La poesía del Antiguo Testamento – Un reto para la predicación expositiva

Salmo 32

 La alegría del perdón

Este salmo responde al adulterio de David con Betsabé, con el posterior asesinato del marido de ésta, Urías el heteo. Este tropiezo de David se señala como el fallo más llamativo de su vida (1 R. 15.5). Tanto el Salmo 32 como Salmo 51 aluden a un tiempo de silencio y encubrimiento (Sal. 32.3-4), seguido de otro de confesión y restauración (Sal. 32.5). La confesión de pecado abre la puerta a la recuperación de alegría espiritual y un renovado impulso para transmitir el mensaje del perdón a otros pecadores.

El apóstol Pablo cita Sal. 32.1-2 en su exposición sobre la justificación por la fe sin obras (Ro. 4.6-8). La certeza del perdón sólo es posible por la fe; si el creyente depende de sus méritos ante Dios, nunca sabrá si ha cumplido lo suficiente. Más bien acusará una sensación de fracaso constante. En cambio, el perdón abre la puerta a una conexión real con Dios, con todas las bendiciones que se desprenden de esa relación.

Cuando David habla de la bendición de tener cubierto su pecado, alude a la sangre rociada sobre el propiciatorio en el día de expiación: la sangre del macho cabrío derramada sobre la tapa del arca de la alianza «cubría» la ley quebrantada por todo el pueblo (las dos tablas de piedra que se guardaban dentro del arca) de los ojos de Dios. La sangre se interponía entre el pecador y Dios, para que éste no tuviera que juzgar al que había cometido la ofensa. Como la sangre derramada siempre apuntaba a la muerte del Redentor en sustitución del pecador, la fe a que se refiere David es en su esencia una fe en Cristo.

David llama su composición «masquil». Se trata de un salmo didáctico, no una mera catarsis personal. David considera que su experiencia sirve de paradigma para todos los creyentes en todos los lugares, de modo que el salmo ofrece material para una exposición pública en la iglesia. El mensaje es que encubrir el pecado siempre produce sufrimiento espiritual (tristeza, depresión, frustración, debilidad, lejanía del Señor), pero reconocer el pecado y confesarlo llanamente siempre resulta en restauración y gozo. Es una verdad que recoge tanto el Antiguo Testamento (Pr. 28.13) como el Nuevo (1 Jn. 1.9).

El salmo plantea un principio general sobre la felicidad de saberse perdonado (vss. 1-2). Luego relata la experiencia concreta de David (vss. 3-5). Seguidamente anuncia que la vivencia de David es extrapolable para todos (vss. 6-9). Remata con la conclusión de que habrá misericordia y gozo para todos los que reconocen sus errores ante Dios (los rectos de corazón, vss. 10-11).

Economía, energía, sutileza

El salmo abunda en metonimias: «se envejecieron mis huesos» significa «fui debilitado en todo» (v. 3). «Se agravó sobre mí tu mano» significa «presionaste espiritualmente en mi conciencia». «Se volvió mi verdor en sequedades de verano» significa «perdí toda mi vitalidad».

El tiempo en que el Señor puede ser hallado se refiere a los momentos en que Dios despierta la conciencia del pecador, y el pecador responde esforzándose en oración (Dt. 4.29, Is. 55.6, Jer. 29.12-14).

El resultado de recibir el perdón de Dios es que lo quieres contar a otros y animar a otros a seguir el camino de transparencia y sinceridad ante Dios. La frase «te haré entender, te enseñaré» (v. 8) corresponde a la resolución de David en Sal. 51.13. Él, el pecador perdonado, anima al lector u oyente del salmo a reconocer y confesar el pecado como él ha hecho. Al mismo tiempo, al hablar David por inspiración del Espíritu de Dios (2 S. 23.2), sus palabras son una promesa del Señor. Dios promete enseñar al creyente arrepentido el camino en que debe andar. Es una promesa de dirección divina para todos los que tienen un corazón dócil ante el Señor.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras claves, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Dónde hay figuras de dicción?¿Cuál es el significado literal de las metonimias: cubierto el pecado (32.1), envejecer los huesos (32.3), volver el verdor en sequedad de verano (32.4), llegar las inundaciones de aguas (32.6), rodear con cánticos de liberación (32.7)?
  2. ¿A quién engañamos cuando tratamos de negar o encubrir el pecado (32.2)?
  3. Analiza 1 Juan 1.9. ¿Qué enseña este texto sobre la confesión del pecado?
  4. ¿Qué relación hay entre el hecho de saberse perdonado y el hecho de sentir el refugio de Dios en todas las circunstancias (32.7).
  5. ¿Qué importancia tiene la promesa (primero de David, luego del Señor) de fijar los ojos sobre el pecador (32.8)?
  6. ¿A qué se refiere David con las metáforas del caballo y el mulo (32.9)?
  7. ¿Cuál es el equivalente de ser sujetados con cabestro y con freno, para el creyente de hoy (32.9)?
  8. 8. ¿Cuál es la estructura del salmo? ¿Cómo es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.
  9. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el mensaje central? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …
  10. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.
  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis, para que vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.
  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

 

Esteban Rodemann

Unas pautas para la exposición de los evangelios


Preparado por Jonathan Haley para el Círculo de predicadores del Vallès (20/04/2015)

Grant Osborne en la introducción a su comentario sobre Mateo recomienda tener en cuenta las siguientes tres pautas al preparar una serie de predicaciones en los evangelios[15]. Luego añadiré tres reflexiones mías.

  1. Primero, debemos utilizar los principios hermenéuticos básicos de la exégesis gramática-histórica.

  2. Segundo, debemos incluir aquellos elementos de la hermenéutica especial que tienen que ver con la narrativa y que nos ayudan a entender cómo funcionan los relatos. Estos incluyen:

    1. Punto de vista: (la perspectiva adoptada por el autor, la “forma” que le da al relato, el efecto que pretende producir en sus lectores).

    2. Tiempo narrativo: (no necesariamente cronológico, debido a que responde al desarrollo secuencial de los acontecimientos en la obra en su conjunto más que a la progresión histórica en la vida de Cristo).

    3. Desarrollo de la trama: (acontecimientos en términos de conflicto, clímax, resolución).

    4. Caracterización y diálogo: (como los personajes se relacionan los unos con los otros y los acontecimientos).

    5. Lector implícito: (la audiencia original que el autor tenía en mente).

  3. Tercero, aplicando estos elementos de hermenéutica especial a los evangelios de manera específica, Osborne recomienda lo siguiente:

    1. Estudiar la trama a nivel macro (visión global).

      1. “Cada Evangelio tiene su propia meta-narrativa y trama.” Mateo, p.ej., ha estructurado su evangelio de manera muy diferente a los otros evangelistas, organizándolo en torno a cinco discursos importantes (capítulos 5-7, 10, 13, 18, 23-25), con unidades narrativas cuidadosamente planeadas entre los discursos.

      2. Es importante ver como cada perícopa y sección contribuye a la narrativa en su conjunto.

    2. Estudiar la trama a nivel micro (visión particular). Una vez establecidas las líneas maestras el evangelio en su conjunto, debemos hacer la misma clase de análisis de cada relato individual.

    3. Estudiar los énfasis editoriales.

      1. Por supuesto, el mensaje y la teología de una porción surge del mismo texto. Sin embargo, ver las diferencias en presentación entre un evangelista y otro nos puede ayudar a discernir con mayor claridad sus intenciones teológicas y sus propósitos comunicativos.

      2. El Espíritu Santo quiso dejarnos cuatro evangelios, porque quería que tuviésemos múltiples perspectivas sobre la vida de Jesús.

      3. Investigar las diferencias en presentación entre los evangelios es procurar descubrir y transmitir a nuestros oyentes esas perspectivas inspiradas.

