Unas pautas para interpretar y predicar las parábolas

Resumen

Traducido por Jonathan Haley de “Conclusiones de la primera parte” (pp. 165-167) y “Conclusiones de la segunda parte” (pp. 325-327), Interpreting the Parables, Craig L. Blomberg, IVP 1990.


Interpretación

  1. Dos de los principios más arraigados de la interpretación de las parábolas en el siglo XXI han sido:

    1. que, por regla general, las parábolas de Jesús no son alegorías, y

    2. cada parábola transmite una sola enseñanza.

  2. A la luz de la naturaleza de las parábolas rabínicas más tempranas y a la luz de la crítica literaria secular moderna, ambos de estos principios son más engañosos que útiles.

  3. Un acercamiento mejor distingue entre varios grados de interpretación alegórica (simbólica, si prefieres), reconociendo que cada parábola de Jesús contiene ciertos elementos que sí apuntan hacia un segundo nivel de significado y otros que no lo hacen.

  4. Para evitar los errores de los alegoristas del pasado, los intérpretes modernos también deben asignar a detalles de las parábolas aquellos significados que sería de esperar que las audiencias originales de Jesús discernieran.

  5. Mientras que las parábolas sí presentan retratos generalmente verosímiles del judaísmo palestino del primer siglo, elementos clave en ellas son sorprendentemente no-realistas y sirven para indicar un nivel de significado alegórico.

  6. Recientes críticas literarias y hermenéuticas nos ofrecen importantes perspectivas pero no consiguen desmentir la legitimidad de parafrasear a las parábolas en proposiciones.

  7. Lo mismo debería decirse de quienes menosprecian la importancia o posibilidad de reconstruir un sentido fijo, original del texto. Ningún traductor será capaz de capturarlo por completo, pero algunos lo harán mejor que otros.

Dos principios de interpretación adicionales se sugieren como hipótesis a comprobar:

  1. Los protagonistas de una parábola probablemente sean los candidatos más comunes para una interpretación alegórica, y los puntos principales de la parábola probablemente vengan asociados con estos protagonistas.

  2. La estructura triangular de la mayoría de las parábolas de Jesús, sugiere que la mayoría de las parábolas pueden tener tres puntos, aunque algunas probablemente tengan sólo uno o dos.

Parábolas individuales

  1. Once parábolas exhiben una estructura sencilla de tres puntos. Tienen 3 personajes principales cada una, de quienes se pueden derivar tres lecciones principales. En cada caso, los tres personajes incluyen un amo y dos subordinados contrastados que simbolizan a Dios, su pueblo y los que le rechazan. Estas parábolas incluyen Mateo 11:16-19 y paralelos; 13:24-30, 36-43; 13:47-50; 21:28-32; 24:45-51 y par.; 15:1-13; Lucas 7:41-43; 15:4-7 y par.; 15:8-10; 15:11-32; y 16:19-31.

  2. Diez de las parábolas demuestran una estructura compleja de tres puntos. Aunque a primera vista puede parecer que tienen personajes adicionales o una estructura más complicada que la forma sencilla de tres puntos, en última instancia desprenden tres puntos basados en las acciones de tres personajes principales o grupos de personajes. Estos pasajes incluyen Mateo 18:23-35; 20:1-16; 22:1-14; 25:14-30, Marcos 4:3-9, 13-20 y paralelos; 12:1-12 y par.; Lucas 10:25-37; 14:15-24, 16:1-13; y 19:11-27.

  3. Nueve parábolas son de dos puntos. Sólo tienen dos protagonistas o elementos y enseñan dos lecciones. Dos de estas parábolas ofrecen contrastes puros. Se parecen a la forma sencilla de tres puntos pero sin la figura de un amo. Estas incluyen Mateo 7:24-27 y paralelos y Lucas 18:9-14. Seis de estas parábolas contienen un amo y solo un subordinado. Se parecen a la forma sencilla de tres puntos pero sin la presencia de un segundo subordinado. Estas incluyen Marcos 4:26-29; Lucas 11:5-8; 12:16-21; 13:6-9; 17:7-10; y 18:1-8. Una de estas parábolas no entra ni en una ni la otra categoría. Todavía contiene dos personajes de quienes dos lecciones distinguibles se pueden discernir, pero es tan breve que casi es tentador procurar colapsarlo en una sola verdad central. Este texto es Mateo 24:43-44 y paralelos.

  4. Seis parábolas solo tienen un protagonista central y establecen solo un punto principal. Estas incluyen Mateo 13:44, 13:45-46; Lucas 13:18-19 y paralelos; 13:20-21 y par.; 14:28-30; y 14:30-32. Muchos pasajes más cortos, normalmente no clasificados como parábolas, también guardan semejanza con estos textos breves.

Síntesis de las parábolas

  1. Jesús claramente se interesa por tres temas principales: la generosidad de Dios, las exigencias del discipulado y los peligros de la desobediencia. Muchas perspectivas relacionadas con cada una emergen cuando se analizan las parábolas de la manera descrita arriba.

  2. El tema central que une todas las lecciones de las parábolas es el reino de Dios. Es una realidad presente y futura. Incluye un reinado y un reino. Involucra tanto la transformación personal como la reforma social. No se puede equiparar ni con Israel ni con la Iglesia, pero es el poder dinámico de la auto-revelación personal de Dios al crear una comunidad de los que sirven a Jesús en cada área de sus vidas.

  3. La enseñanza de las parábolas hace surgir la cuestión de la identidad de Jesús. ¿Quién es esta persona quien, por su enseñanza, puede decir perdonar los pecados, pronunciar la bendición de Dios sobre los marginados sociales y declarar que el juicio final se basará sobre la respuesta de la personas a él? Hay reclamos cristológicos ocultos en las parábolas. No son tan directos como en otros hilos de la tradición de los evangelistas, pero están presentes de todas maneras. La auto-limitación de estos reclamos refuerza el caso por su autenticidad.

  4. Las parábolas de Jesús incluyen implícitas demandas de deidad. Jesús se relaciona con los personajes de autoridad en sus parábolas que claramente representan al Dios de las escrituras hebreas. Sus audiencias deben decidir si aceptar estas demandas y adorarle o rechazarlas como equivocadas e incluso blasfemas. Sin embargo, las parábolas de Jesús no dejan terreno neutro para el interés casual o la curiosidad frívola. Dividían marcadamente a sus audiencias originales entre discípulos y oponentes. Deben seguir funcionando de esta misma manera hoy en día.

Una cadena de maestros en la iglesia


Si la enseñanza y la predicación de la Palabra de Dios son tan importantes – y lo son – y si los que enseñan y predican la Palabra de Dios no viven (en este mundo) para siempre – y es así – ¿qué se puede hacer para que haya una continua sucesión de fieles maestros y predicadores de la Palabra de Dios?

Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros

El apóstol Pablo, en la que probablemente fue su última carta (canónica) antes de su muerte, cuando su principal carga era el futuro de la obra del Señor, escribió a Timoteo: Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros (2 Ti. 2:2). Si la última palabra de este texto: otros, se refiere a otros maestros y predicadores, lo cual parece ser una interpretación razonable, lo que tenemos en este importantísimo texto son cuatro generaciones de maestros de la Palabra de Dios (y del evangelio): (1) el apóstol Pablo; (2) Timoteo; (3) aquellos hombres fieles e idóneos; y: (4) aquellos otros, ¡los bisnietos espirituales de Pablo!, que iban a ser enseñados por los de la tercera generación.

Pero, dando un salto del primer siglo a nuestro siglo 21, ¿qué cosas son necesarias para que se sigan levantando hombres fieles e idóneos que puedan enseñar y predicar la Palabra de Dios? Sugiero que son necesarias seis cosas:

1. Delegación

Pablo no le dijo a Timoteo que él solo lo hiciera todo; le dijo que dedicara tiempo y esfuerzo a formar y preparar otros maestros de la Palabra de Dios.

