La poesía del Antiguo Testamento – Un reto para la predicación expositiva

Salmo 32

 La alegría del perdón

Este salmo responde al adulterio de David con Betsabé, con el posterior asesinato del marido de ésta, Urías el heteo. Este tropiezo de David se señala como el fallo más llamativo de su vida (1 R. 15.5). Tanto el Salmo 32 como Salmo 51 aluden a un tiempo de silencio y encubrimiento (Sal. 32.3-4), seguido de otro de confesión y restauración (Sal. 32.5). La confesión de pecado abre la puerta a la recuperación de alegría espiritual y un renovado impulso para transmitir el mensaje del perdón a otros pecadores.

El apóstol Pablo cita Sal. 32.1-2 en su exposición sobre la justificación por la fe sin obras (Ro. 4.6-8). La certeza del perdón sólo es posible por la fe; si el creyente depende de sus méritos ante Dios, nunca sabrá si ha cumplido lo suficiente. Más bien acusará una sensación de fracaso constante. En cambio, el perdón abre la puerta a una conexión real con Dios, con todas las bendiciones que se desprenden de esa relación.

Cuando David habla de la bendición de tener cubierto su pecado, alude a la sangre rociada sobre el propiciatorio en el día de expiación: la sangre del macho cabrío derramada sobre la tapa del arca de la alianza «cubría» la ley quebrantada por todo el pueblo (las dos tablas de piedra que se guardaban dentro del arca) de los ojos de Dios. La sangre se interponía entre el pecador y Dios, para que éste no tuviera que juzgar al que había cometido la ofensa. Como la sangre derramada siempre apuntaba a la muerte del Redentor en sustitución del pecador, la fe a que se refiere David es en su esencia una fe en Cristo.

David llama su composición «masquil». Se trata de un salmo didáctico, no una mera catarsis personal. David considera que su experiencia sirve de paradigma para todos los creyentes en todos los lugares, de modo que el salmo ofrece material para una exposición pública en la iglesia. El mensaje es que encubrir el pecado siempre produce sufrimiento espiritual (tristeza, depresión, frustración, debilidad, lejanía del Señor), pero reconocer el pecado y confesarlo llanamente siempre resulta en restauración y gozo. Es una verdad que recoge tanto el Antiguo Testamento (Pr. 28.13) como el Nuevo (1 Jn. 1.9).

El salmo plantea un principio general sobre la felicidad de saberse perdonado (vss. 1-2). Luego relata la experiencia concreta de David (vss. 3-5). Seguidamente anuncia que la vivencia de David es extrapolable para todos (vss. 6-9). Remata con la conclusión de que habrá misericordia y gozo para todos los que reconocen sus errores ante Dios (los rectos de corazón, vss. 10-11).

Economía, energía, sutileza

El salmo abunda en metonimias: «se envejecieron mis huesos» significa «fui debilitado en todo» (v. 3). «Se agravó sobre mí tu mano» significa «presionaste espiritualmente en mi conciencia». «Se volvió mi verdor en sequedades de verano» significa «perdí toda mi vitalidad».

El tiempo en que el Señor puede ser hallado se refiere a los momentos en que Dios despierta la conciencia del pecador, y el pecador responde esforzándose en oración (Dt. 4.29, Is. 55.6, Jer. 29.12-14).

El resultado de recibir el perdón de Dios es que lo quieres contar a otros y animar a otros a seguir el camino de transparencia y sinceridad ante Dios. La frase «te haré entender, te enseñaré» (v. 8) corresponde a la resolución de David en Sal. 51.13. Él, el pecador perdonado, anima al lector u oyente del salmo a reconocer y confesar el pecado como él ha hecho. Al mismo tiempo, al hablar David por inspiración del Espíritu de Dios (2 S. 23.2), sus palabras son una promesa del Señor. Dios promete enseñar al creyente arrepentido el camino en que debe andar. Es una promesa de dirección divina para todos los que tienen un corazón dócil ante el Señor.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras claves, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Dónde hay figuras de dicción?¿Cuál es el significado literal de las metonimias: cubierto el pecado (32.1), envejecer los huesos (32.3), volver el verdor en sequedad de verano (32.4), llegar las inundaciones de aguas (32.6), rodear con cánticos de liberación (32.7)?
  2. ¿A quién engañamos cuando tratamos de negar o encubrir el pecado (32.2)?
  3. Analiza 1 Juan 1.9. ¿Qué enseña este texto sobre la confesión del pecado?
  4. ¿Qué relación hay entre el hecho de saberse perdonado y el hecho de sentir el refugio de Dios en todas las circunstancias (32.7).
  5. ¿Qué importancia tiene la promesa (primero de David, luego del Señor) de fijar los ojos sobre el pecador (32.8)?
  6. ¿A qué se refiere David con las metáforas del caballo y el mulo (32.9)?
  7. ¿Cuál es el equivalente de ser sujetados con cabestro y con freno, para el creyente de hoy (32.9)?
  8. 8. ¿Cuál es la estructura del salmo? ¿Cómo es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.
  9. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el mensaje central? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …
  10. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.
  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis, para que vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.
  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

