Un ejemplo de vida, madurez, sabiduría y oración (1º Samuel 30:1-7)

Desde que descubrí este pasaje, puedo decir que es uno de los que más me ha impresionado, y a la vez, más me ha ayudado en mi vida.

Quisiera destacar cuatro ideas que puedan inspirarnos y animarnos en el día a día, cuando la adversidad aparece.

No podemos evitar vivir en un mundo imperfecto (v. 1-2)

Hay violencia, injusticia, accidentes, conflictos, enfermedades, ladrones, pérdidas…

No podemos evitar las adversidades (v. 3-6a)

El pueblo de Dios no está exento, aún el ungido de Dios, David, fue perseguido injustamente…A veces las adversidades aparecen varias, una tras otra, seguidas, y parece que todo se viene abajo y nos derrumbamos…

En ocasiones la incomprensión procede del mismo Pueblo de Dios, los hermanos no nos entienden, nos culpan…

Podemos fortalecernos en Dios (v. 6b)

¿En quién debe estar nuestra confianza? ¿En quién debemos fortalecernos?

Cuando todo alrededor se tambalea, miremos a Dios.  Vez tras vez, sin desanimarnos.

Esta es la mejor decisión: Mas David escogió, decidió. Tenemos responsabilidad.

Podemos orar y pedir dirección a Dios (v. 7, 18)

¿Fue eso todo lo que hizo David? ¿Qué otra decisión tomó?

Orar, consultar a Dios: que expresión más hermosa. Desarrolló intimidad en la presencia de Dios. Su petición fue específica, concreta. Qué importante es no perdernos en generalidades. Después de consultar, se pone en marcha, obedece, la respuesta no es mágica y vemos cómo Dios responde de manera afirmativa y maravillosa (v. 18).

Francisco Mira

Qué bueno es tener a Dios en nuestras vidas (Salmo 27)

La Palabra de Dios enriquece, nutre nuestras vidas y además nos da una perspectiva de un valor incalculable. Cuando estamos inmersos en nuestro día a día, con nuestras responsabilidades familiares, laborales, económicas, y de forma excepcional con toda la incertidumbre que esta crisis sanitaria nos está deparando, todo ello a menudo bajo presión, que bueno es saber que Dios es la referencia, la brújula de nuestras vidas.

El salmista lo expresa de forma muy hermosa y convincente, meditemos en las ideas que David nos comparte inspirado por el Espíritu santo.

Dios es lo más importante en mi vida (v. 1-3)

  • Dios es mi Luz. Sin El viviríamos a oscuras, a tientas, la luz aumenta la visión.
  • Dios es mi Salvación. Sin El viviríamos perdidos, desorientados, sin esperanza.
  • Dios es mi Seguridad: Sin El sucumbiríamos al temor, a la inseguridad.

Dios es lo más hermoso de mi vida (v.4-6)

  • Una cosa he pedido y buscaré: Estar en Su presencia todos los días.
  • Para contemplar su hermosura, que importante detenernos y meditar en Su carácter.
  • Para orar en su presencia, compartir con el la vida, desarrollar nuestra amistad con El.

Dios y nuestras oraciones (v. 7-11)

Las oraciones son claves en nuestra relación con Dios, David tenía muy claro que era orar.

  • Buscar el rostro de Dios: esta es la dimensión de la adoración, Dios es majestuoso.
  • Aparta tu ira oh Dios: esta es la dimensión de la confesión, cuanta necesidad de perdón.            
  • Dios, has sido mi ayuda: esta es la dimensión de la petición, cuatro grandes áreas:
    1. No me dejes: la necesidad de su presencia en nuestra vida.
    2. Enséñame tu camino: la necesidad de dirección en nuestra vida.
    3. Guíame por sendas de rectitud: la necesidad de santidad en nuestra vida.
    4. Líbrame de mis enemigos, aflicciones: la necesidad de protección.

Dios es bueno (v. 13-14)

Concluye con una afirmación muy profunda, con grandes implicaciones prácticas:

  1. Confiar en Dios: creer en su bondad aquí y ahora.
  2. Aguardar a Dios: Serenidad, descansar en el Señor.
  3. Esforzarnos en Dios: vivir y trabajar renovada y excelentemente.
  4. Esperar en Dios: desarrollar una visión esperanzada de la vida.

Que este salmo nos estimule a reconocer la bondad de contar con Dios en nuestras vidas.

Francisco Mira

Una sola interpretación – La integridad de la perícopa

La predicación expositiva parte de un texto bíblico. Es la exégesis de un pasaje de las Escrituras, con la aplicación del mensaje del texto a la vida del predicador primero, después la comunicación de esa idea central a un grupo de hermanos para que respondan con fe y obediencia, y acaben transformados un poco más a la imagen de Jesucristo. El objetivo de la predicación expositiva es que el reino de Dios se reproduzca en la vida de los creyentes.