    4. Estudiar los personajes y sus diálogos.

      La caracterización y las interacciones entre personajes es otra manera de descubrir los temas importantes de un evangelio.

    5. Estudiar la audiencia implícita.

      Para mí, esto es un poco más complicado (y muchos comentaristas modernos especulan demasiado sobre esto) porque no tenemos más acceso a los lectores originales que lo que podemos inferir del texto mismo. Sin embargo, puede ser de utilidad pensar sobre el efecto que el autor quería producir en sus primeros lectores y luego pensar sobre el efecto que querría ver en nosotros si se estuviera dirigiendo a nosotros con este mismo texto.

  4. Luego, añadiría tres observaciones más (que Osborne no menciona específicamente).

    1. Nunca perder de vista los múltiples sub-géneros operantes en los Evangelios.

      1. Una parábola y el relato de un milagro, no son la misma cosa.

      2. Un diálogo y un discurso no son la misma cosa.

    2. Extraer una idea principal del texto sigue siendo de capital importancia.

      1. La presentación de esta idea principal por parte del autor bíblico será un tanto diferente a lo que sería en una porción didáctica, pero sigue habiendo una idea, porque si no lo hubiera, no habría razón para incluir ese texto en el evangelio.

      2. Haddon Robinson comenta, Es un rapto del púlpito ignorar o evitar en el sermón lo que el pasaje enseña. La predicación tópica común en muchos púlpitos americanos coquetea con la herejía.[16]

    3. Sea cual sea el pasaje, está para conducir a la fe en Jesús.

      1. El fin último de un Evangelio es dar las buenas noticias sobre Jesús.

      2. Por consiguiente, cada sermón debería – de manera intencional – solicitar la fe de los que no creen todavía y afianzar la fe de los que ya creen.


[15] Osborne, Grant R. Matthew. Vol. 1. Zondervan Exegetical Commentary on the New Testament. Grand Rapids, MI: Zondervan, 2010., pp. 21-27. Él habla específicamente del Evangelio de Mateo, pero casi todo lo dicho es extensible a todos los evangelios, y de manera especial, a los evangelios sinópticos.

[16] Haddon W. Robinson, Making a Difference in Preaching, Baker Books 1999, p. 70.

Unas pautas para interpretar y predicar las parábolas

Resumen

Traducido por Jonathan Haley de “Conclusiones de la primera parte” (pp. 165-167) y “Conclusiones de la segunda parte” (pp. 325-327), Interpreting the Parables, Craig L. Blomberg, IVP 1990.


Interpretación

  1. Dos de los principios más arraigados de la interpretación de las parábolas en el siglo XXI han sido:

    1. que, por regla general, las parábolas de Jesús no son alegorías, y

    2. cada parábola transmite una sola enseñanza.

  2. A la luz de la naturaleza de las parábolas rabínicas más tempranas y a la luz de la crítica literaria secular moderna, ambos de estos principios son más engañosos que útiles.

  3. Un acercamiento mejor distingue entre varios grados de interpretación alegórica (simbólica, si prefieres), reconociendo que cada parábola de Jesús contiene ciertos elementos que sí apuntan hacia un segundo nivel de significado y otros que no lo hacen.

  4. Para evitar los errores de los alegoristas del pasado, los intérpretes modernos también deben asignar a detalles de las parábolas aquellos significados que sería de esperar que las audiencias originales de Jesús discernieran.

  5. Mientras que las parábolas sí presentan retratos generalmente verosímiles del judaísmo palestino del primer siglo, elementos clave en ellas son sorprendentemente no-realistas y sirven para indicar un nivel de significado alegórico.

  6. Recientes críticas literarias y hermenéuticas nos ofrecen importantes perspectivas pero no consiguen desmentir la legitimidad de parafrasear a las parábolas en proposiciones.

  7. Lo mismo debería decirse de quienes menosprecian la importancia o posibilidad de reconstruir un sentido fijo, original del texto. Ningún traductor será capaz de capturarlo por completo, pero algunos lo harán mejor que otros.

Dos principios de interpretación adicionales se sugieren como hipótesis a comprobar:

  1. Los protagonistas de una parábola probablemente sean los candidatos más comunes para una interpretación alegórica, y los puntos principales de la parábola probablemente vengan asociados con estos protagonistas.

  2. La estructura triangular de la mayoría de las parábolas de Jesús, sugiere que la mayoría de las parábolas pueden tener tres puntos, aunque algunas probablemente tengan sólo uno o dos.

Parábolas individuales

  1. Once parábolas exhiben una estructura sencilla de tres puntos. Tienen 3 personajes principales cada una, de quienes se pueden derivar tres lecciones principales. En cada caso, los tres personajes incluyen un amo y dos subordinados contrastados que simbolizan a Dios, su pueblo y los que le rechazan. Estas parábolas incluyen Mateo 11:16-19 y paralelos; 13:24-30, 36-43; 13:47-50; 21:28-32; 24:45-51 y par.; 15:1-13; Lucas 7:41-43; 15:4-7 y par.; 15:8-10; 15:11-32; y 16:19-31.

  2. Diez de las parábolas demuestran una estructura compleja de tres puntos. Aunque a primera vista puede parecer que tienen personajes adicionales o una estructura más complicada que la forma sencilla de tres puntos, en última instancia desprenden tres puntos basados en las acciones de tres personajes principales o grupos de personajes. Estos pasajes incluyen Mateo 18:23-35; 20:1-16; 22:1-14; 25:14-30, Marcos 4:3-9, 13-20 y paralelos; 12:1-12 y par.; Lucas 10:25-37; 14:15-24, 16:1-13; y 19:11-27.

  3. Nueve parábolas son de dos puntos. Sólo tienen dos protagonistas o elementos y enseñan dos lecciones. Dos de estas parábolas ofrecen contrastes puros. Se parecen a la forma sencilla de tres puntos pero sin la figura de un amo. Estas incluyen Mateo 7:24-27 y paralelos y Lucas 18:9-14. Seis de estas parábolas contienen un amo y solo un subordinado. Se parecen a la forma sencilla de tres puntos pero sin la presencia de un segundo subordinado. Estas incluyen Marcos 4:26-29; Lucas 11:5-8; 12:16-21; 13:6-9; 17:7-10; y 18:1-8. Una de estas parábolas no entra ni en una ni la otra categoría. Todavía contiene dos personajes de quienes dos lecciones distinguibles se pueden discernir, pero es tan breve que casi es tentador procurar colapsarlo en una sola verdad central. Este texto es Mateo 24:43-44 y paralelos.

  4. Seis parábolas solo tienen un protagonista central y establecen solo un punto principal. Estas incluyen Mateo 13:44, 13:45-46; Lucas 13:18-19 y paralelos; 13:20-21 y par.; 14:28-30; y 14:30-32. Muchos pasajes más cortos, normalmente no clasificados como parábolas, también guardan semejanza con estos textos breves.

Síntesis de las parábolas

  1. Jesús claramente se interesa por tres temas principales: la generosidad de Dios, las exigencias del discipulado y los peligros de la desobediencia. Muchas perspectivas relacionadas con cada una emergen cuando se analizan las parábolas de la manera descrita arriba.

  2. El tema central que une todas las lecciones de las parábolas es el reino de Dios. Es una realidad presente y futura. Incluye un reinado y un reino. Involucra tanto la transformación personal como la reforma social. No se puede equiparar ni con Israel ni con la Iglesia, pero es el poder dinámico de la auto-revelación personal de Dios al crear una comunidad de los que sirven a Jesús en cada área de sus vidas.

  3. La enseñanza de las parábolas hace surgir la cuestión de la identidad de Jesús. ¿Quién es esta persona quien, por su enseñanza, puede decir perdonar los pecados, pronunciar la bendición de Dios sobre los marginados sociales y declarar que el juicio final se basará sobre la respuesta de la personas a él? Hay reclamos cristológicos ocultos en las parábolas. No son tan directos como en otros hilos de la tradición de los evangelistas, pero están presentes de todas maneras. La auto-limitación de estos reclamos refuerza el caso por su autenticidad.

