Esencia de la predicación expositiva: Un repaso visual


A veces la imagen sirve para afianzar las cosas en la mente. Si es cierto que para algunas cosas una imagen vale más que mil palabras, entonces lo que sigue podría ayudarnos a recordar en qué consiste la predicación expositiva.

Primero, es un tipo de discurso que surge de la Palabra de Dios. La predicación difiere de cualquier otro tipo de conferencia, en que representa el intento de transmitir algo que Dios ya ha dejado plasamado en el libro sagrado. El predicador «entra en el secreto de Jehová» para recibir un mensaje para el pueblo (Jer. 23.22), escucha el ruido del Señor para luego profetizar (Am. 3.8). Es recibir panes y peces de Jesucristo, para luego repartir el alimento entre el pueblo.

Esto significa que el predicador no empieza con una idea en la mente, buscando después algún texto bíblico que pudiera apoyar su idea. No se trata de forzar la Palabra, metiendo nociones preconcebidas con calzador, para que les Escrituras parezcan avalar el criterio personal del predicador. Más bien es cuestión de discernir lo que Dios quiere comunicar a través de un pasaje determinado y hacer que ese mensaje divino llegue a los corazones.

En segundo lugar, se trata de un mensaje que el predicador aplica primero a su propia vida. La enseñanza principal del pasaje bíblico tiene que pasar por la experiencia del expositor, produciendo cambios verdaderos, antes de que entregue esa enseñanza a los demás. Si la verdad no me ha tocado, no tengo mensaje para otros. El predicador es como un árbol que absorbe agua de vida por las raíces, la incorpora en la savia que cursa en el tronco y las ramas, y luego se desprende de las hojas mediante la evaporación. El apóstol dice a Timoteo: «ocúpate en estas cosas… para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos» (1 Ti. 4.15).

En tercer lugar, la exposición de un pasaje bíblico siempre debe girar en torno a una idea central. Cada párrafo de las Escrituras desarrolla una tesis, un concepto, un argumento. Así funciona tanto el discurso hablado como la literatura. Así está hecha la mente humana.

Plantear la necesidad de una idea central no es optar por un modelo posible entre muchos; es el único modelo viable, porque así funciona el pensamiento humano, que a su vez responde a la imagen de Dios en el hombre. Si un predicador hace un comentario de texto, sin abrir para los oyentes la idea detrás que aglutina todos los detalles, entonces los hermanos se marcharán sin recordar nada de lo que se ha dicho. Habrán recibido doce cestas de fragmentos, pero sin nada memorable ni aplicable a sus vidas.

No sólo resulta imprescindible una idea central (como el descansillo en lo alto de la escalera), sino también una progresión lógica para exponerla. Habrá un bosquejo, una serie de puntos relacionados entre sí (como los peldaños de la escalera), que desarrollan el concepto latente en el texto bíblico. El número de puntos variará según el texto en cuestión, en ese aspecto no hay una regla fija.

Por último, el predicador siempre se preguntará qué querrá hacer el Señor en la vida de los oyentes a través de este pasaje. ¿Qué pretende Dios? ¿Qué espera que ocurra en el corazón de los hermanos, por el hecho de haber escuchado esta exposición? Es como apuntar a una diana: cada mensaje expositivo debe tener un propósito, y el predicador hará bien en aclararlo en su propia mente antes de empezar.

Estos cuatro aspectos de la predicación expositiva son fundamentales e impepinables. No son optativos. No hay otro modelo de la predicación legítimo, si lo que buscamos es llevar el mensaje divino a los corazones para que las personas sean transformadas a la imagen de Jesucristo.

¿En qué consiste la predicación bíblica? – La diferencia entre exégesis y exposición

Michael Diduit, What is Biblical Preaching? Exegesis vs. Exposition, Trad. Esteban Rodemann, Blog The Exchange, (sitio web de Christianity Today), comentario posteado el 13 de marzo de 2017, consultado el 30 de mayo de 2017, http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2017/march/biblical-preaching-duduit.html.


La mayoría de los pastores de iglesia se consideran predicadores bíblicos. Amamos la Palabra de Dios y reconocemos su autoridad. Muy pocos pastores discutirían la importancia de asignar a las Escrituras el papel preeminente en nuestra proclamación. Pero ¿qué queremos decir cuando usamos el término «bíblica» para caracterizar nuestra predicación?

Mi sentir es que la mayoría de los que describen sus sermones como «bíblicos» quieren decir que su mensaje analiza y explica un texto concreto. Aunque pueden variar las definiciones de «exposición», la mayoría de los pastores dirían que un sermón debe basarse en y reflejar fielmente el texto bíblico.

Sin embargo, muchos predicadores confunden exégesis y exposición. No se dan cuanta de que exégesis es lo que hacemos para prepararnos para la exposición, pero no es la exposición en sí. Escucho demasiados sermones que consisten en la exhibición de una sana exégesis, pero no una auténtica exposición del pasaje.

Mientras la exégesis consiste en el análisis de la porción bíblica –su lenguaje, la gramática, el trasfondo histórico y cultural– con el fin de aclarar el significado, la exposición bíblica trata de abrir el texto para que los oyentes comprendan tanto el significado como sus implicaciones para la vida diaria. Como comenta Spurgeon, «La gente del mercado no puede aprender la jerga de la academia, así que las personas de la academia deben aprender el idioma del mercado. Por tanto la tarea principal del predicador llega a ser la traducción de un lenguaje a otro.»

«Traducción» define la exposición verdadera. La exposición consiste en recoger los resultados de nuestro estudio exegético y reconfigurarlos para facilitar la comprensión. Es moldear el mensaje para que todos capten las verdades bíblicas y reconozcan cómo aplicarlas a su experiencia diaria.

Haciendo exégesis para captar el significado del texto bíblico, como preparación para la predicación, uno descubre un montón de información sobre el trasfondo histórico del relato bíblico, las cuestiones gramáticas, los asuntos hermenéuticos y demás. Si el estudio ha sido exhaustivo, uno podría disertar durante horas sobre todos los detalles del texto bíblico; por ello, una de las tareas más urgentes es hacer la criba, o sea, podar y editar el texto. Un buen cocinero no lleva a la mesa todos los materiales del fogón que ha usado para preparar un plato estrella; más bien selecciona entre ellos, para que la presentación sea lo más agradable posible para los comensales.