Eso implica delegación – o sea, que cada generación de predicadores, además de enseñar y predicar ellos mismos, sepa delegar en otros hermanos, cosa que no a todos los predicadores les resulta fácil, ¿verdad? Ha habido demasiados fieles y buenos predicadores que no han tenido o la visión o la capacidad de delegar en otros hermanos; sí, ellos mismos han sido fieles, seguramente muy fieles, pero cuando les ha tocado marcharse, ¿qué legado han dejado? Yo quiero que parte de mi legado sea el haber ayudado a formar y preparar a otros predicadores. Pero – lo reconozco – ¡me cuesta delegar!

2. Conocimiento

Nadie puede enseñar y predicar la Palabra de Dios sin conocerla en profundidad. Y, por desgracia, una de las paradojas de nuestra era posmoderna es que justo ahora, cuando tenemos más ayudas que nunca antes, una de las características de las iglesias cristianas es precisamente una lamentable falta de conocimiento de la Biblia y un conocimiento de ella muy superficial. ¿Por qué tantas predicaciones tan pobres? Entre las muchas razones que, sin duda, habrá, la más evidente es esa falta de un conocimiento profundo de la Palabra de Dios.

Timoteo, para ser fiel a su encargo, tendría que dedicar un montón de horas a impartir conocimiento de la Palabra de Dios y del evangelio a esos hombres fieles para que ellos llegasen a ser idóneos para enseñar también a otros. Y no creo que sea diferente hoy. Por eso no se puede empezar cuando la congregación necesite otro predicador; desde que nacen los niños y desde que nacen de nuevo los niños espirituales, la prioridad número uno en el discipulado, a todos los niveles, ha de ser impartir un conocimiento cada vez más profundo de la Palabra de Dios. Y luego, a la hora de buscar esos hombres fieles, ¡buenos candidatos habrá!

3. Habilidad

Seguramente todos tuvimos, de niños y de jóvenes, maestros y profesores que tenían mucho conocimiento, pero que eran pésimos en transmitir sus conocimientos a sus alumnos. Son los típicos genios, con una impresionante colección de diplomas en la pared, pero que no son capaces de cruzar el puente, o el abismo, entre sus propios cerebros y los de sus pobres estudiantes.

Pues, ¡en las iglesias también los hay! Sí, ese profundo conocimiento de la Palabra de Dios es necesario, esencial, pero no es suficiente; también uno necesita tener la habilidad de comunicar la Palabra de Dios de manera fiel, clara y pertinente a otras personas, creyentes y no creyentes. Hay un dicho que reza: Lo que no se ha aprendido, no se ha enseñado. O sea, quien enseña no debería echar toda la culpa a la ignorancia, la falta de atención o la falta de esfuerzo de sus oyentes; ellos tendrán su parte de la culpa, pero ¡él también! ¿Acaso no es de la esencia del arte de enseñar y predicar la Palabra de Dios ser capaz de ayudar a otros a entender lo que uno mismo cree que ha entendido? A mí me da igual que a la gente le guste o no lo que predico; ahora, si no entienden lo que predico, pues, o tengo que cambiar cómo lo hago o debería buscar otro ministerio para el cual tenga el don.

4. Preparación

No me refiero (en primer lugar) a la preparación de una predicación o de un estudio bíblico; me refiero a la preparación de nuevos predicadores. Timoteo tenía que hacerlo, y nosotros también.

Hay muchas maneras de formar o preparar nuevos predicadores; me parece igualmente erróneo despreciar una buena formación de seminario y confiar demasiado en tal formación. Aprovechemos todo lo bueno que podamos aprovechar – es de humildad y de sentido común – pero, al mismo tiempo, no subestimemos lo que se puede hacer a nivel de la iglesia local; hay libros de texto que se pueden estudiar en grupo; se puede escuchar y evaluar predicaciones (buenas y malas); etc. El Espíritu Santo da dones principalmente a cada iglesia local y las iglesias son las responsables de la formación de nuevos predicadores, aunque para ello también aprovechen recursos externos, como seminarios, cursos on-line, etc.

5. Oportunidades

Si a mí no me hubieran dado oportunidades de predicar, etc., cuando era un joven inmaduro con más entusiasmo que conocimiento, no hubiera podido aprender de mis errores y seguir adelante. Cuando me acuerdo de algunas de las predicaciones que infligí sobre más de una pobre congregación, todavía siento: ¡Tierra, trágame! Ahora, treinta y cinco años después, todavía me queda mucho por aprender y quiero crecer como predicador hasta la muerte, pero algo espero haber mejorado desde aquellos primeros años.

Para que alguien llegue a ser un buen enseñador y predicador de la Palabra de Dios, necesita que se le den oportunidades – quizás, primero, en una reunión de jóvenes o un estudio bíblico en un grupo pequeño, etc.; y lo normal, sobre todo cuando se trata de un joven, es ¡que los primeros intentos de predicar no estén a la altura de un Spurgeon! Pero, con paciencia y con ayuda, puede llegar a ser un hombre idóneo para enseñar a otros. Ahora, también ocurre que algunas de las oportunidades que se dan demuestran que el hermano no tiene el don y a lo mejor nunca lo va a tener – no se puede forzar. Pero las oportunidades, que requieren bastante paciencia y madurez de parte de una congregación, son como los exámenes: revelan el potencial o quizás la falta de potencial de cada uno.

6. Evaluación

Esto es algo que se suele hacer en los seminarios bíblicos, pero no tanto en las iglesias, lo cual me parece una debilidad de ellas.

Existen muchas buenas razones para practicar una continua evaluación de las predicaciones en una iglesia: (1) Todos los predicadores deberían querer mejorar cómo lo hacen; (2) Todos los predicadores son inevitablemente subjetivos a la hora de evaluar sus propias predicaciones; (3) Los predicadores deben tener la suficiente humildad y sabiduría como para pensar que pueden aprender de la crítica constructiva de sus ministerios; (4) La evaluación honesta (¡y con mucho amor!) puede ser uno de los mejores medios de subir el nivel de las predicaciones; (5) La alternativa (muy común) de la evaluación puede ser una actitud de frustración de parte de la congregación; etc.

Claro, la evaluación no es fácil: ¡muchas veces duele!; a veces el predicador no está de acuerdo con la crítica de cómo predica, por muy constructiva que sea; los que hacen la evaluación también son subjetivos; no es nada fácil que predicadores jóvenes y de poca experiencia se atrevan a dar su opinión sobre el pastor principal con sus treinta o más años como predicador. Pero si queremos que las predicaciones sean cada vez mejores, creo que una sana evaluación, bien pensada y bien hecha, puede hacer más que cualquier otra cosa para conseguirlo.

Conclusión

El apóstol Pablo podía haberse limitado a decirle a Timoteo: Bueno, Timoteo, pronto yo ya no estaré con vosotros; así que, ya sabes, sigue predicando tan bien como lo estás haciendo, y que el Señor te bendiga. Pero Pablo no hizo eso; le encargó hacer todo lo que pudiera para ayudar a preparar una nueva generación de maestros y predicadores de la Palabra de Dios. Esa era la visión de futuro que tenía Pablo. ¿Y nosotros? ¿Qué visión de futuro tenemos nosotros? Seguramente se podrían decir muchas cosas, y todas ellas buenas; pero me atrevo a decir que hay pocas cosas tan importantes para el futuro de la Iglesia, hasta que venga el Señor, que la continua formación y preparación de nuevos predicadores.

