El Sermón - ¿especie en peligro de extinción?

por Andrés   Reid

 

“¿Cuál podrá ser el futuro del sermón en el siglo XXI? Si comparamos los sermones que se escuchan regularmente en nuestras iglesias locales con los nuevos y excitantes medios audiovisuales disponibles hoy, veremos que el sermón está en peligro…. El sermón tradicional recalca la autoridad de la persona que predica, ya que parte de una idea que la audiencia debe aceptar como «verdad». Los oyentes deben aceptar como ciertas las aseveraciones de quien predica. Esto implica que la congregación no tiene espacio para disentir”.

 
 -- Pablo A. Jiménez en su libro La predicación en el siglo XXI (CLIE, 2009).

El autor recoge dos de las críticas que hace el mundo postmoderno a la predicación, por lo menos la tradicional: que no comunica de forma tan eficaz como los medios audiovisuales y que es autoritaria. Aunque expresadas en lenguaje muy actual la realidad es que no son del todo nuevas. Pero ¿qué tienen de ciertas? ¿Estamos obligados a concluir que a la predicación Bíblica le quedan solo unos cuantos telediarios?

Empezando por la segunda objeción, sí debemos admitir en seguida que una de las razones que el mundo rechaza la predicación es porque ha escuchado muchas malas predicaciones, y en concreto muchas malas predicaciones autoritarias. De tal modo que el diccionario Larousse da como sinónimo de predicar “sermonear” y la Real Academia Española entre otras alternativas da esta definición de predicar: “reprender agriamente a alguien de un vicio o defecto”. Si esto es a lo que nos referimos por un “sermón” entonces Jiménez tiene razón. El mundo rechaza esto “¡y con razón!”.

Desgraciadamente es demasiado frecuente que predicadores de forma consciente o inconsciente proclamen sus propias opiniones (y críticas de los demás) en vez del mensaje de la Biblia. Pero en la visión de las Escrituras la autoridad no reside en la persona del predicador sino en el mensaje de la Palabra de Dios que se tiene que transmitir. Dios si tiene autoridad para decirnos lo que debemos hacer. Su palabra escrita sí tiene autoridad para dirigirnos en un mundo oscuro, cruel y confuso.

Hace ya dos siglos el ministro Anglicano Charles Simeon escribió estas palabras ponderadas: “Si el predicador predica lo que está bien fundado en las Escrituras entonces su palabra en la medida que está acorde con la mente de Dios debe ser considerada como la palabra de Dios”. Notemos las dos condiciones que establece. Únicamente si el predicador dice lo que está bien fundamentado en la palabra escrita de Dios y refleja bien la mente de Dios (expresada en el mensaje de la Biblia como un todo) entonces - y solo entonces- se podrá decir que lo que dice el predicador es lo que dice Dios.

¿Es necesariamente autoritario que esa comunicación venga en forma de monólogo? No necesariamente. Hay monólogos donde el predicador, habiendo estudiado a fondo sus oyentes, anticipa lo que van a responder o pensar ante distintas afirmaciones y va respondiendo a ellas. Por lo que un buen mensaje contendrá elementos de dialogo. Hay por contra diálogos de sordos que no son más que dos monólogos interrumpidos en la que ninguno realmente escucha lo que dice el otro. No es la forma que determina si una predicación es autoritaria o no, sino la fuente del mensaje, su contenido y la actitud del predicador.

¿Qué diremos de la otra objeción mencionada por Jiménez? Todos hemos escuchado hasta la saciedad la frase “una imagen vale más que mil palabras”.Si estamos intentando describir un paisaje probablemente sea cierto pero ¿es verdad siempre? Haddon Robinson en su libro La Predicación Bíblica (Logoi, 2000) pone por ejemplo el intentar plasmar en una sola imagen las más o menos 30 palabras (según la versión) de Juan 3:16. ¿Nos parece que se puede plasmar en una sola imagen todo el contenido teológico de esa oración? … Son solo 30 palabras. No debemos sobre-valorar la imagen ni infra-valorar la palabra. Cada una tiene su función. Dios se ha revelado en hechos históricos visibles pero estas las ha explicado en palabras. Lo visible atrae nuestra atención, ilustra y respalda lo que se comunica. Pero sin palabras todo quedaría ambiguo, incierto, presto a múltiples interpretaciones sin la exactitud y la aclaración que únicamente se puede obtener usando palabras.

El siglo XXI no es el primer siglo enamorado de la imagen. También lo fue el mundo del oriente cercano cuando Dios se reveló a Israel en el monte Sinaí. Pero Dios les recalca (por medio de la palabras de un predicador): “Entonces Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, pero a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis” (Deut 4:12). La sociedad Greco-Romana también estaba enamorada de la imagen pero el apóstol Pablo escribe a unos de los primeros Cristianos “nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente sino también en poder” (1 Tes 1:5). No en palabras solamente ¡pero tampoco sin palabras! Llegó por medio de palabras pronunciadas y acompañadas por el poder del Espíritu Santo.

Hay razones por creer que la buena predicación todavía seguirá. La razón más básica por creer que la predicación no se extinguirá es que la predicación es idea de Dios y Él es que levanta predicadores. El ha escogido este método como vía principal para edificar su iglesia. ¿Porqué? Una respuesta es que así Dios salvaguarda su propia gloria. “Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación… de Cristo crucificado… a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Cor 1:21..29). En un librito The Priority of Preaching Christopher Ash también sugiere otra razón por la que Dios ha escogido la predicación como método principal de comunicación. El sugiere que lo que distingue la predicación de otros métodos incluso de otras basadas en la palabra de Dios como podrían ser grupos de estudio Bíblico es que ante la predicación todos somos iguales. El escuchar una predicación no depende de nuestra formación ni nuestra capacidad de analizar un texto. La predicación no es la única via que tiene Dios de bendecir a su pueblo pero si es la principal.

Si es verdad que la predicación humilde pero convencida de la palabra escrita de Dios es el método principal de Dios para edificar su iglesia, entonces veremos que la predicación tiene sorprendente capacidad de adaptación y supervivencia. ¿No dijo Cristo que edificaría su iglesia? Las especies que sí pueden estar en peligro son las iglesias malnutridas con una dieta de mala predicación o las otras que pierden su apetito de escuchar la palabra de Dios.

 

Este artículo también aparece en http://www.thegospelcoalition.org/blogs/espanol

Compartir