De la misma manera, la tarea del predicador es analizar y comprender el significado y la intención del texto bíblico para dedicarse a una labor de traducción, dando forma a un mensaje que ayude al oyente a comprender los puntos esenciales y discernir cómo esas verdades podrían generar algún cambio en su vida. La exposición edifica sobre la exégesis, pero tiene que ser mucho más que la simple presentación de los resultados del estudio exegético. Debe aclarar e ilustrar la enseñanza bíblica y cómo ésta se aplica a nuestra experiencia real.

¿Te parece poco bíblico esto? Si es así, podría incomodarte la clase de predicación que encontramos en las Escrituras. Casi todos los sermones del Nuevo Testamento –desde la enseñanza de Jesús en el Sermón del Monte hasta el discurso de Pablo a los ancianos en Antioquía de Pisidia– vemos un estilo de predicación dominado por la aplicación. Cuando Pablo se dirige a su discípulo Timoteo acerca de la predicación, resume la tarea con estas palabras: «Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina» (2 Ti. 4.2). Esos tres imperativos –redarguye, reprende, exhorta– claramente son aplicacionales. Invitan a un estilo de predicación que aplica la verdad de la palabra de Dios a la vida de los oyentes.

Así captamos el propósito de la predicación. Predicamos las Escrituras por el mismo motivo que Dios las dio: para madurar y capacitar a los creyentes, para llamarlos a arrepentirse, a responder, a obedecer. En otras palabras, la aplicación no es un elemento periférico de la predicación. No es una tarea más entre varias. La aplicación constituye precisamente el meollo de la misión homilética.

La aplicación en la predicación toma el principio vital que se encuentra en el texto bíblico y construye un puente entre el contexto antiguo y la situación actual. No estoy planteando que nuestros sermones debe llevar alguna aplicación; esto se da por sentado. Lo que estoy pidiendo es que reconozcamos que la aplicación es el propósito y el fundamento de toda predicación de la palabra de Dios. Una comprensión moldeada bíblicamente, acerca de la naturaleza de la predicación expositiva, es que consiste en la aplicación ungida del texto bíblico a la vida de los oyentes.

No podemos quedarnos con una visión de la predicación como si fuera el mero análisis del texto bíblico con alguna aplicación añadida al final. Mas bien debemos entender que el sermón expositivo es la aplicación de un principio bíblico extraído de un texto bíblico. No predicamos para hacer que los hermanos sean mejores estudiantes de la Biblia; exponemos la Biblia para que nuestros oyentes comprendan cómo el Señor propone que incorporen la verdad bíblica a su andar diario.

Esto no significa que nos dediquemos a preparar sermones de tipo «Diez pasos hacia una vida feliz», anclados apenas en algún versículo bíblico. Significa enfocar nuestra tarea como predicadores desde otra óptica: no como profesores de paraninfo impartiendo lecciones teóricas, sino como pastores y compañeros en la lucha de la vida, que tratan de desempaquetar el texto para vislumbrar qué quiere el Señor que hagamos con esta verdad que tenemos por delante. Este tipo de sermones harán un impacto en las situaciones reales de la vida, sin duda, pero también serán profundamente teológicos si somos fieles al texto. Tratarán sobre la naturaleza de Dios, el significado de la gracia, la obra del Espíritu, y tantas cosas más.

La Biblia es la verdad revelada de Dios por medio de verdades doctrinales y aplicacionales. Si hemos de ser fieles a nuestro llamamiento, hace falta reconocer que no hemos sido llamados a transmitir información sino a transformar vidas por la unción del Espíritu Santo, mientras él nos capacita a predicar la Palabra con poder. Como dice David Jeremiah, «La gente no necesita un juego de apuntes sino una visión de cómo la Palabra de Dios podría trabajar en sus vidas».

El Sermón – ¿especie en peligro de extinción?


“¿Cuál podrá ser el futuro del sermón en el siglo XXI? Si comparamos los sermones que se escuchan regularmente en nuestras iglesias locales con los nuevos y excitantes medios audiovisuales disponibles hoy, veremos que el sermón está en peligro…. El sermón tradicional recalca la autoridad de la persona que predica, ya que parte de una idea que la audiencia debe aceptar como «verdad». Los oyentes deben aceptar como ciertas las aseveraciones de quien predica. Esto implica que la congregación no tiene espacio para disentir”.

Pablo A. Jiménez en su libro La predicación en el siglo XXI (CLIE, 2009).

El autor recoge dos de las críticas que hace el mundo postmoderno a la predicación, por lo menos la tradicional: que no comunica de forma tan eficaz como los medios audiovisuales y que es autoritaria. Aunque expresadas en lenguaje muy actual la realidad es que no son del todo nuevas. Pero ¿qué tienen de ciertas? ¿Estamos obligados a concluir que a la predicación Bíblica le quedan solo unos cuantos telediarios?

Empezando por la segunda objeción, sí debemos admitir en seguida que una de las razones que el mundo rechaza la predicación es porque ha escuchado muchas malas predicaciones, y en concreto muchas malas predicaciones autoritarias. De tal modo que el diccionario Larousse da como sinónimo de predicar “sermonear” y la Real Academia Española entre otras alternativas da esta definición de predicar: “reprender agriamente a alguien de un vicio o defecto”. Si esto es a lo que nos referimos por un “sermón” entonces Jiménez tiene razón. El mundo rechaza esto “¡y con razón!”.

Desgraciadamente es demasiado frecuente que predicadores de forma consciente o inconsciente proclamen sus propias opiniones (y críticas de los demás) en vez del mensaje de la Biblia. Pero en la visión de las Escrituras la autoridad no reside en la persona del predicador sino en el mensaje de la Palabra de Dios que se tiene que transmitir. Dios si tiene autoridad para decirnos lo que debemos hacer. Su palabra escrita sí tiene autoridad para dirigirnos en un mundo oscuro, cruel y confuso.

