Artículo “Introducción al estudio de Nehemías 1:1-11”

Muchos siglos antes del tiempo de Nehemías, al poner en marcha su gran plan de salvación, Dios había prometido al patriarca Abraham que la tierra de Canaán pertenecería a su descendencia (Gn. 12:1-7). Abraham nunca fue más que un peregrino en aquella tierra. Su nieto Jacob, con toda su familia, se trasladó a Egipto, donde aquel pequeño grupo de personas se convirtió en una gran nación durante un período de unos cuatrocientos años (Ex. 1:1-7; Hch. 7:2-6). Después del éxodo, el largo peregrinaje por el desierto, y los milagros y victorias que Dios obró a favor de su pueblo en aquel tiempo, Israel por fin entró en la Tierra Prometida bajo el liderazgo de Josué y se estableció allí. ¡Dios había cumplido su promesa! Sin embargo, después de siglos de infidelidad e idolatría, inmoralidad e injusticia por parte de Israel, Dios quiso juzgar a su pueblo rebelde, mandándolo al destierro en Babilonia y permitiendo que la tierra se recuperara de tanta maldad (2 Cr. 36:17-21). Durante varias décadas, con la ciudad de Jerusalén destruida, el templo quemado y la tierra de Judá arrasada, la esperanza de Israel prácticamente se difuminó (Ez. 37:11). Sin embargo, Dios todavía tenía propósitos de bien para su pueblo y su tierra, como anunció el profeta Jeremías (Jer. 29:10-14). Jerusalén y Judá seguirían siendo piezas clave en el desarrollo del plan de salvación. Setenta años después del destierro, el rey persa Ciro abrió la puerta para que los judíos pudieran volver a su patria (2 Cr. 36:22-23). Y así fue. Algunos grupos de judíos volvieron a Judá e intentaron retomar la vida nacional allí. Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años de privación e inseguridad, sin ver completada la anhelada restauración de Jerusalén. Y es allí donde entra en la escena Nehemías, el copero de Artajerjes, rey de Persia.

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El libro de Nehemías nos presenta con un ejemplo dramático de lo que Dios puede hacer en situaciones muy difíciles y desesperadas por medio de una persona de fe y de visión, utilizada por el Señor para entusiasmar a otros. Los episodios que contiene hablan de sucesos que ocurrieron hace casi dos mil quinientos años, y sin embargo tiene nuna relevancia impresionante para el pueblo de Dios en nuestros días.El desánimo, la pasividad y la apatía que marcaban la nación judía en los tiempos de Nehemías se reproducen de forma evidente en las iglesias cristianas del momento actual. Sin embargo, este libro nos recuerda que Dios puede levantar a siervos suyos con visión y dones de liderazgo como Nehemías, para traer nueva esperanza y fomentar un mayor compromiso con la obra de Dios. Por encima de todo, éste es un libro que nos habla constantemente de un Dios que es también nuestro Dios, el Dios inmutable que sigue siendo capaz de transformar situaciones de estancamiento espiritual en realidades de renovación y gran bendición, el Dios que controla la historia, contesta la oración, pelea por su pueblo, impacta con su palabra y responde cuando su pueblo se arrepiente y confiesa su pecado. ¡Qué nuestro estudio del libro de Nehemías sirva para que le conozcamos más y deseamos servirlo de todo corazón!

Preguntas para la exégesis del pasaje.

  1. ¿Qué clase de escrito es éste? ¿Qué normas nos pueden ayudar en la investigación de este género literario?
  2. ¿Cuál es el contexto histórico del pasaje? ¿Qué otros libros del Antiguo Testamento echan luz sobre los acontecimientos que nos cuenta Nehemías?
  3. ¿Cómo nos ayuda el contexto histórico a comprender el desarrollo de los acontecimientos?
  4. ¿Cuál es el contexto literario? ¿Qué relación existe entre este capítulo y el resto del libro?
  5. ¿Cuál es el escenario al comenzar el libro? ¿Qué personajes aparecen en el pasaje? ¿Qué acciones realizan?
  6. Al observar y leer atentamente el pasaje, ¿encontramos palabras clave, detalles importantes, repeticiones, comparaciones o contrastes que llaman la atención?
  7. ¿Cuál es el argumento del capítulo? ¿Cuál es el punto de vista del narrador?
  8. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Qué etapas aparecen en el desarrollo del relato? Haz un bosquejo del capítulo, dividiéndolo en secciones y resumiendo su contenido.
  9. ¿Cuál fue la idea central que el autor quiso comunicar a sus primeros lectores? Intenta resumirla en una sola oración en tiempo pasado: El autor quiso transmitir a sus lectores que…
  10. ¿Cuál es la verdad universal o principio teológico que subyace en este pasaje? Redacta una frase corta pero claro que lo define.

Preguntas relacionadas con la exposición del pasaje.

  1. A la luz de lo descubierto en la etapa de exégesis, ¿cuál sería el énfasis central de tu mensaje?
  2. ¿Cómo lo vas a comunicar a los oyentes? Elabora un título o una frase que resume este énfasis principal.
  3. Como resultado de escuchar tu exposición del pasaje, ¿qué es lo que quieres que tus oyentes entiendan, sientan y hagan? Asegura que el impacto de tu mensaje refleje el impacto que el autor del texto bíblico quiso lograr en sus lectores.
  4. Elabora un bosquejo para tu exposición, priorizando una estructura y unos encabezados que sean sencillos, coherentes con el texto, ilustrativos del desarrollo del argumento, y fáciles de comprender y recordar.
  5. Realiza un debate con tus compañeros del círculo sobre los distintos bosquejos que habéis elaborado.
  6. Dedica tiempo a reflexionar sobre la manera de aplicar el mensaje central de tu exposición a tu audiencia de forma pertinente y relevante.

Timoteo Glasscock

La narrativa del Antiguo Testamento – Un reto para la predicación expositiva – Génesis 28:10-22

Consuelo en la huida

El sueño de Jacob acerca de un escalera que une cielo y tierra es una de las escenas más llamativasde la época patriarcal. La obsesión de Jacob por conseguir laprimogenitura responde a su deseo de ejercer como sacerdote de la familia después de la partida de su padre Isaac. Delata su viva confianza en la promesa del Redentor venidero, algo que mantiene hasta el final de su vida (Gn. 49.18). Su fe viene mezclada, sin embargo, con el resorte carnal de la manipulación. En vez de descansar en el hecho de que Dios seguramente cumplirá lo que ha prometido (de que su hermano acabaría sirviéndole, lo cual implicaba que Jacob ejercería de primogénito: Gn. 25.23), Jacob cree que debe maniobrar para asegurar el cumplimiento. Así compra la primogenitura de su hermano con un plato de lentejas (Gn. 25.29-34) y después engaña a su padre para que le dé la bendición (Gn. 27). Entre una cosa y otra provoca en Esaú una sed de venganza que le obliga a huir lejos de su casa.

La visión de la escalera ocurre durante la huida de Jacob hacia Mesopotamia. Jesucristo se refiere a ello cuando afirma que Natanael vería la unión de cielo y tierra a través del Hijo del Hombre (Jn. 1.51). De alguna manera el sueño de Jacob apunta a Jesucristo.

Varias cosas llaman la atención en el relato. El sueño que visibiliza una conexión entre el cielo y la tierra sirve de consuelo a Jacob en su huida. El Señor le confirma la promesa que antes había dado a Abraham –de darle la tierra y una descendencia, y que su Descendiente llevaría la bendición a todas las familias de la tierra– y garantiza que no dejará a Jacob hasta cumplir lo que ha prometido.

En este pasaje aparecen por primera vez dos objetos que luego aparecen repetidamente en el relato bíblico: la piedra y la unción. La piedra aporta descanso a Jacob (la pone de cabecera y parece que el pie de la escalera se apoya en ella). La piedra habla de algo inmutable y eterno, algo que sirve defundamento para la vida (Dt. 32.4; Is. 28.16; Mt. 16.18; 1 Co. 3.11,10.4; 1 P. 2.4).

De la misma manera, la unció habla del refrigerio y la alegría que aporta el aceite de oliva como ungüento en un clima desértico (Sal. 104.15, 45.7). Transmite ideas de renovación y de sanidad (Lc. 10.34). La unción oficial de sumosacerdotes, reyes y profetas hablaba de una capacitación especial del cielo para una responsabilidad concreta en la tierra. Así Jesús fue ungido del Espíritu para hacer el bien restaurando vidas (Hch.10.38).

La aplicación de la narrativa

La narrativa no es como la poesía. Si la poesía echa mano de figuras de dicción y alusiones escuetas yrebuscadas para transmitir una fuerza emocional, la narrativa representa todo lo contrario. Es prosa llana. Se dice lo que ocurrió y el lector comprende perfectamente los detalles del relato. Con la narrativa, el desafío es otro, no tanto la interpretación como la aplicación. ¿Qué me importa a mí lo que hizo un hombre que vivió hace 4000 años y salió un buen día para viajar a la casa de sus tíos? El que lee el relato de Jacob y su sueño capta perfectamente el sentido del texto. El problema es determinar el significado de todo ello para el cristiano de hoy. El sentido de las palabras es una cosa, el significado para la vida es otra.