Tres bases teológicas de la predicación


En su libro Speaking God’s Words: A Practical Theology of Preaching el ministro australiano Peter Adam sugiere que la predicación descansa sobre tres bases teológicas. Como un taburete de tres patas, las necesitamos las tres – el quitar solo una de ellas nos privará de una base estable sobre la que asentar la predicación. Los tres pilares doctrinales mencionados por Adam son 1) Dios ha hablado, 2) Escrito está y 3) Predica la palabra; o sea, tienen que ver con las doctrinas de la revelación, la inspiración y la predicación.

La primera de las patas mencionadas por Adam quizás no nos parezca necesario tratarla. Todo creyente cristiano creerá que Dios ha hablado. Pero la realidad es que hay crecientes dudas en torno a la certeza y la claridad con la que podemos entender lo que Dios nos ha querido transmitir. Para mí ha sido muy útil ver cómo estas dudas se relacionan con nuestra idea de Dios. Típicamente se presentan estas cuestiones como dudas acerca de la capacidad humana de saber con certeza. Pero el creyente cristiano que acepte el retrato que la Biblia nos da acerca de Dios tiene una base firme sobre la que apoyarse. Es verdad que ningún ser humano puede escaparse de su propia perspectiva, y ésta es limitada e imperfecta. Pero la información que tenemos acerca de Dios no surge de un proyecto humano de acercamiento y estudio de Dios. Al contrario, nos llega por revelación divina de parte del Dios que sabe comunicarse perfectamente. Dios nos ha creado a su imagen, lo que incluye la capacidad de comunicarnos y de entendernos y, especialmente, de entender lo que Él nos quiere transmitir. Además, es enormemente alentador pensar que el mismo Espíritu de Dios que supervisó todo el proceso de la escritura de la Biblia también está con nosotros para ayudarnos a entender lo que quiso decir entonces y lo que nos quiere decir hoy a través de estos escritos. Con esto damos un paso más allá del capítulo de Adam – Dios ha hablado pero también Dios habla. ¿Cómo evaluamos la capacidad de expresarse de Dios? ¿Nos parece que tiene dificultades para expresarse bien? ¿Tenemos serias dudas de que pueda conseguir que captemos lo que nos quiso transmitir?

En cuanto a la segunda pata, de nuevo Peter Adam desarrolla con cuidado un punto muy básico, pero que muchas veces es pasado por alto. Dios se reveló en el pasado, pero también dio orden de que esa revelación fuera escrita para que sirviera para las generaciones posteriores. Por esto la Escritura, desde el comienzo, tuvo dos audiencias – la contemporánea de aquel entonces y la futura desde la perspectiva del autor. Dios se reveló a Moisés y a los israelitas en el Monte Sinaí, pero a la vez mandó que sus palabras fueran escritas para el futuro. Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel (Ex. 34:27).

Hay muchos aspectos misteriosos del proceso exacto por el cual Dios transmitió a los autores bíblicos su revelación. Asimismo hay mucha información que nos gustaría tener sobre el proceso por el cual muchos de estos libros llegaron a tener su forma final. Pero lo que sí queda claro es que los escritos posteriores conceden plena autoridad a los que los precedieron. Los escritores del Nuevo Testamento demuestran una plena convicción de que Dios había hablado (y hablaba) por los textos del Antiguo Testamento.

B.B. Warfield

Hace ya un siglo que B. B. Warfield hizo sus estudios cuidadosos de las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo. En un artículo agrupaba estos textos según la fórmula que los introducía. En un primer grupo estaban textos como estos: La Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones (Gá. 3.8), y La Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder…. (Ro. 9:17). En ambos casos – tanto en los tiempos de Abraham como de Faraón – la Escritura todavía no existía. Según Génesis 12:3 y Éxodo 9:16 fue Dios quien dijo estas cosas. Por lo que para los escritores neotestamentarios lo que la Escritura dice es lo que Dios dice. Caso inverso se da en otros pasajes como Hechos 4:24-25: Tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes…. Aquí tanto para los apóstoles como para el autor Lucas lo que Dios dice es lo que dice la Escritura, en este caso el Salmo 2. Con esta visión de las Escrituras la tarea del predicador se aclara. El contenido de la predicación debe ser el contenido de la Biblia. El predicador debe decir lo que la Biblia dice porque la Biblia dice lo que Dios dice. El tener esta convicción clara concede autoridad a la predicación.

Ya nos hemos adentrado en el área de la predicación en sí, la tercera pata del taburete. ¿Se puede prescindir de la predicación? La respuesta que demos a esta pregunta dependerá de lo que pensemos en relación a otra: ¿de quién fue la idea de la predicación? ¿De la iglesia medieval? ¿De la iglesia primitiva, que al no tener otros medios tuvo que contentarse con este método de llegar a la sociedad? Peter Adam contiende que no – que la idea de la predicación es de Dios. Moisés fue el primer gran predicador en la historia del pueblo de Dios, y fue llamado y comisionado por Dios para transmitir el mensaje de Dios a su pueblo.

Después de Moisés vendrían otros profetas – como ya fue predicho por Dios (Dt. 18:15-22). Luego vendrían Juan el Bautista y el Señor Jesús mismo, cuyo ministerio principal antes de su obra expiatoria en la cruz es descrito así por los evangelistas: Jesús vino a Galilea predicando… (Mr. 1:14), Jesús iba por todas las ciudades y aldeas predicando y anunciando el evangelio (Lc. 8:1). Cristo estableció sus apóstoles para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar (Mr. 3:13). Les quedó clara su misión central, como vemos en el suceso narrado en Hechos 6. Y estos apóstoles a su vez formaron a otros como Timoteo, a quien Pablo transmite la comisión Predica la palabra (2 Ti. 4:2). La predicación no solo es necesaria, sino que ha sido comisionada por Dios.

Si Dios ha hablado y fue Él que mandó escribir su revelación con la intención que desde el principio sirviera de base para un ministerio continuo de predicación, entonces tenemos una base firme para entregarnos a esta tarea. Si nos encontramos dudando de la necesidad o conveniencia del ministerio de la predicación, nos puede ser útil preguntarnos, ¿de qué pata cojeamos?

Este artículo también aparece en http://thegospelcoalition.org/blogs/espanol/2013/02/19/tres-bases-teolgicas-de-la-predicacion/

“Tengo un gran sermón, sólo necesito encontrar el versículo de la Biblia”: Por qué el contexto es importante


¿Alguna vez has oído a alguien decir esto: “Tengo un gran sermón, sólo necesito encontrar el versículo de la Biblia.”? O igual te suena lo que dijo una joven cristiana que conozco después de un culto – “¡el versículo siguiente dice lo contrario a lo que predicó el predicador!” ¡Ella tenía una mejor hermenéutica que el predicador!

Ambos ejemplos demuestran un desprecio al contexto del texto y esto es grave porque nos lleva a que los predicadores podamos predicar “lo que nos da la gana”. Para evitar esto debemos desarrollar las enseñanzas de nuestros sermones en el contexto del texto bíblico.

Debemos situar el versículo en el contexto del capítulo, el capítulo en el contexto del libro, el libro en el contexto del testamento y el testamento en el contexto de toda la Biblia. Aquí hay algunas preguntas que nos pueden ayudar a hacerlo.

Si hay pasajes paralelos ¿Cómo cuentan la misma historia? ¿transmiten el mismo énfasis?

  1. El Versículo

    ¿Qué significan las palabras en este versículo, capítulo, libro y testamento?

    ¿Cuál es el sujeto y cuál es el objeto del versículo? ¡No los confundas!

    ¿Dónde está ubicado geográficamente el versículo?

  2. El Capítulo

    ¿Qué dice el capítulo antes y después de tu texto?

    ¿Quién habla? y ¿a quién? Por ejemplo, ¿se dirige a los creyentes o inconversos, a la iglesia o a un individuo, a los discípulos o a la multitud?

