La Dieta Saludable de las Iglesias


En los últimos años se nos ha estado inculcando la idea de que es necesario para que una dieta sea saludable que se respete el equilibrio y las proporciones adecuadas. Hay alimentos que comeremos todos los días como el pan, el arroz o las verduras. Otros los comeremos con frecuencia pero en menos cantidad, como la carne. Y hay otros como los dulces que se pueden incluir para añadir interés y variedad a la dieta pero solo de vez en cuando.

De la misma manera en el ministerio de la predicación en la iglesia local es bueno que haya cierta variedad. Una presentación monótona no abre el apetito. Pero además debemos respetar el que hay cierto alimento que debe ser continuo, el de todos los domingos, mientras que otros elementos se deberán incluir solo de vez en cuando. La postura que defiende este artículo es la siguiente. Las predicaciones que se centran en una biografía de un personaje Bíblico o los mensajes temáticos son los elementos que se pueden incluir de vez en cuando para que haya variedad. Pero la dieta estándar de todos los domingos debe ser la exposición de pasajes Bíblicos. Es más podemos todavía concretar más. La dieta saludable es la serie de exposiciones de pasajes consecutivos. O sea que domingo tras domingo se vaya explicando y aplicando el mensaje de pasajes de un mismo libro Bíblico.

¿Porqué debe ser así? Se pueden dar muchas respuestas diferentes. Christopher Ash en el apéndice de su librito The Priority of Preaching da siete razones. Richard Mayhue da nada menos que 15 en su capítulo Rediscovering Expository Preaching en el libro de ensayos del mismo título. Aquí daremos 8.

La predicación expositiva y sobre todo la serie de exposiciones Bíblicas …

Permite que sea Dios el que marque la pauta

En la predicación expositiva nos marcamos como objetivo prioritario el descubrir y exponer lo que quiso Dios decir en y a través de determinado pasaje. No venimos al texto con un tema ya en mente que creemos se tratará allí. Empieza con el texto de la Palabra de Dios y se esmera en entender cuál fue la intención del primer autor – tanto el autor humano como el divino que supervisó su labor literaria.

En su mejor versión la predicación temática intentará también estudiar con seriedad los distintos textos que tocará. Pero siempre va a estar abierto a la pregunta ¿por qué estos pasajes? Por ejemplo ¿por qué tratar estos 3 aspectos del matrimonio y no otros 3 diferentes? Y la respuesta es que al predicador le han parecido los más interesantes o relevantes o importantes. En la predicación expositiva también trataremos el matrimonio, por ejemplo cuando prediquemos una serie sobre Efesios toparemos con el capítulo 5. Pero al exponer el tema en el contexto de una serie así lo haremos guiados por los aspectos que Dios quiso agrupar juntos en un mismo contexto.

Facilita el respetar el contexto del texto

Una de las objeciones a la predicación expositiva es que requiere demasiado esfuerzo el estudiar a fondo los detalles del pasaje. Pero una predicación temática que toca tres pasajes diferentes requiere del predicador que estudie a fondo el contexto histórico de tres pasajes; o sea tiene que hacer tres veces más trabajo de estudio previo… ¡a no ser que el predicador se salte su obligación de hacer ese estudio! Pero entonces correrá el grave peligro de sacar el texto de su contexto y utilizarlo con un fin diferente al que la ha dado Dios. Además a la hora de predicar, en una serie expositiva no tendremos que hablar mucho del contexto histórico si ya lo hemos tratado en las exposiciones anteriores, mientras que en un mensaje temático deberíamos por lo menos mencionar los distintos contextos de cada pasaje.

Respeta la forma que Dios le dio a la Biblia: libros, no textos aislados

Debemos preguntarnos si no hay un libro en la Biblia llamada la vida de Pedro ¿por qué no? En la sabiduría de Dios y bajo la soberana guía del Espíritu Santo, Él nos ha dado 66 libros distintos entre sí, no 31,103 versículos aislados. Tampoco nos dio una Biblia tipo enciclopedia compuesto de una serie de artículos temáticos organizada de forma alfabética : Alegría; Amor… Dios ha tenido sus razones al darle a la palabra la forma que tiene. La predicación expositiva se esfuerza en poder contestar la pregunta ¿por qué tenemos este pasaje y este libro en la Biblia?

Enseña a la congregación cómo leer y usar la Biblia

La serie de exposiciones Bíblicas es la forma de predicación que mejor enseña a los oyentes como pueden ellos mismos alimentarse de la palabra de Dios. De forma natural les va ayudando a entender el contexto histórico y cultural de distintas partes de la palabra de Dios. Además va tendiendo el puente de aplicación desde distintos géneros Bíblicos a la situación actual. ¡Es mucho mejor enseñar a pescar que solo dar un pescado a la semana!

Evita que nos ciñamos a nuestros temas o pasajes favoritos

El gran peligro de ir seleccionando textos aislados de domingo en domingo es que de forma inconsciente podemos ir escogiendo textos que nos interesan a nosotros. Si somos hombres casados con hijos quizás prediquemos continuamente sobre la familia. Si tenemos don de evangelista quizás siempre estemos exhortando a la congregación a esforzarse más en la evangelización. Pablo pudo decir al concluir su ministerio en Éfeso que había declarado todo el consejo de Dios.

Obliga a predicar los pasajes difíciles

Sin duda hay pasajes muy difíciles en la escritura. Lo pueden ser por el género literario, como ciertos pasajes apocalípticos. La dificultad puede ser la doctrina que contiene que choca con la sensibilidad de la audiencia. Si vamos predicando textos aislados o series temáticas ¿cuándo llegaremos a predicar sobre los textos que nos parecen los más complicados? Sin darnos cuenta vamos creando un canon dentro del canon – pero entonces dejaremos de lado ciertas doctrinas que Dios ha querido que se enseñen y proclamen.

Da autoridad al predicador

Tarde o temprano es probable que cada predicador sea acusado de predicar algo con intención de señalar a alguien en concreto. Es verdad que esto es un peligro que acecha a cada predicador. Oramos que el mensaje llegue a los corazones de los oyentes, pero es un abuso del púlpito el atacar a alguien de forma personalizada. Por carácter hay predicadores que se sienten atraídos a los pasajes polémicos, otros los esquivarán. La mejor defensa contra estos dos peligros opuestos es la misma: la serie de predicaciones expositivas. Entonces la respuesta a la pregunta ¿Por qué has predicado hoy sobre el capítulo 3? será sencilla… Porque viene después del capítulo 2 que estudiamos el domingo pasado. Esto significa que tanto la congregación como el predicador mismo sean protegidos en mayor medida contra la selección sesgada de temas o textos. Como consecuencia el predicador tiene mayor autoridad al abordar temas espinosos porque está siendo fiel al mensaje, sea popular o no.