Hace ya dos siglos el ministro Anglicano Charles Simeon escribió estas palabras ponderadas: “Si el predicador predica lo que está bien fundado en las Escrituras entonces su palabra en la medida que está acorde con la mente de Dios debe ser considerada como la palabra de Dios”. Notemos las dos condiciones que establece. Únicamente si el predicador dice lo que está bien fundamentado en la palabra escrita de Dios y refleja bien la mente de Dios (expresada en el mensaje de la Biblia como un todo) entonces – y solo entonces- se podrá decir que lo que dice el predicador es lo que dice Dios.

¿Es necesariamente autoritario que esa comunicación venga en forma de monólogo? No necesariamente. Hay monólogos donde el predicador, habiendo estudiado a fondo sus oyentes, anticipa lo que van a responder o pensar ante distintas afirmaciones y va respondiendo a ellas. Por lo que un buen mensaje contendrá elementos de dialogo. Hay por contra diálogos de sordos que no son más que dos monólogos interrumpidos en la que ninguno realmente escucha lo que dice el otro. No es la forma que determina si una predicación es autoritaria o no, sino la fuente del mensaje, su contenido y la actitud del predicador.

¿Qué diremos de la otra objeción mencionada por Jiménez? Todos hemos escuchado hasta la saciedad la frase “una imagen vale más que mil palabras”.Si estamos intentando describir un paisaje probablemente sea cierto pero ¿es verdad siempre? Haddon Robinson en su libro La Predicación Bíblica (Logoi, 2000) pone por ejemplo el intentar plasmar en una sola imagen las más o menos 30 palabras (según la versión) de Juan 3:16. ¿Nos parece que se puede plasmar en una sola imagen todo el contenido teológico de esa oración? … Son solo 30 palabras. No debemos sobre-valorar la imagen ni infra-valorar la palabra. Cada una tiene su función. Dios se ha revelado en hechos históricos visibles pero estas las ha explicado en palabras. Lo visible atrae nuestra atención, ilustra y respalda lo que se comunica. Pero sin palabras todo quedaría ambiguo, incierto, presto a múltiples interpretaciones sin la exactitud y la aclaración que únicamente se puede obtener usando palabras.

El siglo XXI no es el primer siglo enamorado de la imagen. También lo fue el mundo del oriente cercano cuando Dios se reveló a Israel en el monte Sinaí. Pero Dios les recalca (por medio de la palabras de un predicador): “Entonces Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, pero a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis” (Deut 4:12). La sociedad Greco-Romana también estaba enamorada de la imagen pero el apóstol Pablo escribe a unos de los primeros Cristianos “nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente sino también en poder” (1 Tes 1:5). No en palabras solamente ¡pero tampoco sin palabras! Llegó por medio de palabras pronunciadas y acompañadas por el poder del Espíritu Santo.

Hay razones por creer que la buena predicación todavía seguirá. La razón más básica por creer que la predicación no se extinguirá es que la predicación es idea de Dios y Él es que levanta predicadores. El ha escogido este método como vía principal para edificar su iglesia. ¿Porqué? Una respuesta es que así Dios salvaguarda su propia gloria. “Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación… de Cristo crucificado… a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Cor 1:21..29). En un librito The Priority of Preaching Christopher Ash también sugiere otra razón por la que Dios ha escogido la predicación como método principal de comunicación. El sugiere que lo que distingue la predicación de otros métodos incluso de otras basadas en la palabra de Dios como podrían ser grupos de estudio Bíblico es que ante la predicación todos somos iguales. El escuchar una predicación no depende de nuestra formación ni nuestra capacidad de analizar un texto. La predicación no es la única via que tiene Dios de bendecir a su pueblo pero si es la principal.

Si es verdad que la predicación humilde pero convencida de la palabra escrita de Dios es el método principal de Dios para edificar su iglesia, entonces veremos que la predicación tiene sorprendente capacidad de adaptación y supervivencia. ¿No dijo Cristo que edificaría su iglesia? Las especies que sí pueden estar en peligro son las iglesias malnutridas con una dieta de mala predicación o las otras que pierden su apetito de escuchar la palabra de Dios.

Este artículo también aparece en http://www.thegospelcoalition.org/blogs/espanol

La Dieta Saludable de las Iglesias


En los últimos años se nos ha estado inculcando la idea de que es necesario para que una dieta sea saludable que se respete el equilibrio y las proporciones adecuadas. Hay alimentos que comeremos todos los días como el pan, el arroz o las verduras. Otros los comeremos con frecuencia pero en menos cantidad, como la carne. Y hay otros como los dulces que se pueden incluir para añadir interés y variedad a la dieta pero solo de vez en cuando.

De la misma manera en el ministerio de la predicación en la iglesia local es bueno que haya cierta variedad. Una presentación monótona no abre el apetito. Pero además debemos respetar el que hay cierto alimento que debe ser continuo, el de todos los domingos, mientras que otros elementos se deberán incluir solo de vez en cuando. La postura que defiende este artículo es la siguiente. Las predicaciones que se centran en una biografía de un personaje Bíblico o los mensajes temáticos son los elementos que se pueden incluir de vez en cuando para que haya variedad. Pero la dieta estándar de todos los domingos debe ser la exposición de pasajes Bíblicos. Es más podemos todavía concretar más. La dieta saludable es la serie de exposiciones de pasajes consecutivos. O sea que domingo tras domingo se vaya explicando y aplicando el mensaje de pasajes de un mismo libro Bíblico.

¿Porqué debe ser así? Se pueden dar muchas respuestas diferentes. Christopher Ash en el apéndice de su librito The Priority of Preaching da siete razones. Richard Mayhue da nada menos que 15 en su capítulo Rediscovering Expository Preaching en el libro de ensayos del mismo título. Aquí daremos 8.

La predicación expositiva y sobre todo la serie de exposiciones Bíblicas …

Permite que sea Dios el que marque la pauta

En la predicación expositiva nos marcamos como objetivo prioritario el descubrir y exponer lo que quiso Dios decir en y a través de determinado pasaje. No venimos al texto con un tema ya en mente que creemos se tratará allí. Empieza con el texto de la Palabra de Dios y se esmera en entender cuál fue la intención del primer autor – tanto el autor humano como el divino que supervisó su labor literaria.

