Salmo 25


La guía del Señor en el día malo

Este salmo parece surgir de una situación ocurrida en la etapa madura de la vida de David. Se refiere a los pecados de su juventud como algo del pasado (25.7). Sus enemigos son muchos y crueles, se le oponen sin provocación («los que se rebelan sin causa», 25.3). La soledad le abruma (25.16). David podría haber compuesto el salmo durante la rebelión de Absalón, cuando tiene que huir de la capital y duda de la respuesta más conveniente a la crisis (2 S. 15-19). ¿Huir de Jerusalén o quedarse en Jerusalén? ¿Confiar en sus consejeros o desconfiar? ¿Llevar el arca consigo o dejarla en su lugar? Hay una angustia extrema, un desconcierto total, una conciencia de pecado mezclada con un anhelo de liberación de los enemigos. Sabe que el origen de la inquina de Absalón ha sido su adulterio con Betsabé. El profeta Natán ya le dijo que la espada no se apartaría de su casa (2 S. 12.10).

El valor del salmo consiste en plantear para el creyente cuál debe ser su actitud en medio de situaciones vitales complejas, sobre todo cuando reconoce que su propio pecado ha contribuido al problema. A veces hay relaciones rotas, abandonos y traiciones. Los amigos han dejado de serlo. Los miembros de la familia se han vuelto fríos, incluso hostiles. Hay enemigos con odio implacable. Circulan bulos que distorsionan el relato de los hechos. El creyente necesita dirección divina, tanto para comprender cuál es la voluntad de Dios en general como para saber qué pasos dar en esta situación concreta.

El creyente también necesita fuerzas para actuar cuando ha comprendido cuál es la voluntad de Dios: «Encamíname en tu verdad» (25.5). No se limita a acciones externas, sino todo depende de una disposición interna. Todo comienza en el corazón. Por eso David pide que el Señor guarde su alma, para que prevalezcan la integridad y la rectitud (25.20, 21).

Pueden ser casos tan alambicados que el creyente ni sabe cómo orar. Hay una maraña de factores, de protagonistas, de móviles cruzados entre unos y otros, de palabras que se han dicho y se han callado, de gestos que se han interpretado bien o mal, en fin un conjunto de circunstancias tan embrolladas que uno ni sabe pedir ayuda al Señor. Por eso el salmista empieza diciendo «te levanto mi alma» (25.1). Es una metonimia que alude a la ofrenda mecida que el sacerdote levantaba ante el Señor en señal de entrega (Lv. 7.30-36; 8.27, 29; 9.21), y luego se la quedaba para su propio alimento. Así hacemos con nuestra alma: la elevamos ante el Señor (afirmando «tuyo soy»), luego seguimos viviendo la vida terrenal desde esa postura. Otros actores bíblicos hacen lo mismo: 2 Cr. 20.12, Sal. 123.2.

De la misma manera, la petición del salmista muchas veces se reduce a un simple «mírame»: «mírame y ten misericordia» (25.16), «mira mi aflicción» (25.18), «mira mis enemigos» (25.19). Si Dios mira a los suyos, actuará para socorrerlos. Su compromiso eterno para con los suyos le obliga a ello. «Miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios» (Ex. 2.25). «Y al ver las multitudes, [Jesús] tuvo compasión de ellas» (Mt. 9.36).

El salmista alterna plegarias desesperadas con afirmaciones de confianza en el Señor. Por un lado clama «no sea yo avergonzado» (25.2), y acto seguido afirma que «ninguno de cuantos esperan en ti será confundido» (25.3). Pide «muéstrame tus caminos» (25.4), luego afirma que «él enseñará a los pecadores el camino» (25.8). Aplica las promesas del Señor a su propia realidad. Se consuela con la palabra de Dios.

Economía, energía, sutileza

El Salmo 25 es el primero de los salmos acrósticos, en que cada estrofa comienza con una letra distinta del alfabeto hebreo. Este artificio literario se emplea en otros salmos también (34, 37, 111, 112, 119, 145). El método alfabético sugiere el autor quiere abarcar todos los aspectos del tema en cuestión, en toda su plenitud. También plantea el valor del pensamiento creativo del hombre, como la respuesta indicada en cualquier coyuntura existencial. Se trata de amar al Señor con todo el corazón, toda el alma y toda la mente, en palabras de Jesucristo (Mt. 22.37).

La intensidad mágica de la poesía nace de tres factores semánticos: economía (se usan menos palabras, a veces aludiendo con una sola palabra a todo un suceso histórico), energía (se repiten palabras y conceptos en frases paralelas), y sutileza (abunda el lenguaje figurado). En este salmo el autor recurre a la metonimia como principal figura de dicción. Habla de levantar el alma, de mirar al Señor, de esperar todo el día, de que el Señor recuerde esto y olvide aquello. Pide que el Señor le enseñe el camino, que le mire, que guarde su corazón, que saque sus pies de la red. En cada caso, es necesario determinar el concepto exacto que David pretende comunicar.

Junto con las metonimias el salmista emplea un lenguaje directo, llano: que los que esperan en Dios no serán avergonzados, que el Señor es bueno y recto, que merece la pena temer al Señor. La poesía gana fuerza con la repetición de ciertos conceptos, con la alternancia entre peticiones y afirmaciones.

La última estrofa demuestra que David interpreta su propia experiencia y su petición como algo paradigmático. Su vivencia ofrece un ejemplo a los demás. Lo que él sufre, lo sufre todo el pueblo de Dios. Lo que él suplica sirve de modelo para todo el pueblo de Dios: «Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias» (25.22).

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras claves, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Dónde hay figuras de dicción?¿Cuál es el significado literal de las metonimias: levantar el alma (25.1), sacar los pies de la red (25.15), mirar (25.15, 16, 18, 19)?

  2. ¿Qué importancia tienen las afirmaciones del amor eterno del Señor hacia los suyos (25.5, 6, 14)?

  3. ¿A qué se refiere David cuando habla de guardar el pacto (25.10)? Compárese con Gn. 17.9, 18.9; Ex. 19.5; Lv. 26.3-4; Dt. 28.1, 30.10.

  4. ¿En qué consiste la promesa de que Dios hará conocer su pacto (25.14)? Compárese con 2 S. 23.5.

  5. ¿Cuál es el problema de quedarse avergonzado (25.2, 3, 20)? Compárese con 1 P. 2.6. ¿Qué tiene que ver esto con la petición de sacar los pies de la red (25.15)?

  6. ¿Qué sentido tiene la petición de que el Señor recuerde u olvide ciertas cosas (25.6, 7)? ¿Qué pide el salmista exactamente?

  7. ¿Cuál es la estructura del salmo? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

  8. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el mensaje central? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

  9. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.

  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.

  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

Salmo 8


La vocación del ser humano

El Salmo 8 se remonta a la creación del hombre como varón y hembra. Parte del trasfondo de Génesis 1.26-28. Es la primera vez en la serie de hechos creacionales que el Señor consulta consigo mismo –«Hagamos al hombre a nuestra imagen»– señalando algo especial en el ser humano como corona de toda la creación. Retoma la idea de que el hombre y la mujer fueron formados para señorear sobre el mundo, algo que implica la adquisición de conocimientos (ciencia), la aplicación de ellos a la vida diaria (tecnología), la ordenación del mundo material (armonía, belleza, arte) y el aprovechamiento de recursos en pro de todos los descendientes que con el tiempo llegarían. También habría que regular todas las relaciones sociales entre esos descendientes, en un clima de perfecta justicia y paz. El cometido de Adán y Eva era llenar la tierra con adoradores de Dios.

Después de la caída, sin embargo, este señorío toma otro cariz. El mundo –tanto material como animado– se levanta contra el hombre. Admite su gestión a duras penas. Pero eso el autor de Hebreos cita este salmo para resaltar el contraste entre el plan original de Dios y la condición actual de ser humano: «no vemos que todas las cosas le sean sujetas» (He. 2.5-10). Lo que sí vemos es al Señor Jesucristo, también hecho un poco menor que los ángeles, pero ahora coronado de gloria por su sacrificio en la cruz y la resurrección. La idea es que la obra de Cristo servirá para restaurar al ser humano su vocación original de señorear en toda la creación.