Imparte variedad de contenido y de forma

La predicación expositiva a veces tiene la mala fama de ser aburrida. Es verdad que en manos de algunos puede ser un tostón, sobre todo si la introducción es algo así Hermanos, la semana pasada llegamos al versículo 22 del capítulo 9 de la Epístola a los Hebreos y hoy empezamos con el versículo 23… Pero no tiene ni debe ser así. El retomar una serie de predicaciones sobre Hebreos ¡no exime al predicador del trabajo arduo de meditar bien la aplicación ni de buscar una buena introducción que capte el interés! Bien practicada lo curioso del caso es que la predicación expositiva no resta sino imparte variedad a la presentación. No se debe predicar de la misma manera cuando estemos exponiendo un episodio dramático de la vida de David en 2 Samuel como cuando estemos exponiendo los refranes y dichos memorables recogidos en el libro de Proverbios. Respetar la diferencia de género debe impartir también una diferencia de presentación del mensaje.

Por lo tanto, para mantener una variedad en nuestra presentación y una autoridad en nuestra predicación es necesario comprometernos con la exposición de la palabra de Dios, y en especial con las series de exposiciones. Resulta que la dieta equilibrada además de saludable a la larga es la más apetecible.

Este artículo también aparece en www.thegospelcoalition.org/blogs/espanol

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Diagnosis de la Aplicación: Seis Problemas


  1. Aburrimiento producido por la ausencia de aplicación

    No hay nada tan aburrido como la doctrina Bíblica enseñada como fin en sí misma. Ningún hombre es mejor hombre por saber que en el principio Dios creó los cielos y la tierra. El diablo lo sabe y también Acab y Judas Iscariote… la verdad teológica es inútil si no se la obedece. El propósito detrás de toda doctrina es producir cierta conducta moral.

    A.W. Tozer.

    Estoy convencido que la mayoría de las veces cuando se aburre la congregación no se debe tanto al vocabulario, las maneras o el estilo del predicador, por importante que sean. Las ilustraciones son muy importantes también pero lo que realmente convence (o no) a una audiencia para que presten atención es si hay (o no) una aplicación a ellos, a sus vidas y situaciones.

  2. Abuso: exhortación sin aparente base Bíblica alguna

    Es la situación contraria a la anterior. Hay aplicación y exhortación, pero si no está fundada en la exposición de un pasaje esa exhortación no conlleva autoridad Bíblica. Muchas veces será resentida por la congregación si se percatan de esa carencia de base exegética, y si no lo ven ¡quizás el problema es incluso mayor!

  3. Aplicación incoherente – no es herética, pero no viene del pasaje en cuestión

    Esto es muy común y también mina la autoridad de la predicación Si la congregación vuelve al pasaje después del domingo, no son capaces de volver a encontrar ¿cómo sacó el predicador eso de aquí? Y por lo tanto nunca aprenden a nutrirse ellos mismos. Por otro lado esta falta de enraizamiento en el pasaje suele llevar a una sobre énfasis sobre ciertas cuestiones, que otras nunca se mencionen y un cansancio generalizado para la congregación y el predicador.

  4. Aplicación herética por ser sencillamente desequilibrada

    Después están esas predicaciones cuando el predicador dice algo que claramente se contradice con lo enseñado por la Biblia, bien en otro pasaje o bien cuando su enseñanza es considerada como un todo. En algunos casos esto es muy obvio y claro. Pero sorprende la facilidad con la que podemos caer en ello. La razón (y la solución) a este problema muy concreto nos la explicará Haddon Robinson en otro artículo.

  5. Aplicación superficial o repetitiva

    Si la aplicación es siempre la misma puede ser resultado de que no haya habido un estudio serio para encontrar la aplicación que realmente se desprende del pasaje y que el primer autor pretendía. Pero aun cuando sí se intenta nos podemos quedar en una reflexión superficial. Bill Hybels reflexionando sobre su predicación durante sus primeros años de ministerio se dio cuenta que aunque había predicado miles de veces realmente solo había estado haciendo siempre las mismas 4 aplicaciones: ama más, confía más, ofrenda más, trabaja más.

  6. Aplicación atemorizada

    Quizás en España el problema más serio en la aplicación puede derivarse de una profunda crisis de confianza en la aplicación de las doctrinas centrales Bíblicas. En un ambiente de pluralismo religioso, relativismo moral y de privatización de la religión no queremos ofender a nadie. Igual que las Biblias para niños suelen saltar de Hechos 28 a Apocalipsis 1 dejando de lado todas las epístolas, el nuevo interés por las narrativas Bíblicas (saludable en sí mismo) puede llegar a ser malsano si nos lleva a predicaciones donde únicamente se cuenta la historia y no se destila la doctrina central ni la aplicación que aquella narrativa comunica. Caso concreto de la aplicación atemorizada es la aplicación moralista a la que trataremos en un artículo sobre la predicación cristo-céntrica.

    Martin Lloyd Jones escribió en su libro La predicación y los predicadores Epíteto dijo si quieres saber si hablas la verdad pregúntate: ¿quién después de oír tu discurso se inquieta? Si la gente puede oírnos sin inquietarse en cuanto a sus personas ni reflexionar acerca de si mismos es que no hemos estado predicando.

¡Qué Dios nos ayude a aplicar bien su palabra!

Diagnosis de la aplicación: el abanico de Haddon Robinson


En otro artículo hemos hablado de seis problemas diferentes en la aplicación, la última siendo cuando la aplicación se vuelve completamente contraria a la enseñanza de la Biblia. Pero en un famoso artículo Haddon Robinson sugirió que hay más “herejías” que surgen de una mala aplicación de pasajes Bíblicos que de una mala exégesis o interpretación. Y explica cómo suele ocurrir: muchas veces se debe sencillamente a un error de exageración.

Los predicadores deberíamos temer a los adverbios absolutos. Hay muchas frases a las que si añadimos la palabra “nunca” o “siempre” dejan de ser ciertas. Si dijéramos que los nórdicos suelen ser más rubios que los latinos estaremos todos de acuerdo. Pero si dijéramos que siempre lo son ya no es cierto. Lo mismo nos ocurre con el afirmar algo acerca de todos o de ninguno o de nadie.

Robinson en su artículo sugiere la siguiente tipología de las aplicaciones: Necesarias, Probables, Posibles, Improbables e Imposibles. Él pone el ejemplo del mandato “no cometas adulterio” para ilustrarlo.

En su esencia este mandato prohíbe que los hombres casados se acuesten con mujeres que no son sus esposas. Esto es una aplicación necesaria. Si alguien en el mundo actual no sabe que significa la palabra adulterio hay que explicarlo. Pero además si alguno no ha entendido que la Biblia tampoco permite que el pueblo de Dios tengamos relaciones sexuales con alguien aunque no estemos casados esto sería una aplicación probable. La Biblia a veces quiere distinguir el adulterio de la fornicación, pero a veces ambos son solo ejemplos de distintas maneras de fallar al ideal de Dios para la relación sexual dentro del matrimonio.