 

Esteban Rodemann

Salmo 25


La guía del Señor en el día malo

Este salmo parece surgir de una situación ocurrida en la etapa madura de la vida de David. Se refiere a los pecados de su juventud como algo del pasado (25.7). Sus enemigos son muchos y crueles, se le oponen sin provocación («los que se rebelan sin causa», 25.3). La soledad le abruma (25.16). David podría haber compuesto el salmo durante la rebelión de Absalón, cuando tiene que huir de la capital y duda de la respuesta más conveniente a la crisis (2 S. 15-19). ¿Huir de Jerusalén o quedarse en Jerusalén? ¿Confiar en sus consejeros o desconfiar? ¿Llevar el arca consigo o dejarla en su lugar? Hay una angustia extrema, un desconcierto total, una conciencia de pecado mezclada con un anhelo de liberación de los enemigos. Sabe que el origen de la inquina de Absalón ha sido su adulterio con Betsabé. El profeta Natán ya le dijo que la espada no se apartaría de su casa (2 S. 12.10).

El valor del salmo consiste en plantear para el creyente cuál debe ser su actitud en medio de situaciones vitales complejas, sobre todo cuando reconoce que su propio pecado ha contribuido al problema. A veces hay relaciones rotas, abandonos y traiciones. Los amigos han dejado de serlo. Los miembros de la familia se han vuelto fríos, incluso hostiles. Hay enemigos con odio implacable. Circulan bulos que distorsionan el relato de los hechos. El creyente necesita dirección divina, tanto para comprender cuál es la voluntad de Dios en general como para saber qué pasos dar en esta situación concreta.

El creyente también necesita fuerzas para actuar cuando ha comprendido cuál es la voluntad de Dios: «Encamíname en tu verdad» (25.5). No se limita a acciones externas, sino todo depende de una disposición interna. Todo comienza en el corazón. Por eso David pide que el Señor guarde su alma, para que prevalezcan la integridad y la rectitud (25.20, 21).

Pueden ser casos tan alambicados que el creyente ni sabe cómo orar. Hay una maraña de factores, de protagonistas, de móviles cruzados entre unos y otros, de palabras que se han dicho y se han callado, de gestos que se han interpretado bien o mal, en fin un conjunto de circunstancias tan embrolladas que uno ni sabe pedir ayuda al Señor. Por eso el salmista empieza diciendo «te levanto mi alma» (25.1). Es una metonimia que alude a la ofrenda mecida que el sacerdote levantaba ante el Señor en señal de entrega (Lv. 7.30-36; 8.27, 29; 9.21), y luego se la quedaba para su propio alimento. Así hacemos con nuestra alma: la elevamos ante el Señor (afirmando «tuyo soy»), luego seguimos viviendo la vida terrenal desde esa postura. Otros actores bíblicos hacen lo mismo: 2 Cr. 20.12, Sal. 123.2.

De la misma manera, la petición del salmista muchas veces se reduce a un simple «mírame»: «mírame y ten misericordia» (25.16), «mira mi aflicción» (25.18), «mira mis enemigos» (25.19). Si Dios mira a los suyos, actuará para socorrerlos. Su compromiso eterno para con los suyos le obliga a ello. «Miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios» (Ex. 2.25). «Y al ver las multitudes, [Jesús] tuvo compasión de ellas» (Mt. 9.36).