El mayor peligro en la predicación de las narrativas del Antiguo Testamento es recurrir a un moralismo facilón que se limita a la exhortación a imitar las virtudes de losantiguos y huir de sus errores: «Jacob creyó la palabra de Dios;debemos creer la palabra de Dios». «Jacob engaño a su padre; no debemos mentir». «Jacob soportó el odio de su hermano profano; debemos soportar la oposición de los incrédulos».

Otro peligro es dar un salto demasiado rápido a Cristo, ignorando los matices que la historia real aporta dentro de la gran metanarrativa bíblica. «La escalerade Jacob habla de Jesús, Jesús es la conexión entre cielo ytierra, así que debes arrepentirte y creer el evangelio».

El sueño de Jacob es una historia real. Ocurrió verdaderamente y así lo transcribió Moisés. Alfigurar en las Escrituras inspiradas, será útil para enseñar, para reprender, para corregir o para instruir en justicia (2 Ti. 3.16). El problema que se presenta al predicador es cómo hacer el puente entreel relato antiguo y la situación moderna de modo que ocurran esas cosas.

La aplicación de la narrativa del Antiguo Testamento requiere un análisis profundo del relato en sí ycómo encaja en la historia global de la redención. Nos obliga ameditar en los vínculos entre la experiencia de los antiguos y la culminación de sus esperanzas en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.

En el caso de Jacob, lo que observamos es que la confirmación de una conexión entre cielo y tierra le da fuerzas para seguir caminando con Dios en medio de un mundo estropeado y una situación personal conflictiva. Jacob lucha con una familia problemática, un futuro incierto y una flaqueza en el alma. En eso se parece a nosotros. Así nos pasa también. Pero Jacob recibe consuelo y fuerzas para seguir adelante cuando ve y oye algo que le confirma que hay una conexión real con el cielo: un puente (la escalera), una piedra y una unción. Las tres cosas serelacionan con Jesucristo: él es el puente que nos conecta con Dios, él es la piedra que nos aporta estabilidad en esta vida y la otra, y él provee la unción de su Espíritu para darnos consuelo, paz, luz y amor.

La conexión con el cielo da fuerzas al creyente para caminar en la tierra. Así será para el cristiano de hoy también. Este es el mensaje que el predicador querrá transmitir.

Fase I: exégesis

  1. ¿Hay palabras claves, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Hay alguna figura de dicción? ¿Cómo encaja este pasaje en la gran historia de Dios?
  2. ¿Qué importancia tienen las promesas antiguas a Abraham (Gn. 12.1-3)? ¿Aportan esperanza al cristiano también (Mt. 19.28, Hch. 3.21, Ro. 8.21, 1 Co. 6.2-3)?
  3. ¿Por qué hace falta un mediador entre Dios y los hombres (Job 9.33, 1 Ti. 2.5)?
  4. ¿Qué aporta al creyente el hecho de saber que hay millones de ángeles que activamente sirven a Dios (Sal. 68.17, 103.20-21; Ap. 5.11)? Compárese 2 R. 6.16-17, Dn. 10.18-19, Lc. 22.43, Hch. 12.7-10, He. 1.14. ¿Por qué suben los ángeles sobre la escalera en el sueño de Jacob? ¿Por qué bajan?
  5.  ¿En qué se parece Cristo a una piedra (buscad textos bíblicos de referencia)? ¿Qué consuelo aporta esto el hijo de Dios?
  6. ¿Qué supone la unción del Espíritu para la vida del cristiano (2 Co. 1.21; 1 Jn. 2.20,27)? Compárese con Jn. 14.16-17, Ro. 5.5, 1 Co. 2.12, Ef. 3.16.
  7. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del texto, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.
  8. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …
  9. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje de Génesis 28, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase II: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje?¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.
  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan?Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.
  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

Esteban Rodemann

La poesía del Antiguo Testamento – Un reto para la predicación expositiva Salmo 110

La multiforme gracia de Dios

El Salmo 110 es el texto del Antiguo Testamento que más veces se cita en el Nuevo (unas 30 veces, entre citas directas y alusiones) . La insistencia con que el Señor Jesucristo y los apóstoles vuelven a esta porción de las Escrituras resalta la importancia que tiene para la experiencia cristiana. El Salmo 110 es un cofre que aporta tesoros al que consigue aclarar sus misterios. Como dice Jesús, «el que busca halla», y el creyente que escudriña en este salmo aprende a echar mano de Cristo como sustento diario, poderoso y eficaz.

El salmo representa la meditación de David sobre el relato de Génesis donde Abraham ofrece su hijo Isaac en sacrificio a Dios. David se da cuenta de que el juramento divino de ese momento comporta grandes promesas para todo el pueblo de Dios. El juramento apunta finalmente a Cristo como sacerdote-rey, suministrando gracia a los suyos hasta llevar a buen término la obra de redención. Es una respuesta a la fatiga espiritual del creyente, un bálsamo para el dolor existencial, una luz en medio de las tinieblas que a veces envuelven el alma del hijo o la hija de Dios.

Es un salmo breve pero extraordinario. El Señor Jesucristo afirma que es del rey David (Mt. 22.43), el «dulce cantor de Israel» que anhelaba la llegada de Cristo, cual lluvia y sol dando vida a la tierra (2 S. 23.1-7). Si en otros salmos David interpreta sus propias vivencias en clave mesiánica, viéndolas como anticipo de lo que sería la experiencia de Cristo, en este salmo se dirige directamente a Mesías. Siendo poesía, las palabras vienen cargadas de un significado que hace falta descifrar. Hay alusiones que a primera vista parecen oscuras. Hay frases enigmáticas. Bien decía Agustín de Hipona que este es un salmo «parco en palabras pero grandioso en el pensamiento».

El Salmo 110 informa el argumento de la epístola de Hebreos, una carta dirigida a cristianos con una vivencia espiritual superficial, cansados de las luchas de la fe. Son creyentes que llevan tiempo, pero tienen «las manos caídas y las rodillas paralizadas». Las dificultades de la vida han apagado el entusiasmo inicial con que abrazaron el evangelio. Necesitan el mensaje de un Jesucristo que ayuda activamente desde el cielo, para que vuelvan repetidamente a él sin tirar la toalla. Necesitan saber que Cristo puede renovar su experiencia de la misericordia de Dios e impartir fuerzas suficientes para los combates de cada día. Necesitan motivos para no desapuntarse de la fe. Necesitan el mensaje del Salmo 110.

El Salmo 110 y Hebreos

El autor de la epístola de Hebreos dedica gran parte de su argumento al ministerio de Jesucristo como sumo sacerdote. Después de afirmar que Cristo ha sido perfeccionado por el padecimiento, llegando a ser autor de eterna salvación para todos los suyos (He. 5.8-9), el autor plantea una semejanza entre Jesucristo y el sacerdote-rey del antiguo pueblo de Salem (He. 5.6, 10). Como aquel Melquisedec, Jesús ahora ostenta un sacerdocio permanente, desde el trono celestial que comparte con el Padre.
El autor de Hebreos lamenta que este aspecto de la obra de Cristo se entienda tan poco (He. 5.11ss) y se dedica a explicarlo. El punto de partida es el juramento que el Señor hace a Abraham después del sacrificio de Isaac (He. 6.13-14 con Gn. 22.16-18). Este juramento reporta sustento (un «fortísimo consuelo», He. 6.18) al creyente porque lo vincula con un Señor resucitado que ministra activamente a favor de los suyos en la presencia de Dios («dentro del velo»). El consuelo referido se fundamenta en la certeza de que Dios cumplirá lo que un día prometió a Abraham y confirmó con el juramento. El juramento al patriarca da seguridad al creyente de hoy, sirviendo de «ancla del alma» en medio de todas las vicisitudes de la vida terrenal.

El autor afirma que el Señor Jesucristo ejerce un ministerio constante y eficaz en el cielo a favor de los creyentes porque fue «hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec» (He. 6.19-20). La referencia al sacerdocio de Melquisedec se basa en dos pasajes del Antiguo Testamento: el relato sobre Melquisedec en Génesis 14.17-24 y la declaración de Salmo 110, de que Cristo sería un sacerdote parecido a aquel sacerdote-rey que ministró a Abraham:

Juró Jehová, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec (Sal. 110.4).