Demos un paso más. Hace años he tenido que aclarar a un hombre creyente que estando su mujer enferma en cama él no podía salir a bailar con otras mujeres. Estamos todavía en el terreno de aplicaciones probables pero pasando al terreno de aplicaciones posibles. Sabiendo como empiezan muchas infidelidades matrimoniales, es consejo sabio evitar situaciones donde estemos comiendo a menudo a solas con un miembro del sexo opuesto. Pero un predicador no podría predicar que es pecado si alguien lo hiciera una vez. Hay situaciones laborales no buscadas que pueden propiciarlo. Es sabio buscar la manera de evitarlo en lo posible – es justamente eso: una aplicación posible del mandato.

Pero si el predicador añade la palabra nunca – no debes comer nunca a solas con otra mujer o bien si dijera no debes comer con otra mujer ni siquiera acompañado ya hemos cruzado al terreno de aplicaciones improbables. No hemos llegado todavía a las aplicaciones imposibles porque entran en juego cuestiones culturales y sociales. No me atrevería a afirmar que no existan culturas donde nunca sea bueno comer con miembros del sexo opuesto. Pero sí que podemos decir sin temer a equivocarnos que predicar que nunca podemos hablar con ninguna mujer que no sea nuestra esposa es una aplicación imposible.

Creo que esta sencilla tipología puede sernos muy útil al prepararnos para la enseñanza de la palabra de Dios. ¡Lo que queremos hacer es aplicación no distorsión!

Definición ampliada de la predicación expositiva


La predicación expositiva:

  1. Es fiel a la enseñanza de la Biblia como un todo y al mensaje del evangelio;

  2. Se centra en un texto bíblico, lo interpreta de acuerdo con la intención del autor, lo explica en su contexto y lo aplica de forma pertinente al oyente en su contexto;

  3. Se deja guiar por el texto, tanto en el contenido como en la estructura, sin que eso signifique que haya una sola forma de predicar sobre cada texto.

Lo que la predicación expositiva no es

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera aburrida.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera pesada.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera fría.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera intelectual.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera académica.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera teológica.

  • La predicación expositiva no es predicar de una manera consecutiva.

Lo que la predicación expositiva sí es

  • La predicación expositiva es predicar la Biblia, ni más ni menos.

  • La predicación expositiva es centrar la predicación en el texto de la Biblia.

  • La predicación expositiva es dejar que el texto bíblico controle la predicación, y no al revés.

  • La predicación expositiva es subrayar lo que subraye el texto.

  • La predicación expositiva es extraer de la Biblia lo que está y no introducir lo que no está.

  • La predicación expositiva es transmitir lo que dice el Señor, no lo que quisiera decir el predicador.

  • La predicación expositiva es tomar en serio el contexto original de cada texto bíblico.

  • La predicación expositiva es facilitar que se entienda la Palabra de Dios.

  • La predicación expositiva es explicar y aplicar la Biblia.

  • La predicación expositiva es ayudar a la gente a entender la Biblia y a sentir su impacto.

  • La predicación expositiva es basar la aplicación en el significado del texto.

Lo que todo predicador debería preguntarse

  • ¿Sobre qué texto de la Biblia voy a predicar?

  • ¿Cuál era la situación histórica detrás de este texto?

  • ¿Qué quiso decir el Señor a los primeros oyentes de este texto?

  • ¿Cuál es el principal mensaje de este texto?

  • ¿Con qué frase se podría resumir el principal mensaje de este texto?

  • ¿Qué detalles de este texto no son tan importantes?

  • ¿Cuál sería la forma más natural de dividir este texto en secciones?

  • ¿Cuál sería la aplicación más natural de este texto a nosotros hoy?

  • ¿Qué efecto quisiera que tuviera este texto sobre todos nosotros?

  • ¿Qué es lo que más necesitamos entender y sentir ante este texto?

  • ¿Qué cambios debería producir este texto en nuestras vidas y en nuestras iglesias?

Cómo preparar la conclusión de una predicación


  1. Dedica tiempo a preparar una buena conclusión

    Aunque parezca mentira, muy a menudo la conclusión es la parte peor preparada del mensaje. Una mala conclusión puede estropear un buen mensaje.

  2. Asegúrate de que la conclusión sea breve

    Muchas conclusiones son demasiado largas y matan el impacto del mensaje.

  3. ¡No repitas el mensaje entero en la conclusión!

    Una cosa es resumir lo que has dicho; ¡otra cosa es repetirlo todo!

  4. No introduzcas nada nuevo en la conclusión

    Como norma general, no es bueno tocar temas o sacar ideas en la conclusión a los que no has hecho referencia en el cuerpo del mensaje.

  5. Escribe la conclusión de forma completa

    Esto es especialmente aconsejable para predicadores con menos experiencia, pero es una buena idea para cualquier predicador.

  6. Lee la conclusión una y otra vez y procura memorizarla

    En la conclusión es importante poder mirar a la gente a los ojos, para que sepan que les estás hablando a ellos. Hay que intentar compaginar la elocuencia con el contacto visual.

  7. Intenta que la conclusión sea la parte más elocuente del mensaje

    No se trata de ser teatral, sino de buscar una forma elocuente y apasionada de concluir el mensaje, para que tenga el efecto deseado en los oyentes.

  8. Apela a las mentes, a las conciencias y a los corazones de la gente

    Si predicar es explicar y aplicar la Palabra de Dios, aunque es bueno que haya aplicación a lo largo del mensaje, la conclusión debería ser 100% aplicación, dirigida a la persona entera del oyente.

  9. Deja muy claro lo que quieres que sientan y hagan

    Con cada mensaje se espera que la Palabra predicada tenga un efecto sobre los oyentes: iluminar su entendimiento, tocar sus corazones y producir cambios en sus vidas. En la conclusión hay que dejar muy claro qué deberían entender, sentir y hacer.

  10. Cuando digas: “Para terminar”, o: “Finalmente”, ¡cumple tu palabra!

    Muchos predicadores dicen: “Bueno, para terminar”; o: “Finalmente”; etc. ¡Y lo vuelven a decir! ¡Y lo vuelven a decir! Si les dices que vas a acabar, ¡acaba!

Cómo programar una serie de predicaciones


¿Cómo eliges sobre qué vas a predicar el domingo? ¿Decides solo unos días antes o sigues algún esquema? Igual te preguntas ¿Por qué no decidir lo que predico el viernes o el sábado?

¿Por qué programar las predicaciones?

Primero, planificar las predicaciones te ayuda a organizarte. Seas un pastor a tiempo completo o tengas trabajo secular tienes muchas ocupaciones. ¡Organizarte en tu predicación significa una fuente menos de estrés en tu vida!