El salmista alterna plegarias desesperadas con afirmaciones de confianza en el Señor. Por un lado clama «no sea yo avergonzado» (25.2), y acto seguido afirma que «ninguno de cuantos esperan en ti será confundido» (25.3). Pide «muéstrame tus caminos» (25.4), luego afirma que «él enseñará a los pecadores el camino» (25.8). Aplica las promesas del Señor a su propia realidad. Se consuela con la palabra de Dios.

Economía, energía, sutileza

El Salmo 25 es el primero de los salmos acrósticos, en que cada estrofa comienza con una letra distinta del alfabeto hebreo. Este artificio literario se emplea en otros salmos también (34, 37, 111, 112, 119, 145). El método alfabético sugiere el autor quiere abarcar todos los aspectos del tema en cuestión, en toda su plenitud. También plantea el valor del pensamiento creativo del hombre, como la respuesta indicada en cualquier coyuntura existencial. Se trata de amar al Señor con todo el corazón, toda el alma y toda la mente, en palabras de Jesucristo (Mt. 22.37).

La intensidad mágica de la poesía nace de tres factores semánticos: economía (se usan menos palabras, a veces aludiendo con una sola palabra a todo un suceso histórico), energía (se repiten palabras y conceptos en frases paralelas), y sutileza (abunda el lenguaje figurado). En este salmo el autor recurre a la metonimia como principal figura de dicción. Habla de levantar el alma, de mirar al Señor, de esperar todo el día, de que el Señor recuerde esto y olvide aquello. Pide que el Señor le enseñe el camino, que le mire, que guarde su corazón, que saque sus pies de la red. En cada caso, es necesario determinar el concepto exacto que David pretende comunicar.

Junto con las metonimias el salmista emplea un lenguaje directo, llano: que los que esperan en Dios no serán avergonzados, que el Señor es bueno y recto, que merece la pena temer al Señor. La poesía gana fuerza con la repetición de ciertos conceptos, con la alternancia entre peticiones y afirmaciones.

La última estrofa demuestra que David interpreta su propia experiencia y su petición como algo paradigmático. Su vivencia ofrece un ejemplo a los demás. Lo que él sufre, lo sufre todo el pueblo de Dios. Lo que él suplica sirve de modelo para todo el pueblo de Dios: «Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias» (25.22).

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras claves, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Dónde hay figuras de dicción?¿Cuál es el significado literal de las metonimias: levantar el alma (25.1), sacar los pies de la red (25.15), mirar (25.15, 16, 18, 19)?

  2. ¿Qué importancia tienen las afirmaciones del amor eterno del Señor hacia los suyos (25.5, 6, 14)?

  3. ¿A qué se refiere David cuando habla de guardar el pacto (25.10)? Compárese con Gn. 17.9, 18.9; Ex. 19.5; Lv. 26.3-4; Dt. 28.1, 30.10.

  4. ¿En qué consiste la promesa de que Dios hará conocer su pacto (25.14)? Compárese con 2 S. 23.5.

  5. ¿Cuál es el problema de quedarse avergonzado (25.2, 3, 20)? Compárese con 1 P. 2.6. ¿Qué tiene que ver esto con la petición de sacar los pies de la red (25.15)?

  6. ¿Qué sentido tiene la petición de que el Señor recuerde u olvide ciertas cosas (25.6, 7)? ¿Qué pide el salmista exactamente?

  7. ¿Cuál es la estructura del salmo? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

  8. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el mensaje central? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

  9. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.

  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.

  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

Salmo 8


La vocación del ser humano

El Salmo 8 se remonta a la creación del hombre como varón y hembra. Parte del trasfondo de Génesis 1.26-28. Es la primera vez en la serie de hechos creacionales que el Señor consulta consigo mismo –«Hagamos al hombre a nuestra imagen»– señalando algo especial en el ser humano como corona de toda la creación. Retoma la idea de que el hombre y la mujer fueron formados para señorear sobre el mundo, algo que implica la adquisición de conocimientos (ciencia), la aplicación de ellos a la vida diaria (tecnología), la ordenación del mundo material (armonía, belleza, arte) y el aprovechamiento de recursos en pro de todos los descendientes que con el tiempo llegarían. También habría que regular todas las relaciones sociales entre esos descendientes, en un clima de perfecta justicia y paz. El cometido de Adán y Eva era llenar la tierra con adoradores de Dios.