  3. El Libro

    ¿Dónde encaja el libro en el panorama de la redención? – ¿Viene antes del éxodo o después? ¿Viene antes del exilio o después? ¿Antes de la primera venida de Cristo o después? ¿Antes de Pentecostés o después?

    ¿Qué tipo de literatura es el pasaje y el libro en el que se encuentra? Es narrativa, poesía, profecía, carta, apocalíptica, legal, proverbio, parábola, etc?

  4. El Testamento

    ¿Está en el contexto del nuevo o el antiguo testamento?

    ¿Cómo se ocupa el otro testamento de este tema? – por ejemplo, comparar la circuncisión en el antiguo y el nuevo testamento.

  5. Toda la Biblia

    ¿Cómo se trata el tema en la Biblia como un todo?

    ¿Cómo encaja el tema en la teología bíblica y la teología sistemática?

Para terminar, siempre preguntar – ¿qué dice el texto?, ¿qué significa?, ¿qué significa para nosotros hoy?

Revis(it)ando el cantar de los cantares


Durante los cuatro últimos meses, he estado enseñando el libro del Cantar de los Cantares en el tiempo de estudio bíblico de la congregación. Fue todo un desafío personal desarrollarlo en ocho sesiones de estudio, al mismo tiempo que se hacía en el marco adecuado de un estudio bíblico, y no tanto en la exposición de la Palabra en la reunión general de la iglesia, por razones obvias. Quisiera dejaros una breve bibliografía comentada de material que he utilizado en la preparación de los estudios, por si alguien se anima a estudiar este libro bíblico sobre el amor. Se incluyen exclusivamente los comentarios al libro del Cantar.

De todos es sabido que el enfoque que se le dé a este libro es crucial para explicarlo. Dentro de las diferentes escuelas (erótica, romántica, simbólica y alegórico-mística), me he situado en una posición más bien romántica, siguiendo una interpretación histórico-gramatical y literal de un texto poético, con las normas hermenéuticas de la poesía, y siempre respetando a aquellos que se decantan por otras opciones interpretativas. Lo he hecho así por convicción propia (Rom. 14.5)

AKIN, DANIEL L. Christ-centered Exposition. Exalting Jesus in Song of Songs. Holman Reference. B&H Publishing Group. USA. 2015. Situado en la escuela romántica, con tendencias a resaltar también el componente erótico del Cantar, se centra en una exposición gramático-histórico-literal del libro, aunque añade una aplicación cristológica tras cada exposición. Es un autor que está documentado, y expone de manera clara el texto. Para los que lean inglés, no deben perdérselo.

APARICIO RODRÍGUEZ, ÁNGEL.Comentario Filológico a los Salmos y al Cantar. BAC. Madrid, 2012. Un manual técnico filológico de las palabras usadas en el Cantar. No ofrece interpretación clara, aunque parece situarse en el sentido erótico de interpretación. No apto para principiantes ni ignorantes (como yo) del idioma hebreo.

CANCLINI, ARNOLDO. ¡Amada mía…, amado mío…! CLIE. Barcelona. 1975. Este librito de 110 páginas es una exposición desde el punto de vista romántico. No tiene desperdicio y sus continuas referencias a otros poetas y escritores, servirán para deleitarse en el tratamiento del Cantar.

CLARKE, ARTHUR G. The Song of Songs. Walterick Publishers. Kansas. USA. s/f. Un comentario atípico, ya que ofrece una interpretación general, otra literal y didáctica, otra alegórico-tipológica y otra devocional, dividiendo en 14 párrafos el Cantar. Es un libro interesante, aunque no estemos de acuerdo en todas sus conclusiones.

GARCÍA CORDERO, MAXIMILIANO. Cantar de los Cantares. Biblia Comentada Profesores de Salamanca. Vol. 4. BAC. Madrid. 1967. Desde el punto de vista católico, trata al Cantar como un conjunto de siete poemas unidos temáticamente, con tinte semidramático. Poco sustancioso.

GLEDHILL, TOM. Cantar de los Cantares. Andamio. Libros Desafío. Barcelona. 2013. Una exposición literal del Cantar, muy bien desarrollada en 313 páginas, documentada y con argumentos filológicos de peso. De vez en cuando se explaya en ciertos temas romántico-eróticos que aparecen en el Cantar. Recomendable para el estudioso serio.

GRAU, JOSÉ. El más inspirado cántico de amor. Ediciones Evangélicas Europeas. Barcelona. 1991. Se trata de una interpretación literal del Cantar, dividiéndolo en siete cantos. Una acertadísima interpretación de este libro bíblico, aunque uno no esté de acuerdo con todas las conclusiones a las que Grau llega. Reflexiones profundas y sabias. Es de obligada lectura y estudio.

HENRY, MATTHEW; LACUEVA, FRANCISCO. Comentario Bíblico Matthew Henry. CLIE. No era lo que esperaba de la traducción original, como ocurre en este volumen. Situado en la escuela alegórica y en la hipótesis del pastorcillo, a modo de “triángulo amoroso”. El mismo Lacueva se hace responsable de la exégesis, que no concuerda con la de M. Henry.

KELLY, WILLIAM. The Song of Solomon compared with other parts of Scripture. James Nisbet y Co. Londres. 1866. Un comentario alegórico del Cantar, al más puro estilo de las Asambleas originales.

PARK, STUART S. Jardín cerrado. El cantar sublime de Salomón. Ediciones Camino Viejo. Valladolid. 2013. El trato poético que Stuart le da al Cantar rezuma a lo largo de las 156 páginas de este libro. Su interpretación se basa en un punto de vista metafórico, donde la poesía hace trascender los significados del Cantar a otras realidades superiores. Enfoque interesante.

SMITH, HAMILTON. The Song of Songs. A brief exposition of the Song of Solomon. The Central Bible Truth Depot. Londres. s/f. Otro comentario alegórico.

TANNER, J. PAUL. The History of Interpretation of the Song of Songs. Bibliotheca Sacra. Vol. 154. Enero-Marzo 1997. Núm. 613. Pp. 23-46

The Message of the Song of Songs. Bibliotheca Sacra. Vol. 154. Abril-Junio 1997. Núm. 614. Pp. 142-161. Dos artículos muy sustanciosos y eruditos de temas del Cantar, donde se explican las diferentes escuelas de Interpretación y la posición romántica del autor. Ofrece un bosquejo interesante del Cantar. Erudito, pero edificante.

Webgrafía:

www.preceptaustin.org Ofrece un amplio abanico de comentarios, que incluyen las diferentes escuelas, pero se centra en la escuela romántica. Recomendable para estudiosos serios de las Escrituras.

www.mystudybible.com Notas y comentarios de la Biblia HCBS. Típico de una Biblia de estudio anotada.

www.exegetica.net Supone una introducción y bosquejo de Cantares muy apropiada y suficiente. La solidez en los argumentos es convincente y con respaldo de sanos comentaristas bíblicos.

¿Qué es la predicación expositiva?


Para comprender lo qué es la predicación expositiva nos valdremos del esfuerzo que dos expertos en el tema han hecho por definir y explicar la predicación expositiva. Leeremos la definición que Stephen Nelson Rummage hace de lo que es un sermón expositivo y la definición que Haddon W. Robinson hace de la predicación expositiva.