Segundo, el sermón es una de las pocas oportunidades ininterrumpidas que tienes para compartir verdades bíblicas sólidas. Algunas personas no los oirán de otra manera. Debes estar preparado, puede que estas personas no tengan otra oportunidad.

Tercera, la planificación de la predicación te ayuda a evitar la repetición cansina; te ayudar a declarar todo el consejo de Dios.

Cuarto, ayuda a otros ministerios de la iglesia como el grupo de alabanza, los maestros de escuela dominical, los que presiden el culto, etc para que ellos también se puedan preparar. Por ejemplo, en lugar de cantar canciones sin conexión alguna con el sermón, ahora el grupo de adoración puede elegir las canciones adecuadas.

Quinto. Oración. Si sabes de antemano lo que vas a predicar puedes orar por la iglesia en su conjunto y para las personas concretas a la luz de la verdad que se predica. La preparación a última hora no le da la misma oportunidad de orar de esta manera.

Sexto, si planificas las predicaciones por ejemplo con seis meses de anticipación entonces tienes tiempo de evaluar qué libros y comentarios vas a necesitar y puedes comprarlos a tiempo. Preparación de último minuto significa que no tendrás a mano recursos útiles cuando los necesitas.

Séptimo, la planificación por adelantado te da tiempo para hacer la exégesis correcta del pasaje. Para tomar en cuenta el contexto, la historia, la geografía, teología, y el género, o sea interpretar con fidelidad.

Octava, la planificación por adelantado te da tiempo para buscar aplicaciones e ilustraciones pertinentes.

Por supuesto, habrán ocasiones en las que, bajo la guía del Espíritu Santo, tendrás que dejar de lado tu planificación. Es posible que ocurran sucesos en la vida de la iglesia o de la nación que habrá que enfrentar.

Entonces, ¿cómo programar una serie de predicaciones?

Un factor puede ser el calendario típico de la iglesia. El tipo de la iglesia a la que pertenecemos influye en esto, pero aquí están los tres posturas principales:

  1. Leccionario. En las iglesias litúrgicas normalmente en la liturgia hay lecturas asignadas y generalmente significa que se sigue el calendario de la iglesia.

  2. No hay días especiales. Muchas iglesias no siguen ningún calendario de la iglesia ni celebran ningún domingo especial que no sea Domingo de Pascua.

  3. Otro. La mayoría de las otras iglesias se sitúan entre estos dos extremos. Se celebran algunas fechas especiales, como Navidad, Pascua, día de Pentecostés, etc, pero para el resto del año, los domingos no están especialmente asignadas.

Si tu iglesia sigue una liturgia y calendario formal entonces tienes muy pocas opciones aparte de escoger sobre cuál de las lecturas asignadas vas a predicar. Pero para aquellas iglesias (la mayoría en España) que no siguen una liturgia hay libertad de elegir lo que predican y cuándo.

¿Qué predicar?

Como Andrés Reid nos mostró en el artículo “La Dieta Saludable de las Iglesias” la dieta saludable es la serie de exposiciones de pasajes consecutivos de la Biblia. Entre una de estas series y otra, para variar podrías predicar sobre varios temas o predicar sobre pasajes relacionados con artículos de los credos históricos, hacer una serie sobre la base doctrinal de la iglesia o algo parecido por ejemplo las declaraciones de El Movimiento de Lausana (Pacto de Lausana, El Manifesto de Manila,El Compromiso de Ciudad del Cabo). Sin embargo, en general, debes estar predicando a través de pasajes consecutivos de la Biblia.

¿Cuánto tiempo debe durar una serie de predicaciones expositivas?

Esta es una pregunta difícil de responder. Depende del contexto de la iglesia y de la extensión del libro que se predica. Algunos de los libros más pequeños, como Abdías, Filemón, Judas etc pueden abarcarse fácilmente en un solo sermón. Hay otras epístolas que son ricas en contenido teológico y un sermón podría exponer sólo unos pocos versículos.

Para pasajes narrativas lo mejor es predicar una historia completa si es posible en lugar de dividirlas en un punto artificial. Esto puede significar que tu pasaje abarca dos o tres capítulos enteros. Decidas lo que decidas en cuanto a la extensión del pasaje recuerda que el objetivo es predicar el mensaje y el significado del texto bíblico.

Por tanto, el flujo general del texto debe ayudar en la definición de cada unidad de predicación. Varios Biblias de estudio pueden ayudarte con esquemas o puedes consultar las divisiones en secciones que hace La Biblia de las Américas en línea. Sin embargo, estos sólo deben ser guías. Si vas a entender el contexto y vas a hacer una exégesis fiel del pasaje tendrás que esforzarte tú mismo en la determinación de los límites de las unidades. ¡Esto puede significar que tienes que hacer una primera exégesis de todo el libro seis meses a un año antes de que se predique para que puedas determinar el número de predicaciones que se necesitan!

¿Cuándo predicar la serie?

Si deseas seguir más o menos el calendario de la iglesia, entonces tienes que encajar tu serie teniendo en cuenta los siguientes domingos:

  • Tiempo de Adviento y Preparación para la Navidad – Los cuatro domingos antes de Navidad.

  • Tiempo de Preparación para la Pascua – Unos domingos antes de Pascua.

  • Otros días en las que pudieras desear predicar un sermón especial (o sea que puede necesitar salirte de tu serie de exposiciones consecutivas) podrían ser: La Ascensión de Jesús, Pentecostés, el Día de la Madre, Día del Padre, Día de la Familia, Domingo de Misiones, Domingo de la Iglesia Perseguida etc.

Si va a ser una serie larga, como lo sería predicar a través de uno de los Evangelios, puedes dividirlo en 2 o 3 series pequeñas y predicarlas intercaladas con otras a lo largo de varios años.

Dos meses idóneos para empezar una serie de exposiciones serían septiembre (comienzo del año escolar después del verano) y enero (comienzo del año)

Cuando tienes bosquejado tu programación ¿por qué no compartirlo con otros pastores, considerarla juntos en oración y escuchar sus comentarios?

Cómo preparar un mensaje: 10 pasos


Introducción

No hay una sola manera de preparar una predicación – hay muchas maneras – pero, sin querer dar la impresión de que preparar una predicación sea fácil, espero que los diez pasos que vienen a continuación te sirvan de ayuda, y te animo a seguirlos. No he incluido la oración como uno de los diez pasos; ¡la oración tiene que estar muy presente en todos los diez pasos!

  1. Decide sobre qué texto bíblico vas a hablar

    Si el mensaje que vas a predicar es parte de una serie de mensajes, se supone que no será difícil decidir sobre qué texto bíblico vas a hablar. Si va a ser un mensaje ‘suelto’, ¡es posible que sea la parte más difícil de todas! Pero es importante que tengas claro sobre qué texto bíblico vas a hablar.