Después de la caída, sin embargo, este señorío toma otro cariz. El mundo –tanto material como animado– se levanta contra el hombre. Admite su gestión a duras penas. Pero eso el autor de Hebreos cita este salmo para resaltar el contraste entre el plan original de Dios y la condición actual de ser humano: «no vemos que todas las cosas le sean sujetas» (He. 2.5-10). Lo que sí vemos es al Señor Jesucristo, también hecho un poco menor que los ángeles, pero ahora coronado de gloria por su sacrificio en la cruz y la resurrección. La idea es que la obra de Cristo servirá para restaurar al ser humano su vocación original de señorear en toda la creación.

De modo que el señorío del ser humano encuentra su máxima expresión en este momento en los que se han unido por la fe a Jesucristo. Para ellos, la gestión del mundo incluye un componente de ministerio espiritual, anunciando el evangelio para que más personas se incorporen al pueblo de Dios y compartan el reinado de Cristo cuando él vuelva en gloria. Un concepto clave en el salmo es la gloria de Dios: «cuán glorioso es tu nombre», «has puesto tu gloria sobre los cielos», «lo coronaste de gloria». Las palabras usadas, tanto en hebreo como en griego, se refieren a la manifestación visible de atributos o perfecciones de otra manera invisibles. Algunos sinónimos podrían ser «majestad», «esplendor», «abundancia». Una de las palabras hebreas, kabod, significa «peso», como si se tratara del peso acumulado de todas las riquezas del personaje en cuestión, y por derivación su «peso» o influencia en la sociedad.

Por un lado, las Escrituras afirman repetidamente que toda la creación anuncia la grandeza, el poder, la sabiduría y la bondad de Dios (Sal. 19.1-6, Is. 6.3, Hch. 14.16-17, Ro. 1.20). El mundo material es un gran lienzo que lleva las huellas dactilares del Señor. Pero por otro lado, hay una mayor gloria que se aprecia en el ser humano, que lleva la imagen y semejanza de Dios. El salmista contrasta la grandeza de la creación con la pequeñez del ser humano, incluso con los más pequeños entre los hombres: los niños y bebés. Si Dios manifiesta sus cualidades invisibles a través del mundo material, esta manifestación resulta más contundente aún en el ser humano.

La paradoja de la debilidad

Jesús cita la frase «de la boca de los niños y los que maman fundaste la fortaleza» para acallar las críticas de los sacerdotes cuando los jóvenes proclaman sus alabanzas en la entrada triunfal a Jerusalén (Mt. 21.15-16). La metonimia alude a la profesión de fe de los más débiles de este mundo. El poder de Dios se ve en la firmeza del testimonio del pobre, del enfermo, del niño que confiesa a Cristo. Un ejemplo reciente sería el caso de la niña secuestrada por Boko Haram que sigue cautiva porque se niega a renunciar a su fe cristiana.

El Nuevo Testamento alude repetidamente a esta paradoja: que el poder de Dios brilla en la persona desaventajada que mantiene su confianza en Dios. El apóstol Pablo dice que tenemos este tesoro en vasos de barro «para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Co. 4.7). Afirma el valor de su propio sufrimiento (su aguijón en la carne) porque el poder de Dios se perfecciona en la debilidad (2 Co. 12.9). Recuerda a los corintios que Dios escoge lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil para avergonzar a los fuertes (1 Co. 1.26-29). Santiago declara que Dios ha elegido a los pobres de este mundo para que sean herederos del reino de Dios (Stg. 2.5).

Esto responde a la exclamación de Jesús cuando alaba a Dios porque reveló el evangelio a los niños y no a los sabios y entendidos (Mt. 11.25). Por eso dice «Dejad a los niños venir a mí…porque de los tales es el reino de Dios» (Lc. 18.16). La viuda que echa su ofrenda en el templo llama la atención a Jesús (Lc. 21.1-4). Ella y la profetisa Ana (Lc. 1.36-38) son ejemplos de cómo brilla la vida de Dios entre los más débiles.