David no se refiere en este salmo a un juramento nuevo, como algo pronunciado por el Señor en un vacío y luego transmitido al poeta por revelación especial. Se refiere específicamente al juramento hecho a Abraham en Génesis 22. El salmo recoge la meditación espiritual de David sobre distintos aspectos del suceso que ocurre en el monte de Moriah y arroja luz sobre cada detalle del drama del sacrificio de Isaac (Mt. 22.43).
Las palabras del juramento vienen después de que Abraham se dispone a sacrificar a su propio hijo amado. El ángel le detiene la mano diciendo «ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único» (Gn. 22.12). Algo ha madurado en Abraham desde su justificación por la fe (Gn. 15.6). Varios años han pasado en el intervalo entre Génesis 15 y Génesis 22. Su fe se ha perfeccionado y ha llegado a la plenitud (Stg. 2.21-23). La manifestación de ello es que Abraham ahora está dispuesto a perder lo que más ama, por un amor superior a Cristo. Jesús luego diría que este «aborrecer la propia vida» es la marca del discípulo verdadero (Lc. 14.26). Es la actitud del apóstol Pablo en su madurez: «Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Fil 3.8).

Cuando el Señor le detiene la mano, Abraham se fija en un carnero con los cuernos trabados en un zarzal. Al comprobar que el Señor no quiere la muerte de Isaac, Abraham ofrece el carnero en vez de su hijo. El animal muere para que no muera Isaac, que lleva toda la descendencia futura de Abraham en sus lomos. De esta manera el carnero sirve de sustituto por todo el futuro pueblo de Dios. Con la provisión del carnero, Abraham exclama que, habiendo provisto el sustituto adecuado, Dios seguramente proveerá todo lo demás para todo su pueblo. «En el monte de Jehová será provisto» (Gn. 22.14). O como luego diría el apóstol Pablo: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Ro. 8.32).
Luego el Señor le habla por segunda vez, diciendo que ahora se compromete con Abraham (y con su descendencia) de una manera especialmente solemne: «he jurado por mí mismo» (Gn. 22.16). Hay una triple confirmación de lo que Dios ha pensado llevar a cabo en el futuro: la promesa de darle la tierra de Canaán y bendecir a todo el mundo a través de su Descendiente (Gn. 12.1-3), el pacto que ratifica la promesa (Gn. 15.18), y ahora el juramento (Gn. 22.16-17). La palabra del Señor no puede fallar:

De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia
como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar;
y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos (Gn. 22.17).

El juramento de Dios a Abraham conlleva dos elementos claves: 1) se multiplicará el número de los redimidos, y 2) todos ellos llegarán a superar todos los estragos del mal (bajo la figura de la toma de las puertas de ciudades otrora inexpugnables). Para que se cumplan estas dos bendiciones (multiplicación numérica y superación espiritual), haría falta un suministro constante de la gracia divina, tanto para completar el número de los redimidos como para perfeccionar la obra de gracia en cada uno de ellos. David entiende que esto requeriría un sacerdocio permanente, para que se cumplieran las implicaciones del juramento. Tendría que haber un sacerdote que siempre estuviera en funciones, alguien como Melquisedec (cuya muerte no figura en el relato de Génesis y por tanto sigue presente como sacerdote, en el sentido literario.)

David comprende que se trata del Redentor prometido desde Génesis 3.15. También entiende que además de sacerdote, el Redentor tendría que ostentar una autoridad regia, como aquel descendiente que el Señor le había prometido a él, que reinaría para siempre sobre su trono. La promesa a David, como la promesa hecha a Abraham, se ha confirmado con juramento (2 S. 7.12, Sal. 89.35). El Redentor sería sacerdote para ministrar gracia al pueblo y sería rey para someter a los rebeldes: sujetando la voluntad de los que oyeran el evangelio y creyeran (añadiendo almas al número de los redimidos), erradicando los vestigios del mal en la vida de los creyentes (perfeccionando la buena obra en cada uno de ellos), y sojuzgando forzosamente a los enemigos restantes en todo el mundo.
El Redentor tendría que ser sacerdote y rey al mismo tiempo. David, meditando en todo esto, se da cuenta de que Melquisedec –el antiguo sacerdote-rey de Salem– es el ejemplo perfecto. Melquisedec sería el prototipo del Redentor.

Aunque el salmo habla claramente del triunfo del sacerdote-rey sobre todos sus enemigos, el trasfondo del juramento a Abraham recuerda que el desarrollo del plan de Dios tomaría su tiempo (para que se conviertieran todos los que se tenían que convertir y para que se santificaran plenamente todos los convertidos). Esto sugiere una secuencia temporal detrás del pensamiento del salmo.

La imposición de la autoridad del sacerdote-rey sobre sus enemigos avanza por etapas. El primer versículo del Salmo 110 contempla la ascensión de Cristo al cielo. David reflexiona sobre el lugar de honor que Dios dará al Redentor por haber entregado su vida. El versículo 2 destaca la predicación del evangelio, que sujeta algunos corazones a la fe (aunque no todos, porque sigue habiendo enemigos: «Domina en medio de tus enemigos»). El versículo 3 apunta a la venida de Cristo a la tierra en gloria, rodeado de su pueblo glorificado. El versículo 4 aclara el medio necesario y eficaz para llegar a tan grandioso escenario, que será el sacerdocio permanente de Cristo, al estilo de Melquisedec. Los versículos 5 y 6 hablan de la victoria de Cristo sobre todos los enemigos cuando venga en gloria. El versículo 7 aclara la dinámica espiritual que capacita al sacerdote-rey para terminar toda la obra de principio al fin.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras claves, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Dónde hay figuras de dicción?¿Cuál es el significado literal de las metonimias y metáforas: sentarse a la derecha (110.1), poner los enemigos por estrado de los pies (110.1), enviar la vara de su poder (110.2), tener el rocío de la juventud (110.3), quebrantar las cabezas en muchas tierras (110.6)?
  2. Las frases «a la diestra» en v. 1 y «a la diestra» en v. 5 se emplean con dos énfasis distintos. ¿Cuál es el punto de comparación en cada caso?
  3. Jehová envía una «vara» desde Sion (v. 2). Sion es el nombre de la fortaleza de David (2 S. 5.7), la antigua ciudadela de los jebuseos. La palabra significa «sequedad», porque dentro de la fortaleza no había ningún suministro de agua. La única fuente era el manantial de Gihón, más abajo al pie del monte. Sion es también el lugar del monte Moriah, donde Abraham sacrificó el carnero en lugar de su hijo. Por aquel sacrificio, y por todo lo que significa, Sion llega a ser el lugar donde Dios se manifiesta. Sería el lugar del templo (2 Cr. 3.1), donde el holocausto diario recordaba todos los días el sacrificio del carnero y lo que más adelante sería el sacrificio perfecto de Cristo.
    La vara de Jehová procede de Sion, el lugar donde Abraham ha ofrecido el sacrificio. La metáfora de la vara significa una imposición de la autoridad (como golpearle a uno con un garrote). El bastón de mando de los alcaldes y el cetro de los reyes recogen la misma idea: el que tiene la autoridad también tiene el derecho de imponerla por la fuerza (a base de golpes o, en nuestros días, con multas o penas de cárcel).
    Jehová impone su autoridad (envía su vara) desde Sion. La idea es que se proclama un mensaje acerca de lo que ha ocurrido en Sion (el lugar del sacrificio), y ese mensaje tendrá como efecto la imposición de la autoridad del Señor en algunos corazones. La imagen de la palabra con autoridad (como una vara que sale de Sion) ocurre varias veces en el Antiguo Testamento. Los profetas dicen que Jehová rugirá desde Sion (Jl. 3.16, Am. 1.2), que la ley del Señor saldrá de Sion (Is. 2.3), y que el Señor herirá la tierra con la vara de su boca (Is. 11.4). La aplicación de la vara (imposición de autoridad) ocurre mediante la proclamación del mensaje. Otros pasajes unen la proclamación de Cristo con un ejercicio del poder divino (Is. 53.1, Ef. 1.19), porque el evangelio es poder de Dios (Ro. 1.16, 1 Co. 1.24). Dios somete el corazón con el anuncio de la gravedad del pecado y la suficiencia del sacrificio de Cristo como sustituto. El que cree se somete a Jesucristo como Señor, para que sea también su Salvador (Hch. 16.31).
    Se proclama la noticia acerca de la provisión de un sustituto que libera de la muerte. Es una buena noticia para todo aquel que cree, uniéndose así por la fe a la descendencia de Abraham. La noticia procede del lugar de los hechos: Moriah, luego llamado Sion. Alguien la predica; los que son libertados del pecado comparten el mensaje con otros. El mensaje cautiva la imaginación de algunos, que obedecen de corazón a lo que significa (Ro. 6.17): que la paga del pecado es la muerte, pero Dios ha provisto un sustituto adecuado.
    Sin embargo, no todos responden al evangelio. Algunos siguen como rebeldes, y por ello Mesías reina en medio de sus enemigos. Algunos se someten al evangelio pero otros siguen en contra.
  4. ¿En qué sentido podría la escena del v. 3 ser el resultado del ministerio sacerdotal de Jesucristo (v. 4)?
    El resultado de la mediación sacerdotal de Cristo sería toda una multitud de personas redimidas, que al final de la historia tendrían su voluntad plenamente alineada con los deseos de Dios: «tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente». El verbo nadab se usa a veces para referirse a la entrega voluntaria para el servicio militar (Jue. 5.2,9). La idea es que todo el pueblo redimido se alista libremente a las filas de Mesías para participar en la conquista espiritual de la tierra. Esta entrega se hará visible en el día del retorno de Cristo a la tierra para reinar: «en el día de tu poder».
    En aquel día cuando Cristo venga, se manifestará la completa santificación de todos y de cada uno: «en la hermosura de la santidad». El proceso de cambio empieza con la justificación, cuando los corazones de los que creen son sometidos por el evangelio («la vara de su poder», v. 2), y sigue hasta completarse enteramente, como fruto de la mediación sacerdotal de Cristo. La frase «desde el seno de la aurora» alude a la venida personal de Mesías, que anunciará el amanecer de un nuevo día (2 P. 1.19). Los profetas dicen que Cristo vendrá del oriente, como el sol saliente, para entrar en su templo (Ez. 43.1-5).
    La multitud de los redimidos, además de sintonizar plenamente con la voluntad de Dios, serán rejuvenecidos (Sal. 103.5). En la resurrección todos serán jóvenes y fuertes, y ellos –cual rocío refrescante sobre el campo– supondrán la renovación de todo el mundo (Mi. 5.7, Ro. 8.21). Serán el pueblo de Mesías, por ello dice David «tú los tienes». Serán una multitud incontable (como las gotas del rocío) y gloriosa (como la belleza del sol sobre el campo mojado).
  5. La palabra «Señor» en v. 5 parece ser una referencia a Mesías cuando venga en gloria para juzgar. Si su victoria sobre todos los males va a ser tan contundente como se pinta en los vss. 5-6, ¿qué consuelo aporta al creyente el hecho de saber que Cristo está a su diestra (v. 5)?
  6. El v. 7 parece referirse al manantial de Gihón, donde Abraham probablemente dejó a los criados antes de subir a lo alto del monte de Moriah con Isaac (Gn. 22.5). Si iban a tardar varias horas en subir y bajar, Abraham querría dejarlos en un lugar con sombra y agua. Este manantial era la única fuente de agua en todo el monte, y lo más probable es que Abraham e Isaac también bebieran para reponer fuerzas antes de subir al monte. Al meditar en esto, David encuentra una semejanza con lo que haría Mesías, reponiendo fuerzas a través de las promesas de salvación para seguir hasta el lugar del sacrificio de la cruz (como Isaac). Compárese con Sal. 46.4; Is. 12.3, 55.1; Jer. 2.13, 17.13; Jn. 4.14, 7.37-39. ¿Hay alguna lección para el creyente de hoy?
    El salmo enseña que Mesías se apropiaría las promesas de la salvación (como Abraham e Isaac beben del arroyo de Gihón) para recibir fuerzas y ánimo en el camino hacia el lugar del sacrificio. Jesucristo alimenta su alma a través de la oración, confiando que el Padre le dará gracia para terminar la obra. Es lo que el Padre había prometido y el Espíritu le da fuerzas para seguir adelante hasta la cruz («mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios», He. 9.14). Así Jesús recibe sustento del Padre durante su ministerio terrenal (bebe de la fuente «en el camino»). El autor de Hebreos afirma que Cristo «por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz» (He. 12.2). El gozo que lo sostuvo era la certeza –por el Espíritu– de que su sacrificio merecería la pena, que aseguraría la salvación de una gran multitud de redimidos. «Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho» (Is. 53.11).
    Como Cristo recibió sustento para llegar al lugar del sacrificio, así plantea su vida espiritual el cristiano. Si Cristo se apropió de recursos espirituales para seguir avanzando en el camino de la voluntad del Padre, así podemos hacer nosotros. Nuestro Sacerdote-rey nos suministra gracia. Dios fortalece al creyente para que siga adelante en el camino de Jesús: negándose a sí mismo, tomando la cruz y siguiendo a Jesús. Así se gana la guerra espiritual. Así se reúne la gran multitud de los redimidos, que algún día serán como rocío en todo el mundo. Así se abre paso a los cielos nuevos y la tierra nueva, en los cuales mora la justicia. «Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Ro. 8.21).
  7. ¿Cuál es la estructura del salmo? ¿Cómo es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.
  8. ¿Cuál es el empuje aplicativo de este salmo? ¿Qué pretendería David al escribirlo? ¿Qué querría que ocurriera en los lectores del salmo?
  9. ¿Cuál es el punto principal o idea central del pasaje? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …
  10. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.
  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis, para que vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.
  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