Stephen Nelson Rummage define un sermón expositivo así:

Un sermón expositivo puede definirse como un sermón en el cual el tema y la estructura del mensaje reflejan el tema y la estructura del pasaje bíblico. En este tipo de sermón, el predicador dice la misma cosa que el texto bíblico. El compromiso con el sermón expositivo requiere que el predicador exponga el significado del pasaje bíblico en el sermón pronunciado.[7]

Haddon W. Robinson define la predicación de esta manera:

La predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado de, y transmitido por medio de, un estudio histórico, gramatical y literario de cierto pasaje en su contexto, que el Espíritu Santo aplica, primero, a la personalidad y la experiencia del predicador, y luego, a través de este, a sus oyentes.[8]

Ambas definiciones, además de sencillas, son claras. De ellas obtenemos un par de conclusiones interesantes sobre la predicación expositiva.

La esencia de la predicación expositiva es la fidelidad al texto bíblico.

Stephen Nelson expresa que en la predicación expositiva (…) el tema y la estructura del mensaje reflejan el tema y la estructura del pasaje bíblico. Es decir, existe plena congruencia entre sermón y texto bíblico en cuanto a forma y contenido. El sermón debe enseñar lo que el texto enseña y de la misma manera en que lo enseña.

Esto implica que el predicador se sujetará en su sermón al texto bíblico. Cuando un predicador lee un pasaje bíblico al inicio de su sermón, se espera que inmediatamente exponga la enseñanza de ese texto, y además, que proporcione una aplicación práctica, fiel al texto y relevante para su audiencia.

Solamente hay una manera de permanecer fieles al texto bíblico, que sea el texto quien gobierne el sermón en forma y contenido. Si algo debemos exigir de la predicación, es que sea fiel al texto.

Nehemías 8.8 sirve de ejemplo para afirmar esta verdad: Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. (RVR60). Esdras y los levitas leían la Palabra y la interpretaban para que el pueblo comprendiera su significado[9]. Esto evidencia que lo que enseñaban procedía del pasaje al que daban lectura.

A esto se refiere Haddon W. Robinson cuando expresa que la predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado del… pasaje en su contexto. Quien predica no puede afirmar ser bíblico, si lo que comunica no es lo que el texto verdaderamente enseña.

Desafortunadamente, algunos predicadores modernos se han alejado de este modelo de predicación. Sus predicaciones se asemejan más a charlas motivacionales, conferencias de ventas e incluso monólogos de cómicos profesionales. Reemplazan, la explicación del texto por un mensaje que entretiene a la audiencia, la verdad de Dios por sus propias ideas. Otros, durante su exposición saltan de texto en texto sin sentido alguno u orden lógico. Citan muchos pasajes, pero no exponen el contenido de ninguno.

¿Cómo podemos evitar caer en el error de predicar nuestras propias ideas y no lo que el texto bíblico enseña? Permitiendo que sea el texto quien hable y no nosotros quienes hablemos del texto. De allí la necesidad de ser predicadores expositivos. La predicación expositiva mantiene la vista y la mente anclados en el pasaje. Minimiza el riesgo de dar rienda suelta a la imaginación y decir que el texto enseña lo que nunca ha enseñado.

Solamente el estudio del texto bíblico permitirá al predicador descubrir su enseñanza. Bien afirma Haddon, que es necesario un estudio histórico, gramatical y literario del pasaje en su contexto. Además, afirma que la riqueza del texto solo se extrae mediante un arduo trabajo intelectual y espiritual preliminar[10]. Por esta razón, el apóstol Pablo instruyó a Timoteo sobre la necesidad de esforzarse por presentarse delante de Dios como un obrero aprobado que interpreta rectamente la palabra de verdad (ver 2 Tim. 2.15 NVI).

Contrario a lo que algunos suponen, este esfuerzo intelectual no excluye la dependencia del Espíritu Santo. Al contrario, el Espíritu Santo nos capacita para comprender el texto. William Barclay afirmó que…

Cuando más permita un hombre que su mente se vuelva negligente, perezosa y débil, menos tendrá que decirle el Espíritu Santo. La verdadera predicación ocurre cuando un corazón amoroso y una mente disciplinada se ponen a disposición del Espíritu Santo.[11]

El predicador debe depender del Espíritu Santo en el estudio de la Palabra. Un estudio basado en la capacidad humana es un simple ejercicio académico carente de todo poder transformador para la vida del predicador y su congregación. La predicación expositiva no es un un método académico que busca el conocimiento. Al contrario, procura la transformación a través del conocimiento y aplicación del mensaje divino comunicado por las Escrituras.

La predicación expositiva busca convertir al predicador y su congregación en cristianos maduros.

La predicación expositiva tiene como propósito producir cristianos maduros. Note el énfasis añadido en la definición de Haddon:

La predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado de, y transmitido por medio de, un estudio histórico, gramatical y literario de cierto pasaje en su contexto, que el Espíritu Santo aplica, primero, a la personalidad y la experiencia del predicador, y luego, a través de este, a sus oyentes.

El primero en ser transformado por la Palabra de Dios debe ser el predicador. El predicador debe aprender a escuchar a Dios antes de hablar en nombre de Él.[12] En caso contrario, sería un fariseo más que expresa aquello de haz lo que digo, no lo hago.

Cuando el predicador entra en contacto con la Palabra de Dios, a través del estudio bíblico, se expone al obrar del Espíritu, quien lo moldea para ser ejemplo vivo de la veracidad del mensaje que proclama. El predicador debe ser confrontado, animado, exhortado y quebrantado antes que su congregación. Debe encarnar en su propia vida las verdades de proclama. El predicador se nutre espiritualmente mientras estudia.

En la predicación expositiva…

El predicador debe, primero que nada, permitir que el mensaje que se está desarrollando se filtre a través de su manera de pensar, así como a través de su vida, antes de poder predicarlo. Esdras proveyó el modelo perfecto: “Porque Esdras había preparado su corazón “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”.[13]

La predicación expositiva tiene como meta la transformación de la congregación. En Nehemías 8.12 el pueblo hebreo, tras la exposición de la Palabra, se marchó feliz de haber comprendido lo que se les había enseñado. Y es que la exposición de la Palabra deber ser fiel al texto bíblico pero también relevante para la audiencia contemporánea.

La predicación expositiva mantiene en perfecto equilibrio los dos principios de la predicación bíblica: fiel al texto y relevante para la audiencia moderna. Cuando se predica bíblicamente las vidas son transformadas por la Palabra, empezando por el predicador y luego con su audiencia.

Conclusión y reflexión personal

Richard Mayhue[14] resume en cinco los elementos mínimos que un mensaje o predicación debe tener para considerarse expositiva:

  1. El mensaje halla su única fuente en la Escritura.
  2. El mensaje es sacado de la Escritura mediante una exégesis cuidadosa.
  3. La preparación del mensaje interpreta correctamente las Escrituras en su sentido normal y en su contexto.
  4. El mensaje explica claramente el significado original que Dios procuraba para la Escritura.
  5. El mensaje aplica el significado actual de la Biblia.

Para pensar en nuestros sermones:

¿El método de estudio que aplicas extrae la enseñanza principal del pasaje?

Debe ser primordial descubrir el tema que trata el texto que predicamos, y además, debemos ser capaces de discernir lo que el pasaje dice sobre el tema.

¿Te ves en la necesidad de citar otros textos bíblicos para explicar el pasaje?

Cada pasaje puede ser entendido en su propio contexto. Si nos vemos en la necesidad de explicar el texto con otro, seguramente no hemos comprendido lo que pasaje quiere enseñar. Los textos paralelos son útiles si se usan adecuadamente. Antes de saltar a otro texto, debemos asegurarnos de agotar todo lo que podamos la enseñanza del pasaje en su propio contexto. Aunque otro pasaje aborde el mismo tema, seguramente lo hará desde otro contexto y con otra perspectiva.

¿El tiempo que dedicas a preparar tus sermones es suficiente como para que el Espíritu Santo afirme en tu vida la enseñanza del texto?