En su mejor versión la predicación temática intentará también estudiar con seriedad los distintos textos que tocará. Pero siempre va a estar abierto a la pregunta ¿por qué estos pasajes? Por ejemplo ¿por qué tratar estos 3 aspectos del matrimonio y no otros 3 diferentes? Y la respuesta es que al predicador le han parecido los más interesantes o relevantes o importantes. En la predicación expositiva también trataremos el matrimonio, por ejemplo cuando prediquemos una serie sobre Efesios toparemos con el capítulo 5. Pero al exponer el tema en el contexto de una serie así lo haremos guiados por los aspectos que Dios quiso agrupar juntos en un mismo contexto.

Facilita el respetar el contexto del texto

Una de las objeciones a la predicación expositiva es que requiere demasiado esfuerzo el estudiar a fondo los detalles del pasaje. Pero una predicación temática que toca tres pasajes diferentes requiere del predicador que estudie a fondo el contexto histórico de tres pasajes; o sea tiene que hacer tres veces más trabajo de estudio previo… ¡a no ser que el predicador se salte su obligación de hacer ese estudio! Pero entonces correrá el grave peligro de sacar el texto de su contexto y utilizarlo con un fin diferente al que la ha dado Dios. Además a la hora de predicar, en una serie expositiva no tendremos que hablar mucho del contexto histórico si ya lo hemos tratado en las exposiciones anteriores, mientras que en un mensaje temático deberíamos por lo menos mencionar los distintos contextos de cada pasaje.

Respeta la forma que Dios le dio a la Biblia: libros, no textos aislados

Debemos preguntarnos si no hay un libro en la Biblia llamada la vida de Pedro ¿por qué no? En la sabiduría de Dios y bajo la soberana guía del Espíritu Santo, Él nos ha dado 66 libros distintos entre sí, no 31,103 versículos aislados. Tampoco nos dio una Biblia tipo enciclopedia compuesto de una serie de artículos temáticos organizada de forma alfabética : Alegría; Amor… Dios ha tenido sus razones al darle a la palabra la forma que tiene. La predicación expositiva se esfuerza en poder contestar la pregunta ¿por qué tenemos este pasaje y este libro en la Biblia?

Enseña a la congregación cómo leer y usar la Biblia

La serie de exposiciones Bíblicas es la forma de predicación que mejor enseña a los oyentes como pueden ellos mismos alimentarse de la palabra de Dios. De forma natural les va ayudando a entender el contexto histórico y cultural de distintas partes de la palabra de Dios. Además va tendiendo el puente de aplicación desde distintos géneros Bíblicos a la situación actual. ¡Es mucho mejor enseñar a pescar que solo dar un pescado a la semana!

Evita que nos ciñamos a nuestros temas o pasajes favoritos

El gran peligro de ir seleccionando textos aislados de domingo en domingo es que de forma inconsciente podemos ir escogiendo textos que nos interesan a nosotros. Si somos hombres casados con hijos quizás prediquemos continuamente sobre la familia. Si tenemos don de evangelista quizás siempre estemos exhortando a la congregación a esforzarse más en la evangelización. Pablo pudo decir al concluir su ministerio en Éfeso que había declarado todo el consejo de Dios.

Obliga a predicar los pasajes difíciles

Sin duda hay pasajes muy difíciles en la escritura. Lo pueden ser por el género literario, como ciertos pasajes apocalípticos. La dificultad puede ser la doctrina que contiene que choca con la sensibilidad de la audiencia. Si vamos predicando textos aislados o series temáticas ¿cuándo llegaremos a predicar sobre los textos que nos parecen los más complicados? Sin darnos cuenta vamos creando un canon dentro del canon – pero entonces dejaremos de lado ciertas doctrinas que Dios ha querido que se enseñen y proclamen.

Da autoridad al predicador

Tarde o temprano es probable que cada predicador sea acusado de predicar algo con intención de señalar a alguien en concreto. Es verdad que esto es un peligro que acecha a cada predicador. Oramos que el mensaje llegue a los corazones de los oyentes, pero es un abuso del púlpito el atacar a alguien de forma personalizada. Por carácter hay predicadores que se sienten atraídos a los pasajes polémicos, otros los esquivarán. La mejor defensa contra estos dos peligros opuestos es la misma: la serie de predicaciones expositivas. Entonces la respuesta a la pregunta ¿Por qué has predicado hoy sobre el capítulo 3? será sencilla… Porque viene después del capítulo 2 que estudiamos el domingo pasado. Esto significa que tanto la congregación como el predicador mismo sean protegidos en mayor medida contra la selección sesgada de temas o textos. Como consecuencia el predicador tiene mayor autoridad al abordar temas espinosos porque está siendo fiel al mensaje, sea popular o no.

Imparte variedad de contenido y de forma

La predicación expositiva a veces tiene la mala fama de ser aburrida. Es verdad que en manos de algunos puede ser un tostón, sobre todo si la introducción es algo así Hermanos, la semana pasada llegamos al versículo 22 del capítulo 9 de la Epístola a los Hebreos y hoy empezamos con el versículo 23… Pero no tiene ni debe ser así. El retomar una serie de predicaciones sobre Hebreos ¡no exime al predicador del trabajo arduo de meditar bien la aplicación ni de buscar una buena introducción que capte el interés! Bien practicada lo curioso del caso es que la predicación expositiva no resta sino imparte variedad a la presentación. No se debe predicar de la misma manera cuando estemos exponiendo un episodio dramático de la vida de David en 2 Samuel como cuando estemos exponiendo los refranes y dichos memorables recogidos en el libro de Proverbios. Respetar la diferencia de género debe impartir también una diferencia de presentación del mensaje.

Por lo tanto, para mantener una variedad en nuestra presentación y una autoridad en nuestra predicación es necesario comprometernos con la exposición de la palabra de Dios, y en especial con las series de exposiciones. Resulta que la dieta equilibrada además de saludable a la larga es la más apetecible.

