¿En qué consiste la predicación bíblica?

La diferencia entre exégesis y exposición

por Esteban   Rodemann

Michael Diduit, What is Biblical Preaching? Exegesis vs. Exposition, Trad. Esteban Rodemann, Blog The Exchange, (sitio web de Christianity Today), comentario posteado el 13 de marzo de 2017, consultado el 30 de mayo de 2017, http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2017/march/biblical-preaching-duduit.html.


La mayoría de los pastores de iglesia se consideran predicadores bíblicos. Amamos la Palabra de Dios y reconocemos su autoridad. Muy pocos pastores discutirían la importancia de asignar a las Escrituras el papel preeminente en nuestra proclamación. Pero ¿qué queremos decir cuando usamos el término «bíblica» para caracterizar nuestra predicación?

Mi sentir es que la mayoría de los que describen sus sermones como «bíblicos» quieren decir que su mensaje analiza y explica un texto concreto. Aunque pueden variar las definiciones de «exposición», la mayoría de los pastores dirían que un sermón debe basarse en y reflejar fielmente el texto bíblico.

Sin embargo, muchos predicadores confunden exégesis y exposición. No se dan cuanta de que exégesis es lo que hacemos para prepararnos para la exposición, pero no es la exposición en sí. Escucho demasiados sermones que consisten en la exhibición de una sana exégesis, pero no una auténtica exposición del pasaje.

Mientras la exégesis consiste en el análisis de la porción bíblica –su lenguaje, la gramática, el trasfondo histórico y cultural– con el fin de aclarar el significado, la exposición bíblica trata de abrir el texto para que los oyentes comprendan tanto el significado como sus implicaciones para la vida diaria. Como comenta Spurgeon, «La gente del mercado no puede aprender la jerga de la academia, así que las personas de la academia deben aprender el idioma del mercado. Por tanto la tarea principal del predicador llega a ser la traducción de un lenguaje a otro.»

«Traducción» define la exposición verdadera. La exposición consiste en recoger los resultados de nuestro estudio exegético y reconfigurarlos para facilitar la comprensión. Es moldear el mensaje para que todos capten las verdades bíblicas y reconozcan cómo aplicarlas a su experiencia diaria.

Haciendo exégesis para captar el significado del texto bíblico, como preparación para la predicación, uno descubre un montón de información sobre el trasfondo histórico del relato bíblico, las cuestiones gramáticas, los asuntos hermenéuticos y demás. Si el estudio ha sido exhaustivo, uno podría disertar durante horas sobre todos los detalles del texto bíblico; por ello, una de las tareas más urgentes es hacer la criba, o sea, podar y editar el texto. Un buen cocinero no lleva a la mesa todos los materiales del fogón que ha usado para preparar un plato estrella; más bien selecciona entre ellos, para que la presentación sea lo más agradable posible para los comensales.

De la misma manera, la tarea del predicador es analizar y comprender el significado y la intención del texto bíblico para dedicarse a una labor de traducción, dando forma a un mensaje que ayude al oyente a comprender los puntos esenciales y discernir cómo esas verdades podrían generar algún cambio en su vida. La exposición edifica sobre la exégesis, pero tiene que ser mucho más que la simple presentación de los resultados del estudio exegético. Debe aclarar e ilustrar la enseñanza bíblica y cómo ésta se aplica a nuestra experiencia real.

¿Te parece poco bíblico esto? Si es así, podría incomodarte la clase de predicación que encontramos en las Escrituras. Casi todos los sermones del Nuevo Testamento –desde la enseñanza de Jesús en el Sermón del Monte hasta el discurso de Pablo a los ancianos en Antioquía de Pisidia– vemos un estilo de predicación dominado por la aplicación. Cuando Pablo se dirige a su discípulo Timoteo acerca de la predicación, resume la tarea con estas palabras: «Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina» (2 Ti. 4.2). Esos tres imperativos –redarguye, reprende, exhorta– claramente son aplicacionales. Invitan a un estilo de predicación que aplica la verdad de la palabra de Dios a la vida de los oyentes.

Así captamos el propósito de la predicación. Predicamos las Escrituras por el mismo motivo que Dios las dio: para madurar y capacitar a los creyentes, para llamarlos a arrepentirse, a responder, a obedecer. En otras palabras, la aplicación no es un elemento periférico de la predicación. No es una tarea más entre varias. La aplicación constituye precisamente el meollo de la misión homilética.

La aplicación en la predicación toma el principio vital que se encuentra en el texto bíblico y construye un puente entre el contexto antiguo y la situación actual. No estoy planteando que nuestros sermones debe llevar alguna aplicación; esto se da por sentado. Lo que estoy pidiendo es que reconozcamos que la aplicación es el propósito y el fundamento de toda predicación de la palabra de Dios. Una comprensión moldeada bíblicamente, acerca de la naturaleza de la predicación expositiva, es que consiste en la aplicación ungida del texto bíblico a la vida de los oyentes.

No podemos quedarnos con una visión de la predicación como si fuera el mero análisis del texto bíblico con alguna aplicación añadida al final. Mas bien debemos entender que el sermón expositivo es la aplicación de un principio bíblico extraído de un texto bíblico. No predicamos para hacer que los hermanos sean mejores estudiantes de la Biblia; exponemos la Biblia para que nuestros oyentes comprendan cómo el Señor propone que incorporen la verdad bíblica a su andar diario.

Esto no significa que nos dediquemos a preparar sermones de tipo «Diez pasos hacia una vida feliz», anclados apenas en algún versículo bíblico. Significa enfocar nuestra tarea como predicadores desde otra óptica: no como profesores de paraninfo impartiendo lecciones teóricas, sino como pastores y compañeros en la lucha de la vida, que tratan de desempaquetar el texto para vislumbrar qué quiere el Señor que hagamos con esta verdad que tenemos por delante. Este tipo de sermones harán un impacto en las situaciones reales de la vida, sin duda, pero también serán profundamente teológicos si somos fieles al texto. Tratarán sobre la naturaleza de Dios, el significado de la gracia, la obra del Espíritu, y tantas cosas más.

La Biblia es la verdad revelada de Dios por medio de verdades doctrinales y aplicacionales. Si hemos de ser fieles a nuestro llamamiento, hace falta reconocer que no hemos sido llamados a transmitir información sino a transformar vidas por la unción del Espíritu Santo, mientras él nos capacita a predicar la Palabra con poder. Como dice David Jeremiah, «La gente no necesita un juego de apuntes sino una visión de cómo la Palabra de Dios podría trabajar en sus vidas».

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