  4. Las parábolas de Jesús incluyen implícitas demandas de deidad. Jesús se relaciona con los personajes de autoridad en sus parábolas que claramente representan al Dios de las escrituras hebreas. Sus audiencias deben decidir si aceptar estas demandas y adorarle o rechazarlas como equivocadas e incluso blasfemas. Sin embargo, las parábolas de Jesús no dejan terreno neutro para el interés casual o la curiosidad frívola. Dividían marcadamente a sus audiencias originales entre discípulos y oponentes. Deben seguir funcionando de esta misma manera hoy en día.

Una cadena de maestros en la iglesia


Si la enseñanza y la predicación de la Palabra de Dios son tan importantes – y lo son – y si los que enseñan y predican la Palabra de Dios no viven (en este mundo) para siempre – y es así – ¿qué se puede hacer para que haya una continua sucesión de fieles maestros y predicadores de la Palabra de Dios?

Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros

El apóstol Pablo, en la que probablemente fue su última carta (canónica) antes de su muerte, cuando su principal carga era el futuro de la obra del Señor, escribió a Timoteo: Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros (2 Ti. 2:2). Si la última palabra de este texto: otros, se refiere a otros maestros y predicadores, lo cual parece ser una interpretación razonable, lo que tenemos en este importantísimo texto son cuatro generaciones de maestros de la Palabra de Dios (y del evangelio): (1) el apóstol Pablo; (2) Timoteo; (3) aquellos hombres fieles e idóneos; y: (4) aquellos otros, ¡los bisnietos espirituales de Pablo!, que iban a ser enseñados por los de la tercera generación.

Pero, dando un salto del primer siglo a nuestro siglo 21, ¿qué cosas son necesarias para que se sigan levantando hombres fieles e idóneos que puedan enseñar y predicar la Palabra de Dios? Sugiero que son necesarias seis cosas:

1. Delegación

Pablo no le dijo a Timoteo que él solo lo hiciera todo; le dijo que dedicara tiempo y esfuerzo a formar y preparar otros maestros de la Palabra de Dios.

Eso implica delegación – o sea, que cada generación de predicadores, además de enseñar y predicar ellos mismos, sepa delegar en otros hermanos, cosa que no a todos los predicadores les resulta fácil, ¿verdad? Ha habido demasiados fieles y buenos predicadores que no han tenido o la visión o la capacidad de delegar en otros hermanos; sí, ellos mismos han sido fieles, seguramente muy fieles, pero cuando les ha tocado marcharse, ¿qué legado han dejado? Yo quiero que parte de mi legado sea el haber ayudado a formar y preparar a otros predicadores. Pero – lo reconozco – ¡me cuesta delegar!

2. Conocimiento

Nadie puede enseñar y predicar la Palabra de Dios sin conocerla en profundidad. Y, por desgracia, una de las paradojas de nuestra era posmoderna es que justo ahora, cuando tenemos más ayudas que nunca antes, una de las características de las iglesias cristianas es precisamente una lamentable falta de conocimiento de la Biblia y un conocimiento de ella muy superficial. ¿Por qué tantas predicaciones tan pobres? Entre las muchas razones que, sin duda, habrá, la más evidente es esa falta de un conocimiento profundo de la Palabra de Dios.

Timoteo, para ser fiel a su encargo, tendría que dedicar un montón de horas a impartir conocimiento de la Palabra de Dios y del evangelio a esos hombres fieles para que ellos llegasen a ser idóneos para enseñar también a otros. Y no creo que sea diferente hoy. Por eso no se puede empezar cuando la congregación necesite otro predicador; desde que nacen los niños y desde que nacen de nuevo los niños espirituales, la prioridad número uno en el discipulado, a todos los niveles, ha de ser impartir un conocimiento cada vez más profundo de la Palabra de Dios. Y luego, a la hora de buscar esos hombres fieles, ¡buenos candidatos habrá!

3. Habilidad

Seguramente todos tuvimos, de niños y de jóvenes, maestros y profesores que tenían mucho conocimiento, pero que eran pésimos en transmitir sus conocimientos a sus alumnos. Son los típicos genios, con una impresionante colección de diplomas en la pared, pero que no son capaces de cruzar el puente, o el abismo, entre sus propios cerebros y los de sus pobres estudiantes.

Pues, ¡en las iglesias también los hay! Sí, ese profundo conocimiento de la Palabra de Dios es necesario, esencial, pero no es suficiente; también uno necesita tener la habilidad de comunicar la Palabra de Dios de manera fiel, clara y pertinente a otras personas, creyentes y no creyentes. Hay un dicho que reza: Lo que no se ha aprendido, no se ha enseñado. O sea, quien enseña no debería echar toda la culpa a la ignorancia, la falta de atención o la falta de esfuerzo de sus oyentes; ellos tendrán su parte de la culpa, pero ¡él también! ¿Acaso no es de la esencia del arte de enseñar y predicar la Palabra de Dios ser capaz de ayudar a otros a entender lo que uno mismo cree que ha entendido? A mí me da igual que a la gente le guste o no lo que predico; ahora, si no entienden lo que predico, pues, o tengo que cambiar cómo lo hago o debería buscar otro ministerio para el cual tenga el don.

4. Preparación

No me refiero (en primer lugar) a la preparación de una predicación o de un estudio bíblico; me refiero a la preparación de nuevos predicadores. Timoteo tenía que hacerlo, y nosotros también.

Hay muchas maneras de formar o preparar nuevos predicadores; me parece igualmente erróneo despreciar una buena formación de seminario y confiar demasiado en tal formación. Aprovechemos todo lo bueno que podamos aprovechar – es de humildad y de sentido común – pero, al mismo tiempo, no subestimemos lo que se puede hacer a nivel de la iglesia local; hay libros de texto que se pueden estudiar en grupo; se puede escuchar y evaluar predicaciones (buenas y malas); etc. El Espíritu Santo da dones principalmente a cada iglesia local y las iglesias son las responsables de la formación de nuevos predicadores, aunque para ello también aprovechen recursos externos, como seminarios, cursos on-line, etc.

5. Oportunidades

Si a mí no me hubieran dado oportunidades de predicar, etc., cuando era un joven inmaduro con más entusiasmo que conocimiento, no hubiera podido aprender de mis errores y seguir adelante. Cuando me acuerdo de algunas de las predicaciones que infligí sobre más de una pobre congregación, todavía siento: ¡Tierra, trágame! Ahora, treinta y cinco años después, todavía me queda mucho por aprender y quiero crecer como predicador hasta la muerte, pero algo espero haber mejorado desde aquellos primeros años.

Para que alguien llegue a ser un buen enseñador y predicador de la Palabra de Dios, necesita que se le den oportunidades – quizás, primero, en una reunión de jóvenes o un estudio bíblico en un grupo pequeño, etc.; y lo normal, sobre todo cuando se trata de un joven, es ¡que los primeros intentos de predicar no estén a la altura de un Spurgeon! Pero, con paciencia y con ayuda, puede llegar a ser un hombre idóneo para enseñar a otros. Ahora, también ocurre que algunas de las oportunidades que se dan demuestran que el hermano no tiene el don y a lo mejor nunca lo va a tener – no se puede forzar. Pero las oportunidades, que requieren bastante paciencia y madurez de parte de una congregación, son como los exámenes: revelan el potencial o quizás la falta de potencial de cada uno.

6. Evaluación

Esto es algo que se suele hacer en los seminarios bíblicos, pero no tanto en las iglesias, lo cual me parece una debilidad de ellas.