El método de estudio que aplicamos debe permitirnos permanecer en contacto con el texto bíblico, lo suficiente para que el Espíritu Santo pueda hacernos comprender el mensaje y a la vez tocar nuestra propia vida. Prepara el sermón o estudio un día antes, seguramente no es suficiente.

¿Tus predicaciones son relevantes para tu audiencia?

Además de ser fiel al texto, un sermón debe proporcionar a la audiencia, el significado o relevancia del texto para hoy. Todo sermón debe estimular al oyente a hacer un cambio, ya sea en su manera de pensar, creer o actuar.

Después de leer este artículo ¿Te consideras un predicador expositivo?

Si pretendes ser un predicador bíblico, debes ser un predicador expositivo.

[7] Stephen Nelson Rummage. Planifique su predicación (Grand Rapids, Michigan: Portavoz, 2002), p. 71.

[8] Haddon W. Robinson. La predicación bíblica (Miami, Florida: LOGOI Inc, 1993), p. 18.

[9] La Nueva Versión Internacional traduce así este texto: Ellos leían con claridad el libro de la ley de Dios y lo interpretaban de modo que se comprendiera su lectura..

[10] Haddon. La predicación. p. 19.

[11] Ibid. 25.

[12] Ibid.

[13] John MacArthur. La Predicación: Cómo predicar bíblicamente. (Grupo Nelson: Nashville, TN, 2009), p. 32.

[14] Ibid. 29.

Predicándonos a nosotros mismos: La práctica de la meditación bíblica


Hay una preocupación muy extendida en relación a la transmisión de la fe a las siguientes generaciones. Una evidencia reciente de ello es la publicación en España del libro de Daniel Pujol La Fuga: por qué los jóvenes abandonan la iglesia. Otra evidencia en el Reino Unido es un estudio realizado por la Alianza Evangélica de personas que hace veinte años asistían a las escuelas dominicales de niño. Este estudio mostró que un 70 % de estas personas veinte años más tarde no tenían vinculación alguna con una iglesia evangélica. Es sabio y bíblico preocuparnos por la transmisión de la fe a la siguiente generación. Encontramos un fuerte énfasis en este sentido en Deuteronomio capítulo 6. Pero en el corazón de este pasaje hay una clave para esa eficaz transmisión muy descuidada en nuestros días: la meditación bíblica.

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas

Deuteronomio 6:4-7

El proceso empieza con este llamado: Escucha, O Israel. Es evidente que nunca vamos a estar en condiciones de transmitir a otros lo que no estamos recibiendo. Este llamado a escuchar lo pasamos por alto o lo leemos corriendo. Pero deberíamos darnos cuenta de que es un llamado a escuchar en concreto la palabra de Dios predicada. En el propósito de Dios, la proclamación de la Escritura debe motivar todos los otros ministerios de la palabra de Dios: sean la lectura personal, la vida devocional de la familia, el testificarles a otros o el dirigir estudios bíblicos, por nombrar solo algunos. No es que la predicación sea mejor que dirigir una célula, pero su relación es la que mantiene la batería del coche con los pistones – es la que hace arrancar todo el resto del motor.

Ahora, entre el escuchar atentamente la palabra de Dios predicada y el transmitirla a otros todavía quedan dos pasos intermedios. Moisés les dijo a los Israelitas que para influir en otros la palabra de Dios debe afectar todas las áreas de nuestra vida. Debemos tenerla presente en el camino y en la casa: o sea en el centro de la vida familiar. Debemos escucharla cuando nos acostemos y nos levantemos: debe marcar nuestro ritmo diario. Debe dirigir nuestras manos y nuestros ojos: afectando lo que hacemos y lo que miramos. Debe estar presente en los postes de la casa y las puertas de la ciudad – presente no solo en la vida privada sino también en la plaza pública.

Pero aún podemos indagar más. Podemos preguntarnos, ¿qué hace que haya muchas personas que asistan fielmente a los cultos dominicales pero cuyas vidas muestran muchas lagunas donde hay escaso impacto de la escritura? Deuteronomio 6 nos sugiere que para que la Palabra de Dios llegue a permear todas las facetas de nuestras vidas la clave está en el corazón. El pueblo de Dios es llamado a cultivar el amor de su Dios en su corazón. Esta escucha activa aplicada al corazón es el gran terreno descuidado en la espiritualidad evangélica contemporánea: la meditación bíblica.

Pululan en la cultura contemporánea muchas ideas sobre lo que significa la meditación, predominando conceptos orientales de vaciar la mente de todas las preocupaciones para así encontrar la paz. Es verdad que en nuestro mundo ajetreado necesitamos pararnos y buscar la quietud para poder reflexionar y meditar. Pero la meditación Bíblica no es meramente pasiva. Tampoco consiste en vaciar la mente, sino en re-enfocar nuestra atención, llenando nuestra mente con un contenido distinto.

La iglesia de cada época de la historia ha tenido sus virtudes y sus defectos. En cuanto a la meditación bíblica, uno de los momentos álgidos lo encontramos en los escritos de los Puritanos. Ellos también tuvieron sus puntos débiles (aunque no fueron los que la mayoría piensan), pero fueron unos gigantes en cuanto a la enseñanza de la espiritualidad cristiana. Uno de ellos, Richard Baxter, escribió un libro específicamente sobre la meditación. He aquí unos extractos de escritos suyos y de otro pastor contemporáneo suyo.

Mientras la verdad sea solo una especulación que nada por el cerebro, el alma no lo ha recibido ni se ha asido de ella. La tarea necesaria es pues, hacer pasar estas verdades de tu cabeza a tu corazón.

La meditación se sitúa entre la lectura y la oración y es el medio por excelencia para aprovechar la primera y estimular la segunda

Nicolas Renfrew

Todavía no hemos definido lo que queremos decir con la meditación. Los puritanos aclararon que consistía no solo en la reflexión sino en predicarnos a nosotros mismos. Dirían que si la reflexión abre la puerta entre la cabeza y el corazón, el predicarnos a nosotros mismos es lo que nos hace pasar por esa puerta. En esto se basaban en diversos textos de la Escritura donde un individuo habla consigo mismo, se interroga y se exhorta. Textos muy conocidos incluyen el Salmo 42:5 (¿Por qué te abates, alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarlo, ¡salvación mía y Dios mío!), y el Salmo 103:1 (Bendice alma mía a Jehová).

Richard Baxter

En una de sus predicaciones sobre la humildad, C.J. Mahaney nos recuerda lo que sucede cuando nos levantamos por las mañanas. Nuestra naturaleza caída y nuestro pecado no duermen. Desde el primer instante de la mañana nos hablan – y normalmente en tono de queja – ¡Qué mal me siento! ¡Qué cansado estoy! Es una disciplina Bíblica necesaria el contestarnos a nosotros mismos. Pero ¿qué nos diremos? Y, ¿cómo lo diremos? Este es el consejo de Richard Baxter:

Imita a tu predicador favorito. Piensa qué habría dicho él y predica eso mismo a tu propia alma. En primer lugar explícate a ti mismo el tema y estudia las dificultades. Usa la escritura para confirmar la verdad en cuestión. Luego aplícatelo según la enseñanza y según tu necesidad. Pregúntate a ti mismo ¿en qué medida amas esta verdad? Háblate acerca de la frialdad de tu corazón, o bien anímate si ves que has sido fiel en esta área. Pregunta a tu corazón, ¿qué razones tienes por no actuar?, y contesta estas objeciones. Tú sabes qué argumentos son los más persuasivos para tu propio corazón.