–Esteban Rodemann

[1] Citas directas: Mt. 22.42-45(Mr. 12.35-37, Lc. 20.41-44); Hch. 2.34-36; He. 1.13, 5.6, 5.10, 6.20, 7.17,7.21Alusiones: Mt. 26.64 (Mr. 14.62, Lc. 22.69); Mr.16.19;  Hch. 7.55-56; Ro. 8.34; 1 Co.15.25; Ef. 1.20-22;Fil. 2.9-11; Col. 3.1; He. 1.3, 7.1-3, 7.11, 7.28, 8.1, 10.12-13, 12.2; 1 P.3.22; Ap.3.21.

[2] El ancla aparece repetidamente en las catacumbas de Roma, como uno de los signos más apreciados entre los creyentes primitivos.

La poesía del Antiguo Testamento – Un reto para la predicación expositiva

Salmo 32

 La alegría del perdón

Este salmo responde al adulterio de David con Betsabé, con el posterior asesinato del marido de ésta, Urías el heteo. Este tropiezo de David se señala como el fallo más llamativo de su vida (1 R. 15.5). Tanto el Salmo 32 como Salmo 51 aluden a un tiempo de silencio y encubrimiento (Sal. 32.3-4), seguido de otro de confesión y restauración (Sal. 32.5). La confesión de pecado abre la puerta a la recuperación de alegría espiritual y un renovado impulso para transmitir el mensaje del perdón a otros pecadores.

El apóstol Pablo cita Sal. 32.1-2 en su exposición sobre la justificación por la fe sin obras (Ro. 4.6-8). La certeza del perdón sólo es posible por la fe; si el creyente depende de sus méritos ante Dios, nunca sabrá si ha cumplido lo suficiente. Más bien acusará una sensación de fracaso constante. En cambio, el perdón abre la puerta a una conexión real con Dios, con todas las bendiciones que se desprenden de esa relación.

Cuando David habla de la bendición de tener cubierto su pecado, alude a la sangre rociada sobre el propiciatorio en el día de expiación: la sangre del macho cabrío derramada sobre la tapa del arca de la alianza «cubría» la ley quebrantada por todo el pueblo (las dos tablas de piedra que se guardaban dentro del arca) de los ojos de Dios. La sangre se interponía entre el pecador y Dios, para que éste no tuviera que juzgar al que había cometido la ofensa. Como la sangre derramada siempre apuntaba a la muerte del Redentor en sustitución del pecador, la fe a que se refiere David es en su esencia una fe en Cristo.

David llama su composición «masquil». Se trata de un salmo didáctico, no una mera catarsis personal. David considera que su experiencia sirve de paradigma para todos los creyentes en todos los lugares, de modo que el salmo ofrece material para una exposición pública en la iglesia. El mensaje es que encubrir el pecado siempre produce sufrimiento espiritual (tristeza, depresión, frustración, debilidad, lejanía del Señor), pero reconocer el pecado y confesarlo llanamente siempre resulta en restauración y gozo. Es una verdad que recoge tanto el Antiguo Testamento (Pr. 28.13) como el Nuevo (1 Jn. 1.9).

El salmo plantea un principio general sobre la felicidad de saberse perdonado (vss. 1-2). Luego relata la experiencia concreta de David (vss. 3-5). Seguidamente anuncia que la vivencia de David es extrapolable para todos (vss. 6-9). Remata con la conclusión de que habrá misericordia y gozo para todos los que reconocen sus errores ante Dios (los rectos de corazón, vss. 10-11).

Economía, energía, sutileza

El salmo abunda en metonimias: «se envejecieron mis huesos» significa «fui debilitado en todo» (v. 3). «Se agravó sobre mí tu mano» significa «presionaste espiritualmente en mi conciencia». «Se volvió mi verdor en sequedades de verano» significa «perdí toda mi vitalidad».

El tiempo en que el Señor puede ser hallado se refiere a los momentos en que Dios despierta la conciencia del pecador, y el pecador responde esforzándose en oración (Dt. 4.29, Is. 55.6, Jer. 29.12-14).