Existen muchas buenas razones para practicar una continua evaluación de las predicaciones en una iglesia: (1) Todos los predicadores deberían querer mejorar cómo lo hacen; (2) Todos los predicadores son inevitablemente subjetivos a la hora de evaluar sus propias predicaciones; (3) Los predicadores deben tener la suficiente humildad y sabiduría como para pensar que pueden aprender de la crítica constructiva de sus ministerios; (4) La evaluación honesta (¡y con mucho amor!) puede ser uno de los mejores medios de subir el nivel de las predicaciones; (5) La alternativa (muy común) de la evaluación puede ser una actitud de frustración de parte de la congregación; etc.

Claro, la evaluación no es fácil: ¡muchas veces duele!; a veces el predicador no está de acuerdo con la crítica de cómo predica, por muy constructiva que sea; los que hacen la evaluación también son subjetivos; no es nada fácil que predicadores jóvenes y de poca experiencia se atrevan a dar su opinión sobre el pastor principal con sus treinta o más años como predicador. Pero si queremos que las predicaciones sean cada vez mejores, creo que una sana evaluación, bien pensada y bien hecha, puede hacer más que cualquier otra cosa para conseguirlo.

Conclusión

El apóstol Pablo podía haberse limitado a decirle a Timoteo: Bueno, Timoteo, pronto yo ya no estaré con vosotros; así que, ya sabes, sigue predicando tan bien como lo estás haciendo, y que el Señor te bendiga. Pero Pablo no hizo eso; le encargó hacer todo lo que pudiera para ayudar a preparar una nueva generación de maestros y predicadores de la Palabra de Dios. Esa era la visión de futuro que tenía Pablo. ¿Y nosotros? ¿Qué visión de futuro tenemos nosotros? Seguramente se podrían decir muchas cosas, y todas ellas buenas; pero me atrevo a decir que hay pocas cosas tan importantes para el futuro de la Iglesia, hasta que venga el Señor, que la continua formación y preparación de nuevos predicadores.

Tres bases teológicas de la predicación


En su libro Speaking God’s Words: A Practical Theology of Preaching el ministro australiano Peter Adam sugiere que la predicación descansa sobre tres bases teológicas. Como un taburete de tres patas, las necesitamos las tres – el quitar solo una de ellas nos privará de una base estable sobre la que asentar la predicación. Los tres pilares doctrinales mencionados por Adam son 1) Dios ha hablado, 2) Escrito está y 3) Predica la palabra; o sea, tienen que ver con las doctrinas de la revelación, la inspiración y la predicación.

La primera de las patas mencionadas por Adam quizás no nos parezca necesario tratarla. Todo creyente cristiano creerá que Dios ha hablado. Pero la realidad es que hay crecientes dudas en torno a la certeza y la claridad con la que podemos entender lo que Dios nos ha querido transmitir. Para mí ha sido muy útil ver cómo estas dudas se relacionan con nuestra idea de Dios. Típicamente se presentan estas cuestiones como dudas acerca de la capacidad humana de saber con certeza. Pero el creyente cristiano que acepte el retrato que la Biblia nos da acerca de Dios tiene una base firme sobre la que apoyarse. Es verdad que ningún ser humano puede escaparse de su propia perspectiva, y ésta es limitada e imperfecta. Pero la información que tenemos acerca de Dios no surge de un proyecto humano de acercamiento y estudio de Dios. Al contrario, nos llega por revelación divina de parte del Dios que sabe comunicarse perfectamente. Dios nos ha creado a su imagen, lo que incluye la capacidad de comunicarnos y de entendernos y, especialmente, de entender lo que Él nos quiere transmitir. Además, es enormemente alentador pensar que el mismo Espíritu de Dios que supervisó todo el proceso de la escritura de la Biblia también está con nosotros para ayudarnos a entender lo que quiso decir entonces y lo que nos quiere decir hoy a través de estos escritos. Con esto damos un paso más allá del capítulo de Adam – Dios ha hablado pero también Dios habla. ¿Cómo evaluamos la capacidad de expresarse de Dios? ¿Nos parece que tiene dificultades para expresarse bien? ¿Tenemos serias dudas de que pueda conseguir que captemos lo que nos quiso transmitir?

En cuanto a la segunda pata, de nuevo Peter Adam desarrolla con cuidado un punto muy básico, pero que muchas veces es pasado por alto. Dios se reveló en el pasado, pero también dio orden de que esa revelación fuera escrita para que sirviera para las generaciones posteriores. Por esto la Escritura, desde el comienzo, tuvo dos audiencias – la contemporánea de aquel entonces y la futura desde la perspectiva del autor. Dios se reveló a Moisés y a los israelitas en el Monte Sinaí, pero a la vez mandó que sus palabras fueran escritas para el futuro. Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel (Ex. 34:27).

Hay muchos aspectos misteriosos del proceso exacto por el cual Dios transmitió a los autores bíblicos su revelación. Asimismo hay mucha información que nos gustaría tener sobre el proceso por el cual muchos de estos libros llegaron a tener su forma final. Pero lo que sí queda claro es que los escritos posteriores conceden plena autoridad a los que los precedieron. Los escritores del Nuevo Testamento demuestran una plena convicción de que Dios había hablado (y hablaba) por los textos del Antiguo Testamento.

B.B. Warfield

Hace ya un siglo que B. B. Warfield hizo sus estudios cuidadosos de las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo. En un artículo agrupaba estos textos según la fórmula que los introducía. En un primer grupo estaban textos como estos: La Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones (Gá. 3.8), y La Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder…. (Ro. 9:17). En ambos casos – tanto en los tiempos de Abraham como de Faraón – la Escritura todavía no existía. Según Génesis 12:3 y Éxodo 9:16 fue Dios quien dijo estas cosas. Por lo que para los escritores neotestamentarios lo que la Escritura dice es lo que Dios dice. Caso inverso se da en otros pasajes como Hechos 4:24-25: Tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes…. Aquí tanto para los apóstoles como para el autor Lucas lo que Dios dice es lo que dice la Escritura, en este caso el Salmo 2. Con esta visión de las Escrituras la tarea del predicador se aclara. El contenido de la predicación debe ser el contenido de la Biblia. El predicador debe decir lo que la Biblia dice porque la Biblia dice lo que Dios dice. El tener esta convicción clara concede autoridad a la predicación.

Ya nos hemos adentrado en el área de la predicación en sí, la tercera pata del taburete. ¿Se puede prescindir de la predicación? La respuesta que demos a esta pregunta dependerá de lo que pensemos en relación a otra: ¿de quién fue la idea de la predicación? ¿De la iglesia medieval? ¿De la iglesia primitiva, que al no tener otros medios tuvo que contentarse con este método de llegar a la sociedad? Peter Adam contiende que no – que la idea de la predicación es de Dios. Moisés fue el primer gran predicador en la historia del pueblo de Dios, y fue llamado y comisionado por Dios para transmitir el mensaje de Dios a su pueblo.

Después de Moisés vendrían otros profetas – como ya fue predicho por Dios (Dt. 18:15-22). Luego vendrían Juan el Bautista y el Señor Jesús mismo, cuyo ministerio principal antes de su obra expiatoria en la cruz es descrito así por los evangelistas: Jesús vino a Galilea predicando… (Mr. 1:14), Jesús iba por todas las ciudades y aldeas predicando y anunciando el evangelio (Lc. 8:1). Cristo estableció sus apóstoles para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar (Mr. 3:13). Les quedó clara su misión central, como vemos en el suceso narrado en Hechos 6. Y estos apóstoles a su vez formaron a otros como Timoteo, a quien Pablo transmite la comisión Predica la palabra (2 Ti. 4:2). La predicación no solo es necesaria, sino que ha sido comisionada por Dios.