  2. Lee el texto despacio varias veces

    Este paso es tan evidente que casi no hace falta decirlo, pero es asombroso lo fácil que es que se salte – por la presión del tiempo o porque creemos que ya conocemos el texto bastante bien, o por la razón que sea. De hecho, dar este paso requiere disciplina.

  3. Resume en pocas palabras el tema principal del texto

    Los encabezamientos que se encuentran en la mayoría de las Biblias son útiles aquí. Algunos ejemplos: Génesis 24: ‘Abraham busca esposa para Isaac’; Jueces 16:23-31: ‘Muerte de Sansón’; Lucas 10:25-37: ‘El buen samaritano’; y: 1.ª de Corintios 15: ‘La resurrección de los muertos’. Pero pregúntate por qué, con qué propósito concreto, el autor incluyó ese pasaje en su obra.

  4. Divide el texto en secciones naturales

    Es importante que veamos cómo la historia o el argumento del texto se desarrolla. En la mayoría de las Biblias se usan números de versículos en negrita para señalar cambios de párrafo, etc. Volviendo al ejemplo de Génesis 24, los siguientes números de versículos están en negrita: 10, 15, 22, 29, 32 y 62, dividiendo la historia en siete secciones. También ayuda ver el texto como una pequeña obra de teatro, dividida en actos y escenas que marcan el desarrollo de la historia o del argumento.

  5. Resume en pocas palabras el mensaje para nosotros

    Una cosa es el tema del texto y otra cosa muy distinta es el mensaje del texto. Tenemos que pasar de la explicación a la aplicación, de ‘ellos’ (los de la Biblia) a ‘nosotros’ (hoy). El verdadero objetivo de una predicación es que tanto el predicador como los oyentes sean cambiados por la aplicación de la Biblia a ellos y a sus vidas. ¿Cuál es el mensaje del Señor para nosotros – para mí – de la búsqueda de una esposa para Isaac, de la muerte de Sansón, del buen samaritano o de la resurrección de los muertos, etc.?

  6. Apunta una lista de posibles aplicaciones concretas

    Buena parte de la poca aplicación que suele haber es demasiado general y repetitiva: ‘Así que, hermanos, seamos un poco más santos, intentemos pecar un poco menos, amémonos un poco más, tengamos un poco más fe y echemos un poco más dinero en la ofrenda.’ Ofrezco tres consejos: (1) Piensa en la gran variedad de personas que esperas ayudar con tu predicación; (2) No te quedes en lo general; dedica tiempo a pensar en aplicaciones concretas; y: (3) Diles (a los oyentes) lo que tienen que hacer y cómo hacerlo.

  7. Piensa en una buena estructura para el mensaje

    Este es uno de los aspectos más difíciles de preparar una predicación. Sabes de qué va el texto; sabes lo que quieres decir; pero no encuentras la forma de estructurar la predicación. No es que el tener una introducción, tres puntos y una conclusión sea imprescindible, pero el tener una estructura natural y clara ayuda tanto al predicador como a los oyentes. Tanto él como ellos necesitan tener claro: (1) A dónde vamos; (2) Por dónde vamos; y: (3) Dónde estamos ahora. Otra vez, tres consejos: (1) Lo ideal es que la estructura de la predicación refleje la estructura del texto que se esté predicando; (2) La estructura debería tener en cuenta no solo la explicación del texto, sino también la aplicación a los oyentes; y: (3) Las mejores estructuras son naturales, claras y fáciles de recordar.

  8. Piensa en algunas ilustraciones útiles

    La Biblia misma usa muchísimas ilustraciones y el Señor Jesucristo fue el maestro por excelencia de las ilustraciones – haríamos bien en aprender de él. Hay por lo menos cuatro fuentes de ilustraciones: (1) La Biblia; (2) La historia; (3) La vida cotidiana; y: (4) Nuestra propia experiencia. Si buscas una ilustración, pasa por la lista (o por la tuya). No uses ilustraciones por usarlas; no dejes que ocupen demasiado tiempo o que dominen la predicación. ¡No queremos que la gente se quede con la ilustración y no con el mensaje! Las ilustraciones son especialmente útiles cuando estamos intentando explicar algún punto o concepto difícil o abstracto.

  9. Escribe la conclusión del mensaje

    La conclusión es el resumen final del mensaje. En general, la conclusión debería ser 100% aplicación. No debe ser demasiado larga. ¿Qué quieres que entiendan? ¿Qué quieres que sientan? ¿Qué quieres que hagan? Sin caer en hacer teatro, habla con pasión, con la pasión natural que resulta del impacto del texto bíblico sobre ti mismo. Y es bueno escribir la conclusión, si no entera, por lo menos de forma más completa que el cuerpo de la predicación, para asegurarte de terminar como quieres terminar.

  10. Escribe la introducción del mensaje

    Aunque esto es algo personal, a mí me resulta más natural preparar la introducción después de haber preparado la conclusión. Solo puedo saber dónde empezar cuando tengo claro a dónde quiero llegar. Y, al igual que con la conclusión, es una buena idea escribir la introducción de forma bastante detallada; con las primeras palabras de una predicación hay que buscar captar el interés de los oyentes en lo que se va a decir después, y no querrás dejar eso a la improvisación del momento.

Cómo preparar la introducción de una predicación


Introducción

Lo que os voy a decir ahora es un asunto de vida o muerte. Esto es un ejemplo de cómo empezar una predicación.

En mi opinión, la inmensa mayoría de las introducciones son bastante regulares, incluyendo las mías. No les damos mucha importancia. Creemos que es cuestión de empezar la predicación, como sea, y ya está. No le dedicamos el tiempo que requiere. Usamos las mismas fórmulas aburridas una y otra vez. ¡Hay que conectar con la gente! Pero muchas veces no lo hacemos, ni nos importa.

¿Cuál es el propósito de la introducción de una predicación?

El propósito de la introducción de una predicación no es exactamente introducir la predicación (!); es, más bien, captar el interés de la gente en lo que vas a decirles. Es así, sea que se trate de una predicación normal de un domingo en la iglesia o de una mini-predicación de tres o cuatro minutos en la calle. Los primeros segundos son cruciales; si consigues captar el interés de la gente en esos primeros segundos, habrás conseguido algo muy importante; pero si no consigues eso, si no convences a la gente de que lo que vas a decirles es de suma importancia para ellos, un invisible interruptor en los cerebros de la gente se pondrá en la posición OFF, y, a partir de ahí, conseguir su plena atención se te pondrá cuesta arriba.

¿Cómo se capta el interés de la gente?