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Diagnosis de la Aplicación: Seis Problemas


  1. Aburrimiento producido por la ausencia de aplicación

    No hay nada tan aburrido como la doctrina Bíblica enseñada como fin en sí misma. Ningún hombre es mejor hombre por saber que en el principio Dios creó los cielos y la tierra. El diablo lo sabe y también Acab y Judas Iscariote… la verdad teológica es inútil si no se la obedece. El propósito detrás de toda doctrina es producir cierta conducta moral.

    A.W. Tozer.

    Estoy convencido que la mayoría de las veces cuando se aburre la congregación no se debe tanto al vocabulario, las maneras o el estilo del predicador, por importante que sean. Las ilustraciones son muy importantes también pero lo que realmente convence (o no) a una audiencia para que presten atención es si hay (o no) una aplicación a ellos, a sus vidas y situaciones.

  2. Abuso: exhortación sin aparente base Bíblica alguna

    Es la situación contraria a la anterior. Hay aplicación y exhortación, pero si no está fundada en la exposición de un pasaje esa exhortación no conlleva autoridad Bíblica. Muchas veces será resentida por la congregación si se percatan de esa carencia de base exegética, y si no lo ven ¡quizás el problema es incluso mayor!

  3. Aplicación incoherente – no es herética, pero no viene del pasaje en cuestión

    Esto es muy común y también mina la autoridad de la predicación Si la congregación vuelve al pasaje después del domingo, no son capaces de volver a encontrar ¿cómo sacó el predicador eso de aquí? Y por lo tanto nunca aprenden a nutrirse ellos mismos. Por otro lado esta falta de enraizamiento en el pasaje suele llevar a una sobre énfasis sobre ciertas cuestiones, que otras nunca se mencionen y un cansancio generalizado para la congregación y el predicador.

  4. Aplicación herética por ser sencillamente desequilibrada

    Después están esas predicaciones cuando el predicador dice algo que claramente se contradice con lo enseñado por la Biblia, bien en otro pasaje o bien cuando su enseñanza es considerada como un todo. En algunos casos esto es muy obvio y claro. Pero sorprende la facilidad con la que podemos caer en ello. La razón (y la solución) a este problema muy concreto nos la explicará Haddon Robinson en otro artículo.

  5. Aplicación superficial o repetitiva

    Si la aplicación es siempre la misma puede ser resultado de que no haya habido un estudio serio para encontrar la aplicación que realmente se desprende del pasaje y que el primer autor pretendía. Pero aun cuando sí se intenta nos podemos quedar en una reflexión superficial. Bill Hybels reflexionando sobre su predicación durante sus primeros años de ministerio se dio cuenta que aunque había predicado miles de veces realmente solo había estado haciendo siempre las mismas 4 aplicaciones: ama más, confía más, ofrenda más, trabaja más.

  6. Aplicación atemorizada

    Quizás en España el problema más serio en la aplicación puede derivarse de una profunda crisis de confianza en la aplicación de las doctrinas centrales Bíblicas. En un ambiente de pluralismo religioso, relativismo moral y de privatización de la religión no queremos ofender a nadie. Igual que las Biblias para niños suelen saltar de Hechos 28 a Apocalipsis 1 dejando de lado todas las epístolas, el nuevo interés por las narrativas Bíblicas (saludable en sí mismo) puede llegar a ser malsano si nos lleva a predicaciones donde únicamente se cuenta la historia y no se destila la doctrina central ni la aplicación que aquella narrativa comunica. Caso concreto de la aplicación atemorizada es la aplicación moralista a la que trataremos en un artículo sobre la predicación cristo-céntrica.

    Martin Lloyd Jones escribió en su libro La predicación y los predicadores Epíteto dijo si quieres saber si hablas la verdad pregúntate: ¿quién después de oír tu discurso se inquieta? Si la gente puede oírnos sin inquietarse en cuanto a sus personas ni reflexionar acerca de si mismos es que no hemos estado predicando.

¡Qué Dios nos ayude a aplicar bien su palabra!

Diagnosis de la aplicación: el abanico de Haddon Robinson


En otro artículo hemos hablado de seis problemas diferentes en la aplicación, la última siendo cuando la aplicación se vuelve completamente contraria a la enseñanza de la Biblia. Pero en un famoso artículo Haddon Robinson sugirió que hay más “herejías” que surgen de una mala aplicación de pasajes Bíblicos que de una mala exégesis o interpretación. Y explica cómo suele ocurrir: muchas veces se debe sencillamente a un error de exageración.

Los predicadores deberíamos temer a los adverbios absolutos. Hay muchas frases a las que si añadimos la palabra “nunca” o “siempre” dejan de ser ciertas. Si dijéramos que los nórdicos suelen ser más rubios que los latinos estaremos todos de acuerdo. Pero si dijéramos que siempre lo son ya no es cierto. Lo mismo nos ocurre con el afirmar algo acerca de todos o de ninguno o de nadie.

Robinson en su artículo sugiere la siguiente tipología de las aplicaciones: Necesarias, Probables, Posibles, Improbables e Imposibles. Él pone el ejemplo del mandato “no cometas adulterio” para ilustrarlo.

En su esencia este mandato prohíbe que los hombres casados se acuesten con mujeres que no son sus esposas. Esto es una aplicación necesaria. Si alguien en el mundo actual no sabe que significa la palabra adulterio hay que explicarlo. Pero además si alguno no ha entendido que la Biblia tampoco permite que el pueblo de Dios tengamos relaciones sexuales con alguien aunque no estemos casados esto sería una aplicación probable. La Biblia a veces quiere distinguir el adulterio de la fornicación, pero a veces ambos son solo ejemplos de distintas maneras de fallar al ideal de Dios para la relación sexual dentro del matrimonio.

Demos un paso más. Hace años he tenido que aclarar a un hombre creyente que estando su mujer enferma en cama él no podía salir a bailar con otras mujeres. Estamos todavía en el terreno de aplicaciones probables pero pasando al terreno de aplicaciones posibles. Sabiendo como empiezan muchas infidelidades matrimoniales, es consejo sabio evitar situaciones donde estemos comiendo a menudo a solas con un miembro del sexo opuesto. Pero un predicador no podría predicar que es pecado si alguien lo hiciera una vez. Hay situaciones laborales no buscadas que pueden propiciarlo. Es sabio buscar la manera de evitarlo en lo posible – es justamente eso: una aplicación posible del mandato.