La frase del salmo no sólo destaca el poder del testimonio de los más pequeños. También resalta el hecho de que una fe robusta siempre se manifieste en palabras. Se exterioriza. Se expresa con un testimonio verbal: «Creí, por lo cual hablé» (2 Co. 4.13, citando Sal. 116.10). El testimonio verbal de la persona débil quita la razón al malo que es más fuerte: le deja sin argumentos, avergonzado en su orgullo.

La esperanza del cristiano

Jesús afirma repetidamente que el destino de los suyos es reinar con Cristo en un mundo renovado (Mt. 19.28-28, Lc. 12.32-34). Su intención, siendo el postrer Adán, es restaurar el señorío perdido por el primer Adán. La visión expuesta por David en el Salmo 8 la cumplirá al final el Señor Jesucristo, que recibe el reino juntamente con su pueblo (Dn. 7.14, 27). Por eso Dios jura a Abraham que sus descendientes espirituales tomarán posesión de las puertas de sus enemigos en todo el mundo (Gn. 22.17). Los apóstoles mantienen la misma enseñanza (Hch. 3.21, 1 Co. 6.2-3, 2 Ti. 2.12). Abraham y Moisés demuestran cómo esta certeza respecto al desenlace final influye en las decisiones cotidianas del cristiano (He. 11.9-10, 11.24-26).

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras clave, repeticiones, detalles que llaman la atención? ¿Dónde hay figuras de dicción (sobre todo en este salmo la metonimia)? ¿Cuál es el significado literal detrás del lenguaje figurado?

  2. ¿Qué importancia tiene el contraste entre la boca abierta de los niños y la boca cerrada de los enemigos (8.2)?

  3. ¿Qué sugiere el contraste entre los dedos de Dios, que han creado los cielos (8.3), y el brazo del Señor, que lleva a cabo la salvación (Is. 53.1)?

  4. ¿Qué significa la progresión de «para que tengas de él memoria» a «para que lo visites»? (8.4). ¿Hay alguna diferencia?

  5. ¿En qué sentido es mayor la gloria que Dios ha puesto sobre el ser humano (8.5) que la gloria que brilla en la creación (8.1)?

  6. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.

  7. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el mensaje central? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …

  8. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Hay¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.

  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.

  3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

La poesía del Antiguo Testamento


Aproximación a la poesía hebrea

La poesía es la manifestación de belleza por medio de la palabra. Es un artificio literario para hacer el máximo impacto emocional. En palabras del poeta romántico alemán Novalis, «Cuando un poeta canta, estamos en sus manos; él sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos».

La intención del poeta es impactar el corazón por medio de tres recursos que distinguen la poesía de la prosa ordinaria: economía, energía y sutileza. Se emplean menos palabras, lo cual a veces aporta misterio. El lector tiene que meditar bien para captar el sentido pensado por el autor. La frases conllevan energía mediante figuras de dicción. En vez de decir «Señor, ayúdame contra mis enemigos», el poeta exclama, «Señor, ¡rompe los dientes de las fieras!». Además de economía y energía, también hay sutileza: se trata de imágenes pintadas con palabras. Son afirmaciones veladas que requieren un esfuerzo de parte del lector, para asomarse al mundo del poeta y abrazar su mensaje. Como diría García Lorca: «La poesía no quiere adeptos, quiere amantes».

Destacan dos características principales de la poesía hebrea: las figuras de dicción y el paralelismo. Algunas de las figuras más importantes son el símil, la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y la hipérbole. El símil es hacer una comparación empleando la palabra «como»: el justo es como un árbol, el impío es como el tamo que arrebata el viento. La metáfora es también una comparación, pero sin la palabra «como»: yo soy la vid, yo soy la puerta, yo soy el camino, yo soy el buen pastor. Tanto el símil como la metáfora invitan a dar un paso siguiente e identificar exactamente en qué consiste la comparación.

La metonimia es la yuxtaposición de dos pensamientos que tienen cierta relación entre sí. Dice una cosa, pero realmente significa otra cosa relacionada. El Salmo 1 dice «bienaventurado el hombre que no anduvo en consejo de malos». Por metonimia, el lector comprende que «andar» significa «conducir la vida», y «consejo de malos» significa «los valores de esta sociedad». De modo que la frase entera quiere decir, «Feliz el hombre que no conduce su vida según los valores de este mundo». Hace falta destilar la esencia detrás de los pensamientos relacionados. ¿Cuál es el significado?