En una palabra, tienes que aprovechar esos primeros segundos de la predicación, esa introducción, para transmitirles la vital importancia de lo que les vas a decir para ellos y para sus vidas. Tienes que transmitir la idea de que esto no va a ser simplemente una predicación más; va a ser un mensaje de Dios a cada uno de ellos, como si fuera un asunto de vida o muerte. Y para que tú puedas trasmitirles eso a ellos, tú mismo tienes que estar convencido de que es así; si tú mismo no estás convencido de que lo que vas a predicar sea de vital importancia, difícilmente se lo vas a transmitir a nadie más. Si subes al púlpito con la idea de que lo que tienes delante no es más que una predicación más, que no es tan importante, que se puede seguir viviendo perfectamente sin esa predicación tuya, entonces, estás perdido. Tus primeras palabras transmitirán una de dos impresiones a la gente: (1) Bueno, creo que voy a dormir un poquito; no parece que me vaya a perder mucho; o: (2) Oye, esto va conmigo, y es algo importante, algo que quiero saber…

Sí, pero ¿eso, cómo se consigue?

Bueno hay varias, incluso muchas, maneras de conseguir captar el interés de la gente:

  • Empezar con una pregunta importante: Si murieras hoy, ¿dónde iría tu alma?

  • Empezar con una cita provocadora: No hay nada seguro en este mundo excepto la muerte y los impuestos (Benjamin Franklin).

  • Empezar haciendo referencia a algo que está en las mentes de la gente: la crisis, la muerte de algún famoso, etc.

  • Empezar haciendo referencia a alguien famoso – puede ser alguien de ahora o del pasado, etc.

  • Empezar con algo que sabes que le interesa a la gente: el fútbol, una película que has visto, etc.

  • Empezar contando algo que te pasó, una experiencia dramática (o no tan dramática) de tu vida, etc.

  • Empezar manifestando una opinión que no compartes – para escandalizar un poco a la gente – y luego dices: Bueno, eso es lo que piensa mucha gente…: Lo más importante es la salud, ¿verdad? Bueno, eso es lo que dice mucha gente…

La introducción debería ser breve

La mayoría de las introducciones son demasiado largas – quizás porque cuando empiezas a hablar, tienes la sensación de que tienes tiempo de sobra para decir lo que vas a decir. Pero la introducción de una predicación debería ser breve, y eso por varias razones:

  1. Si te extiendes demasiado en la introducción, a partir de ahí vas a sentir la presión del tiempo durante el resto de la predicación.

  2. Mirándolo desde el punto de vista de los oyentes, si para cuando llegas al final de la introducción y anuncias el primer punto principal ya han pasado diez o quince minutos, ¡la gente estará mirando sus relojes, haciendo cálculos y preparándose para lo peor!

  3. La introducción es solo la introducción; a lo que hay que dedicar la mayor parte del tiempo es al cuerpo de la predicación; si no, hay un peligro de que la introducción se convierta en la predicación, o, peor aun, ¡en la primera de dos predicaciones!

  4. Conforme se va alargando la introducción, va disminuyendo el impacto que se supone que debería tener.

  5. Una introducción ideal es breve, clara, sencilla, directa e impactante. Así se engancha a los oyentes.

La introducción es lo último que se prepara

Esto no es una regla infalible, pero sí es un buen consejo. Si una predicación consiste en tres partes: (1) La introducción; (2) El cuerpo del mensaje; y: (3) La conclusión, el mejor orden en que preparar cada cosa es: (1) El cuerpo del mensaje; (2) La conclusión; y: (3) La introducción. ¿Por qué? Pues, porque es difícil saber cómo vas a concluir la predicación si no sabes lo que vas a decir en el cuerpo del mensaje; y es difícil saber cómo empezar la predicación si no sabes cómo la vas a concluir. Se debería preparar la introducción a la luz de la conclusión. Porque debería haber una relación directa, estrecha, entre la introducción y la conclusión. Tenemos que hacernos las siguientes preguntas: (1) ¿De qué va esta predicación?; (2) ¿Con qué frase se podría resumir el mensaje principal?; (3) ¿Cuál sería la forma más impactante de terminarla?; y: (4) ¿Cuál sería la forma más impactante de empezarla? Y yo recomendaría escribir la introducción, si no entera, por lo menos de forma más completa que el resto de la predicación, y luego memorizarla.

¿Cómo podemos mejorar las predicaciones en nuestra iglesia? (Parte 2)


En un primer artículo acerca de cómo podemos mejorar las predicaciones en nuestra iglesia enfatizamos las responsabilidades de los pastores, e indicamos algunas cosas prácticas que los predicadores pueden hacer. Ahora dirigiremos nuestra mirada a la congregación para entender que la predicación de la Palabra de Dios implica responsabilidades y una participación activa de parte de todos los miembros de la iglesia.

NO SOLO EL PREDICADOR TIENE QUE MEJORAR

En los tiempos que corren, sin duda es necesario —¡podríamos decir urgente!— que las iglesias tengan mejores predicadores. Gracias a Dios, a través de recursos como Internet, cada vez se pueden encontrar más libros y conferencias en español destinadas a equipar a los predicadores en su labor (esto resulta especialmente alentador cuando pensamos en el mundo hispano). Pero sería un error pensar que los expositores son los únicos que tienen que mejorar cuando se abren las Escrituras en la iglesia. Estamos acostumbrados a fijar nuestros ojos en los predicadores y señalar aquellos aspectos que podrían mejorar —y esto no está mal; la crítica constructiva y amorosa es necesaria—, pero la pregunta clave que deberíamos hacernos como miembros de iglesia es: ¿cuán buenos oyentes de la Palabra estamos siendo cada uno de nosotros? ¿Estoy asumiendo mi responsabilidad como oyente de la Palabra de Dios?

LA PREDICACIÓN: NO SOLO UNA RESPONSABILIDAD DE LOS QUE HABLAN

Solemos asumir que la predicación de la Biblia implica responsabilidades solamente para el predicador. Después de todo es el pastor el que habla mientras que los demás escuchan. A priori todo parece reducirse a una persona que tiene que arremangarse en el púlpito domingo tras domingo, mientras que los demás no pueden sino observar impasiblemente desde los bancos sin hacer nada. Pero, ¿es verdad que los miembros de la iglesia están condenados a la pasividad a la hora del sermón? ¿No hay ninguna tarea para los que se sientan a escuchar cada domingo? ¿Es el sermón dominical un causante de atrofia eclesiástica (como algunos han sugerido)? La Biblia nos enseña que no. Escuchar la Palabra de Dios implica importantes responsabilidades —y actividades— para toda la congregación y, por nuestro bien, no podemos descuidarlas.

SEIS CARACTERÍSTICAS DE UN OYENTE SALUDABLE

Las Escrituras nos revelan al menos seis aspectos que deberíamos considerar si queremos ser oyentes saludables de la Palabra de Dios:

  1. Oigamos con atención

    Éxodo 15:26: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, […], y dieres oído a sus mandamientos”.

