La predicación expositiva

el paso de la teología a la experiencia

por Esteban   Rodemann

McDill, Wayne. La predicación expositiva: el paso de la teología a la experiencia. Traducido por Esteban Rodemann. LifeWay/Pastors (sitio web). Artículo posteado el 20 de abril de 2015 (consultado el 31 de agosto de 2017) http://www.lifeway.com/pastors/2015/04/20/expository-preaching-from-theology-to-experience/


La predicación expositiva suele partir de un texto bíblico. Procura hacer que el texto elegido moldee al sermón. El predicador busca convertir la esencia teológica del pasaje en el mensaje del discurso. La predicación expositiva, por definición, trata de exponer el significado planteado por el autor original del texto en términos adecuados para un público moderno. Esto suele ocurrir a través de la predicación sistemática, es decir, una serie de mensajes sobre un libro bíblico determinado. Esta manera de predicar –siguiendo libros de la Biblia– ha sido criticada por algunos, por ser un modelo excesivamente académico y alejado de las preocupaciones reales de la gente.

Enfocar la experiencia humana puede parecer contraproducente. Podría diluir la fuerza de la predicación expositiva, al minar el compromiso con la fidelidad al texto bíblico. Sin embargo, no tiene que ser así. Es cierto que un tipo de predicación que responde únicamente a las necesidades sentidas de la congregación muchas veces se ha reducido a insípidas apelaciones a los sentimientos, en perjuicio de respuestas sólidas de las Escrituras. Este tipo de predicación corre el riesgo de confundir el análisis empático del problema con la solución divina para la situación humana. Mostrar empatía siempre es positivo, pero las personas necesitan la sabiduría eterna de lo alto.

Lo que hace falta es establecer un punto de contacto entre los conceptos teológicos del pasaje y los aspectos correspondientes de la experiencia humana. La clave es esto: «establecer un punto de contacto». Partimos de los conceptos teológicos subyacentes en el texto bíblico. Estudiamos las palabras del autor original para descubrir las ideas teológicas que quería transmitir, y que formarán el núcleo de nuestro sermón. Destilamos una idea central, aclarando el sujeto (¿de qué está hablando el autor?). Luego identificamos lo que el autor dice respecto a ese sujeto; su ampliación de la información constituye el predicado.

Pasar de la teología a la experiencia condiciona todo el proceso de interpretación. Desde el primer momento meditamos en la pertinencia de las ideas bíblicas. Creemos que la verdad bíblica siempre se relaciona de algún modo con la vida real. Al mismo tiempo somos conscientes de que las verdades bíblicas pueden ser predicadas de una manera estéril y académica, que oculta su pertinencia natural. Lo que Dios ha revelado conecta con la experiencia humana, pero un predicador puede perder de vista esa conexión y fallar totalmente el blanco, que es el corazón de los oyentes.

He aquí cinco consejos para pasar de la teología a la experiencia:

  1. Aclarar las ideas teológicas que el autor bíblico quiso comunicar. Si no tienes esto claro en tu propia mente, como para poder expresarlo con tus propias palabras, no podrás comunicar el mensaje del texto. Tampoco podrás mostrar su pertinencia a la congregación.

  2. Meditar en la enseñanza bíblica más amplia, relevante a la idea del texto. Ningún texto agota toda la enseñanza sobre un tema. Habrá pasajes paralelos que rellenan el alcance de la teología bíblica y que también ayudan a discernir las aplicaciones prácticas.

  3. Pregúntate a ti mismo por qué una persona, cualquier persona, necesita escuchar este mensaje, y apunta todo lo que te viene a la mente. La prueba de la pertinencia es cuando las enseñanzas de tu sermón «rascan donde a la gente se le pica». Si tu inquietud se limita al comportamiento de los hermanos en el culto, no tocarás las preocupaciones reales de su vida. Medita en las presuposiciones, los síntomas y las consecuencias que podrían darse en la vida de las personas que no conocen o no practican las ideas bíblicas que expones.

  4. Redacta una descripción de la persona que más necesita este mensaje. Échale imaginación. Describe la situación de un hermano que descubre la respuesta a las cuestiones que más le angustian. Reflexiona sobre sus luchas. Trata de entender su forma (errónea) de pensar. Identifica cómo su forma de conducirse influye en todos los aspectos de su vida y la de los que le rodean.

  5. Apunta algunas directrices específicas para la persona que necesita aplicar este mensaje a su vida. Imagina una persona que sale del culto, con un bloc de notas en la mano, y te dice «Gracias, hermano, por el sermón de hoy. Ahora me marcho a casa. Mañana vuelvo al trabajo. Explícame cómo aplicar los principios bíblicos a mi vida, cómo debo ponerlos en práctica. Tomaré nota de todo lo que me digas.»

Compartir