De modo que el señorío del ser humano encuentra su máxima expresión en este momento en los que se han unido por la fe a Jesucristo. Para ellos, la gestión del mundo incluye un componente de ministerio espiritual, anunciando el evangelio para que más personas se incorporen al pueblo de Dios y compartan el reinado de Cristo cuando él vuelva en gloria. Un concepto clave en el salmo es la gloria de Dios: «cuán glorioso es tu nombre», «has puesto tu gloria sobre los cielos», «lo coronaste de gloria». Las palabras usadas, tanto en hebreo como en griego, se refieren a la manifestación visible de atributos o perfecciones de otra manera invisibles. Algunos sinónimos podrían ser «majestad», «esplendor», «abundancia». Una de las palabras hebreas, kabod, significa «peso», como si se tratara del peso acumulado de todas las riquezas del personaje en cuestión, y por derivación su «peso» o influencia en la sociedad.

Por un lado, las Escrituras afirman repetidamente que toda la creación anuncia la grandeza, el poder, la sabiduría y la bondad de Dios (Sal. 19.1-6, Is. 6.3, Hch. 14.16-17, Ro. 1.20). El mundo material es un gran lienzo que lleva las huellas dactilares del Señor. Pero por otro lado, hay una mayor gloria que se aprecia en el ser humano, que lleva la imagen y semejanza de Dios. El salmista contrasta la grandeza de la creación con la pequeñez del ser humano, incluso con los más pequeños entre los hombres: los niños y bebés. Si Dios manifiesta sus cualidades invisibles a través del mundo material, esta manifestación resulta más contundente aún en el ser humano.

La paradoja de la debilidad

Jesús cita la frase «de la boca de los niños y los que maman fundaste la fortaleza» para acallar las críticas de los sacerdotes cuando los jóvenes proclaman sus alabanzas en la entrada triunfal a Jerusalén (Mt. 21.15-16). La metonimia alude a la profesión de fe de los más débiles de este mundo. El poder de Dios se ve en la firmeza del testimonio del pobre, del enfermo, del niño que confiesa a Cristo. Un ejemplo reciente sería el caso de la niña secuestrada por Boko Haram que sigue cautiva porque se niega a renunciar a su fe cristiana.

El Nuevo Testamento alude repetidamente a esta paradoja: que el poder de Dios brilla en la persona desaventajada que mantiene su confianza en Dios. El apóstol Pablo dice que tenemos este tesoro en vasos de barro «para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Co. 4.7). Afirma el valor de su propio sufrimiento (su aguijón en la carne) porque el poder de Dios se perfecciona en la debilidad (2 Co. 12.9). Recuerda a los corintios que Dios escoge lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil para avergonzar a los fuertes (1 Co. 1.26-29). Santiago declara que Dios ha elegido a los pobres de este mundo para que sean herederos del reino de Dios (Stg. 2.5).

Esto responde a la exclamación de Jesús cuando alaba a Dios porque reveló el evangelio a los niños y no a los sabios y entendidos (Mt. 11.25). Por eso dice «Dejad a los niños venir a mí…porque de los tales es el reino de Dios» (Lc. 18.16). La viuda que echa su ofrenda en el templo llama la atención a Jesús (Lc. 21.1-4). Ella y la profetisa Ana (Lc. 1.36-38) son ejemplos de cómo brilla la vida de Dios entre los más débiles.

La frase del salmo no sólo destaca el poder del testimonio de los más pequeños. También resalta el hecho de que una fe robusta siempre se manifieste en palabras. Se exterioriza. Se expresa con un testimonio verbal: «Creí, por lo cual hablé» (2 Co. 4.13, citando Sal. 116.10). El testimonio verbal de la persona débil quita la razón al malo que es más fuerte: le deja sin argumentos, avergonzado en su orgullo.

La esperanza del cristiano

Jesús afirma repetidamente que el destino de los suyos es reinar con Cristo en un mundo renovado (Mt. 19.28-28, Lc. 12.32-34). Su intención, siendo el postrer Adán, es restaurar el señorío perdido por el primer Adán. La visión expuesta por David en el Salmo 8 la cumplirá al final el Señor Jesucristo, que recibe el reino juntamente con su pueblo (Dn. 7.14, 27). Por eso Dios jura a Abraham que sus descendientes espirituales tomarán posesión de las puertas de sus enemigos en todo el mundo (Gn. 22.17). Los apóstoles mantienen la misma enseñanza (Hch. 3.21, 1 Co. 6.2-3, 2 Ti. 2.12). Abraham y Moisés demuestran cómo esta certeza respecto al desenlace final influye en las decisiones cotidianas del cristiano (He. 11.9-10, 11.24-26).

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras clave, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Dónde hay figuras de dicción (sobre todo en este salmo la metonimia)? ¿Cuál es el significado literal detrás del lenguaje figurado?

  2. ¿Qué importancia tiene el contraste entre la boca abierta de los niños y la boca cerrada de los enemigos (8.2)?

  3. ¿Qué sugiere el contraste entre los dedos de Dios, que han creado los cielos (8.3), y el brazo del Señor, que lleva a cabo la salvación (Is. 53.1)?

  4. ¿Qué significa la progresión de «para que tengas de él memoria» a «para que lo visites»? (8.4). ¿Hay alguna diferencia?

  5. ¿En qué sentido es mayor la gloria que Dios ha puesto sobre el ser humano (8.5) que la gloria que brilla en la creación (8.1)?

  6. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

  7. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el mensaje central? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

  8. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Hay¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.

  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.

  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

La poesía del Antiguo Testamento


Aproximación a la poesía hebrea

La poesía es la manifestación de belleza por medio de la palabra. Es un artificio literario para hacer el máximo impacto emocional. En palabras del poeta romántico alemán Novalis, «Cuando un poeta canta, estamos en sus manos; él sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos».

La intención del poeta es impactar el corazón por medio de tres recursos que distinguen la poesía de la prosa ordinaria: economía, energía y sutileza. Se emplean menos palabras, lo cual a veces aporta misterio. El lector tiene que meditar bien para captar el sentido pensado por el autor. La frases conllevan energía mediante figuras de dicción. En vez de decir «Señor, ayúdame contra mis enemigos», el poeta exclama, «Señor, ¡rompe los dientes de las fieras!». Además de economía y energía, también hay sutileza: se trata de imágenes pintadas con palabras. Son afirmaciones veladas que requieren un esfuerzo de parte del lector, para asomarse al mundo del poeta y abrazar su mensaje. Como diría García Lorca: «La poesía no quiere adeptos, quiere amantes».

Destacan dos características principales de la poesía hebrea: las figuras de dicción y el paralelismo. Algunas de las figuras más importantes son el símil, la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y la hipérbole. El símil es hacer una comparación empleando la palabra «como»: el justo es como un árbol, el impío es como el tamo que arrebata el viento. La metáfora es también una comparación, pero sin la palabra «como»: yo soy la vid, yo soy la puerta, yo soy el camino, yo soy el buen pastor. Tanto el símil como la metáfora invitan a dar un paso siguiente e identificar exactamente en qué consiste la comparación.

La metonimia es la yuxtaposición de dos pensamientos que tienen cierta relación entre sí. Dice una cosa, pero realmente significa otra cosa relacionada. El Salmo 1 dice «bienaventurado el hombre que no anduvo en consejo de malos». Por metonimia, el lector comprende que «andar» significa «conducir la vida», y «consejo de malos» significa «los valores de esta sociedad». De modo que la frase entera quiere decir, «Feliz el hombre que no conduce su vida según los valores de este mundo». Hace falta destilar la esencia detrás de los pensamientos relacionados. ¿Cuál es el significado?

La sinécdoque es poner una parte por el todo, o el todo por una parte. «Nos tocó pagar la cena a 10€ por barba». Evidentemente la barba no paga nada. La palabra significa «persona». Por sinécdoque, se trata de una parte por el todo. Cuando el Salmo 1 dice «bienaventurado el varón», quiere decir «bienaventurada la persona», sea hombre o mujer. Cuando dice «la ley de Jehová», se refiere a toda la Palabra de Dios, no sólo el Decálogo.