Si Dios ha hablado y fue Él que mandó escribir su revelación con la intención que desde el principio sirviera de base para un ministerio continuo de predicación, entonces tenemos una base firme para entregarnos a esta tarea. Si nos encontramos dudando de la necesidad o conveniencia del ministerio de la predicación, nos puede ser útil preguntarnos, ¿de qué pata cojeamos?

Este artículo también aparece en http://thegospelcoalition.org/blogs/espanol/2013/02/19/tres-bases-teolgicas-de-la-predicacion/

“Tengo un gran sermón, sólo necesito encontrar el versículo de la Biblia”: Por qué el contexto es importante


¿Alguna vez has oído a alguien decir esto: “Tengo un gran sermón, sólo necesito encontrar el versículo de la Biblia.”? O igual te suena lo que dijo una joven cristiana que conozco después de un culto – “¡el versículo siguiente dice lo contrario a lo que predicó el predicador!” ¡Ella tenía una mejor hermenéutica que el predicador!

Ambos ejemplos demuestran un desprecio al contexto del texto y esto es grave porque nos lleva a que los predicadores podamos predicar “lo que nos da la gana”. Para evitar esto debemos desarrollar las enseñanzas de nuestros sermones en el contexto del texto bíblico.

Debemos situar el versículo en el contexto del capítulo, el capítulo en el contexto del libro, el libro en el contexto del testamento y el testamento en el contexto de toda la Biblia. Aquí hay algunas preguntas que nos pueden ayudar a hacerlo.

Si hay pasajes paralelos ¿Cómo cuentan la misma historia? ¿transmiten el mismo énfasis?

  1. El Versículo

    ¿Qué significan las palabras en este versículo, capítulo, libro y testamento?

    ¿Cuál es el sujeto y cuál es el objeto del versículo? ¡No los confundas!

    ¿Dónde está ubicado geográficamente el versículo?

  2. El Capítulo

    ¿Qué dice el capítulo antes y después de tu texto?

    ¿Quién habla? y ¿a quién? Por ejemplo, ¿se dirige a los creyentes o inconversos, a la iglesia o a un individuo, a los discípulos o a la multitud?

  3. El Libro

    ¿Dónde encaja el libro en el panorama de la redención? – ¿Viene antes del éxodo o después? ¿Viene antes del exilio o después? ¿Antes de la primera venida de Cristo o después? ¿Antes de Pentecostés o después?

    ¿Qué tipo de literatura es el pasaje y el libro en el que se encuentra? Es narrativa, poesía, profecía, carta, apocalíptica, legal, proverbio, parábola, etc?

  4. El Testamento

    ¿Está en el contexto del nuevo o el antiguo testamento?

    ¿Cómo se ocupa el otro testamento de este tema? – por ejemplo, comparar la circuncisión en el antiguo y el nuevo testamento.

  5. Toda la Biblia

    ¿Cómo se trata el tema en la Biblia como un todo?

    ¿Cómo encaja el tema en la teología bíblica y la teología sistemática?

Para terminar, siempre preguntar – ¿qué dice el texto?, ¿qué significa?, ¿qué significa para nosotros hoy?

Revis(it)ando el cantar de los cantares


Durante los cuatro últimos meses, he estado enseñando el libro del Cantar de los Cantares en el tiempo de estudio bíblico de la congregación. Fue todo un desafío personal desarrollarlo en ocho sesiones de estudio, al mismo tiempo que se hacía en el marco adecuado de un estudio bíblico, y no tanto en la exposición de la Palabra en la reunión general de la iglesia, por razones obvias. Quisiera dejaros una breve bibliografía comentada de material que he utilizado en la preparación de los estudios, por si alguien se anima a estudiar este libro bíblico sobre el amor. Se incluyen exclusivamente los comentarios al libro del Cantar.

De todos es sabido que el enfoque que se le dé a este libro es crucial para explicarlo. Dentro de las diferentes escuelas (erótica, romántica, simbólica y alegórico-mística), me he situado en una posición más bien romántica, siguiendo una interpretación histórico-gramatical y literal de un texto poético, con las normas hermenéuticas de la poesía, y siempre respetando a aquellos que se decantan por otras opciones interpretativas. Lo he hecho así por convicción propia (Rom. 14.5)

AKIN, DANIEL L. Christ-centered Exposition. Exalting Jesus in Song of Songs. Holman Reference. B&H Publishing Group. USA. 2015. Situado en la escuela romántica, con tendencias a resaltar también el componente erótico del Cantar, se centra en una exposición gramático-histórico-literal del libro, aunque añade una aplicación cristológica tras cada exposición. Es un autor que está documentado, y expone de manera clara el texto. Para los que lean inglés, no deben perdérselo.

APARICIO RODRÍGUEZ, ÁNGEL.Comentario Filológico a los Salmos y al Cantar. BAC. Madrid, 2012. Un manual técnico filológico de las palabras usadas en el Cantar. No ofrece interpretación clara, aunque parece situarse en el sentido erótico de interpretación. No apto para principiantes ni ignorantes (como yo) del idioma hebreo.

CANCLINI, ARNOLDO. ¡Amada mía…, amado mío…! CLIE. Barcelona. 1975. Este librito de 110 páginas es una exposición desde el punto de vista romántico. No tiene desperdicio y sus continuas referencias a otros poetas y escritores, servirán para deleitarse en el tratamiento del Cantar.

CLARKE, ARTHUR G. The Song of Songs. Walterick Publishers. Kansas. USA. s/f. Un comentario atípico, ya que ofrece una interpretación general, otra literal y didáctica, otra alegórico-tipológica y otra devocional, dividiendo en 14 párrafos el Cantar. Es un libro interesante, aunque no estemos de acuerdo en todas sus conclusiones.

GARCÍA CORDERO, MAXIMILIANO. Cantar de los Cantares. Biblia Comentada Profesores de Salamanca. Vol. 4. BAC. Madrid. 1967. Desde el punto de vista católico, trata al Cantar como un conjunto de siete poemas unidos temáticamente, con tinte semidramático. Poco sustancioso.

GLEDHILL, TOM. Cantar de los Cantares. Andamio. Libros Desafío. Barcelona. 2013. Una exposición literal del Cantar, muy bien desarrollada en 313 páginas, documentada y con argumentos filológicos de peso. De vez en cuando se explaya en ciertos temas romántico-eróticos que aparecen en el Cantar. Recomendable para el estudioso serio.

GRAU, JOSÉ. El más inspirado cántico de amor. Ediciones Evangélicas Europeas. Barcelona. 1991. Se trata de una interpretación literal del Cantar, dividiéndolo en siete cantos. Una acertadísima interpretación de este libro bíblico, aunque uno no esté de acuerdo con todas las conclusiones a las que Grau llega. Reflexiones profundas y sabias. Es de obligada lectura y estudio.

HENRY, MATTHEW; LACUEVA, FRANCISCO. Comentario Bíblico Matthew Henry. CLIE. No era lo que esperaba de la traducción original, como ocurre en este volumen. Situado en la escuela alegórica y en la hipótesis del pastorcillo, a modo de “triángulo amoroso”. El mismo Lacueva se hace responsable de la exégesis, que no concuerda con la de M. Henry.

KELLY, WILLIAM. The Song of Solomon compared with other parts of Scripture. James Nisbet y Co. Londres. 1866. Un comentario alegórico del Cantar, al más puro estilo de las Asambleas originales.

PARK, STUART S. Jardín cerrado. El cantar sublime de Salomón. Ediciones Camino Viejo. Valladolid. 2013. El trato poético que Stuart le da al Cantar rezuma a lo largo de las 156 páginas de este libro. Su interpretación se basa en un punto de vista metafórico, donde la poesía hace trascender los significados del Cantar a otras realidades superiores. Enfoque interesante.

SMITH, HAMILTON. The Song of Songs. A brief exposition of the Song of Solomon. The Central Bible Truth Depot. Londres. s/f. Otro comentario alegórico.