Pero si el predicador añade la palabra nunca – no debes comer nunca a solas con otra mujer o bien si dijera no debes comer con otra mujer ni siquiera acompañado ya hemos cruzado al terreno de aplicaciones improbables. No hemos llegado todavía a las aplicaciones imposibles porque entran en juego cuestiones culturales y sociales. No me atrevería a afirmar que no existan culturas donde nunca sea bueno comer con miembros del sexo opuesto. Pero sí que podemos decir sin temer a equivocarnos que predicar que nunca podemos hablar con ninguna mujer que no sea nuestra esposa es una aplicación imposible.

Creo que esta sencilla tipología puede sernos muy útil al prepararnos para la enseñanza de la palabra de Dios. ¡Lo que queremos hacer es aplicación no distorsión!

Definición ampliada de la predicación expositiva


La predicación expositiva:

  1. Es fiel a la enseñanza de la Biblia como un todo y al mensaje del evangelio;

  2. Se centra en un texto bíblico, lo interpreta de acuerdo con la intención del autor, lo explica en su contexto y lo aplica de forma pertinente al oyente en su contexto;

  3. Se deja guiar por el texto, tanto en el contenido como en la estructura, sin que eso signifique que haya una sola forma de predicar sobre cada texto.

Lo que la predicación expositiva no es

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera aburrida.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera pesada.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera fría.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera intelectual.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera académica.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera teológica.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera consecutiva.

Lo que la predicación expositiva sí es

  • La predicación expositiva es predicar la Biblia, ni más ni menos.

  • La predicación expositiva es centrar la predicación en el texto de la Biblia.

  • La predicación expositiva es dejar que el texto bíblico controle la predicación, y no al revés.

  • La predicación expositiva es subrayar lo que subraye el texto.

  • La predicación expositiva es extraer de la Biblia lo que está y no introducir lo que no está.

  • La predicación expositiva es transmitir lo que dice el Señor, no lo que quisiera decir el predicador.

  • La predicación expositiva es tomar en serio el contexto original de cada texto bíblico.

  • La predicación expositiva es facilitar que se entienda la Palabra de Dios.

  • La predicación expositiva es explicar y aplicar la Biblia.

  • La predicación expositiva es ayudar a la gente a entender la Biblia y a sentir su impacto.

  • La predicación expositiva es basar la aplicación en el significado del texto.

Lo que todo predicador debería preguntarse

  • ¿Sobre qué texto de la Biblia voy a predicar?

  • ¿Cuál era la situación histórica detrás de este texto?

  • ¿Qué quiso decir el Señor a los primeros oyentes de este texto?

  • ¿Cuál es el principal mensaje de este texto?

  • ¿Con qué frase se podría resumir el principal mensaje de este texto?

  • ¿Qué detalles de este texto no son tan importantes?

  • ¿Cuál sería la forma más natural de dividir este texto en secciones?

  • ¿Cuál sería la aplicación más natural de este texto a nosotros hoy?

  • ¿Qué efecto quisiera que tuviera este texto sobre todos nosotros?

  • ¿Qué es lo que más necesitamos entender y sentir ante este texto?

  • ¿Qué cambios debería producir este texto en nuestras vidas y en nuestras iglesias?

Cómo preparar la conclusión de una predicación


  1. Dedica tiempo a preparar una buena conclusión

    Aunque parezca mentira, muy a menudo la conclusión es la parte peor preparada del mensaje. Una mala conclusión puede estropear un buen mensaje.

  2. Asegúrate de que la conclusión sea breve

    Muchas conclusiones son demasiado largas y matan el impacto del mensaje.

  3. ¡No repitas el mensaje entero en la conclusión!

    Una cosa es resumir lo que has dicho; ¡otra cosa es repetirlo todo!

  4. No introduzcas nada nuevo en la conclusión

    Como norma general, no es bueno tocar temas o sacar ideas en la conclusión a los que no has hecho referencia en el cuerpo del mensaje.

  5. Escribe la conclusión de forma completa

    Esto es especialmente aconsejable para predicadores con menos experiencia, pero es una buena idea para cualquier predicador.

  6. Lee la conclusión una y otra vez y procura memorizarla

    En la conclusión es importante poder mirar a la gente a los ojos, para que sepan que les estás hablando a ellos. Hay que intentar compaginar la elocuencia con el contacto visual.

  7. Intenta que la conclusión sea la parte más elocuente del mensaje

    No se trata de ser teatral, sino de buscar una forma elocuente y apasionada de concluir el mensaje, para que tenga el efecto deseado en los oyentes.

  8. Apela a las mentes, a las conciencias y a los corazones de la gente

    Si predicar es explicar y aplicar la Palabra de Dios, aunque es bueno que haya aplicación a lo largo del mensaje, la conclusión debería ser 100% aplicación, dirigida a la persona entera del oyente.

  9. Deja muy claro lo que quieres que sientan y hagan

    Con cada mensaje se espera que la Palabra predicada tenga un efecto sobre los oyentes: iluminar su entendimiento, tocar sus corazones y producir cambios en sus vidas. En la conclusión hay que dejar muy claro qué deberían entender, sentir y hacer.

  10. Cuando digas: “Para terminar”, o: “Finalmente”, ¡cumple tu palabra!

    Muchos predicadores dicen: “Bueno, para terminar”; o: “Finalmente”; etc. ¡Y lo vuelven a decir! ¡Y lo vuelven a decir! Si les dices que vas a acabar, ¡acaba!

Cómo programar una serie de predicaciones


¿Cómo eliges sobre qué vas a predicar el domingo? ¿Decides solo unos días antes o sigues algún esquema? Igual te preguntas ¿Por qué no decidir lo que predico el viernes o el sábado?

¿Por qué programar las predicaciones?