El resultado de recibir el perdón de Dios es que lo quieres contar a otros y animar a otros a seguir el camino de transparencia y sinceridad ante Dios. La frase «te haré entender, te enseñaré» (v. 8) corresponde a la resolución de David en Sal. 51.13. Él, el pecador perdonado, anima al lector u oyente del salmo a reconocer y confesar el pecado como él ha hecho. Al mismo tiempo, al hablar David por inspiración del Espíritu de Dios (2 S. 23.2), sus palabras son una promesa del Señor. Dios promete enseñar al creyente arrepentido el camino en que debe andar. Es una promesa de dirección divina para todos los que tienen un corazón dócil ante el Señor.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras claves, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Dónde hay figuras de dicción?¿Cuál es el significado literal de las metonimias: cubierto el pecado (32.1), envejecer los huesos (32.3), volver el verdor en sequedad de verano (32.4), llegar las inundaciones de aguas (32.6), rodear con cánticos de liberación (32.7)?
  2. ¿A quién engañamos cuando tratamos de negar o encubrir el pecado (32.2)?
  3. Analiza 1 Juan 1.9. ¿Qué enseña este texto sobre la confesión del pecado?
  4. ¿Qué relación hay entre el hecho de saberse perdonado y el hecho de sentir el refugio de Dios en todas las circunstancias (32.7).
  5. ¿Qué importancia tiene la promesa (primero de David, luego del Señor) de fijar los ojos sobre el pecador (32.8)?
  6. ¿A qué se refiere David con las metáforas del caballo y el mulo (32.9)?
  7. ¿Cuál es el equivalente de ser sujetados con cabestro y con freno, para el creyente de hoy (32.9)?
  8. 8. ¿Cuál es la estructura del salmo? ¿Cómo es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.
  9. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el mensaje central? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …
  10. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.
  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis, para que vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.
  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

 

Esteban Rodemann

Unas pautas para la exposición de los evangelios


Preparado por Jonathan Haley para el Círculo de predicadores del Vallès (20/04/2015)

Grant Osborne en la introducción a su comentario sobre Mateo recomienda tener en cuenta las siguientes tres pautas al preparar una serie de predicaciones en los evangelios[15]. Luego añadiré tres reflexiones mías.

  1. Primero, debemos utilizar los principios hermenéuticos básicos de la exégesis gramática-histórica.

  2. Segundo, debemos incluir aquellos elementos de la hermenéutica especial que tienen que ver con la narrativa y que nos ayudan a entender cómo funcionan los relatos. Estos incluyen:

    1. Punto de vista: (la perspectiva adoptada por el autor, la “forma” que le da al relato, el efecto que pretende producir en sus lectores).

    2. Tiempo narrativo: (no necesariamente cronológico, debido a que responde al desarrollo secuencial de los acontecimientos en la obra en su conjunto más que a la progresión histórica en la vida de Cristo).

    3. Desarrollo de la trama: (acontecimientos en términos de conflicto, clímax, resolución).

    4. Caracterización y diálogo: (como los personajes se relacionan los unos con los otros y los acontecimientos).

    5. Lector implícito: (la audiencia original que el autor tenía en mente).

  3. Tercero, aplicando estos elementos de hermenéutica especial a los evangelios de manera específica, Osborne recomienda lo siguiente:

    1. Estudiar la trama a nivel macro (visión global).

      1. “Cada Evangelio tiene su propia meta-narrativa y trama.” Mateo, p.ej., ha estructurado su evangelio de manera muy diferente a los otros evangelistas, organizándolo en torno a cinco discursos importantes (capítulos 5-7, 10, 13, 18, 23-25), con unidades narrativas cuidadosamente planeadas entre los discursos.

      2. Es importante ver como cada perícopa y sección contribuye a la narrativa en su conjunto.

    2. Estudiar la trama a nivel micro (visión particular). Una vez establecidas las líneas maestras el evangelio en su conjunto, debemos hacer la misma clase de análisis de cada relato individual.

    3. Estudiar los énfasis editoriales.

      1. Por supuesto, el mensaje y la teología de una porción surge del mismo texto. Sin embargo, ver las diferencias en presentación entre un evangelista y otro nos puede ayudar a discernir con mayor claridad sus intenciones teológicas y sus propósitos comunicativos.

      2. El Espíritu Santo quiso dejarnos cuatro evangelios, porque quería que tuviésemos múltiples perspectivas sobre la vida de Jesús.

      3. Investigar las diferencias en presentación entre los evangelios es procurar descubrir y transmitir a nuestros oyentes esas perspectivas inspiradas.

    4. Estudiar los personajes y sus diálogos.

      La caracterización y las interacciones entre personajes es otra manera de descubrir los temas importantes de un evangelio.

    5. Estudiar la audiencia implícita.

      Para mí, esto es un poco más complicado (y muchos comentaristas modernos especulan demasiado sobre esto) porque no tenemos más acceso a los lectores originales que lo que podemos inferir del texto mismo. Sin embargo, puede ser de utilidad pensar sobre el efecto que el autor quería producir en sus primeros lectores y luego pensar sobre el efecto que querría ver en nosotros si se estuviera dirigiendo a nosotros con este mismo texto.

  4. Luego, añadiría tres observaciones más (que Osborne no menciona específicamente).

    1. Nunca perder de vista los múltiples sub-géneros operantes en los Evangelios.

      1. Una parábola y el relato de un milagro, no son la misma cosa.

      2. Un diálogo y un discurso no son la misma cosa.

    2. Extraer una idea principal del texto sigue siendo de capital importancia.

      1. La presentación de esta idea principal por parte del autor bíblico será un tanto diferente a lo que sería en una porción didáctica, pero sigue habiendo una idea, porque si no lo hubiera, no habría razón para incluir ese texto en el evangelio.

      2. Haddon Robinson comenta, Es un rapto del púlpito ignorar o evitar en el sermón lo que el pasaje enseña. La predicación tópica común en muchos púlpitos americanos coquetea con la herejía.[16]

    3. Sea cual sea el pasaje, está para conducir a la fe en Jesús.

      1. El fin último de un Evangelio es dar las buenas noticias sobre Jesús.

      2. Por consiguiente, cada sermón debería – de manera intencional – solicitar la fe de los que no creen todavía y afianzar la fe de los que ya creen.


[15] Osborne, Grant R. Matthew. Vol. 1. Zondervan Exegetical Commentary on the New Testament. Grand Rapids, MI: Zondervan, 2010., pp. 21-27. Él habla específicamente del Evangelio de Mateo, pero casi todo lo dicho es extensible a todos los evangelios, y de manera especial, a los evangelios sinópticos.

[16] Haddon W. Robinson, Making a Difference in Preaching, Baker Books 1999, p. 70.

Unas pautas para interpretar y predicar las parábolas

Resumen

Traducido por Jonathan Haley de “Conclusiones de la primera parte” (pp. 165-167) y “Conclusiones de la segunda parte” (pp. 325-327), Interpreting the Parables, Craig L. Blomberg, IVP 1990.


Interpretación

  1. Dos de los principios más arraigados de la interpretación de las parábolas en el siglo XXI han sido:

    1. que, por regla general, las parábolas de Jesús no son alegorías, y

    2. cada parábola transmite una sola enseñanza.

  2. A la luz de la naturaleza de las parábolas rabínicas más tempranas y a la luz de la crítica literaria secular moderna, ambos de estos principios son más engañosos que útiles.

  3. Un acercamiento mejor distingue entre varios grados de interpretación alegórica (simbólica, si prefieres), reconociendo que cada parábola de Jesús contiene ciertos elementos que sí apuntan hacia un segundo nivel de significado y otros que no lo hacen.

  4. Para evitar los errores de los alegoristas del pasado, los intérpretes modernos también deben asignar a detalles de las parábolas aquellos significados que sería de esperar que las audiencias originales de Jesús discernieran.

  5. Mientras que las parábolas sí presentan retratos generalmente verosímiles del judaísmo palestino del primer siglo, elementos clave en ellas son sorprendentemente no-realistas y sirven para indicar un nivel de significado alegórico.

  6. Recientes críticas literarias y hermenéuticas nos ofrecen importantes perspectivas pero no consiguen desmentir la legitimidad de parafrasear a las parábolas en proposiciones.

  7. Lo mismo debería decirse de quienes menosprecian la importancia o posibilidad de reconstruir un sentido fijo, original del texto. Ningún traductor será capaz de capturarlo por completo, pero algunos lo harán mejor que otros.

Dos principios de interpretación adicionales se sugieren como hipótesis a comprobar:

  1. Los protagonistas de una parábola probablemente sean los candidatos más comunes para una interpretación alegórica, y los puntos principales de la parábola probablemente vengan asociados con estos protagonistas.

  2. La estructura triangular de la mayoría de las parábolas de Jesús, sugiere que la mayoría de las parábolas pueden tener tres puntos, aunque algunas probablemente tengan sólo uno o dos.

Parábolas individuales

  1. Once parábolas exhiben una estructura sencilla de tres puntos. Tienen 3 personajes principales cada una, de quienes se pueden derivar tres lecciones principales. En cada caso, los tres personajes incluyen un amo y dos subordinados contrastados que simbolizan a Dios, su pueblo y los que le rechazan. Estas parábolas incluyen Mateo 11:16-19 y paralelos; 13:24-30, 36-43; 13:47-50; 21:28-32; 24:45-51 y par.; 15:1-13; Lucas 7:41-43; 15:4-7 y par.; 15:8-10; 15:11-32; y 16:19-31.