    El pueblo de Israel que salió de Egipto con Moisés era un pueblo duro de cerviz, desobediente, rebelde y murmurador. El Señor dio estatutos y ordenanzas a su pueblo ofreciendo bendiciones sobre ellos siempre y cuando oyeran con atención su voz, y dieren oído a sus mandamientos. Una primera lección evidente pero que ignoramos con facilidad es que debemos poner atención a la Palabra de Dios, y oírla con concentración. Poner atención a lo que Dios dice es una responsabilidad nuestra y requiere una disposición y un esfuerzo de nuestra parte.

  2. Apliquemos el corazón y los oídos

    Proverbios 23:12: “Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de sabiduría”.

    Escuchar la voz de Dios no solo tiene que ver con nuestros oídos, sino que también con nuestros corazones. Oír la Palabra es un ejercicio espiritual que implica lo más profundo de nuestro ser. Nos dice el proverbio que debemos aplicar nuestro corazón a la enseñanza. ¿Qué significa esto? Pues que debemos preparar nuestro corazón, disponer nuestra alma, y entregarnos con empeño a la Palabra de Dios. Hemos de volcar nuestro ser a ella con devoción.

  3. Reconozcamos nuestra rebeldía

    Zacarías 7:11-12: “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu”.

    Es cierto que no todas las predicaciones son buenas, y también hay algunas muy malas. A veces tenemos que escuchar a predicadores que no son nuestros favoritos, quizás no tan elocuentes como otros. Pero aun con todo, no siempre el problema está en los que hablan. Zacarías 7:11-12 es un claro ejemplo de un Dios que habla y de un pueblo que voluntariamente se niega a escuchar. Podemos observar que el Señor enviaba sus palabras ¡por su Espíritu! —eran mensajes verdaderos de Dios—, pero su audiencia decidió volverle la espalda tapando sus oídos. ¿No somos nosotros así también? Nuestra tarea entonces consiste en reconocer nuestra rebeldía, arrepentirnos y volver al Señor otra vez.

  4. Pidamos a Dios que nos haga oír

    Salmo 143:8: “Hazme oír por la mañana tu misericordia”.

    En este salmo de liberación y dirección David ruega a Dios que le haga oír. Dios es la única esperanza de todo sordo espiritual. Si un día escuchamos su voz fue porque Él nos capacitó para ello, mediante su Espíritu (a través de su Palabra). Y aun como cristianos seguimos dependiendo del Espíritu Santo para oír y entender la Palabra. En una sociedad de estrés como la actual, en la que no tenemos tiempo para nada, una de nuestras mayores necesidades es pedir a Dios que nos haga oír su voz en su Palabra. Oremos pues con esta súplica antes de ir a la iglesia, y antes de escuchar el sermón.

  5. Recibamos la Palabra con solicitud y examinemos lo que escuchamos

    Hechos 17:11: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”.

    Las personas de Berea aparecen en Hechos como ejemplos de oyentes solícitos, que examinaban la Palabra de Dios para confirmar que lo que oían era cierto. Su atención y cuidado les diferenciaba de los de Tesalónica (los bereanos eran más “nobles” en este sentido). Los de Berea eran investigadores de las Escrituras, y no daban por sentado cualquier enseñanza. Tristemente, el espíritu “bereano” puede estar perdiéndose en nuestras iglesias. Por ejemplo, es común ver a cristianos sin sus biblias en las reuniones. Pero no debería ser así. Hemos de ser oyentes activos y escudriñadores, preocupados porque la verdad de Dios sea predicada con fidelidad. ¿Examinamos lo que oímos? Un oyente saludable debería hacerlo.

  6. Aprendamos, guardemos y practiquemos lo que oímos

    Deuteronomio 5:1: “Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra”.

    Sí, oír no basta. Es necesario aprender, guardar y practicar lo que oímos. El pueblo de Israel era responsable por todas estas cosas (Dios se las mandó en forma de imperativos), al igual que nosotros somos responsables hoy. Es decir, no solo tenemos una tarea importante en el momento de escuchar las predicaciones, sino que también tenemos el encargo de esmerarnos en entender y asimilar la enseñanza, conservarla en nuestros corazones (no olvidarla), y vivirla en diaria obediencia.

CONCLUSIÓN

Oír la Palabra de Dios implica para cada miembro de iglesia más de lo que parece a simple vista. Un miembro saludable reconoce su necesidad de mejorar como oyente, y es consciente de que el domingo por la mañana no solo el pastor tiene un trabajo que realizar. El oyente saludable oye con atención, aplica su corazón, reconoce su rebeldía, ruega a Dios que le haga oír, analiza lo que escucha, y aprende, guarda y practica aquello que es según la voluntad divina. ¡No es poco para alguien sentado en un banco!

Si quieres leer más acerca de lo que caracteriza a un miembro de iglesia saludable, te recomendamos el libro “Miembro saludable de la iglesia, ¿qué significa?” de Thabiti Anyabwile.

Patricio Ledesma es miembro de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca (España) y sirve como coordinador de 9Marks en español. Actualmente se encarga del ministerio de predicación en un nuevo punto de misión establecido en el Arenal, una población costera cercana a la ciudad de Palma.

Este artículo apareció primero en la página web del ministerio “9Marks: Nueve marcas de una iglesia saludable” – http://es.9marks.org/articulo/como-podemos-mejorar-las-predicaciones-en-nuestra-iglesia-parte-2/

¿Cómo podemos mejorar las predicaciones en nuestra iglesia? (Parte 1)


Una característica vital de una iglesia sana es la buena predicación expositiva. En esencia, predicar expositivamente significa extraer el mensaje principal de un pasaje concreto de la Biblia, explicarlo en su contexto y aplicarlo a la vida de las personas de forma relevante. Pero una iglesia sana no solo debería caracterizarse por tener predicadores expositivos, sino que también debería mostrar un constante deseo de tener mejores predicadores y mejores predicaciones. Nunca podremos enfatizar lo suficiente la tremenda importancia de la predicación de la Palabra de Dios en una iglesia local, pues es el principal medio que Dios ha establecido para convertir y santificar a su pueblo (Stg. 1:18; Jn. 17:17). Por tanto, nunca deberíamos dejar de anhelar ver mejores predicadores en nuestros púlpitos.

Entonces, ¿cómo podemos mejorar las predicaciones en nuestra iglesia? El progreso de nuestros sermones es responsabilidad de toda la congregación. En este primer artículo nos centraremos en cosas prácticas que los líderes pueden hacer. En un segundo escrito examinaremos el importante papel que juegan los miembros para que la iglesia sea bendecida mediante la predicación.