TANNER, J. PAUL. The History of Interpretation of the Song of Songs. Bibliotheca Sacra. Vol. 154. Enero-Marzo 1997. Núm. 613. Pp. 23-46

The Message of the Song of Songs. Bibliotheca Sacra. Vol. 154. Abril-Junio 1997. Núm. 614. Pp. 142-161. Dos artículos muy sustanciosos y eruditos de temas del Cantar, donde se explican las diferentes escuelas de Interpretación y la posición romántica del autor. Ofrece un bosquejo interesante del Cantar. Erudito, pero edificante.

Webgrafía:

www.preceptaustin.org Ofrece un amplio abanico de comentarios, que incluyen las diferentes escuelas, pero se centra en la escuela romántica. Recomendable para estudiosos serios de las Escrituras.

www.mystudybible.com Notas y comentarios de la Biblia HCBS. Típico de una Biblia de estudio anotada.

www.exegetica.net Supone una introducción y bosquejo de Cantares muy apropiada y suficiente. La solidez en los argumentos es convincente y con respaldo de sanos comentaristas bíblicos.

¿Qué es la predicación expositiva?


Para comprender lo qué es la predicación expositiva nos valdremos del esfuerzo que dos expertos en el tema han hecho por definir y explicar la predicación expositiva. Leeremos la definición que Stephen Nelson Rummage hace de lo que es un sermón expositivo y la definición que Haddon W. Robinson hace de la predicación expositiva.

Stephen Nelson Rummage define un sermón expositivo así:

Un sermón expositivo puede definirse como un sermón en el cual el tema y la estructura del mensaje reflejan el tema y la estructura del pasaje bíblico. En este tipo de sermón, el predicador dice la misma cosa que el texto bíblico. El compromiso con el sermón expositivo requiere que el predicador exponga el significado del pasaje bíblico en el sermón pronunciado.[7]

Haddon W. Robinson define la predicación de esta manera:

La predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado de, y transmitido por medio de, un estudio histórico, gramatical y literario de cierto pasaje en su contexto, que el Espíritu Santo aplica, primero, a la personalidad y la experiencia del predicador, y luego, a través de este, a sus oyentes.[8]

Ambas definiciones, además de sencillas, son claras. De ellas obtenemos un par de conclusiones interesantes sobre la predicación expositiva.

La esencia de la predicación expositiva es la fidelidad al texto bíblico.

Stephen Nelson expresa que en la predicación expositiva (…) el tema y la estructura del mensaje reflejan el tema y la estructura del pasaje bíblico. Es decir, existe plena congruencia entre sermón y texto bíblico en cuanto a forma y contenido. El sermón debe enseñar lo que el texto enseña y de la misma manera en que lo enseña.

Esto implica que el predicador se sujetará en su sermón al texto bíblico. Cuando un predicador lee un pasaje bíblico al inicio de su sermón, se espera que inmediatamente exponga la enseñanza de ese texto, y además, que proporcione una aplicación práctica, fiel al texto y relevante para su audiencia.

Solamente hay una manera de permanecer fieles al texto bíblico, que sea el texto quien gobierne el sermón en forma y contenido. Si algo debemos exigir de la predicación, es que sea fiel al texto.

Nehemías 8.8 sirve de ejemplo para afirmar esta verdad: Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. (RVR60). Esdras y los levitas leían la Palabra y la interpretaban para que el pueblo comprendiera su significado[9]. Esto evidencia que lo que enseñaban procedía del pasaje al que daban lectura.

A esto se refiere Haddon W. Robinson cuando expresa que la predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado del… pasaje en su contexto. Quien predica no puede afirmar ser bíblico, si lo que comunica no es lo que el texto verdaderamente enseña.

Desafortunadamente, algunos predicadores modernos se han alejado de este modelo de predicación. Sus predicaciones se asemejan más a charlas motivacionales, conferencias de ventas e incluso monólogos de cómicos profesionales. Reemplazan, la explicación del texto por un mensaje que entretiene a la audiencia, la verdad de Dios por sus propias ideas. Otros, durante su exposición saltan de texto en texto sin sentido alguno u orden lógico. Citan muchos pasajes, pero no exponen el contenido de ninguno.

¿Cómo podemos evitar caer en el error de predicar nuestras propias ideas y no lo que el texto bíblico enseña? Permitiendo que sea el texto quien hable y no nosotros quienes hablemos del texto. De allí la necesidad de ser predicadores expositivos. La predicación expositiva mantiene la vista y la mente anclados en el pasaje. Minimiza el riesgo de dar rienda suelta a la imaginación y decir que el texto enseña lo que nunca ha enseñado.

Solamente el estudio del texto bíblico permitirá al predicador descubrir su enseñanza. Bien afirma Haddon, que es necesario un estudio histórico, gramatical y literario del pasaje en su contexto. Además, afirma que la riqueza del texto solo se extrae mediante un arduo trabajo intelectual y espiritual preliminar[10]. Por esta razón, el apóstol Pablo instruyó a Timoteo sobre la necesidad de esforzarse por presentarse delante de Dios como un obrero aprobado que interpreta rectamente la palabra de verdad (ver 2 Tim. 2.15 NVI).

Contrario a lo que algunos suponen, este esfuerzo intelectual no excluye la dependencia del Espíritu Santo. Al contrario, el Espíritu Santo nos capacita para comprender el texto. William Barclay afirmó que…

Cuando más permita un hombre que su mente se vuelva negligente, perezosa y débil, menos tendrá que decirle el Espíritu Santo. La verdadera predicación ocurre cuando un corazón amoroso y una mente disciplinada se ponen a disposición del Espíritu Santo.[11]

El predicador debe depender del Espíritu Santo en el estudio de la Palabra. Un estudio basado en la capacidad humana es un simple ejercicio académico carente de todo poder transformador para la vida del predicador y su congregación. La predicación expositiva no es un un método académico que busca el conocimiento. Al contrario, procura la transformación a través del conocimiento y aplicación del mensaje divino comunicado por las Escrituras.

La predicación expositiva busca convertir al predicador y su congregación en cristianos maduros.

La predicación expositiva tiene como propósito producir cristianos maduros. Note el énfasis añadido en la definición de Haddon:

La predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado de, y transmitido por medio de, un estudio histórico, gramatical y literario de cierto pasaje en su contexto, que el Espíritu Santo aplica, primero, a la personalidad y la experiencia del predicador, y luego, a través de este, a sus oyentes.

El primero en ser transformado por la Palabra de Dios debe ser el predicador. El predicador debe aprender a escuchar a Dios antes de hablar en nombre de Él.[12] En caso contrario, sería un fariseo más que expresa aquello de haz lo que digo, no lo hago.

Cuando el predicador entra en contacto con la Palabra de Dios, a través del estudio bíblico, se expone al obrar del Espíritu, quien lo moldea para ser ejemplo vivo de la veracidad del mensaje que proclama. El predicador debe ser confrontado, animado, exhortado y quebrantado antes que su congregación. Debe encarnar en su propia vida las verdades de proclama. El predicador se nutre espiritualmente mientras estudia.

En la predicación expositiva…

El predicador debe, primero que nada, permitir que el mensaje que se está desarrollando se filtre a través de su manera de pensar, así como a través de su vida, antes de poder predicarlo. Esdras proveyó el modelo perfecto: “Porque Esdras había preparado su corazón “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”.[13]

La predicación expositiva tiene como meta la transformación de la congregación. En Nehemías 8.12 el pueblo hebreo, tras la exposición de la Palabra, se marchó feliz de haber comprendido lo que se les había enseñado. Y es que la exposición de la Palabra deber ser fiel al testo bíblico pero también relevante para la audiencia contemporánea.