  2. Diez de las parábolas demuestran una estructura compleja de tres puntos. Aunque a primera vista puede parecer que tienen personajes adicionales o una estructura más complicada que la forma sencilla de tres puntos, en última instancia desprenden tres puntos basados en las acciones de tres personajes principales o grupos de personajes. Estos pasajes incluyen Mateo 18:23-35; 20:1-16; 22:1-14; 25:14-30, Marcos 4:3-9, 13-20 y paralelos; 12:1-12 y par.; Lucas 10:25-37; 14:15-24, 16:1-13; y 19:11-27.

  3. Nueve parábolas son de dos puntos. Sólo tienen dos protagonistas o elementos y enseñan dos lecciones. Dos de estas parábolas ofrecen contrastes puros. Se parecen a la forma sencilla de tres puntos pero sin la figura de un amo. Estas incluyen Mateo 7:24-27 y paralelos y Lucas 18:9-14. Seis de estas parábolas contienen un amo y solo un subordinado. Se parecen a la forma sencilla de tres puntos pero sin la presencia de un segundo subordinado. Estas incluyen Marcos 4:26-29; Lucas 11:5-8; 12:16-21; 13:6-9; 17:7-10; y 18:1-8. Una de estas parábolas no entra ni en una ni la otra categoría. Todavía contiene dos personajes de quienes dos lecciones distinguibles se pueden discernir, pero es tan breve que casi es tentador procurar colapsarlo en una sola verdad central. Este texto es Mateo 24:43-44 y paralelos.

  4. Seis parábolas solo tienen un protagonista central y establecen solo un punto principal. Estas incluyen Mateo 13:44, 13:45-46; Lucas 13:18-19 y paralelos; 13:20-21 y par.; 14:28-30; y 14:30-32. Muchos pasajes más cortos, normalmente no clasificados como parábolas, también guardan semejanza con estos textos breves.

Síntesis de las parábolas

  1. Jesús claramente se interesa por tres temas principales: la generosidad de Dios, las exigencias del discipulado y los peligros de la desobediencia. Muchas perspectivas relacionadas con cada una emergen cuando se analizan las parábolas de la manera descrita arriba.

  2. El tema central que une todas las lecciones de las parábolas es el reino de Dios. Es una realidad presente y futura. Incluye un reinado y un reino. Involucra tanto la transformación personal como la reforma social. No se puede equiparar ni con Israel ni con la Iglesia, pero es el poder dinámico de la auto-revelación personal de Dios al crear una comunidad de los que sirven a Jesús en cada área de sus vidas.

  3. La enseñanza de las parábolas hace surgir la cuestión de la identidad de Jesús. ¿Quién es esta persona quien, por su enseñanza, puede decir perdonar los pecados, pronunciar la bendición de Dios sobre los marginados sociales y declarar que el juicio final se basará sobre la respuesta de la personas a él? Hay reclamos cristológicos ocultos en las parábolas. No son tan directos como en otros hilos de la tradición de los evangelistas, pero están presentes de todas maneras. La auto-limitación de estos reclamos refuerza el caso por su autenticidad.

  4. Las parábolas de Jesús incluyen implícitas demandas de deidad. Jesús se relaciona con los personajes de autoridad en sus parábolas que claramente representan al Dios de las escrituras hebreas. Sus audiencias deben decidir si aceptar estas demandas y adorarle o rechazarlas como equivocadas e incluso blasfemas. Sin embargo, las parábolas de Jesús no dejan terreno neutro para el interés casual o la curiosidad frívola. Dividían marcadamente a sus audiencias originales entre discípulos y oponentes. Deben seguir funcionando de esta misma manera hoy en día.

Una cadena de maestros en la iglesia


Si la enseñanza y la predicación de la Palabra de Dios son tan importantes – y lo son – y si los que enseñan y predican la Palabra de Dios no viven (en este mundo) para siempre – y es así – ¿qué se puede hacer para que haya una continua sucesión de fieles maestros y predicadores de la Palabra de Dios?

Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros

El apóstol Pablo, en la que probablemente fue su última carta (canónica) antes de su muerte, cuando su principal carga era el futuro de la obra del Señor, escribió a Timoteo: Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros (2 Ti. 2:2). Si la última palabra de este texto: otros, se refiere a otros maestros y predicadores, lo cual parece ser una interpretación razonable, lo que tenemos en este importantísimo texto son cuatro generaciones de maestros de la Palabra de Dios (y del evangelio): (1) el apóstol Pablo; (2) Timoteo; (3) aquellos hombres fieles e idóneos; y: (4) aquellos otros, ¡los bisnietos espirituales de Pablo!, que iban a ser enseñados por los de la tercera generación.

Pero, dando un salto del primer siglo a nuestro siglo 21, ¿qué cosas son necesarias para que se sigan levantando hombres fieles e idóneos que puedan enseñar y predicar la Palabra de Dios? Sugiero que son necesarias seis cosas:

1. Delegación

Pablo no le dijo a Timoteo que él solo lo hiciera todo; le dijo que dedicara tiempo y esfuerzo a formar y preparar otros maestros de la Palabra de Dios.

Eso implica delegación – o sea, que cada generación de predicadores, además de enseñar y predicar ellos mismos, sepa delegar en otros hermanos, cosa que no a todos los predicadores les resulta fácil, ¿verdad? Ha habido demasiados fieles y buenos predicadores que no han tenido o la visión o la capacidad de delegar en otros hermanos; sí, ellos mismos han sido fieles, seguramente muy fieles, pero cuando les ha tocado marcharse, ¿qué legado han dejado? Yo quiero que parte de mi legado sea el haber ayudado a formar y preparar a otros predicadores. Pero – lo reconozco – ¡me cuesta delegar!

2. Conocimiento

Nadie puede enseñar y predicar la Palabra de Dios sin conocerla en profundidad. Y, por desgracia, una de las paradojas de nuestra era posmoderna es que justo ahora, cuando tenemos más ayudas que nunca antes, una de las características de las iglesias cristianas es precisamente una lamentable falta de conocimiento de la Biblia y un conocimiento de ella muy superficial. ¿Por qué tantas predicaciones tan pobres? Entre las muchas razones que, sin duda, habrá, la más evidente es esa falta de un conocimiento profundo de la Palabra de Dios.

Timoteo, para ser fiel a su encargo, tendría que dedicar un montón de horas a impartir conocimiento de la Palabra de Dios y del evangelio a esos hombres fieles para que ellos llegasen a ser idóneos para enseñar también a otros. Y no creo que sea diferente hoy. Por eso no se puede empezar cuando la congregación necesite otro predicador; desde que nacen los niños y desde que nacen de nuevo los niños espirituales, la prioridad número uno en el discipulado, a todos los niveles, ha de ser impartir un conocimiento cada vez más profundo de la Palabra de Dios. Y luego, a la hora de buscar esos hombres fieles, ¡buenos candidatos habrá!

3. Habilidad

Seguramente todos tuvimos, de niños y de jóvenes, maestros y profesores que tenían mucho conocimiento, pero que eran pésimos en transmitir sus conocimientos a sus alumnos. Son los típicos genios, con una impresionante colección de diplomas en la pared, pero que no son capaces de cruzar el puente, o el abismo, entre sus propios cerebros y los de sus pobres estudiantes.

Pues, ¡en las iglesias también los hay! Sí, ese profundo conocimiento de la Palabra de Dios es necesario, esencial, pero no es suficiente; también uno necesita tener la habilidad de comunicar la Palabra de Dios de manera fiel, clara y pertinente a otras personas, creyentes y no creyentes. Hay un dicho que reza: Lo que no se ha aprendido, no se ha enseñado. O sea, quien enseña no debería echar toda la culpa a la ignorancia, la falta de atención o la falta de esfuerzo de sus oyentes; ellos tendrán su parte de la culpa, pero ¡él también! ¿Acaso no es de la esencia del arte de enseñar y predicar la Palabra de Dios ser capaz de ayudar a otros a entender lo que uno mismo cree que ha entendido? A mí me da igual que a la gente le guste o no lo que predico; ahora, si no entienden lo que predico, pues, o tengo que cambiar cómo lo hago o debería buscar otro ministerio para el cual tenga el don.

4. Preparación

No me refiero (en primer lugar) a la preparación de una predicación o de un estudio bíblico; me refiero a la preparación de nuevos predicadores. Timoteo tenía que hacerlo, y nosotros también.

Hay muchas maneras de formar o preparar nuevos predicadores; me parece igualmente erróneo despreciar una buena formación de seminario y confiar demasiado en tal formación. Aprovechemos todo lo bueno que podamos aprovechar – es de humildad y de sentido común – pero, al mismo tiempo, no subestimemos lo que se puede hacer a nivel de la iglesia local; hay libros de texto que se pueden estudiar en grupo; se puede escuchar y evaluar predicaciones (buenas y malas); etc. El Espíritu Santo da dones principalmente a cada iglesia local y las iglesias son las responsables de la formación de nuevos predicadores, aunque para ello también aprovechen recursos externos, como seminarios, cursos on-line, etc.