Una responsabilidad del predicador

Una tarea para toda la vida

Los predicadores son los primeros que deberían preocuparse por mejorar sus predicaciones. El predicador debe ser humilde y reconocer que la mejora de su predicación es una tarea que va a durar hasta el final de su vida. Jamás deberíamos pensar que ya somos lo suficientemente buenos como para estar exentos del deber de progresar en la exposición de la Palabra. Pablo se lo explicó a Timoteo de la siguiente manera: Ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti… Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos (1 Ti. 4:13-15). El predicador Timoteo recibió el mandato apostólico de ocuparse permanentemente en la enseñanza de las Escrituras. Timoteo nunca vería el día, al menos durante sus años de servicio activo al Señor, en el que pudiera permitirse el lujo de descuidar el don que había en él. De la misma manera, debemos ocuparnos de mejorar nuestras predicaciones hasta que el Señor decida retirarnos del ministerio.

Algunos consejos prácticos

A continuación sugiero cinco cosas que podemos hacer, como líderes, para mejorar las predicaciones en nuestra iglesia:

  1. Ora por la predicación y los predicadores. Ora regularmente por tu propio ministerio de predicación y por el de tus compañeros predicadores, tanto por los predicadores de tu iglesia como por otros pastores de tu ciudad, para que con todo denuedo hablen la Palabra (Hch. 4:29). No limites estas oraciones a los tiempos previos al sermón; debería ser un tema central de oración durante toda la semana. La dependencia del Espíritu Santo es fundamental en el ministerio de la predicación. Sin la obra del Espíritu no habrán frutos verdaderos y todo será en vano. Seamos fieles en la exposición, pero también en la oración. No nos apresuremos en querer ver resultados inmediatos; roguemos al Señor para que el evangelio no llegue en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu santo y en plena certidumbre (1 Ts. 1:5).

  2. Insta a los miembros de tu iglesia a orar por la predicación y los predicadores. Haz ver a los miembros la importancia de interceder por los predicadores de la iglesia (2 Ts. 3:1), para que el Señor los bendiga no solo en la preparación de sus mensajes sino que también en su santidad diaria. Promueve desde el púlpito las oraciones por las predicaciones para que los miembros no descuiden su responsabilidad. El gran predicador Charles Spurgeon solía llevar a sus visitas a la sala de oración que había en el sótano de su iglesia, donde había gente de rodillas orando, y les decía: Aquí está la central eléctrica de esta iglesia.[1] A menudo Spurgeon pedía a su congregación que intercediera tanto por él como por la iglesia. Imitemos el ejemplo del gran predicador.

  3. Corrige y anima a tus compañeros predicadores. Una de las formas más efectivas para mejorar nuestras predicaciones es que alguien nos indique aquellos aspectos que podemos perfeccionar, especialmente poco después de haber predicado el sermón. Esto no es fácil porque (1) tendemos a no querer corregir a nadie por temor a ofender, (2) a todos nos cuesta recibir corrección con humildad y (3) dar y recibir corrección puede ser delicado (se requiere sabiduría y amor). No obstante, a pesar de todo, la corrección entre predicadores es una fuente de enorme beneficio para la iglesia y debería practicarse. Como ejemplo, en la iglesia de Capitol Hill en Washington, D.C., cada domingo por la noche los líderes se reúnen para analizar conjuntamente las reuniones del domingo. Entre otras cosas, el predicador de ese día es sometido a una crítica bastante exhaustiva que incluye todo tipo de aspectos (interpretación, aplicación, gestos…). Se trata de un ejercicio que no solamente mejora la predicación de la iglesia semana tras semana, sino que también hace crecer a los participantes en sabiduría, amor y humildad. Por cierto, la crítica constructiva siempre va acompañada de mucho ánimo. Estas críticas piadosas son un ejemplo exportable a nuestras congregaciones. Otra idea para comenzar es usar un formulario sencillo de evaluación de predicación con preguntas predefinidas. Entrega estas hojas a miembros adecuados que puedan hacer una valoración sabia del sermón (considerando la introducción, estructura, contexto, aplicación, etc.). Los informes pueden entregarse al predicador para su posterior autoevaluación en casa.

  4. Aprende lo mejor de los mejores. Escucha predicaciones y visualiza videos de buenos predicadores. Escuchar y ver a buenos expositores en acción te enriquecerá como predicador. Fíjate en cómo hacen sus introducciones, cómo estructuran sus sermones, cómo explican y aplican los textos, cómo manejan los tiempos, cómo proclaman con pasión, etc. Un buen predicador observará y sacará provecho de las virtudes de otros para ir forjando su propio estilo.

  5. Lee buenos libros y otros recursos sobre la predicación. A continuación tienes algunos materiales de gran provecho que pueden ayudarte a mejorar tus exposiciones:

  • Sencillez en la predicación (J.C. Ryle) – Banner of Truth, 2012

  • Volvamos a la predicación bíblica (Donald Sunukjian) – Portavoz, 2010

  • La predicación: Cómo predicar bíblicamente (John MacArthur) – Grupo Nelson, 2009

  • Predica la Palabra (Denis Lane) – Peregrino, 2009

  • La supremacía de Dios en la predicación (John Piper) – Faro de Gracia, 2008

  • Predicación y enseñanza desde el Antiguo Testamento (Walter C. Kaiser) – Mundo Hispano, 2006

  • Guía de predicación expositiva (Stephen F. Olford y David L. Olford) – B&H, 2005

  • Discursos a mis estudiantes (Charles Spurgeon) – Casa Bautista, 2003

  • La predicación y los predicadores (Martyn Lloyd-Jones) – Peregrino, 2003

  • La predicación bíblica (Haddon W. Robinson) – Unilit y FLET, 2001

  • La predicación: Puente entre dos mundos (John Stott) – Desafío, 2000

  • Predicando con frescura (Bruce Mawhinney) – Portavoz, 1998

  • El cuadro bíblico del predicador (John Stott) – CLIE, 1986

  • Journal de 9Marks sobre la predicación

  • Taller online de 9Marks sobre la predicación (Edgar Aponte)

La Palabra de Dios es la fuente de vida de nuestra iglesia. No descuidemos las cosas prácticas que podemos hacer para tener mejores predicadores y mejores predicaciones. Ocupémonos pues en esto para que el evangelio de Cristo sea proclamado mejor cada día.

Patricio Ledesma es miembro de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca (España) y sirve como coordinador de 9Marks en español. Actualmente se encarga del ministerio de predicación en un nuevo punto de misión establecido en el Arenal, una población costera cercana a la ciudad de Palma.

Este artículo apareció primero en la página web del ministerio “9Marks: Nueve marcas de una iglesia saludable” – http://es.9marks.org/articulo/como-podemos-mejorar-las-predicaciones-en-nuestra-iglesia-parte-1/


[1] C. H. Spurgeon on Spiritual Leadership, por Steve J. Miller, página 32.