La predicación expositiva mantiene en perfecto equilibrio los dos principios de la predicación bíblica: fiel al texto y relevante para la audiencia moderna. Cuando se predica bíblicamente las vidas son transformadas por la Palabra, empezando por el predicador y luego con su audiencia.

Conclusión y reflexión personal

Richard Mayhue[14] resume en cinco los elementos mínimos que un mensaje o predicación debe tener para considerarse expositiva:

  1. El mensaje halla su única fuente en la Escritura.

  2. El mensaje es sacado de la Escritura mediante una exégesis cuidadosa.

  3. La preparación del mensaje interpreta correctamente las Escrituras en su sentido normal y en su contexto.

  4. El mensaje explica claramente el significado original que Dios procuraba para la Escritura.

  5. El mensaje aplica el significado actual de la Biblia.

Para pensar en nuestros sermones:

¿El método de estudio que aplicas extrae la enseñanza principal del pasaje?

Debe ser primordial descubrir el tema que trata el texto que predicamos, y además, debemos ser capaces de discernir lo que el pasaje dice sobre el tema.

¿Te ves en la necesidad de citar otros textos bíblicos para explicar el pasaje?

Cada pasaje puede ser entendido en su propio contexto. Si nos vemos en la necesidad de explicar el texto con otro, seguramente no hemos comprendido lo que pasaje quiere enseñar. Los textos paralelos son útiles si se usan adecuadamente. Antes de saltar a otro texto, debemos asegurarnos de agotar todo lo que podamos la enseñanza del pasaje en su propio contexto. Aunque otro pasaje aborde el mismo tema, seguramente lo hará desde otro contexto y con otra perspectiva.

¿El tiempo que dedicas a preparar tus sermones es suficiente como para que el Espíritu Santo afirme en tu vida la enseñanza del texto?

El método de estudio que aplicamos debe permitirnos permanecer en contacto con el texto bíblico, lo suficiente para que el Espíritu Santo pueda hacernos comprender el mensaje y a la vez tocar nuestra propia vida. Prepara el sermón o estudio un día antes, seguramente no es suficiente.

¿Tus predicaciones son relevantes para tu audiencia?

Además de ser fiel al texto, un sermón debe proporcionar a la audiencia, el significado o relevancia del texto para hoy. Todo sermón debe estimular al oyente a hacer un cambio, ya sea en su manera de pensar, creer o actuar.

Después de leer este artículo ¿Te consideras un predicador expositivo?

Si pretendes ser un predicador bíblico, debes ser un predicador expositivo.


[7] Stephen Nelson Rummage. Planifique su predicación (Grand Rapids, Michigan: Portavoz, 2002), p. 71.

[8] Haddon W. Robinson. La predicación bíblica (Miami, Florida: LOGOI Inc, 1993), p. 18.

[9] La Nueva Versión Internacional traduce así este texto: Ellos leían con claridad el libro de la ley de Dios y lo interpretaban de modo que se comprendiera su lectura..

[10] Haddon. La predicación. p. 19.

[11] Ibid. 25.

[12] Ibid.

[13] John MacArthur. La Predicación: Cómo predicar bíblicamente. (Grupo Nelson: Nashville, TN, 2009), p. 32.

[14] Ibid. 29.

Predicándonos a nosotros mismos: La práctica de la meditación bíblica


Hay una preocupación muy extendida en relación a la transmisión de la fe a las siguientes generaciones. Una evidencia reciente de ello es la publicación en España del libro de Daniel Pujol La Fuga: por qué los jóvenes abandonan la iglesia. Otra evidencia en el Reino Unido es un estudio realizado por la Alianza Evangélica de personas que hace veinte años asistían a las escuelas dominicales de niño. Este estudio mostró que un 70 % de estas personas veinte años más tarde no tenían vinculación alguna con una iglesia evangélica. Es sabio y bíblico preocuparnos por la transmisión de la fe a la siguiente generación. Encontramos un fuerte énfasis en este sentido en Deuteronomio capítulo 6. Pero en el corazón de este pasaje hay una clave para esa eficaz transmisión muy descuidada en nuestros días: la meditación bíblica.

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas

Deuteronomio 6:4-7

El proceso empieza con este llamado: Escucha, O Israel. Es evidente que nunca vamos a estar en condiciones de transmitir a otros lo que no estamos recibiendo. Este llamado a escuchar lo pasamos por alto o lo leemos corriendo. Pero deberíamos darnos cuenta de que es un llamado a escuchar en concreto la palabra de Dios predicada. En el propósito de Dios, la proclamación de la Escritura debe motivar todos los otros ministerios de la palabra de Dios: sean la lectura personal, la vida devocional de la familia, el testificarles a otros o el dirigir estudios bíblicos, por nombrar solo algunos. No es que la predicación sea mejor que dirigir una célula, pero su relación es la que mantiene la batería del coche con los pistones – es la que hace arrancar todo el resto del motor.

Ahora, entre el escuchar atentamente la palabra de Dios predicada y el transmitirla a otros todavía quedan dos pasos intermedios. Moisés les dijo a los Israelitas que para influir en otros la palabra de Dios debe afectar todas las áreas de nuestra vida. Debemos tenerla presente en el camino y en la casa: o sea en el centro de la vida familiar. Debemos escucharla cuando nos acostemos y nos levantemos: debe marcar nuestro ritmo diario. Debe dirigir nuestras manos y nuestros ojos: afectando lo que hacemos y lo que miramos. Debe estar presente en los postes de la casa y las puertas de la ciudad – presente no solo en la vida privada sino también en la plaza pública.

Pero aún podemos indagar más. Podemos preguntarnos, ¿qué hace que haya muchas personas que asistan fielmente a los cultos dominicales pero cuyas vidas muestran muchas lagunas donde hay escaso impacto de la escritura? Deuteronomio 6 nos sugiere que para que la Palabra de Dios llegue a permear todas las facetas de nuestras vidas la clave está en el corazón. El pueblo de Dios es llamado a cultivar el amor de su Dios en su corazón. Esta escucha activa aplicada al corazón es el gran terreno descuidado en la espiritualidad evangélica contemporánea: la meditación bíblica.

Pululan en la cultura contemporánea muchas ideas sobre lo que significa la meditación, predominando conceptos orientales de vaciar la mente de todas las preocupaciones para así encontrar la paz. Es verdad que en nuestro mundo ajetreado necesitamos pararnos y buscar la quietud para poder reflexionar y meditar. Pero la meditación Bíblica no es meramente pasiva. Tampoco consiste en vaciar la mente, sino en re-enfocar nuestra atención, llenando nuestra mente con un contenido distinto.

La iglesia de cada época de la historia ha tenido sus virtudes y sus defectos. En cuanto a la meditación bíblica, uno de los momentos álgidos lo encontramos en los escritos de los Puritanos. Ellos también tuvieron sus puntos débiles (aunque no fueron los que la mayoría piensan), pero fueron unos gigantes en cuanto a la enseñanza de la espiritualidad cristiana. Uno de ellos, Richard Baxter, escribió un libro específicamente sobre la meditación. He aquí unos extractos de escritos suyos y de otro pastor contemporáneo suyo.

Mientras la verdad sea solo una especulación que nada por el cerebro, el alma no lo ha recibido ni se ha asido de ella. La tarea necesaria es pues, hacer pasar estas verdades de tu cabeza a tu corazón.

La meditación se sitúa entre la lectura y la oración y es el medio por excelencia para aprovechar la primera y estimular la segunda

Nicolas Renfrew

Todavía no hemos definido lo que queremos decir con la meditación. Los puritanos aclararon que consistía no solo en la reflexión sino en predicarnos a nosotros mismos. Dirían que si la reflexión abre la puerta entre la cabeza y el corazón, el predicarnos a nosotros mismos es lo que nos hace pasar por esa puerta. En esto se basaban en diversos textos de la Escritura donde un individuo habla consigo mismo, se interroga y se exhorta. Textos muy conocidos incluyen el Salmo 42:5 (¿Por qué te abates, alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarlo, ¡salvación mía y Dios mío!), y el Salmo 103:1 (Bendice alma mía a Jehová).