Por último, la hipérbole es una exageración intencionada para dar énfasis a una afirmación. «Si tu ojo te ofende, sácalo y échalo de ti», dice Jesús. «Más vale que se le cuelgue una piedra de molino al cuello y se le eche al mar». La hipérbole sirve para sacudir la jaula mental del auditorio, para que los oyentes presten atención. El Salmo 1 dice, «Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio». La idea es que no tendrán nada que decir: no prestarán declaración, se quedarán sin defensa alguna. La exageración –de que no se levantarán de su silla o del suelo– enfatiza que en aquel día no se admitirá excusa alguna.

La poesía hebrea no se define tanto por su rima ni por la métrica, sino por el paralelismo. El poeta apila frases, unas sobre otras, a veces para decir lo mismo, a veces para decir lo contrario, a veces para desarrollar un pensamiento. El significado se aclara tomando nota de cómo las frases se relacionan entre sí. En el Salmo 1 se aprecian tres tipos de paralelismo:

Paralelismo sinónimo, en que la segunda frase dice lo mismo que la primera, pero con otras palabras: «No se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos».

Paralelismo antitético, en que la segunda frase dice lo opuesto de la primera: «Jehová conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecerá».

Paralelismo sintético, en que las frases van ampliando un concepto: «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado».

Valor de los salmos

Una de las porciones más poéticas de la Biblia, y más provechosas para orientar el corazón del creyente, es el libro de Salmos. Muchos de los salmos son cánticos compuestos por David, el joven pastor de ovejas que llegó a ser rey de Israel. David destaca porque tiene un corazón sintonizado con Dios, quien lo describe como «varón conforme a mi corazón» (1 S. 13.14). Los anhelos de David, sus miedos, sus angustias, su consuelo, su esperanza, su dolor, todo encaja con el sentimiento divino que luego quedaría plasmado en la persona del Señor Jesucristo.

David despunta por su habilidad componiendo coplas poéticas que responden a toda la gama de sentimientos humanos, desde la más abyecta desolación hasta el más delirante regocijo. David derrama lágrimas sin consuelo y en otras ocasiones prorrumpe en gritos de alabanza. Su exposición literaria da forma al culto oficial, al incorporarse sus salmos en el himnario de Israel. Los que acuden al tabernáculo, y luego el templo, canalizan sus plegarias y su adoración a través de los textos del «dulce cantor de Israel» (2 S. 23.1). Todos se dan cuenta de que las meditaciones de David podrían ser asimiladas por los demás: leyendo, aprendiendo, meditando, cantando, recitando a otros. Las palabras de David –dadas por el Espíritu de Dios– una vez guardadas dentro, acaban domando el corazón del creyente. «Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Jehová te ha hecho bien» (Sal. 116.7).

Con los salmos, el creyente aprende lo que debe sentir y cómo expresar sus inquietudes más profundas al Señor. Lejos de reprimir los sentimientos indignos o negar que existan, el creyente aprende a llorar con Dios, a enfadarse delante de Dios, a exponer todas sus miserias a Dios, a dejar sus cargas con Dios, con el fin de que Dios tome control de su alma y la reconduzca a un lugar de plena confianza, para que repose en el Señor. El creyente descubre cómo vivir con Dios en un mundo averiado. Los salmos le sirven para adiestrar su espíritu: confrontando la tristeza y la confusión sin tapujos, y sobreponiéndose a desgracias mil para seguir esperando en un Dios que no deja de ser un Buen Pastor: «Jehová es mi pastor, nada me faltará» (Sal. 23.1).

Los salmos dan contenido a un diálogo que el creyente mantiene consigo mismo. Por un lado, el Señor quiere que los creyentes se ayuden mutuamente, sobrellevando las cargas los unos de los otros («Jehová está conmigo entre los que me ayudan», Sal. 118.7) pero por otro, cada uno tiene que servir de terapeuta para su propia vida interior. «Cada uno llevará su propia carga» (Gá. 6.5). Es una especie de psicoanálisis personalizado, con Dios como médico divino. Uno se mira al espejo y razona con su propio corazón. El diálogo podría expresarse de distintas maneras:

  • Preguntando: «¿Por qué te abates, oh alma mía?» (Sal. 42.5).
  • Exhortando: «Alma mía, en Dios solamente reposa» (Sal. 62.5).
  • Recordando: «Oh alma mía, dijiste a Jehová: “Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti”» (Sal. 16.2).
  • Animando: «¡Despierta, alma mía!» (Sal. 57.8).
  • Imponiéndose: «He acallado mi alma» (Sal. 131.2).
  • Pidiendo a Dios: «Sana mi alma, porque contra ti he pecado» (Sal. 41.4).
  • Avivando: «Bendice, alma mía, a Jehová» (Sal. 103.1).

En todo este esfuerzo por adiestrar el alma y traerla bajo control, la palabra de Dios demuestra ser el medio imprescindible: «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma» (Sal. 19.7). La palabra hebrea «convertir» es shub, que significa «volver», y en su forma hifil, «hacer volver». La palabra de Dios reconduce el alma ­–atrayendo y empujando– hasta hacerlo volver al lugar de confianza en Dios y sumisión a su señorío. David usa la misma palabra shub cuando dice que el Señor «confortará mi alma» (Sal. 23.3): «Haces que mi alma vuelva cuando se ha despistado, y eso me reporta consuelo».

Salmo 1

Este salmo bien podría ser la introducción a todo el himnario sagrado. Plantea el contraste entre el justo, justificado por la fe en el Redentor venidero (como Abram, Gn. 15.6), y el malo, cuyo destino es acabar eliminado de la escena cósmica al final. Es un estudio de contrastes: los versos de 1 al 3 describen el justo, los versos de 4 a 6 el malo. El justo se deleita en la palabra de Dios, el malo se guía por los consejos de otros pecadores. El justo acaba hecho un árbol con follaje y fruto, mientras el malo acaba como la pelusa del trigo que desaparece con el viento. Hay un contraste entre dos estilos de vida, dos grados de fortaleza interior y dos destinos futuros.

El valor del salmo para la exposición estriba en la correcta interpretación del lenguaje figurado. Poner nombre a las figuras e identificar las distintas clases de paralelismos es un primer paso, pero después hay que analizar el significado latente en todo ello. ¿Qué quiere transmitirnos el autor? La pertinencia al creyente de hoy gira en torno a la ley del Señor como delicia, para que la meditación en ella sea una práctica asidua y la aplicación de ella un hábito cotidiano.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras clave, repeticiones, personas, detalles que te llaman la atención?
  2. ¿En qué consisten las distintas maneras de andar (v. 1)? ¿Por qué el contraste entre andar y sentarse?
  3. ¿Cómo puede la ley del Señor ser una delicia? ¿Qué supone la meditación en ella día y noche?
  4. ¿Qué significa la comparación del justo con un árbol plantado junto a corrientes de aguas? ¿Cómo se expresaría la idea en prosa normal? ¿A qué se refiere el fruto? ¿A qué se refiere la hoja? ¿Qué tiene el justo (como árbol) que no tiene el malo (como tamo)?
  5. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.
  6. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el centro neurálgico? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …
  7. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.
  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.
  3. Debatir posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

Predicando 2 Timoteo : Una carta abierta a los predicadores


En vuestro primer estudio conjunto os proponemos empezar leyendo en voz alta toda la epístola. Entonces intentad poneros de acuerdo sobre las siguientes preguntas redactadas por Timoteo Glasscock para obtener una vista de pájaro de la carta.

Autoría

¿Podemos tener la plena seguridad de que esta es una carta genuina del Apóstol Pablo? ¿De qué evidencias internas disponemos?

Contexto histórico

¿Cuál era la situación personal del apóstol en el momento de escribir esta carta? ¿Cómo había llegado a esta situación?

En base a otros pasajes del Nuevo Testamento ¿qué sabemos acerca de la relación que existía entre Pablo y Timoteo?

¿Cuál era la situación de Timoteo en aquel momento? A la luz de los datos aportados por el Nuevo Testamento, ¿con qué dificultades personales tuvo que enfrentarse a la hora de realizar su ministerio?

