jesús es el rey que Dios ha prometido, que algún día triunfará sobre todos los males. Cuanto mayor la comprensión, mayor el deseo. El deseo aumenta el entendimiento. Al crecer el entendimiento, crece la fe y crece la riqueza de la vida eterna, que primero se vive en el corazón y luego se manifestará en el mundo entero.

Un ilusionista de feria dice «visto y no visto», y con un gesto de la mano hace desaparecer una carta, una moneda, una bola. El público –crédulo y entusiasta– se deja llevar por la palabrería y la simpatía del mago. Se fija en la chistera vacía y se sorprende cuando el showman saca un conejo o una paloma. Para algunos tener fe es como creer en un ilusionista con poderes sobrenaturales. Pero los que han visto a Jesús a través de las señales que plantea el evangelio de Juan, saben que no se trata de un juego de manos. La imagen compuesta, basada en hechos avalados por testigos, tiene una fuerza arrolladora. Despierta y refuerza la fe. El creyente nutrido por la visión completa de Jesucristo está preparado para vencer en medio de un mundo roto.

La predicación de las ocho señales del evangelio de Juan podría formar una serie de exposiciones para la iglesia local. Sería una manera de aplicar la predicación secuencial para el bien de la congregación, retratando la persona y la obra de Jesucristo para la edificación de los hermanos. Esteban Rodemann


[1] Fotos de la luna: https://rpp.pe/ciencia/espacio/nasa-la-luna-como-nunca-antes-vista-esta-foto-esta-compuesta-por-otras-100-mil-imagenes-noticia-1238587

[2] Fotos de la tierra: https://www.businessinsider.es/27-iconicas-fotos-tierra-tomadas-espacio-que-te-dejaran-fascinado-309227