Richard Baxter

En una de sus predicaciones sobre la humildad, C.J. Mahaney nos recuerda lo que sucede cuando nos levantamos por las mañanas. Nuestra naturaleza caída y nuestro pecado no duermen. Desde el primer instante de la mañana nos hablan – y normalmente en tono de queja – ¡Qué mal me siento! ¡Qué cansado estoy! Es una disciplina Bíblica necesaria el contestarnos a nosotros mismos. Pero ¿qué nos diremos? Y, ¿cómo lo diremos? Este es el consejo de Richard Baxter:

Imita a tu predicador favorito. Piensa qué habría dicho él y predica eso mismo a tu propia alma. En primer lugar explícate a ti mismo el tema y estudia las dificultades. Usa la escritura para confirmar la verdad en cuestión. Luego aplícatelo según la enseñanza y según tu necesidad. Pregúntate a ti mismo ¿en qué medida amas esta verdad? Háblate acerca de la frialdad de tu corazón, o bien anímate si ves que has sido fiel en esta área. Pregunta a tu corazón, ¿qué razones tienes por no actuar?, y contesta estas objeciones. Tú sabes qué argumentos son los más persuasivos para tu propio corazón.

Demasiadas veces al escuchar una predicación pensamos esto le viene muy bien al que tengo sentado a mi lado, o incluso con cierto alivio reconocemos menos mal que el predicador no ha aplicado este texto a esta otra área porque entonces sí que me habría visto obligado a reaccionar yo. Delante del Señor debemos aplicarnos a nosotros mismos toda enseñanza Bíblica, tanto la escuchada un domingo por la mañana como la que descubrimos nosotros mismos en nuestra lectura diaria. Esta práctica es la que hace que la palabra de Dios llegue a afectar todas las áreas de nuestras vidas. Es por medio de esa transformación que se hace posible una eficaz transmisión de la palabra de Dios a las siguientes generaciones.

Este artículo también aparece en http://thegospelcoalition.org/blogs/espanol/2013/08/28/predicandonos-a-nosotros-mismos/

Image credit: Image ID : 4949995 / 123RF Stock Photo

Las cinco lecciones que aprendí del Cohélet


Lo que menos me imaginaba yo era que iba a aprender del Eclesiastés una serie de principios que me iban a ayudar en mi tarea de estudio del texto bíblico. Cuando cursaba estudios universitarios, tuve que aprender lo que era la metodología de investigación, de los fundamentos de la experimentación… y algo que falta en muchos seminarios bíblicos es esto: enseñar a investigar para hablar con rigor.

El Cohélet acaso no sea paradigma de profundidades teológicas—asunto discutible—porque afirmaciones teológicas y profundas sí que las hay; pero de lo que no cabe la menor duda es de su capacidad investigadora.

Se define como empirismo el conocimiento originado por la experiencia. Por tanto, leyendo críticamente su libro, uno se da cuenta de que el Cohélet escribe de lo que ha experimentado en primera persona. Pero dicha experiencia no le fue sobrevenida, sino devenida, intencionada, racionalizada. Su expresión favorita es apliqué mi corazón (1.13; 8.16);[6] mi corazón ha experimentado (1.16); he dedicado mi corazón (1.17; 8.9; 9.1); mi corazón me guiaba con sabiduría (2.3); ni privé a mi corazón (2.10); entregué mi corazón (2.20); dirigí mi corazón (7.25)… queriendo decir así que lo experimentado lo fue a propósito, controlado e implicando todas sus emociones, sentimientos, pensamientos y acciones.

El libro tiene la estructura de una tesis doctoral, subdividida en tres tesis bien diferenciadas y una conclusión (12.13s), y lo es porque cumple el patrón de una investigación rigurosa. De lo cual deberíamos aprender un tanto aquellos que estudiamos el texto bíblico y lo exponemos a las congregaciones.

Lo primero que aprendí del Cohélet fue que tengo que inquirir con sabiduría (1.13), es decir, investigar asuntos desde todos los ángulos posibles. Llevar a cabo el estudio y hacer un enfoque pluridimensional. Sus experiencias en los ámbitos que menciona en el libro le permitieron encontrar las posibilidades que daba de sí un asunto. Como el experimento que hizo el psicólogo Edward De Bono con los seis sombreros para pensar (hechos, emociones, juicios negativos, juicios positivos, alternativas y creatividad, proceso de control), el Cohélet se puso todos los sombreros posibles para entender todo lo que estaba investigando.

Lo que seguidamente aprendí del Cohélet fue que tengo que investigar con sabiduría (1.13), es decir, buscar las raíces de un asunto. Contextualizar lo que se está diciendo; enmarcar los conceptos adecuadamente; indagar en el proceso de causa-efecto; buscar las relaciones de ideas y de unidades de pensamiento dentro de un libro bíblico concreto, buscar el vestigio (in-vestigar), la huella de lo que alguien ha dejado… todo esto ayudará no sólo para ver el árbol, sino todo el bosque.

Lo tercero que aprendí del Cohélet fue que tengo que sopesar (12.9), es decir, recoger material para mi investigación. Para él no fue suficiente una sola experimentación, sino que echó mano de unas conclusiones primarias contrastadas (su borrador), quizá consultando con otros y contrastando su pensamiento, intentando ver la convergencia o divergencia en las conclusiones, hallar las razones de los ámbitos de estudio, falsar ideas que no corresponden, relacionar unas ideas con otras… al más puro estilo investigador.

Lo siguiente que aprendí del Cohélet fue que tengo que escudriñar (12.9), o lo que es lo mismo, examinar rigurosamente. El rigor científico se exige en toda investigación. La falsedad o inexactitud de los datos no tiene lugar en una tesis, ¿cuánto más en el estudio de un texto bíblico? Rigor y tiempo, rigor y seriedad, rigor y conciencia, son pares que no podemos divorciar. Así, al menos, lo entendió Lucas cuando escribió su evangelio y el libro de Hechos (Lc. 1.1-4; Hech. 1.1). Como médico, Lucas sabía qué era una investigación científica: cosas certificadas (v. 1); trasmitido por testigos oculares y servidores del Logos (v. 2); investigar exactamente todas las cosas desde sus fuentes (v. 3a); escribirlas en orden (3b); para hacer que otro se percatarse de la verdad precisa (v. 4). ¿Hay mayor rigor? Unos desecharon ideas que hubo que rescatar; otros asumieron ideas que hubo que descartar por ser inverosímiles. Lucas lo examina todo y cataliza lo provechoso para elaborar su evangelio.

Y, finalmente, entre otras muchas cosas que aprendí, el Cohélet me enseñó que, después de todo esto, tengo que componer, así como él compuso muchos proverbios, es decir publicó sus conclusiones, y que no eran opiniones trasnochadas de un illuminati. Nada de pseudo-opiniones; ni conclusiones semielaboradas; ni ideas con alto contenido de incertidumbre. Al contrario, exactitud, control de sus ideas, rigurosidad, aproximación a la certidumbre.

Como predicadores debemos mucho al Cohélet por toda su enseñanza, la expresada y la que queda sin expresar. “Cohélet procuró hallar palabras aceptables y escritura recta, palabras de verdad” (12.10). “No sacrificó el tema a la forma” (Barton, International Critical Commentary, p. 197: 1908). Palabras que animaban a la acción y que delimitaban, como hitos, el camino por donde había que ir. Un maestro de la palabra y de la escritura; un hombre rigurosamente serio en lo que decía; un ejemplo de Predicador para los predicadores.

José Mª de Rus

Pascua de 2014


[6] Todas las citas están tomadas de la Biblia Textual.