Contenido

¿Cuál era la preocupación principal del apóstol al escribir esta carta? ¿Qué nos dice Pablo acerca de los motivos que le impulsaron a escribirla?

¿Cómo podríamos resumir su mensaje fundamental en una sola frase?

¿Cuáles son los temas más destacados?

¿Cómo desarrolla el apóstol su pensamiento a lo largo de la carta? ¿En qué secciones principales podríamos dividirla?

Para el estudio detallado de cómo dividir la carta pueden ser de ayuda estos dos links. La primera da la división de la carta hecha por los dos comentaristas: Philip H. Towner y George W. Knight. La página web de exegética.net contiene muchas más ayudas para predicadores. http://exegetica.net/bosquejos-biblicos/2-timoteo/

En los próximos Boletines vamos a estudiar juntos cuatro pasajes de la carta, a saber:

  • 1:8-14 – El predicador y el evangelio.

  • 2:1-13 – El predicador y el sufrimiento en el ministerio.

  • 3:10-17 – El predicador y las Escrituras.

  • 4:1-8 – El predicador y su responsabilidad.

En los Boletines de Abril y Junio nos centraremos en el estudio del texto de los pasajes de los capítulos 1 y 2. En los dos Boletines del otoño intentaremos ponernos de acuerdo sobre posibles bosquejos para predicar los pasajes de los capítulos 3 y 4.

¡Que Dios os bendiga!

Segunda Timoteo: 1:8-14

El predicador y el evangelio

Animamos a todos a estudiar de antemano las siguientes preguntas aplicadas a este pasaje en concreto. Así se sacará el mayor rendimiento del tiempo de la reunión. Entonces en grupo

a) Si no llegasteis a leer la epístola en voz alta en vuestra primera reunión informativa hacerlo esta vez.

b) Vuestra tarea como grupo para esta reunión es llegar a poneros de acuerdo sobre las respuestas a las preguntas 6,7 y 8.

1. ¿Qué clase de escrito es?

2. ¿Cuál era la situación del autor y cuál la de los oyentes o lectores originales?

3. ¿Cuál es el contexto del pasaje? (anterior y posterior)

4. ¿Cómo me ayuda a entender de qué se trata?

5. ¿Hay palabras clave, repeticiones, personas, detalles que te llaman la atención?

6. ¿De qué habla el pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? ¿Cuál es la estructura? Haz un bosquejo del pasaje, resumiendo lo que dice, versículo por versículo, o sección por sección.

7. ¿Cuál es el punto principal o idea central que Pablo estaba tratando de comunicar a Timoteo en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el centro neurálgico? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado:

El autor (en este caso Pablo) quería transmitir a sus primeros lectores (en este caso Timoteo) que …

8. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace en este pasaje? En base al resumen que has hecho de lo que Pablo quiso transmitir a Timoteo, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

2 Timoteo 2:1-13 El Predicador y el Sufrimiento en el Ministerio

Muchos pedís ayudas para trabajar juntos unos bosquejos de mensajes. Veréis que os agregamos más preguntas esta vez (fase dos). Pero acordémonos: ¡Hay que empezar con la exégesis! El tiempo será corto así que es importante estudiar de antemano el pasaje y las preguntas. Vuestra primera tarea como grupo es poneros de acuerdo sobre las respuestas a las preguntas A.6,7 y 8. Después y según haya tiempo, la segunda tarea de exposición del pasaje es poneros de acuerdo sobre las preguntas B1 y B3. Si os dividís en varios grupos y tenéis tiempo, podéis escuchar y contrastar las distintas respuestas a estas preguntas de cada grupo.

Fase Uno: Exégesis

A.1 – ¿Qué clase de escrito es?

A.2 – ¿Cuál era la situación del autor y cuál la de los oyentes o lectores originales?

A.3 – ¿Cuál es el contexto del pasaje? (anterior y posterior)

A.4 – ¿Cómo te ayuda a entender de qué se trata?

A.5 – ¿Hay palabras clave, repeticiones, personas, detalles que te llaman la atención?

A.6 – ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

A.7 – ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el centro neurálgico? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

A.8 – ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho de lo que Pablo quiso transmitir a Timoteo, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase Dos: Exposición

B.1 – ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a estas personas? Elaborar juntos una sencilla frase o un título (no necesariamente una oración completa) que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia pero ¡debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto, en respuesta a las preguntas A.7 y A.8! (Nota: es posible que os sea más fácil contestar primero a la pregunta B.2)

B.2 – Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Verificad que el efecto que queréis que tenga vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba lograr en sus oyentes.

B.3 – Debatir posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, pero buscar una estructura sencilla de apartados o encabezados que reflejen fielmente lo que el texto dice. Buscar encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

2 Timoteo 3:10-17 – El predicador y las Escrituras.

Este Boletín es un poco diferente a los anteriores ya que en los 3 primeros números hemos completado la gama completa de las preguntas estándar de la dinámica de grupo en la preparación de mensajes. No las vamos a repetir otra vez; las podéis encontrar aquí). Sin embargo, os agregamos estas preguntas adicionales sobre 2 Tim 3:10-17 :

  • En el párrafo anterior (3:1-9), al describir Pablo a estas personas terribles, ¿qué evidencias hay de que puede estar pensando en personas dentro de las iglesias además de fuera de ellas?

  • Sabiendo que vienen inmediatamente después los versículos 4:1-2, ¿en qué medida cambia la aplicación que le darías a nuestro párrafo (3:10-17)?

Gen 22 Predicando un pasaje cumbre


Estamos ante un pasaje cumbre en al menos cuatro sentidos. En primer lugar en un sentido literal el escenario en el que se desenvuelven los hechos narrados en Génesis 22 es precisamente la cumbre de un monte. En segundo lugar no hay duda de que este episodio representa la cima de un largo ascenso en la vida de Abraham, un ascenso que como hemos visto en otros pasajes que hemos estudiado en los círculos de predicadores no ha sido exento también de retrocesos y desvíos. No obstante en este capítulo tenemos la innegable impresión de que llegamos al punto álgido en la vida de este personaje bíblico. Después en la panorámica del desarrollo de la teología bíblica este pasaje también destaca. Es una de las cumbres en la sierra de la gran historia de la Biblia y aunque hay otras que todavía la superarán, en muchas ocasiones se mirará atrás recordando este ascenso. Pero hay una cuarta manera en la que puede sernos de ayuda pensar en este pasaje como una cumbre.

Ya que estamos ante una narrativa bíblica debemos prepararnos para predicarla como narrativa. Hay otros pasajes que tienen una trama y un desarrollo complejo pero en este caso es bastante sencillo descubrir la estructura de la historia. Si nos preguntamos ¿dónde y cuándo se produce la resolución de la tensión narrativa? creo que no nos es difícil ver que toda la tensión que se va generando en el largo ascenso va a ser resuelta en un momento dramático …¡en la cumbre! Después quedarán una serie de consecuencias posteriores que fluyen de este desenlace y que nos deparan una suerte de bajada de tensión. Al ver esto ya hemos dado dos pasos importantes hacia el predicar este pasaje – descubrir su estructura interna y más importante aún empezar a descubrir ¿cuál es el propósito que tenía el primer autor? ¿por qué nos cuenta esta historia?

Esta pregunta de la intencionalidad del autor muchas veces es complicada de contestar cuando estamos tratando el género de las narrativas. Muchas veces no nos lo dice tal cual, pero nos da pistas. Además de la estructura de la narración, otra pista que nos da el autor es la repetición. No tiene emoticonos ni subrayados pero sí tiene esta sencilla herramienta para poder de forma sutil enfocarnos a lo que quiere transmitir. Escuchamos tres veces en boca de Abraham la respuesta heme aquí (v1, v7, v11). No parece casualidad. De nuevo tres veces leemos una afirmación de que Dios proveerá (v8, v14 dos veces – ¡en la cumbre!). ¿Qué lecciones nos está queriendo transmitir el primer autor?