La sinécdoque es poner una parte por el todo, o el todo por una parte. «Nos tocó pagar la cena a 10€ por barba». Evidentemente la barba no paga nada. La palabra significa «persona». Por sinécdoque, se trata de una parte por el todo. Cuando el Salmo 1 dice «bienaventurado el varón», quiere decir «bienaventurada la persona», sea hombre o mujer. Cuando dice «la ley de Jehová», se refiere a toda la Palabra de Dios, no sólo el Decálogo.

Por último, la hipérbole es una exageración intencionada para dar énfasis a una afirmación. «Si tu ojo te ofende, sácalo y échalo de ti», dice Jesús. «Más vale que se le cuelgue una piedra de molino al cuello y se le eche al mar». La hipérbole sirve para sacudir la jaula mental del auditorio, para que los oyentes presten atención. El Salmo 1 dice, «Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio». La idea es que no tendrán nada que decir: no prestarán declaración, se quedarán sin defensa alguna. La exageración –de que no se levantarán de su silla o del suelo– enfatiza que en aquel día no se admitirá excusa alguna.

La poesía hebrea no se define tanto por su rima ni por la métrica, sino por el paralelismo. El poeta apila frases, unas sobre otras, a veces para decir lo mismo, a veces para decir lo contrario, a veces para desarrollar un pensamiento. El significado se aclara tomando nota de cómo las frases se relacionan entre sí. En el Salmo 1 se aprecian tres tipos de paralelismo:

Paralelismo sinónimo, en que la segunda frase dice lo mismo que la primera, pero con otras palabras: «No se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos».

Paralelismo antitético, en que la segunda frase dice lo opuesto de la primera: «Jehová conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecerá».

Paralelismo sintético, en que las frases van ampliando un concepto: «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado».

Valor de los salmos

Una de las porciones más poéticas de la Biblia, y más provechosas para orientar el corazón del creyente, es el libro de Salmos. Muchos de los salmos son cánticos compuestos por David, el joven pastor de ovejas que llegó a ser rey de Israel. David destaca porque tiene un corazón sintonizado con Dios, quien lo describe como «varón conforme a mi corazón» (1 S. 13.14). Los anhelos de David, sus miedos, sus angustias, su consuelo, su esperanza, su dolor, todo encaja con el sentimiento divino que luego quedaría plasmado en la persona del Señor Jesucristo.

David despunta por su habilidad componiendo coplas poéticas que responden a toda la gama de sentimientos humanos, desde la más abyecta desolación hasta el más delirante regocijo. David derrama lágrimas sin consuelo y en otras ocasiones prorrumpe en gritos de alabanza. Su exposición literaria da forma al culto oficial, al incorporarse sus salmos en el himnario de Israel. Los que acuden al tabernáculo, y luego el templo, canalizan sus plegarias y su adoración a través de los textos del «dulce cantor de Israel» (2 S. 23.1). Todos se dan cuenta de que las meditaciones de David podrían ser asimiladas por los demás: leyendo, aprendiendo, meditando, cantando, recitando a otros. Las palabras de David –dadas por el Espíritu de Dios– una vez guardadas dentro, acaban domando el corazón del creyente. «Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Jehová te ha hecho bien» (Sal. 116.7).

Con los salmos, el creyente aprende lo que debe sentir y cómo expresar sus inquietudes más profundas al Señor. Lejos de reprimir los sentimientos indignos o negar que existan, el creyente aprende a llorar con Dios, a enfadarse delante de Dios, a exponer todas sus miserias a Dios, a dejar sus cargas con Dios, con el fin de que Dios tome control de su alma y la reconduzca a un lugar de plena confianza, para que repose en el Señor. El creyente descubre cómo vivir con Dios en un mundo averiado. Los salmos le sirven para adiestrar su espíritu: confrontando la tristeza y la confusión sin tapujos, y sobreponiéndose a desgracias mil para seguir esperando en un Dios que no deja de ser un Buen Pastor: «Jehová es mi pastor, nada me faltará» (Sal. 23.1).

