Cómo preparar la introducción de una predicación

por Andrés   Birch

Introducción

Lo que os voy a decir ahora es un asunto de vida o muerte. Esto es un ejemplo de cómo empezar una predicación.

En mi opinión, la inmensa mayoría de las introducciones son bastante regulares, incluyendo las mías. No les damos mucha importancia. Creemos que es cuestión de empezar la predicación, como sea, y ya está. No le dedicamos el tiempo que requiere. Usamos las mismas fórmulas aburridas una y otra vez. ¡Hay que conectar con la gente! Pero muchas veces no lo hacemos, ni nos importa.

¿Cuál es el propósito de la introducción de una predicación?

El propósito de la introducción de una predicación no es exactamente introducir la predicación (!); es, más bien, captar el interés de la gente en lo que vas a decirles. Es así, sea que se trate de una predicación normal de un domingo en la iglesia o de una mini-predicación de tres o cuatro minutos en la calle. Los primeros segundos son cruciales; si consigues captar el interés de la gente en esos primeros segundos, habrás conseguido algo muy importante; pero si no consigues eso, si no convences a la gente de que lo que vas a decirles es de suma importancia para ellos, un invisible interruptor en los cerebros de la gente se pondrá en la posición OFF, y, a partir de ahí, conseguir su plena atención se te pondrá cuesta arriba.

¿Cómo se capta el interés de la gente?

En una palabra, tienes que aprovechar esos primeros segundos de la predicación, esa introducción, para transmitirles la vital importancia de lo que les vas a decir para ellos y para sus vidas. Tienes que transmitir la idea de que esto no va a ser simplemente una predicación más; va a ser un mensaje de Dios a cada uno de ellos, como si fuera un asunto de vida o muerte. Y para que tú puedas trasmitirles eso a ellos, tú mismo tienes que estar convencido de que es así; si tú mismo no estás convencido de que lo que vas a predicar sea de vital importancia, difícilmente se lo vas a transmitir a nadie más. Si subes al púlpito con la idea de que lo que tienes delante no es más que una predicación más, que no es tan importante, que se puede seguir viviendo perfectamente sin esa predicación tuya, entonces, estás perdido. Tus primeras palabras transmitirán una de dos impresiones a la gente: (1) Bueno, creo que voy a dormir un poquito; no parece que me vaya a perder mucho; o: (2) Oye, esto va conmigo, y es algo importante, algo que quiero saber...

Sí, pero ¿eso, cómo se consigue?

Bueno hay varias, incluso muchas, maneras de conseguir captar el interés de la gente:

  • Empezar con una pregunta importante: Si murieras hoy, ¿dónde iría tu alma?

  • Empezar con una cita provocadora: No hay nada seguro en este mundo excepto la muerte y los impuestos (Benjamin Franklin).

  • Empezar haciendo referencia a algo que está en las mentes de la gente: la crisis, la muerte de algún famoso, etc.

  • Empezar haciendo referencia a alguien famoso – puede ser alguien de ahora o del pasado, etc.

  • Empezar con algo que sabes que le interesa a la gente: el fútbol, una película que has visto, etc.

  • Empezar contando algo que te pasó, una experiencia dramática (o no tan dramática) de tu vida, etc.

  • Empezar manifestando una opinión que no compartes – para escandalizar un poco a la gente – y luego dices: Bueno, eso es lo que piensa mucha gente...: Lo más importante es la salud, ¿verdad? Bueno, eso es lo que dice mucha gente...

La introducción debería ser breve

La mayoría de las introducciones son demasiado largas – quizás porque cuando empiezas a hablar, tienes la sensación de que tienes tiempo de sobra para decir lo que vas a decir. Pero la introducción de una predicación debería ser breve, y eso por varias razones:

  1. Si te extiendes demasiado en la introducción, a partir de ahí vas a sentir la presión del tiempo durante el resto de la predicación.

  2. Mirándolo desde el punto de vista de los oyentes, si para cuando llegas al final de la introducción y anuncias el primer punto principal ya han pasado diez o quince minutos, ¡la gente estará mirando sus relojes, haciendo cálculos y preparándose para lo peor!

  3. La introducción es solo la introducción; a lo que hay que dedicar la mayor parte del tiempo es al cuerpo de la predicación; si no, hay un peligro de que la introducción se convierta en la predicación, o, peor aun, ¡en la primera de dos predicaciones!

  4. Conforme se va alargando la introducción, va disminuyendo el impacto que se supone que debería tener.

  5. Una introducción ideal es breve, clara, sencilla, directa e impactante. Así se engancha a los oyentes.

La introducción es lo último que se prepara

Esto no es una regla infalible, pero sí es un buen consejo. Si una predicación consiste en tres partes: (1) La introducción; (2) El cuerpo del mensaje; y: (3) La conclusión, el mejor orden en que preparar cada cosa es: (1) El cuerpo del mensaje; (2) La conclusión; y: (3) La introducción. ¿Por qué? Pues, porque es difícil saber cómo vas a concluir la predicación si no sabes lo que vas a decir en el cuerpo del mensaje; y es difícil saber cómo empezar la predicación si no sabes cómo la vas a concluir. Se debería preparar la introducción a la luz de la conclusión. Porque debería haber una relación directa, estrecha, entre la introducción y la conclusión. Tenemos que hacernos las siguientes preguntas: (1) ¿De qué va esta predicación?; (2) ¿Con qué frase se podría resumir el mensaje principal?; (3) ¿Cuál sería la forma más impactante de terminarla?; y: (4) ¿Cuál sería la forma más impactante de empezarla? Y yo recomendaría escribir la introducción, si no entera, por lo menos de forma más completa que el resto de la predicación, y luego memorizarla.

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