Cómo siempre debemos prestar atención al contexto histórico. Leemos que esto sucedió en la tierra de Moriah. Una breve investigación nos llevará a descubrir que este lugar tendrá una resonancia en la historia bíblica que casi nos pone la piel de gallina. Mil años más tarde en ese mismo lugar el ángel de Jehová se volvería a manifestar, esta vez al rey David cuando este había ordenado censar al pueblo en contra de la voluntad de Dios. Pero se aparece como manifestación de la gracia de Dios, cesando la mortandad entre el pueblo. David compra la era de Ornán y sus bueyes porque dice no ofreceré holocausto a Jehová que nada me cueste (1 Cron 21:24) y más tarde es ese mismo lugar en el monte Moriah que David que escoge para edificar el templo (2 Cron 3:1). ¿Cómo ilumina esta historia posterior lo que sucedió en la primera manifestación de Dios en el monte Moriah en Génesis 22?

Siendo una narrativa del Antiguo Testamento debemos tener en cuenta referencias claras en el Nuevo Testamento a este pasaje. Hebreos 11:15-17 nos da una explicación de la actitud de Abraham autorizada por la inspiración del Espíritu Santo. Santiago 2:20-23 ofrece otra explicación de lo que estaba ocurriendo detrás de las escenas. Parece muy arraigada en Génesis 22:1 que nos dice que en todo este episodio la fe de Abraham estaba siendo probada por Dios (nos puede servir también lo que Pedro dice sobre la prueba de la fe en 1 Ped 1:7).

Una última sugerencia. Aunque Génesis 22 tiene tanto calado teológico también ¡es una historia emocionante! A veces recibimos luz de fuentes inesperadas. No podría refrendar todo lo escrito por el brillante erudito Alemán Gerhard von Rad pero sobre este pasaje hace una observación muy interesante. A medida que nos vamos acercando a la cima se cuentan cada vez más detalles y el efecto es que el paso se ralentiza. Realmente el autor nos hace sentir lo que le cuesta a Abraham llegar a ese lugar por lo que allí le espera. También debemos nosotros intentar contar la historia de tal manera que nuestra audiencia sienta las mismas emociones que sintieron los antiguos israelitas cuando escuchaban este relato tan conocido.

En la cumbre de una montaña se respira aire muy puro y desde allí se abren vistas preciosas. ¡Ojalá sea esta nuestra experiencia al estudiar y predicar este pasaje de la palabra de Dios!

Ayudas para predicar Gen 15:1-21


Las dos retos principales para predicar sobre Génesis 15 probablemente sean el entender bien el contexto histórico y cultural en primer lugar y luego poder transmitir el gran calado teológico de este pasaje clave. La importancia teológica lo podemos ver en seguida cuando meditamos sobre los pasajes del Nuevo Testamento que o bien citan el v6 o bien nos exponen los temas del pacto, el sacrificio y la fe.

Pero empecemos con el contexto. En la hoja que sirve para guiar un estudio colectivo de un pasaje (../trabajando-juntos-el-texto-en-un-circulo-de-predicadores/ ) las preguntas A3 y A4 nos hacen reflexionar sobre cómo el contexto literario nos ayuda a entender el pasaje en cuestión. Joyce Baldwin en su comentario expositivo sobre Génesis 12-50 (Editorial Andamio) ejemplifica bien esta reflexión. Ella apunta a dos situaciones en el capítulo 14 que afectan al 15.

Primero, una coalición de reyes invade toda Palestina porque habían dejado de pagarles impuestos (v4). En segundo lugar, y ya concluida la misión de rescate de Lot y los demás cautivos emprendida por Abram, el rey de Sodoma quiere parecer muy generoso al darle a Abram el botín que ya era suyo por derecho de conquista. Pero esta oferta Abram la rechaza (v22-24). Estas dos situaciones ¿cómo nos ayuden a ver por qué Dios le dice a Abram: No temas, yo soy tu escudo y tu recompensa (cap 15:1)?

Baldwin también nos ayuda a entender (por lo menos en parte) el extraño rito que encontramos descrito a partir del versículo 9. Ella nos remite a un ejemplo que ocurre mucho más tarde: el rey Sedequías y otros líderes de Judá hicieron un pacto prometiendo liberar sus esclavos, pero después se echaron atrás. La respuesta de Dios la leemos en Jeremías 34:18-20: Y entregaré a los hombres que quebrantaron mi pacto, que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas… los entregaré en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida; y sus cadáveres serán comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra. O sea que parece ser que este rito era una manera de escenificar la maldición del incumplimiento del pacto: como se ha hecho con estos animales, así se haga conmigo si yo no cumplo.

Pero Baldwin también nos hace ver las diferencias entre el rito normal y lo que experimentó Abram en Gen 15: El sabría que, de ser éste un pacto establecido con un rey humano, entonces las dos partes contratantes habrían pasado entre las mitades de los animales sacrificadas. Pero aquí Abram es solo un observador pasivo, mientras que el Señor, representado por el fuego, caminó entre los holocaustos; tomando así sobre sí mismo la maldición implícita en el pacto: así se haga conmigo si quebrantare las estipulaciones del pacto. Aunque no sepamos porqué eran necesarias estas ofrendas en concreto, sí que queda claro el principio de que para establecer un pacto un sacrificio era esencial.

En cuanto al texto clave 15:6 vemos que Dios le invita a Abram a depositar su confianza en las promesas de Dios. En su caso ¿cuáles son? Y en nuestro caso ¿cuáles diría Pablo que son las promesas concretas de Dios sobre las que debe fundarse nuestra fe para que también seamos declarados justos?

Y si nosotros también nos sentimos que queremos preguntar ¿cómo lo puedo saber? (v 8 LBLA) ¿no nos diría el escritor de Hebreos que tenemos un pacto mejor garantizado por un sacrificio mejor? ¡Ánimo con el estudio y la predicación de este capítulo tan intrigante como crítico!

Gá. 5.13-24 – La vida en el Espíritu


Argumento

Con el capítulo 5, el apóstol desarrolla la aplicación práctica de todo lo que viene exponiendo sobre la suficiencia de Jesucristo para alcanzar la plenitud de la vida espiritual. Ha planteado lecciones de su propia experiencia (Gá. 1-2), después varias lecciones tomadas de la experiencia de Abraham (Gá. 3-4). Ahora se centra en lo que los gálatas deben hacer en medio de su propia situación.

Pertinencia

La seguridad de ser aceptados por Dios, junto con el poder de su Espíritu en el corazón, nos libera para servir a los demás. Por esto hay que rechazar cualquier tipo de imposición espiritual de parte de personas que tratan de convencernos de soluciones artificiales. Podrían ser medidas religiosas ascetas, disciplinas espirituales, técnicas orientales, soluciones medicadas, supersticiones ordinarias o meras evasiones cotidianas. La fuente podría ser la enseñanza de autoridades eclesiales o el consejo de amigos en conversaciones cotidianas. El problema es que depender de cualquiera solución errónea crea adicciones psicológicas. Fomenta un egoísmo aséptico, donde uno no hace daño al prójimo pero sólo se centra en su propia tranquilidad interior.

En cambio, si nos aferramos a la libertad que tenemos en Jesucristo, viviendo por la sola fe en Cristo cada día, entonces él produce amor en el corazón, un amor que se manifiesta en hechos tangibles. El manda gracia por su Espíritu. Desde el cielo transmite ayuda para las luchas de la vida terrenal, y eso lo cambia todo. El servicio llega a ser la nota dominante del cristiano: un servicio sincero, sensato, alegre, paciente, con el único deseo de bendecir al otro.

Notas exegéticas

La figura de andar se usa muchas veces en la Biblia para describir cómo una persona se desenvuelve en la vida normal. Es cuestión de avanzar de una experiencia a otra, día tras día: creciendo, trabajando, viviendo en familia, participando en la sociedad. Supone tomar decisiones, encajar situaciones y superar problemas en cada etapa de la existencia humana. El cristiano no reside en la capilla de la iglesia sino desarrolla su vida en el hogar, en la escuela, en el trabajo, entre los vecinos del pueblo o la ciudad. Progresa adelante paso a paso, caminando en el transcurso de los años, hasta llegar al final de su existencia.