Primero, planificar las predicaciones te ayuda a organizarte. Seas un pastor a tiempo completo o tengas trabajo secular tienes muchas ocupaciones. ¡Organizarte en tu predicación significa una fuente menos de estrés en tu vida!

Segundo, el sermón es una de las pocas oportunidades ininterrumpidas que tienes para compartir verdades bíblicas sólidas. Algunas personas no los oirán de otra manera. Debes estar preparado, puede que estas personas no tengan otra oportunidad.

Tercera, la planificación de la predicación te ayuda a evitar la repetición cansina; te ayudar a declarar todo el consejo de Dios.

Cuarto, ayuda a otros ministerios de la iglesia como el grupo de alabanza, los maestros de escuela dominical, los que presiden el culto, etc para que ellos también se puedan preparar. Por ejemplo, en lugar de cantar canciones sin conexión alguna con el sermón, ahora el grupo de adoración puede elegir las canciones adecuadas.

Quinto. Oración. Si sabes de antemano lo que vas a predicar puedes orar por la iglesia en su conjunto y para las personas concretas a la luz de la verdad que se predica. La preparación a última hora no le da la misma oportunidad de orar de esta manera.

Sexto, si planificas las predicaciones por ejemplo con seis meses de anticipación entonces tienes tiempo de evaluar qué libros y comentarios vas a necesitar y puedes comprarlos a tiempo. Preparación de último minuto significa que no tendrás a mano recursos útiles cuando los necesitas.

Séptimo, la planificación por adelantado te da tiempo para hacer la exégesis correcta del pasaje. Para tomar en cuenta el contexto, la historia, la geografía, teología, y el género, o sea interpretar con fidelidad.

Octava, la planificación por adelantado te da tiempo para buscar aplicaciones e ilustraciones pertinentes.

Por supuesto, habrán ocasiones en las que, bajo la guía del Espíritu Santo, tendrás que dejar de lado tu planificación. Es posible que ocurran sucesos en la vida de la iglesia o de la nación que habrá que enfrentar.

Entonces, ¿cómo programar una serie de predicaciones?

Un factor puede ser el calendario típico de la iglesia. El tipo de la iglesia a la que pertenecemos influye en esto, pero aquí están los tres posturas principales:

  1. Leccionario. En las iglesias litúrgicas normalmente en la liturgia hay lecturas asignadas y generalmente significa que se sigue el calendario de la iglesia.

  2. No hay días especiales. Muchas iglesias no siguen ningún calendario de la iglesia ni celebran ningún domingo especial que no sea Domingo de Pascua.

  3. Otro. La mayoría de las otras iglesias se sitúan entre estos dos extremos. Se celebran algunas fechas especiales, como Navidad, Pascua, día de Pentecostés, etc, pero para el resto del año, los domingos no están especialmente asignadas.

Si tu iglesia sigue una liturgia y calendario formal entonces tienes muy pocas opciones aparte de escoger sobre cuál de las lecturas asignadas vas a predicar. Pero para aquellas iglesias (la mayoría en España) que no siguen una liturgia hay libertad de elegir lo que predican y cuándo.

¿Qué predicar?

Como Andrés Reid nos mostró en el artículo “La Dieta Saludable de las Iglesias” la dieta saludable es la serie de exposiciones de pasajes consecutivos de la Biblia. Entre una de estas series y otra, para variar podrías predicar sobre varios temas o predicar sobre pasajes relacionados con artículos de los credos históricos, hacer una serie sobre la base doctrinal de la iglesia o algo parecido por ejemplo las declaraciones de El Movimiento de Lausana (Pacto de Lausana, El Manifesto de Manila,El Compromiso de Ciudad del Cabo). Sin embargo, en general, debes estar predicando a través de pasajes consecutivos de la Biblia.

¿Cuánto tiempo debe durar una serie de predicaciones expositivas?

Esta es una pregunta difícil de responder. Depende del contexto de la iglesia y de la extensión del libro que se predica. Algunos de los libros más pequeños, como Abdías, Filemón, Judas etc pueden abarcarse fácilmente en un solo sermón. Hay otras epístolas que son ricas en contenido teológico y un sermón podría exponer sólo unos pocos versículos.

Para pasajes narrativas lo mejor es predicar una historia completa si es posible en lugar de dividirlas en un punto artificial. Esto puede significar que tu pasaje abarca dos o tres capítulos enteros. Decidas lo que decidas en cuanto a la extensión del pasaje recuerda que el objetivo es predicar el mensaje y el significado del texto bíblico.

Por tanto, el flujo general del texto debe ayudar en la definición de cada unidad de predicación. Varios Biblias de estudio pueden ayudarte con esquemas o puedes consultar las divisiones en secciones que hace La Biblia de las Américas en línea. Sin embargo, estos sólo deben ser guías. Si vas a entender el contexto y vas a hacer una exégesis fiel del pasaje tendrás que esforzarte tú mismo en la determinación de los límites de las unidades. ¡Esto puede significar que tienes que hacer una primera exégesis de todo el libro seis meses a un año antes de que se predique para que puedas determinar el número de predicaciones que se necesitan!

¿Cuándo predicar la serie?

Si deseas seguir más o menos el calendario de la iglesia, entonces tienes que encajar tu serie teniendo en cuenta los siguientes domingos:

  • Tiempo de Adviento y Preparación para la Navidad – Los cuatro domingos antes de Navidad.

  • Tiempo de Preparación para la Pascua – Unos domingos antes de Pascua.

  • Otros días en las que pudieras desear predicar un sermón especial (o sea que puede necesitar salirte de tu serie de exposiciones consecutivas) podrían ser: La Ascensión de Jesús, Pentecostés, el Día de la Madre, Día del Padre, Día de la Familia, Domingo de Misiones, Domingo de la Iglesia Perseguida etc.

Si va a ser una serie larga, como lo sería predicar a través de uno de los Evangelios, puedes dividirlo en 2 o 3 series pequeñas y predicarlas intercaladas con otras a lo largo de varios años.

Dos meses idóneos para empezar una serie de exposiciones serían septiembre (comienzo del año escolar después del verano) y enero (comienzo del año)

Cuando tienes bosquejado tu programación ¿por qué no compartirlo con otros pastores, considerarla juntos en oración y escuchar sus comentarios?