5. Oportunidades

Si a mí no me hubieran dado oportunidades de predicar, etc., cuando era un joven inmaduro con más entusiasmo que conocimiento, no hubiera podido aprender de mis errores y seguir adelante. Cuando me acuerdo de algunas de las predicaciones que infligí sobre más de una pobre congregación, todavía siento: ¡Tierra, trágame! Ahora, treinta y cinco años después, todavía me queda mucho por aprender y quiero crecer como predicador hasta la muerte, pero algo espero haber mejorado desde aquellos primeros años.

Para que alguien llegue a ser un buen enseñador y predicador de la Palabra de Dios, necesita que se le den oportunidades – quizás, primero, en una reunión de jóvenes o un estudio bíblico en un grupo pequeño, etc.; y lo normal, sobre todo cuando se trata de un joven, es ¡que los primeros intentos de predicar no estén a la altura de un Spurgeon! Pero, con paciencia y con ayuda, puede llegar a ser un hombre idóneo para enseñar a otros. Ahora, también ocurre que algunas de las oportunidades que se dan demuestran que el hermano no tiene el don y a lo mejor nunca lo va a tener – no se puede forzar. Pero las oportunidades, que requieren bastante paciencia y madurez de parte de una congregación, son como los exámenes: revelan el potencial o quizás la falta de potencial de cada uno.

6. Evaluación

Esto es algo que se suele hacer en los seminarios bíblicos, pero no tanto en las iglesias, lo cual me parece una debilidad de ellas.

Existen muchas buenas razones para practicar una continua evaluación de las predicaciones en una iglesia: (1) Todos los predicadores deberían querer mejorar cómo lo hacen; (2) Todos los predicadores son inevitablemente subjetivos a la hora de evaluar sus propias predicaciones; (3) Los predicadores deben tener la suficiente humildad y sabiduría como para pensar que pueden aprender de la crítica constructiva de sus ministerios; (4) La evaluación honesta (¡y con mucho amor!) puede ser uno de los mejores medios de subir el nivel de las predicaciones; (5) La alternativa (muy común) de la evaluación puede ser una actitud de frustración de parte de la congregación; etc.

Claro, la evaluación no es fácil: ¡muchas veces duele!; a veces el predicador no está de acuerdo con la crítica de cómo predica, por muy constructiva que sea; los que hacen la evaluación también son subjetivos; no es nada fácil que predicadores jóvenes y de poca experiencia se atrevan a dar su opinión sobre el pastor principal con sus treinta o más años como predicador. Pero si queremos que las predicaciones sean cada vez mejores, creo que una sana evaluación, bien pensada y bien hecha, puede hacer más que cualquier otra cosa para conseguirlo.

Conclusión

El apóstol Pablo podía haberse limitado a decirle a Timoteo: Bueno, Timoteo, pronto yo ya no estaré con vosotros; así que, ya sabes, sigue predicando tan bien como lo estás haciendo, y que el Señor te bendiga. Pero Pablo no hizo eso; le encargó hacer todo lo que pudiera para ayudar a preparar una nueva generación de maestros y predicadores de la Palabra de Dios. Esa era la visión de futuro que tenía Pablo. ¿Y nosotros? ¿Qué visión de futuro tenemos nosotros? Seguramente se podrían decir muchas cosas, y todas ellas buenas; pero me atrevo a decir que hay pocas cosas tan importantes para el futuro de la Iglesia, hasta que venga el Señor, que la continua formación y preparación de nuevos predicadores.

Tres bases teológicas de la predicación


En su libro Speaking God’s Words: A Practical Theology of Preaching el ministro australiano Peter Adam sugiere que la predicación descansa sobre tres bases teológicas. Como un taburete de tres patas, las necesitamos las tres – el quitar solo una de ellas nos privará de una base estable sobre la que asentar la predicación. Los tres pilares doctrinales mencionados por Adam son 1) Dios ha hablado, 2) Escrito está y 3) Predica la palabra; o sea, tienen que ver con las doctrinas de la revelación, la inspiración y la predicación.

La primera de las patas mencionadas por Adam quizás no nos parezca necesario tratarla. Todo creyente cristiano creerá que Dios ha hablado. Pero la realidad es que hay crecientes dudas en torno a la certeza y la claridad con la que podemos entender lo que Dios nos ha querido transmitir. Para mí ha sido muy útil ver cómo estas dudas se relacionan con nuestra idea de Dios. Típicamente se presentan estas cuestiones como dudas acerca de la capacidad humana de saber con certeza. Pero el creyente cristiano que acepte el retrato que la Biblia nos da acerca de Dios tiene una base firme sobre la que apoyarse. Es verdad que ningún ser humano puede escaparse de su propia perspectiva, y ésta es limitada e imperfecta. Pero la información que tenemos acerca de Dios no surge de un proyecto humano de acercamiento y estudio de Dios. Al contrario, nos llega por revelación divina de parte del Dios que sabe comunicarse perfectamente. Dios nos ha creado a su imagen, lo que incluye la capacidad de comunicarnos y de entendernos y, especialmente, de entender lo que Él nos quiere transmitir. Además, es enormemente alentador pensar que el mismo Espíritu de Dios que supervisó todo el proceso de la escritura de la Biblia también está con nosotros para ayudarnos a entender lo que quiso decir entonces y lo que nos quiere decir hoy a través de estos escritos. Con esto damos un paso más allá del capítulo de Adam – Dios ha hablado pero también Dios habla. ¿Cómo evaluamos la capacidad de expresarse de Dios? ¿Nos parece que tiene dificultades para expresarse bien? ¿Tenemos serias dudas de que pueda conseguir que captemos lo que nos quiso transmitir?

En cuanto a la segunda pata, de nuevo Peter Adam desarrolla con cuidado un punto muy básico, pero que muchas veces es pasado por alto. Dios se reveló en el pasado, pero también dio orden de que esa revelación fuera escrita para que sirviera para las generaciones posteriores. Por esto la Escritura, desde el comienzo, tuvo dos audiencias – la contemporánea de aquel entonces y la futura desde la perspectiva del autor. Dios se reveló a Moisés y a los israelitas en el Monte Sinaí, pero a la vez mandó que sus palabras fueran escritas para el futuro. Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel (Ex. 34:27).

Hay muchos aspectos misteriosos del proceso exacto por el cual Dios transmitió a los autores bíblicos su revelación. Asimismo hay mucha información que nos gustaría tener sobre el proceso por el cual muchos de estos libros llegaron a tener su forma final. Pero lo que sí queda claro es que los escritos posteriores conceden plena autoridad a los que los precedieron. Los escritores del Nuevo Testamento demuestran una plena convicción de que Dios había hablado (y hablaba) por los textos del Antiguo Testamento.

B.B. Warfield

Hace ya un siglo que B. B. Warfield hizo sus estudios cuidadosos de las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo. En un artículo agrupaba estos textos según la fórmula que los introducía. En un primer grupo estaban textos como estos: La Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones (Gá. 3.8), y La Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder…. (Ro. 9:17). En ambos casos – tanto en los tiempos de Abraham como de Faraón – la Escritura todavía no existía. Según Génesis 12:3 y Éxodo 9:16 fue Dios quien dijo estas cosas. Por lo que para los escritores neotestamentarios lo que la Escritura dice es lo que Dios dice. Caso inverso se da en otros pasajes como Hechos 4:24-25: Tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes…. Aquí tanto para los apóstoles como para el autor Lucas lo que Dios dice es lo que dice la Escritura, en este caso el Salmo 2. Con esta visión de las Escrituras la tarea del predicador se aclara. El contenido de la predicación debe ser el contenido de la Biblia. El predicador debe decir lo que la Biblia dice porque la Biblia dice lo que Dios dice. El tener esta convicción clara concede autoridad a la predicación.

Ya nos hemos adentrado en el área de la predicación en sí, la tercera pata del taburete. ¿Se puede prescindir de la predicación? La respuesta que demos a esta pregunta dependerá de lo que pensemos en relación a otra: ¿de quién fue la idea de la predicación? ¿De la iglesia medieval? ¿De la iglesia primitiva, que al no tener otros medios tuvo que contentarse con este método de llegar a la sociedad? Peter Adam contiende que no – que la idea de la predicación es de Dios. Moisés fue el primer gran predicador en la historia del pueblo de Dios, y fue llamado y comisionado por Dios para transmitir el mensaje de Dios a su pueblo.

Después de Moisés vendrían otros profetas – como ya fue predicho por Dios (Dt. 18:15-22). Luego vendrían Juan el Bautista y el Señor Jesús mismo, cuyo ministerio principal antes de su obra expiatoria en la cruz es descrito así por los evangelistas: Jesús vino a Galilea predicando… (Mr. 1:14), Jesús iba por todas las ciudades y aldeas predicando y anunciando el evangelio (Lc. 8:1). Cristo estableció sus apóstoles para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar (Mr. 3:13). Les quedó clara su misión central, como vemos en el suceso narrado en Hechos 6. Y estos apóstoles a su vez formaron a otros como Timoteo, a quien Pablo transmite la comisión Predica la palabra (2 Ti. 4:2). La predicación no solo es necesaria, sino que ha sido comisionada por Dios.