La aplicación del principio de la fe cristaliza en un andar en, por o según el Espíritu. La palabra es pneúmati, un dativo en la declinación griega. Podría ser un dativo instrumental: «andar por medio del Espíritu». Esto significaría que el Espíritu aporta poder para avanzar en la vida. También podría ser un dativo local: «andar en la esfera del Espíritu», lo cual querría decir que el creyente debe permitir que el Espíritu influya en todo lo que hace, como si el Espíritu fuera una especie de nube envolvente que le rodea en todo momento.

Lo más probable, sin embargo, teniendo en cuenta los antecedentes del Antiguo Testamento (la columna de nube y fuego), la enseñanza de Jesús en el aposento alto (de que enviaría otro Consolador), y los acontecimientos del día de Pentecostés (el sonido de un viento recio, las lenguas de fuego), es que pneúmati sea un dativo de referencia y que la frase signifique «andar según el Espíritu». Es cuestión de tomar como máximo punto de referencia la presencia del Espíritu de Cristo en la vida, mientras uno sortea todas las situaciones reales que se presentan en el día a día.[1] Como los israelitas siempre tenían un ojo puesto en la columna de nube/fuego para ver si se levantaba de su lugar, así el cristiano siempre está pendiente de la presencia de Cristo en su interior.

Luego viene la frase siguiente: «y no satisfagáis los deseos de la carne». El verbo teléo viene en tiempo futuro: «no satisfaréis los deseos de la carne». Podría ser una exhortación: «no te portes mal». Sería como los Diez Mandamientos: «no tendrás dioses ajenos», «no matarás», «no adulterarás». El futuro negativo tiene la fuerza de un imperativo: «ni se te ocurra hacer estas cosas».

Otra posibilidad –más probable– es que se trate de una promesa: «si andas en el Espíritu, Dios te dará la victoria sobre los deseos de la carne». La idea no es tanto de una victoria sobre las tentaciones que surgen del interior, sino una victoria sobre los deseos que corresponden a un planteamiento de vida normal, natural, humano, como la mayoría de las personas en este mundo. Son los deseos que surgen cuando uno vive por inercia, cuando se olvida de alimentar su mente y su corazón con la grandeza del milagro del nuevo nacimiento.

Hay varias maneras de enfocar esta aplicación práctica del principio de la fe. «Andar según el Espíritu y no satisfaréis los desos de la carne» tiene uno de los siguientes significados posibles:

  • Podría ser un retorno al principio legal: «Pórtate bien, no te portes mal», como una simple exhortación a la santidad. «Haz lo que debes, no peques». En este caso, Pablo simplemente estaría diciendo a los gálatas que practiquen la justicia y se abstengan de cometer males.

  • Podría ser una receta para la victoria espiritual: «Si dependes del Espíritu, podrás decir “no” al pecado». Este enfoque se nutre de la idea de que el deseo de la carne y el deseo del Espíritu son dos fuerzas antagónicas que cohabitan en el interior del cristiano. El creyente sabe perfectamente el bien que debe hacer, pero lucha con la tentación de hacer el mal que no quiere hacer. A veces vence y se porta bien, a veces sucumbe a la tentación y se porta mal.

Lo más probable, sin embargo, es que la frase «andar en el Espíritu» tenga matices algo distintos:

  • Es un recordatorio del gran milagro de Pentecostés, la gran realidad del nuevo pacto, la sorprendente invasión de Otro en el interior de la persona. Significa dar cada paso de la vida intensamente consciente de que Jesucristo, «la esperanza de gloria» (Col. 1.27), vive en ti. Significa que si Dios te ha dado el mayor don de todos, es para que te dejes llevar en el sentido que corresponde con el don. Sobre todo, se trata del espíritu personal de Jesucristo (Gá. 4.6). No es una nube o un fuego. No es algo impersonal, sino el maravilloso Dios-hombre que contemplamos en las páginas del evangelio. Él está reproduciendo su propio carácter en el creyente, y desde el cielo ministra gracia para todas las luchas de la vida. Esto motiva al creyente a acudir a Cristo una y otra vez, llevándole sus cargas y buscando su voluntad en la Palabra.

  • Es un recurso para distinguir entre los predicadores autorizados y los falsos maestros. Hay un desafío constante en la historia del pueblo de Dios, que consiste en discernir quién habla por Dios de verdad, y quién no (Is. 32.5, Mal. 3.8, 1 Jn. 3.16-19). Hay que prestar atención al profeta que Dios ha enviado, y rechazar enérgicamente al profeta que se ha autonombrado y cuyo único fin es ganar adeptos para su causa. La clave consiste en mirar la calidad de vida espiritual que tiene el predicador. «Por sus frutos los conoceréis». Por eso Pablo apunta en la lista de las obras de la carne ocho características que tienen que ver con la discordia (Gá. 5.19-21). Quiere dar armas a los creyentes, para que examinen con cuidado la vida de los maestros judaizantes. Si el fruto de su enseñanza es la división, eso es la prueba de que no tienen el Espíritu (Jud. 19). No han sido enviados por Dios. No hay que hacerles caso sino más bien enseñarles la puerta.

Andar según el Espíritu, pues, significa varias cosas a nivel práctico:

Dar gracias constantemente, porque el sacrificio de Jesucristo es suficiente para lograr el perdón de pecados y la justificación. Porque el don del Espíritu es suficiente para vivir el resto de la vida en esta tierra. Porque el Cristo resucitado suministra ayuda desde el cielo. Porque Dios perfeccionará la buena obra que comenzó en una persona. Porque Cristo está formando todas las cualidades suyas que leemos en los evangelios. Porque el Cristo que está sentado a la diestra del Padre puede mover montañas y poner soluciones. Porque Dios hace que todas las experiencias en la vida del creyente le ayuden para bien. El Espíritu nos ayuda en esto, centrando la atención en todo lo que hemos recibido de Dios, que es mucho más que lo que todavía falta (1 Co. 2.12, Ef. 5.18-20).

Depender de Jesucristo de manera consciente. Esto supone mucho más que la práctica de disciplinas espirituales. Supone mucho más que echar mano de los medios de la gracia de una manera rutinaria. Se trata de un acercamiento a Cristo –decidido y consciente– en una actitud de oración. Es echar todas las cargas sobre él, llevarle todas las necesidades de cada día (1 P. 5.7). Es acudir al trono de la gracia (He. 4.16). Es acercarse a la piedra viva (1 P. 2.4). Es asirse de la Cabeza (Col. 2.19). Es permanecer en Cristo, absolutamente convencido de que sin él nada podemos hacer (Jn. 15.5). Es tratar todas las situaciones de la vida desde una intensa fe en Cristo (Gá. 2.20). El Espíritu nos ayuda a orar (Ro. 8.26-27).

Ser dócil frente a la enseñanza del Espíritu en la Palabra. Es cuestión de una inmersión diaria en la Palabra: leyendo pasajes largos, meditando en el mensaje del Señor para hoy, atesorando su palabra en el corazón. La oración de Jesús es «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (Jn. 17.17). Es leer la Biblia para ver a Cristo en ella: «Las Escrituras dan testimonio de mí» (Jn. 5.39). «Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor» (2 Co. 3.18). Es buscar en la Biblia respuestas para las cuestiones que surgen en todos los ámbitos de la vida real: ¿Qué querrá decirme el Señor sobre esto que necesita una solución? El Espíritu nos ayuda en esto: «Él os guiará a toda la verdad…tomará de lo mío, y os lo hará saber» (Jn. 16.13-14).

Ser decidido en responder con todo aquello a que nos impulsa Cristo. Estamos llamados a poner en práctica la voluntad de Dios en todos los apartados de nuestra existencia. Ser hacedores de la palabra, no meros oidores (Stg. 1.22). Jesús dice «Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis» (Jn. 13.17). Nos corresponde amar al prójimo no de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad (1 Jn. 3.18). Esto incluye dar testimonio de Cristo (Jn. 15.26-27), edificar a otros con palabras (Ef. 5.18-20) y hacer bien a todos en cuestiones prácticas (Gá. 6.10).

La determinación de pasar de buenos sentimientos a hechos tangibles también nos mueve a confesar el pecado cuando nos damos cuenta de haber fallado (1 Jn. 1.9). También implica dar gracias por el perdón concedido según la promesa, porque Jesucristo nos limpia de toda maldad (Jn. 13.10). El Espíritu nos ayuda a poner en práctica la voluntad de Dios: clama «Abba, Padre» dentro de nosotros, para que antepongamos la voluntad de Dios a la nuestra, justo como Jesús en el huerto de Getsemaní (Gá. 4.6, Mr. 14.36).