Cómo preparar un mensaje: 10 pasos


Introducción

No hay una sola manera de preparar una predicación – hay muchas maneras – pero, sin querer dar la impresión de que preparar una predicación sea fácil, espero que los diez pasos que vienen a continuación te sirvan de ayuda, y te animo a seguirlos. No he incluido la oración como uno de los diez pasos; ¡la oración tiene que estar muy presente en todos los diez pasos!

  1. Decide sobre qué texto bíblico vas a hablar

    Si el mensaje que vas a predicar es parte de una serie de mensajes, se supone que no será difícil decidir sobre qué texto bíblico vas a hablar. Si va a ser un mensaje ‘suelto’, ¡es posible que sea la parte más difícil de todas! Pero es importante que tengas claro sobre qué texto bíblico vas a hablar.

  2. Lee el texto despacio varias veces

    Este paso es tan evidente que casi no hace falta decirlo, pero es asombroso lo fácil que es que se salte – por la presión del tiempo o porque creemos que ya conocemos el texto bastante bien, o por la razón que sea. De hecho, dar este paso requiere disciplina.

  3. Resume en pocas palabras el tema principal del texto

    Los encabezamientos que se encuentran en la mayoría de las Biblias son útiles aquí. Algunos ejemplos: Génesis 24: ‘Abraham busca esposa para Isaac’; Jueces 16:23-31: ‘Muerte de Sansón’; Lucas 10:25-37: ‘El buen samaritano’; y: 1.ª de Corintios 15: ‘La resurrección de los muertos’. Pero pregúntate por qué, con qué propósito concreto, el autor incluyó ese pasaje en su obra.

  4. Divide el texto en secciones naturales

    Es importante que veamos cómo la historia o el argumento del texto se desarrolla. En la mayoría de las Biblias se usan números de versículos en negrita para señalar cambios de párrafo, etc. Volviendo al ejemplo de Génesis 24, los siguientes números de versículos están en negrita: 10, 15, 22, 29, 32 y 62, dividiendo la historia en siete secciones. También ayuda ver el texto como una pequeña obra de teatro, dividida en actos y escenas que marcan el desarrollo de la historia o del argumento.

  5. Resume en pocas palabras el mensaje para nosotros

    Una cosa es el tema del texto y otra cosa muy distinta es el mensaje del texto. Tenemos que pasar de la explicación a la aplicación, de ‘ellos’ (los de la Biblia) a ‘nosotros’ (hoy). El verdadero objetivo de una predicación es que tanto el predicador como los oyentes sean cambiados por la aplicación de la Biblia a ellos y a sus vidas. ¿Cuál es el mensaje del Señor para nosotros – para mí – de la búsqueda de una esposa para Isaac, de la muerte de Sansón, del buen samaritano o de la resurrección de los muertos, etc.?

  6. Apunta una lista de posibles aplicaciones concretas

    Buena parte de la poca aplicación que suele haber es demasiado general y repetitiva: ‘Así que, hermanos, seamos un poco más santos, intentemos pecar un poco menos, amémonos un poco más, tengamos un poco más fe y echemos un poco más dinero en la ofrenda.’ Ofrezco tres consejos: (1) Piensa en la gran variedad de personas que esperas ayudar con tu predicación; (2) No te quedes en lo general; dedica tiempo a pensar en aplicaciones concretas; y: (3) Diles (a los oyentes) lo que tienen que hacer y cómo hacerlo.

  7. Piensa en una buena estructura para el mensaje

    Este es uno de los aspectos más difíciles de preparar una predicación. Sabes de qué va el texto; sabes lo que quieres decir; pero no encuentras la forma de estructurar la predicación. No es que el tener una introducción, tres puntos y una conclusión sea imprescindible, pero el tener una estructura natural y clara ayuda tanto al predicador como a los oyentes. Tanto él como ellos necesitan tener claro: (1) A dónde vamos; (2) Por dónde vamos; y: (3) Dónde estamos ahora. Otra vez, tres consejos: (1) Lo ideal es que la estructura de la predicación refleje la estructura del texto que se esté predicando; (2) La estructura debería tener en cuenta no solo la explicación del texto, sino también la aplicación a los oyentes; y: (3) Las mejores estructuras son naturales, claras y fáciles de recordar.

  8. Piensa en algunas ilustraciones útiles

    La Biblia misma usa muchísimas ilustraciones y el Señor Jesucristo fue el maestro por excelencia de las ilustraciones – haríamos bien en aprender de él. Hay por lo menos cuatro fuentes de ilustraciones: (1) La Biblia; (2) La historia; (3) La vida cotidiana; y: (4) Nuestra propia experiencia. Si buscas una ilustración, pasa por la lista (o por la tuya). No uses ilustraciones por usarlas; no dejes que ocupen demasiado tiempo o que dominen la predicación. ¡No queremos que la gente se quede con la ilustración y no con el mensaje! Las ilustraciones son especialmente útiles cuando estamos intentando explicar algún punto o concepto difícil o abstracto.

  9. Escribe la conclusión del mensaje

    La conclusión es el resumen final del mensaje. En general, la conclusión debería ser 100% aplicación. No debe ser demasiado larga. ¿Qué quieres que entiendan? ¿Qué quieres que sientan? ¿Qué quieres que hagan? Sin caer en hacer teatro, habla con pasión, con la pasión natural que resulta del impacto del texto bíblico sobre ti mismo. Y es bueno escribir la conclusión, si no entera, por lo menos de forma más completa que el cuerpo de la predicación, para asegurarte de terminar como quieres terminar.

  10. Escribe la introducción del mensaje

    Aunque esto es algo personal, a mí me resulta más natural preparar la introducción después de haber preparado la conclusión. Solo puedo saber dónde empezar cuando tengo claro a dónde quiero llegar. Y, al igual que con la conclusión, es una buena idea escribir la introducción de forma bastante detallada; con las primeras palabras de una predicación hay que buscar captar el interés de los oyentes en lo que se va a decir después, y no querrás dejar eso a la improvisación del momento.