Los salmos dan contenido a un diálogo que el creyente mantiene consigo mismo. Por un lado, el Señor quiere que los creyentes se ayuden mutuamente, sobrellevando las cargas los unos de los otros («Jehová está conmigo entre los que me ayudan», Sal. 118.7) pero por otro, cada uno tiene que servir de terapeuta para su propia vida interior. «Cada uno llevará su propia carga» (Gá. 6.5). Es una especie de psicoanálisis personalizado, con Dios como médico divino. Uno se mira al espejo y razona con su propio corazón. El diálogo podría expresarse de distintas maneras:

  • Preguntando: «¿Por qué te abates, oh alma mía?» (Sal. 42.5).
  • Exhortando: «Alma mía, en Dios solamente reposa» (Sal. 62.5).
  • Recordando: «Oh alma mía, dijiste a Jehová: “Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti”» (Sal. 16.2).
  • Animando: «¡Despierta, alma mía!» (Sal. 57.8).
  • Imponiéndose: «He acallado mi alma» (Sal. 131.2).
  • Pidiendo a Dios: «Sana mi alma, porque contra ti he pecado» (Sal. 41.4).
  • Avivando: «Bendice, alma mía, a Jehová» (Sal. 103.1).

En todo este esfuerzo por adiestrar el alma y traerla bajo control, la palabra de Dios demuestra ser el medio imprescindible: «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma» (Sal. 19.7). La palabra hebrea «convertir» es shub, que significa «volver», y en su forma hifil, «hacer volver». La palabra de Dios reconduce el alma ­–atrayendo y empujando– hasta hacerlo volver al lugar de confianza en Dios y sumisión a su señorío. David usa la misma palabra shub cuando dice que el Señor «confortará mi alma» (Sal. 23.3): «Haces que mi alma vuelva cuando se ha despistado, y eso me reporta consuelo».

Salmo 1

Este salmo bien podría ser la introducción a todo el himnario sagrado. Plantea el contraste entre el justo, justificado por la fe en el Redentor venidero (como Abram, Gn. 15.6), y el malo, cuyo destino es acabar eliminado de la escena cósmica al final. Es un estudio de contrastes: los versos de 1 al 3 describen el justo, los versos de 4 a 6 el malo. El justo se deleita en la palabra de Dios, el malo se guía por los consejos de otros pecadores. El justo acaba hecho un árbol con follaje y fruto, mientras el malo acaba como la pelusa del trigo que desaparece con el viento. Hay un contraste entre dos estilos de vida, dos grados de fortaleza interior y dos destinos futuros.

El valor del salmo para la exposición estriba en la correcta interpretación del lenguaje figurado. Poner nombre a las figuras e identificar las distintas clases de paralelismos es un primer paso, pero después hay que analizar el significado latente en todo ello. ¿Qué quiere transmitirnos el autor? La pertinencia al creyente de hoy gira en torno a la ley del Señor como delicia, para que la meditación en ella sea una práctica asidua y la aplicación de ella un hábito cotidiano.

Fase uno: exégesis

  1. ¿Hay palabras clave, repeticiones, personas, detalles que te llaman la atención?
  2. ¿En qué consisten las distintas maneras de andar (v. 1)? ¿Por qué el contraste entre andar y sentarse?
  3. ¿Cómo puede la ley del Señor ser una delicia? ¿Qué supone la meditación en ella día y noche?
  4. ¿Qué significa la comparación del justo con un árbol plantado junto a corrientes de aguas? ¿Cómo se expresaría la idea en prosa normal? ¿A qué se refiere el fruto? ¿A qué se refiere la hoja? ¿Qué tiene el justo (como árbol) que no tiene el malo (como tamo)?
  5. ¿Cuál es la estructura del pasaje? ¿Cuál es el flujo de pensamiento o argumento? Haz un bosquejo del pasaje, dividiéndolo en secciones, resumiendo lo que dice.
  6. ¿Cuál es el punto principal o idea central que el autor estaba tratando de comunicar a sus primeros lectores en este pasaje? ¿Qué es lo palpitante de este pasaje, el centro neurálgico? Intenta resumirlo en una sola oración en tiempo pasado: El autor quería transmitir a sus primeros lectores que …
  7. ¿Cuál es el principio teológico fundamental que subyace este pasaje? En base al resumen que has hecho del mensaje del salmista, intenta definir este principio de aplicación universal en una sola oración, usando verbos en tiempo presente.

Fase dos: exposición

  1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.
  2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.
  3. Debatir posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.