Encajar la demora con gracia. La bendición muchas veces no llega inmediatemente, aunque llegará sin falta tarde o temprano. Hace falta paciencia: «os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa» (He. 10.36). El cristiano se fija en el galardón futuro, para tener fuerzas en la vida presente (He. 11.26). El creyente se centra en la ciudad celestial, para soportar la precariedad de la experiencia terrenal (He. 11.8-10). El hijo de Dios espera de los cielos al Hijo, que nos libra de la ira venidera (1 Tes. 1.9). El Espíritu ayuda al creyente precisamente en esto: «nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia» (Gá. 5.5).

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras clave, repeticiones, personas, detalles que te llaman la atención?

  2. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

  3. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el centro neurálgico? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

  4. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho de lo que Pablo quiso transmitir a los gálatas, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a estas personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título (no necesariamente una oración completa) que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.

  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Verificad que el efecto que queréis que tenga vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba lograr en sus oyentes.

  3. Debatid en el grupo posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.


[1] El apóstol expresa lo mismo en varios pasajes paralelos con la preposición kata, que viene a decir lo mismo. Es andar conforme al Espíritu (Ro. 8.1, 4), hacer morir las obras de la carne por el Espíritu (Ro. 8.13) o, como en el caso de Isaac, nacer según el Espíritu (Gá. 4.29). Todos señalan un actuar tomando en cuenta el Espíritu como máximo punto de referencia.

Gá. 4.21-31 – La herencia por la fe


Argumento

El apóstol Pablo desarrolla para los gálatas el tema de la herencia. Afirma que la herencia referida fluye de una promesa que Dios hizo de manera unilateral a Cristo (Gá. 3.16) cuando pronunció a Abram las palabras «a tu descendencia daré esta tierra» (Gn. 12.7, 13.15). Abram pasaría de ser nómada en la tierra de Canaán a ser el dueño legítimo de toda la región. También lo sería su Descendiente, el Redentor prometido desde el huerto de Edén (Gn. 3.15).

La experiencia posterior del patriarca demuestra que la promesa del Señor no se limitaba a la comarca de Canaán, sino abarcaba al mundo entero (Gn. 22.17, Ro. 4.13). El plan de la redención acabaría restaurando al ser humano a la posición de virrey con Dios de toda la creación, al destino para el cual Adán y Eva originalmente fueron creados (Gn. 1.27-28, Sal. 8.5-8).

La esperanza de heredar el mundo aparece repetidamente en las enseñanzas de Jesucristo y los apóstoles. Jesús destaca que sus seguidores gobernarán con él sobre la tierra, y esa perspectiva hace que cualquier sacrificio merezca la pena (Mt. 19.28-29). Pablo indica a los gentiles de Corinto que ellos participarán en el mismo futuro glorioso por su fe en Cristo: «todo es vuestro» (1 Co. 3.22) y «¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo?» (1 Co. 6.2). A Timoteo, el apóstol afirma que hemos de reinar con Cristo (2 Ti. 2.12). Se trata de una experiencia futura, cuando se manifieste la plenitud del reino de Dios en la tierra. El panorama que se abre delante del creyente sirve de inspiración, para que por amor a Cristo soporte aflicciones, asuma sacrificios, ejerza con sabiduría en la iglesia local, administre bien el dinero, y rehuya del sometimiento ciego a autoridades humanas.

Pablo quiere que los creyentes en Galacia comprendan que por la sola fe en Cristo, ellos pertenecen al linaje de Abraham y por tanto son herederos con él (Gá. 3.29, 4.7). No hace falta guardar leyes alimentarias ni practicar la circuncisión. Por haber creído en Cristo ¡van a reinar en todo el planeta! Siguiendo la imaginería de Las crónicas de Narnia de C.S. Lewis, Pablo les exhorta a que ya no se consideren niños Pevensie (como Peter, Susan, Lucy y Edmund) sino reyes y reinas de Narnia.

Pablo aclara que el don del Espíritu es el botón de muestra de la herencia futura. El Espíritu Santo permite el estilo de vida renovado que es la condición sine qua non para que los redimidos ocupen su espacio futuro legítimamente: «los que practican tales cosas [las obras de la carne] no heredarán el reino de Dios» (Gá. 5.21). El Espíritu en el corazón del creyente es la garantía del cumplimiento futuro (como las monedas de las arras en una boda apuntan a todos los bienes compartidos, Ef. 1.14), pero es sólo un primer paso. Es la herencia interno que el creyente posee en esta vida como anticipo de bendiciones futuras (Ef. 1.18, He. 10.34). La herencia externa se refiere a la posesión con Cristo del mundo entero, algún día cuando baje la nueva Jerusalén del cielo y se funda con la tierra renovada y liberada por fin de la maldición (1 P. 1.4, He. 10.34).

Nota exegética

Cuando el apóstol expone el contraste entre Agar y Sarah, y entre Ismael e Isaac, dice que se trata de una alegoría (Gá. 4.24). Esto no significa que Pablo se tome la libertad de interpretar alegóricamente el texto de Génesis, con el fin de sacar una lección moral para los lectores de su epístola. Mas bien indica que reconoce el significado latente del relato de Génesis, algo que siempre estaba allí, desde el principio.

Dios permitió el fallo con Agar porque esto ilustraría el contraste con la fe que Abraham y Sara luego ejercieron para que naciera Isaac. La disyuntiva entre fe y obras estaba allí siempre. El suceso da forma a la lección espiritual, tanto para los protagonistas de la historia original como para los creyentes del s. XXI. Los acontecimientos reales constituyen una metáfora sostenida de las alternativas que se plantean a los creyentes en todos los tiempos.

Pertinencia

Este pasaje recuerda al creyente que la apropiación de la gloriosa herencia futura es por la sola fe. Uno se hace beneficiario de la herencia por la fe en Cristo (Gá. 3.7), y se aumenta el valor de la herencia también por la fe en las promesas de Cristo repartidas a lo largo de la Palabra de Dios (Hch. 20.32). Hay que repasar y creer la promesa de Dios, como hicieron Abraham y Sara cuando creyeron que nacería Isaac.

Al mismo tiempo urge rechazar los apaños humanos. No hay que cometer el error de Abraham y Sara cuando el patriarca se unió con Agar para conseguir el hijo deseado. Aquello fue una manipulación humana, una negación en la práctica de todo aquello que Dios había prometido. De la misma manera, los gálatas debían rechazar la circuncision, las leyes alimentarias y el día de reposo.

El creyente moderno también necesita plantarse y rechazar todo tipo de apaños carnales: «Si asisto a la reunión de oración, Dios tiene que solucionar mi problema», «Si leo la Biblia todos los días, Dios me dará el trabajo que necesito», «Si ayuno un día a la semana, Dios sacará a mi hijo de la droga», «Si consigo hablar en lenguas, estaré feliz». Son maniobras que tienen cierta aparencia de piedad, pero la realidad es que se trata de obras humanas para ganar la herencia gloriosa. La herencia plena, sin embargo, se ofrece y se recibe sólo por la fe.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras clave, repeticiones, personas, detalles que te llaman la atención?

  2. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

  3. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el centro neurálgico? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

  4. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho de lo que Pablo quiso transmitir a los gálatas, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a estas personas? Elaborar juntos una sencilla frase o un título (no necesariamente una oración completa) que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia pero ¡debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.

  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Verificad que el efecto que queréis que tenga vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba lograr en sus oyentes.

  3. Debatid en el grupo posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

Gá. 3.6-14 – Tres lecciones del padre Abraham


Argumento

En la primera parte de la carta de Gálatas, la porción biográfica, el apóstol ha explicado cómo el mensaje único del evangelio le ha cambiado a él. Dios intervino en su vida para cambiarlo de perseguidor en predicador. Ahora Pablo pasa a la porción doctrinal, en que aclara de qué manera los creyentes de Antioquía, Iconio, Listra y Derbe podrían buscar la plenitud en Cristo. No deben someterse a la circuncisión, ni guardar las leyes alimentarias indicadas por Moisés, ni observar el día de reposo y las fiestas de Israel. Si han empezado la vida cristiano oyendo y creyendo el evangelio sin más, así deben seguir: aprendiendo de Cristo y aplicando la grandeza su persona y obra a sus necesidades diarias, todo por fe.