Demasiadas veces al escuchar una predicación pensamos esto le viene muy bien al que tengo sentado a mi lado, o incluso con cierto alivio reconocemos menos mal que el predicador no ha aplicado este texto a esta otra área porque entonces sí que me habría visto obligado a reaccionar yo. Delante del Señor debemos aplicarnos a nosotros mismos toda enseñanza Bíblica, tanto la escuchada un domingo por la mañana como la que descubrimos nosotros mismos en nuestra lectura diaria. Esta práctica es la que hace que la palabra de Dios llegue a afectar todas las áreas de nuestras vidas. Es por medio de esa transformación que se hace posible una eficaz transmisión de la palabra de Dios a las siguientes generaciones.

Este artículo también aparece en http://thegospelcoalition.org/blogs/espanol/2013/08/28/predicandonos-a-nosotros-mismos/

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Las cinco lecciones que aprendí del Cohélet


Lo que menos me imaginaba yo era que iba a aprender del Eclesiastés una serie de principios que me iban a ayudar en mi tarea de estudio del texto bíblico. Cuando cursaba estudios universitarios, tuve que aprender lo que era la metodología de investigación, de los fundamentos de la experimentación… y algo que falta en muchos seminarios bíblicos es esto: enseñar a investigar para hablar con rigor.

El Cohélet acaso no sea paradigma de profundidades teológicas—asunto discutible—porque afirmaciones teológicas y profundas sí que las hay; pero de lo que no cabe la menor duda es de su capacidad investigadora.

Se define como empirismo el conocimiento originado por la experiencia. Por tanto, leyendo críticamente su libro, uno se da cuenta de que el Cohélet escribe de lo que ha experimentado en primera persona. Pero dicha experiencia no le fue sobrevenida, sino devenida, intencionada, racionalizada. Su expresión favorita es apliqué mi corazón (1.13; 8.16);[6] mi corazón ha experimentado (1.16); he dedicado mi corazón (1.17; 8.9; 9.1); mi corazón me guiaba con sabiduría (2.3); ni privé a mi corazón (2.10); entregué mi corazón (2.20); dirigí mi corazón (7.25)… queriendo decir así que lo experimentado lo fue a propósito, controlado e implicando todas sus emociones, sentimientos, pensamientos y acciones.

El libro tiene la estructura de una tesis doctoral, subdividida en tres tesis bien diferenciadas y una conclusión (12.13s), y lo es porque cumple el patrón de una investigación rigurosa. De lo cual deberíamos aprender un tanto aquellos que estudiamos el texto bíblico y lo exponemos a las congregaciones.

Lo primero que aprendí del Cohélet fue que tengo que inquirir con sabiduría (1.13), es decir, investigar asuntos desde todos los ángulos posibles. Llevar a cabo el estudio y hacer un enfoque pluridimensional. Sus experiencias en los ámbitos que menciona en el libro le permitieron encontrar las posibilidades que daba de sí un asunto. Como el experimento que hizo el psicólogo Edward De Bono con los seis sombreros para pensar (hechos, emociones, juicios negativos, juicios positivos, alternativas y creatividad, proceso de control), el Cohélet se puso todos los sombreros posibles para entender todo lo que estaba investigando.

Lo que seguidamente aprendí del Cohélet fue que tengo que investigar con sabiduría (1.13), es decir, buscar las raíces de un asunto. Contextualizar lo que se está diciendo; enmarcar los conceptos adecuadamente; indagar en el proceso de causa-efecto; buscar las relaciones de ideas y de unidades de pensamiento dentro de un libro bíblico concreto, buscar el vestigio (in-vestigar), la huella de lo que alguien ha dejado… todo esto ayudará no sólo para ver el árbol, sino todo el bosque.

Lo tercero que aprendí del Cohélet fue que tengo que sopesar (12.9), es decir, recoger material para mi investigación. Para él no fue suficiente una sola experimentación, sino que echó mano de unas conclusiones primarias contrastadas (su borrador), quizá consultando con otros y contrastando su pensamiento, intentando ver la convergencia o divergencia en las conclusiones, hallar las razones de los ámbitos de estudio, falsar ideas que no corresponden, relacionar unas ideas con otras… al más puro estilo investigador.

Lo siguiente que aprendí del Cohélet fue que tengo que escudriñar (12.9), o lo que es lo mismo, examinar rigurosamente. El rigor científico se exige en toda investigación. La falsedad o inexactitud de los datos no tiene lugar en una tesis, ¿cuánto más en el estudio de un texto bíblico? Rigor y tiempo, rigor y seriedad, rigor y conciencia, son pares que no podemos divorciar. Así, al menos, lo entendió Lucas cuando escribió su evangelio y el libro de Hechos (Lc. 1.1-4; Hech. 1.1). Como médico, Lucas sabía qué era una investigación científica: cosas certificadas (v. 1); trasmitido por testigos oculares y servidores del Logos (v. 2); investigar exactamente todas las cosas desde sus fuentes (v. 3a); escribirlas en orden (3b); para hacer que otro se percatarse de la verdad precisa (v. 4). ¿Hay mayor rigor? Unos desecharon ideas que hubo que rescatar; otros asumieron ideas que hubo que descartar por ser inverosímiles. Lucas lo examina todo y cataliza lo provechoso para elaborar su evangelio.

Y, finalmente, entre otras muchas cosas que aprendí, el Cohélet me enseñó que, después de todo esto, tengo que componer, así como él compuso muchos proverbios, es decir publicó sus conclusiones, y que no eran opiniones trasnochadas de un illuminati. Nada de pseudo-opiniones; ni conclusiones semielaboradas; ni ideas con alto contenido de incertidumbre. Al contrario, exactitud, control de sus ideas, rigurosidad, aproximación a la certidumbre.

Como predicadores debemos mucho al Cohélet por toda su enseñanza, la expresada y la que queda sin expresar. “Cohélet procuró hallar palabras aceptables y escritura recta, palabras de verdad” (12.10). “No sacrificó el tema a la forma” (Barton, International Critical Commentary, p. 197: 1908). Palabras que animaban a la acción y que delimitaban, como hitos, el camino por donde había que ir. Un maestro de la palabra y de la escritura; un hombre rigurosamente serio en lo que decía; un ejemplo de Predicador para los predicadores.

José Mª de Rus

Pascua de 2014


[6] Todas las citas están tomadas de la Biblia Textual.

Lo largo o corto de los sermones: Cuatro claves para mantener la atención de tus oyentes


“¿Hasta cuándo, Señor?”.

Ese es un lamento que hace eco a través de los Salmos, y que vemos en Habacuc, es recurrente en Apocalipsis… y también impregna las mentes de los siervos agotados que obligatoriamente sufren por las predicaciones pastorales que van más allá de la efectividad y perseverancia. Una expresión de sufrimiento extremo y desconcierto no es la respuesta que un pastor espera recibir cuando predica después de una semana entera de preparación.

¿Qué tan largo debe ser un sermón?

Como profesor de predicación y pastor, me han hecho esa pregunta cientos de veces. Hoy, después de 35 años en el ministerio, tengo una respuesta definitiva: Puedes predicar tanto tiempo como mantengas la atención de la gente.

Obviamente (aunque hay excepciones), eso significa que algunos predicadores podrán predicar más tiempo que otros, no por mera habilidad natural, sino por su fidelidad a técnicas y prácticas bíblicas, las cuáles no se contradicen. Es más, van de la mano. Muchos predicadores se consuelan diciendo que sus iglesias están llenas de personas con comezón de oír, mientras otros se sienten orgullosos de que no juegan con la verdad, cuando en realidad todo lo que han hecho es predicar muy mal la Palabra de Dios.

Aunque esas situaciones en realidad existen —y mi corazón se duele con cualquier predicador fiel que con amor y habilidad predica la Palabra a personas con corazones fríos e indiferentes—, no debemos asumir rápidamente que el problema yace exclusivamente en quienes se sientan en las sillas, y quitar la responsabilidad a quien está detrás del púlpito.