Si Dios ha hablado y fue Él que mandó escribir su revelación con la intención que desde el principio sirviera de base para un ministerio continuo de predicación, entonces tenemos una base firme para entregarnos a esta tarea. Si nos encontramos dudando de la necesidad o conveniencia del ministerio de la predicación, nos puede ser útil preguntarnos, ¿de qué pata cojeamos?

Este artículo también aparece en http://thegospelcoalition.org/blogs/espanol/2013/02/19/tres-bases-teolgicas-de-la-predicacion/

“Tengo un gran sermón, sólo necesito encontrar el versículo de la Biblia”: Por qué el contexto es importante


¿Alguna vez has oído a alguien decir esto: “Tengo un gran sermón, sólo necesito encontrar el versículo de la Biblia.”? O igual te suena lo que dijo una joven cristiana que conozco después de un culto – “¡el versículo siguiente dice lo contrario a lo que predicó el predicador!” ¡Ella tenía una mejor hermenéutica que el predicador!

Ambos ejemplos demuestran un desprecio al contexto del texto y esto es grave porque nos lleva a que los predicadores podamos predicar “lo que nos da la gana”. Para evitar esto debemos desarrollar las enseñanzas de nuestros sermones en el contexto del texto bíblico.

Debemos situar el versículo en el contexto del capítulo, el capítulo en el contexto del libro, el libro en el contexto del testamento y el testamento en el contexto de toda la Biblia. Aquí hay algunas preguntas que nos pueden ayudar a hacerlo.

Si hay pasajes paralelos ¿Cómo cuentan la misma historia? ¿transmiten el mismo énfasis?

  1. El Versículo

    ¿Qué significan las palabras en este versículo, capítulo, libro y testamento?

    ¿Cuál es el sujeto y cuál es el objeto del versículo? ¡No los confundas!

    ¿Dónde está ubicado geográficamente el versículo?

  2. El Capítulo

    ¿Qué dice el capítulo antes y después de tu texto?

    ¿Quién habla? y ¿a quién? Por ejemplo, ¿se dirige a los creyentes o inconversos, a la iglesia o a un individuo, a los discípulos o a la multitud?

  3. El Libro

    ¿Dónde encaja el libro en el panorama de la redención? – ¿Viene antes del éxodo o después? ¿Viene antes del exilio o después? ¿Antes de la primera venida de Cristo o después? ¿Antes de Pentecostés o después?

    ¿Qué tipo de literatura es el pasaje y el libro en el que se encuentra? Es narrativa, poesía, profecía, carta, apocalíptica, legal, proverbio, parábola, etc?

  4. El Testamento

    ¿Está en el contexto del nuevo o el antiguo testamento?

    ¿Cómo se ocupa el otro testamento de este tema? – por ejemplo, comparar la circuncisión en el antiguo y el nuevo testamento.

  5. Toda la Biblia

    ¿Cómo se trata el tema en la Biblia como un todo?

    ¿Cómo encaja el tema en la teología bíblica y la teología sistemática?

Para terminar, siempre preguntar – ¿qué dice el texto?, ¿qué significa?, ¿qué significa para nosotros hoy?

Revis(it)ando el cantar de los cantares


Durante los cuatro últimos meses, he estado enseñando el libro del Cantar de los Cantares en el tiempo de estudio bíblico de la congregación. Fue todo un desafío personal desarrollarlo en ocho sesiones de estudio, al mismo tiempo que se hacía en el marco adecuado de un estudio bíblico, y no tanto en la exposición de la Palabra en la reunión general de la iglesia, por razones obvias. Quisiera dejaros una breve bibliografía comentada de material que he utilizado en la preparación de los estudios, por si alguien se anima a estudiar este libro bíblico sobre el amor. Se incluyen exclusivamente los comentarios al libro del Cantar.

De todos es sabido que el enfoque que se le dé a este libro es crucial para explicarlo. Dentro de las diferentes escuelas (erótica, romántica, simbólica y alegórico-mística), me he situado en una posición más bien romántica, siguiendo una interpretación histórico-gramatical y literal de un texto poético, con las normas hermenéuticas de la poesía, y siempre respetando a aquellos que se decantan por otras opciones interpretativas. Lo he hecho así por convicción propia (Rom. 14.5)

AKIN, DANIEL L. Christ-centered Exposition. Exalting Jesus in Song of Songs. Holman Reference. B&H Publishing Group. USA. 2015. Situado en la escuela romántica, con tendencias a resaltar también el componente erótico del Cantar, se centra en una exposición gramático-histórico-literal del libro, aunque añade una aplicación cristológica tras cada exposición. Es un autor que está documentado, y expone de manera clara el texto. Para los que lean inglés, no deben perdérselo.

APARICIO RODRÍGUEZ, ÁNGEL.Comentario Filológico a los Salmos y al Cantar. BAC. Madrid, 2012. Un manual técnico filológico de las palabras usadas en el Cantar. No ofrece interpretación clara, aunque parece situarse en el sentido erótico de interpretación. No apto para principiantes ni ignorantes (como yo) del idioma hebreo.

CANCLINI, ARNOLDO. ¡Amada mía…, amado mío…! CLIE. Barcelona. 1975. Este librito de 110 páginas es una exposición desde el punto de vista romántico. No tiene desperdicio y sus continuas referencias a otros poetas y escritores, servirán para deleitarse en el tratamiento del Cantar.

CLARKE, ARTHUR G. The Song of Songs. Walterick Publishers. Kansas. USA. s/f. Un comentario atípico, ya que ofrece una interpretación general, otra literal y didáctica, otra alegórico-tipológica y otra devocional, dividiendo en 14 párrafos el Cantar. Es un libro interesante, aunque no estemos de acuerdo en todas sus conclusiones.

GARCÍA CORDERO, MAXIMILIANO. Cantar de los Cantares. Biblia Comentada Profesores de Salamanca. Vol. 4. BAC. Madrid. 1967. Desde el punto de vista católico, trata al Cantar como un conjunto de siete poemas unidos temáticamente, con tinte semidramático. Poco sustancioso.

GLEDHILL, TOM. Cantar de los Cantares. Andamio. Libros Desafío. Barcelona. 2013. Una exposición literal del Cantar, muy bien desarrollada en 313 páginas, documentada y con argumentos filológicos de peso. De vez en cuando se explaya en ciertos temas romántico-eróticos que aparecen en el Cantar. Recomendable para el estudioso serio.

GRAU, JOSÉ. El más inspirado cántico de amor. Ediciones Evangélicas Europeas. Barcelona. 1991. Se trata de una interpretación literal del Cantar, dividiéndolo en siete cantos. Una acertadísima interpretación de este libro bíblico, aunque uno no esté de acuerdo con todas las conclusiones a las que Grau llega. Reflexiones profundas y sabias. Es de obligada lectura y estudio.

HENRY, MATTHEW; LACUEVA, FRANCISCO. Comentario Bíblico Matthew Henry. CLIE. No era lo que esperaba de la traducción original, como ocurre en este volumen. Situado en la escuela alegórica y en la hipótesis del pastorcillo, a modo de “triángulo amoroso”. El mismo Lacueva se hace responsable de la exégesis, que no concuerda con la de M. Henry.

KELLY, WILLIAM. The Song of Solomon compared with other parts of Scripture. James Nisbet y Co. Londres. 1866. Un comentario alegórico del Cantar, al más puro estilo de las Asambleas originales.

PARK, STUART S. Jardín cerrado. El cantar sublime de Salomón. Ediciones Camino Viejo. Valladolid. 2013. El trato poético que Stuart le da al Cantar rezuma a lo largo de las 156 páginas de este libro. Su interpretación se basa en un punto de vista metafórico, donde la poesía hace trascender los significados del Cantar a otras realidades superiores. Enfoque interesante.

SMITH, HAMILTON. The Song of Songs. A brief exposition of the Song of Solomon. The Central Bible Truth Depot. Londres. s/f. Otro comentario alegórico.

TANNER, J. PAUL. The History of Interpretation of the Song of Songs. Bibliotheca Sacra. Vol. 154. Enero-Marzo 1997. Núm. 613. Pp. 23-46

The Message of the Song of Songs. Bibliotheca Sacra. Vol. 154. Abril-Junio 1997. Núm. 614. Pp. 142-161. Dos artículos muy sustanciosos y eruditos de temas del Cantar, donde se explican las diferentes escuelas de Interpretación y la posición romántica del autor. Ofrece un bosquejo interesante del Cantar. Erudito, pero edificante.

Webgrafía:

www.preceptaustin.org Ofrece un amplio abanico de comentarios, que incluyen las diferentes escuelas, pero se centra en la escuela romántica. Recomendable para estudiosos serios de las Escrituras.

www.mystudybible.com Notas y comentarios de la Biblia HCBS. Típico de una Biblia de estudio anotada.

www.exegetica.net Supone una introducción y bosquejo de Cantares muy apropiada y suficiente. La solidez en los argumentos es convincente y con respaldo de sanos comentaristas bíblicos.