Para explicar todo esto, Pablo echa mano del ejemplo de Abraham. El patriarca es el «padre de todos los creyentes» (Ro. 4.16), sean de trasfondo judío o gentil. Esto significa que Abraham sirve de prototipo, de paradigma, para aclarar los misterios de la vida con Dios, incluso para el creyente del s. XXI. A lo largo del relato de la vida de Abraham en el libro de Génesis (unos cien años, desde su llamamiento a los 75 hasta su muerte a los 175), se aprecia que en todo momento su fundamento es la certeza de que Dios cumplirá su promesa de enviar un Redentor. «Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó» (Jn. 8.56).

Abraham vive toda su vida por fe, en medio de muchos desplazamientos de un lado a otro, muchas situaciones de necesidad y con las obligaciones diarias de su trabajo de ganadero. En muchas ocasiones demuestra una confianza inquebrantable; a veces tropieza. A veces otros le ayudan (como Melquisedec). Hay cananeos que se acercan por su testimonio (como Abimelec). La fe de Abraham madura con el tiempo, sostenida por la promesa de Dios (Gn. 12), el pacto de Dios (Gn. 15), y al final por el juramento de Dios (Gn. 22).

Pablo quiere recordar a sus lectores que el principio de la fe de Abraham resultó en su justificación (Gá. 3.6, con Gn. 15.6). El proyecto en que la fe de Abraham se centraba era la sustitución (Gá. 3.13, con Gn. 22.13). Por ello recorría la tierra de Canaán levantando altares como anuncio de Cristo. En tercer lugar, la provisión que la fe de Abraham anticipaba era el Espíritu Santo dentro cada uno (Gá. 3.14, con Gn. 12.3, 22.17-18).

Pertinencia

Este pasaje invita al creyente de hoy a fundamentar su experiencia con Cristo en la fe. Esto es importante porque algunos basan su vida cristiana en la conformidad con costumbres cristianas (asistir al culto, echar la ofrenda, no escandalizar), pero sin contar con Jesucristo en su vivencia diaria. Otros ponen todo el énfasis en la obediencia o dan prioridad al servicio. Algunos levantan una bandera denominacional. Otros tratan de seguir disciplinas espirituales basadas en el ascetismo de los anacoretas. O en buscar la paz interior haciendo yoga y practicando mindfulness.

El mensaje de Gálatas, sin embargo, es que el creyente avanza de la misma manera que empezó: por la fe. No se trata sólo de la fe con que un día se convirtió al Señor, sino del ejercicio de la fe en todas las situaciones de la vida. Consiste en aprender más y más acerca de Jesucristo, para volver a él una y otra vez: pidiendo ayuda, buscando luz, reclamando limpieza y sanidad, suplicando amor, y dejando con él las cargas que sólo él puede solucionar.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras clave, repeticiones, personas, detalles que te llaman la atención?

  2. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

  3. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el centro neurálgico? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

  4. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho de lo que Pablo quiso transmitir a los gálatas, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a estas personas? Elaborar juntos una sencilla frase o un título (no necesariamente una oración completa) que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia pero ¡debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.

  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Verificad que el efecto que queréis que tenga vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba lograr en sus oyentes.

  3. Debatir posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

Gá. 2.15-21 – Dos planteamientos antagónicos


Situación

Pablo, después de recordar cómo había confrontado a Pedro en Antioquía, pasa a analizar los motivos del conflicto. Pedro, al dejar de comer con los gentiles recién convertidos, les transmitía un mensaje corrosivo: que la sola fe en Jesucristo no es suficiente para ponerse a bien con Dios, sino que también hace falta guardar las leyes alimentarias dictadas por Moisés. Pablo, que sabe que las leyes dietéticas eran una medida provisional para enseñar al pueblo a vigilar las influencias de la sociedad (como si de comer se tratara), se indigna ante la pusilanimidad de Pedro, además de su falta de visión espiritual.

La intención del apóstol es recordar a los creyentes de Galacia que si han empezado por la fe, deben seguir en la vida cristiana en base al mismo principio. Si la justificación es por la sola fe, entonces la transformación completa de la persona operará de la misma manera.

Hay dos maneras de plantear la vida con Dios: según obras de ley o según el oír con fe. Al decir «obras de ley», Pablo no se limita al seguimiento de los rituales del Antiguo Testamento, sino a toda una manera de enfocar la vida espiritual. Una manera enfatiza la obligación humana, la otra se centra en la obra de Jesucristo. Es el contraste entre depender de la visión divina y depender de criterios humanos, entre el esfuerzo de la persona y la eficacia de la obra de Cristo. La transigencia de Pedro en Antioquía demuestra cuán fácil es abandonar la vida de fe y deslizarse hacia una dependencia del brazo de la carne.

Podríamos pensar en la diferencia entre Caín y Abel, Lot y Abraham, Ismael e Isaac, Esaú y Jacob, Saúl y David, Judas y Pedro. En cada pareja hay uno que confía en la carne y otro que confía en la obra del Señor. La diferencia entre el objeto de la confianza de unos y de otros, se manifiesta en conductas radicalmente diferentes. Por eso merece la pena asimilar el mensaje de Gálatas, porque no es difícil –como el caso de Pedro demuestra– comenzar por la fe pero acabar navegando por un principio de obras.

Argumento

El apóstol plantea dos maneras de enfocar la espiritualidad. Demuestra que se trata de dos visiones distintas e irreconciliables (Gá. 2.15-16). La postura carnal parece poner coto al pecado, pero su efecto real es confirmar a la persona en su pecado (Gá. 2.17-19). En cambio, la postura espiritual se centra en la persona y obra de Jesucristo, y acaba provocando una transformación de vida (Gá. 2.20-21). Después de establecer el contraste entre los dos sistemas, Pablo pasará a exhortar a los gálatas a mantenerse firmes en su compromiso con la vida de fe (Gá. 3.1-5).

Pertinencia

Hay dos áreas de aplicación de este pasaje. Uno tiene que ver con la persona misma y su relación con Dios: la manera de conectar con Dios y luego cómo vivir con Dios en medio de un mundo caído. La otra aplicación tiene que ver con la persona y su relación con los demás: cómo se logra la transformación de otras personas: hijos, cónyuges, amigos, hermanos de iglesia. ¿Nos acercamos en base a exhortaciones y amenazas solamente, o será mejor buscar la manera de llevarlos a Cristo?

Para meditar juntos:

Fase Uno: exégesis

  1. ¿Qué clase de escrito es?

  2. ¿Cuál era la situación del autor y cuál la de los oyentes o lectores originales?

  3. ¿Cuál es el contexto del pasaje? (anterior y posterior)

  4. ¿Cómo te ayuda a entender de qué se trata?

  5. ¿Hay palabras claves, repeticiones, personas, detalles que te llaman la atención? ¿Qué significa el término «justificación» exactamente?

  6. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

  7. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el centro neurálgico? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

  8. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? hay que contestar dos preguntas:

    • ¿De qué se habla en este pasaje? (el tema)

    • ¿Qué se dice acerca de aquello? (el complemento)

Fase Dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a estas personas? Elaborar juntos una sencilla frase o un título (no necesariamente una oración completa) que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia pero ¡debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto, en respuesta a las preguntas 7 y 8!

  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Verificad que el efecto que queréis que tenga vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba lograr en sus oyentes.

    Pensando concretamente en este pasaje puede ayudar plantearnos:

    • ¿Cuáles son los frutos de una visión carnal, a diferencia de una visión espiritual? Pensemos en las parejas mencionadas antes (Caín y Abel, etc.).

    • ¿De qué maneras podría un creyente genuino caer en una dinámica carnal (dependencia del esfuerzo humano) en el día a día?

  3. Debatir posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, pero buscando una estructura sencilla de apartados o encabezados que reflejen fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.