Para que no haya malos entendidos, no estoy en contra de las predicaciones cortas. Pero sí creo que muchas iglesias necesitan dedicar más tiempo a la predicación, no menos. La predicación de la Palabra de Dios es el acto central de la adoración al reunirnos en la iglesia. La expansión del analfabetismo bíblico entre personas que profesan ser cristianas no va a disminuir porque los pastores acorten sus exposiciones, ni cambiará porque los pastores prediquen contenido largo y aburrido.

Cuatro claves para mantener la atención de tus oyentes

¿Cómo se puede predicar mejor y a la vez hacerlo por un buen largo de tiempo? Los predicadores fieles que también son interesantes aprenden cuatro movimientos claves para dar el tipo de sermones que ayudan a mantener la atención de quienes los escuchan.

  1. Llena tu prédica con sustancia bíblica. Pareciera ilógico, pero la manera de mantener la atención de aquellos miembros que no se involucran no es alimentarlos con una dieta espiritual de golosinas. Pueden ser dulces al probarlas, pero no son nutritivas; ¡comer solo eso los va a enfermar! La Palabra de Dios es la que despertará en ellos interés. No lo suavices, ¡dale la verdad! Cristo prometió que si Él es exaltado, Él los atraerá a sí mismo. Así que apunta hacia Cristo con palabras y estilo, en redención y relación.

  2. Secuestra su atención. Una vez conozcas el contenido de tu texto, piensa en el nivel de percepción al desarrollar tu predicación. Encuentra una manera de captar el intereés de la audiencia al inicio. Pedro lo hizo en el día del Pentecostés. Pablo lo hizo en Areópago. Ezequiel lo hizo al construir el modelo de la ciudad poniéndola en sitio. Jesús lo hizo en Galilea con siete promesas de bendición. Spurgeon lo hizo, Jonathan Edwards lo hizo. Escucha a los predicadores que admiras y presta atención a cómo ellos adornan el evangelio con ideas que provocan y la forma en que lo hacen.

  3. Introduce constantemente aplicaciones personales en la explicación bíblica. La predicación de Pedro en Hechos 2 llevó a su audiencia a preguntar: “¿Y ahora qué hacemos?”. Una explicación sin aplicación resulta en frustración. Contenido sin convicción engendra aburrimiento. El poder inherente de la Palabra y el Espíritu demandan una respuesta, arrepentimiento, renovación. Sin eso, las predicaciones serán vistas como un juego de preguntas bíblicas.

  4. Los mejores predicadores desarrollan una percepción clara de su audiencia, siempre discerniendo qué tan bien están siendo escuchados. Responde a su cansancio con energía, enfoque y emoción en cuanto al texto. ¿Tu voz los pone a dormir? Cambia tu tono, ritmo y volumen. Deja que la Palabra que te ha saturado durante tu tiempo de estudio fluya en el púlpito hacia ellos. Puedes predicar como alguien que conoce la Palabra pero, ¿predicas como alguien que ama la Palabra? Si lo haces, ellos escucharán mejor y durante más tiempo.

Publicado originalmente en SBTS y Coalición por el Evangelio. Traducido por Fanny Stewart-Castro

La predicación expositiva: el paso de la teología a la experiencia

McDill, Wayne. La predicación expositiva: el paso de la teología a la experiencia. Traducido por Esteban Rodemann. LifeWay/Pastors (sitio web). Artículo posteado el 20 de abril de 2015 (consultado el 31 de agosto de 2017) http://www.lifeway.com/pastors/2015/04/20/expository-preaching-from-theology-to-experience/


La predicación expositiva suele partir de un texto bíblico. Procura hacer que el texto elegido moldee al sermón. El predicador busca convertir la esencia teológica del pasaje en el mensaje del discurso. La predicación expositiva, por definición, trata de exponer el significado planteado por el autor original del texto en términos adecuados para un público moderno. Esto suele ocurrir a través de la predicación sistemática, es decir, una serie de mensajes sobre un libro bíblico determinado. Esta manera de predicar –siguiendo libros de la Biblia– ha sido criticada por algunos, por ser un modelo excesivamente académico y alejado de las preocupaciones reales de la gente.

Enfocar la experiencia humana puede parecer contraproducente. Podría diluir la fuerza de la predicación expositiva, al minar el compromiso con la fidelidad al texto bíblico. Sin embargo, no tiene que ser así. Es cierto que un tipo de predicación que responde únicamente a las necesidades sentidas de la congregación muchas veces se ha reducido a insípidas apelaciones a los sentimientos, en perjuicio de respuestas sólidas de las Escrituras. Este tipo de predicación corre el riesgo de confundir el análisis empático del problema con la solución divina para la situación humana. Mostrar empatía siempre es positivo, pero las personas necesitan la sabiduría eterna de lo alto.

Lo que hace falta es establecer un punto de contacto entre los conceptos teológicos del pasaje y los aspectos correspondientes de la experiencia humana. La clave es esto: «establecer un punto de contacto». Partimos de los conceptos teológicos subyacentes en el texto bíblico. Estudiamos las palabras del autor original para descubrir las ideas teológicas que quería transmitir, y que formarán el núcleo de nuestro sermón. Destilamos una idea central, aclarando el sujeto (¿de qué está hablando el autor?). Luego identificamos lo que el autor dice respecto a ese sujeto; su ampliación de la información constituye el predicado.

Pasar de la teología a la experiencia condiciona todo el proceso de interpretación. Desde el primer momento meditamos en la pertinencia de las ideas bíblicas. Creemos que la verdad bíblica siempre se relaciona de algún modo con la vida real. Al mismo tiempo somos conscientes de que las verdades bíblicas pueden ser predicadas de una manera estéril y académica, que oculta su pertinencia natural. Lo que Dios ha revelado conecta con la experiencia humana, pero un predicador puede perder de vista esa conexión y fallar totalmente el blanco, que es el corazón de los oyentes.

He aquí cinco consejos para pasar de la teología a la experiencia:

  1. Aclarar las ideas teológicas que el autor bíblico quiso comunicar. Si no tienes esto claro en tu propia mente, como para poder expresarlo con tus propias palabras, no podrás comunicar el mensaje del texto. Tampoco podrás mostrar su pertinencia a la congregación.

  2. Meditar en la enseñanza bíblica más amplia, relevante a la idea del texto. Ningún texto agota toda la enseñanza sobre un tema. Habrá pasajes paralelos que rellenan el alcance de la teología bíblica y que también ayudan a discernir las aplicaciones prácticas.

  3. Pregúntate a ti mismo por qué una persona, cualquier persona, necesita escuchar este mensaje, y apunta todo lo que te viene a la mente. La prueba de la pertinencia es cuando las enseñanzas de tu sermón «rascan donde a la gente se le pica». Si tu inquietud se limita al comportamiento de los hermanos en el culto, no tocarás las preocupaciones reales de su vida. Medita en las presuposiciones, los síntomas y las consecuencias que podrían darse en la vida de las personas que no conocen o no practican las ideas bíblicas que expones.

  4. Redacta una descripción de la persona que más necesita este mensaje. Échale imaginación. Describe la situación de un hermano que descubre la respuesta a las cuestiones que más le angustian. Reflexiona sobre sus luchas. Trata de entender su forma (errónea) de pensar. Identifica cómo su forma de conducirse influye en todos los aspectos de su vida y la de los que le rodean.

  5. Apunta algunas directrices específicas para la persona que necesita aplicar este mensaje a su vida. Imagina una persona que sale del culto, con un bloc de notas en la mano, y te dice «Gracias, hermano, por el sermón de hoy. Ahora me marcho a casa. Mañana vuelvo al trabajo. Explícame cómo aplicar los principios bíblicos a mi vida, cómo debo ponerlos en práctica. Tomaré nota de todo lo que me digas.»