Una perícopa es una porción de las Escrituras apta para ser predicada. Es una unidad de pensamiento dentro de la revelación bíblica. Puede ser un párrafo de las epístolas del Nuevo Testamento, una porción extensa de la narrativa del Antiugo Testamento, un salmo, o un solo versículo de Proverbios. Lo que define la perícopa es que resume una sola idea, transmite un solo mensaje.[1] Esto significa que no se puede sacar muchas interpretaciones distintas de un pasaje bíblico. El mensaje central de una perícopa es único. Se trata de aquello que el autor quiso transmitir. La tarea del predicador consiste en descubrir la idea central del texto descifrando la intención del autor. No es válida una predicación basada en cualquier idea central; hay que dar con el propósito original del que ha compuesto el texto.

El mensaje central de un pasaje bíblico fluye de la pragmática del texto: ¿qué quiere hacer el autor con las palabras que escribe? ¿Cuál es el efecto que busca en los oyentes? Analizar la semántica –el significado léxico de palabras, los datos históricos relevantes, el funcionamiento gramático dentro de la oración– no es suficiente. Hay que descubrir la intención real del autor. ¿Qué espera que ocurra en los que leen su relato? Es una consideración que no suele figurar en los comentarios tradicionales.

Una sola idea

Si analizáramos los periódicos un día cualquiera, podríamos leer titulares como los siguientes:

La segunda ola golpea España

La feroz lucha de Lukashenko por la supervivencia política

Un vídeo, maletas llenas de billetes y tres expresidentes

Después del titular sigue el artículo. En cada caso el periodista busca transmitir una información concreta que gira en torno a una sola tesis, un concepto único. No se puede derivar cualquier conclusión del titular. Lo que define y pone límites al sentido del texto es la intención del autor, cómo trata de exponer un asunto y no otro. Debido a esta característica de la comunicación humana, el refrán «Donde dije “digo”, ahora digo “Diego”» tiene su sentido. Lo que el hablante quiere comunicar en un primer momento es lo que es. No procede desdecirse luego. No es correcto retocar palabras para notificar algo diferente a lo que se ha expresado al principio. Hay un solo sentido admisible, el que corresponde con el objetivo original del locutor.

Si la intención del que habla o del que escribe define el sentido de la comunicacion en general, tanto más se aplica esta misma norma a la palabra de Dios. Cuando Esdras y Nehemías reúnen al pueblo para que escuchen la lectura de la palabra del Señor, su afán es abrir el sentido original que Dios pretendía en sus comunicaciones a los profetas. Había un solo sentido, no varios. Ese sentido único es lo que el pueblo debía descubrir y comprender.

Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido,
de modo que entendiesen la lectura (Neh. 8.8).

No se admitían varios significados. El mensaje de cada porción de la palabra del Señor tenía su interpretación correcta. Esta es lo que los levitas tratan de ayudar al pueblo a comprender. Inventar otros sentidos habría sido utilizar una «pluma mentirosa». Sería como hurtar las palabras de Dios del pueblo redimido.

Ciertamente la ha cambiado en mentira
la pluma mentirosa de los escribas (Jer. 8.8).

Por tanto, he aquí que yo estoy contra los profetas, dice Jehova,
que hurtan mis palabas cada uno de su más cercano (Jer. 23.30).

De la misma manera, si un predicador se equivoca en la interpretación de un pasaje, si no da con la esencia que el Señor quiso al inspirar este texto bíblico en concreto, podría estar recurriendo igualmente a «la pluma mentirosa de los escribas». No se puede sacar cualquier idea central de un texto. Hay que descubrir la idea central que el Señor –inspirando al autor humano– tenía en mente. Sólo es válida la exposición que se ajusta a la intención del autor.

Otro ejemplo secular de la naturaleza del acto comunicacional son las fábulas de Esopo. Este escritor griego, que vivió allí por el s. VII a.C., compuso historias morales con animales como protagonistas. Uno de ellas es la historia del perro y el trozo de carne:

Un buen día, un perro que se creía muy inteligente, robó un enorme pedazo de carne de una carnicería. Antes de que pudieran atraparle, corrió tan lejos como pudo, queriendo poder disfrutar de aquella pieza con tranquilidad.

Tras la carrera llegó hasta un puente y, cuando se hallaba sobre él, miró hacia abajo y vio su imagen reflejada en el agua.

Aquel perro que se creía muy listo pensó: 

«Ese perro que está ahí abajo también tiene un pedazo de carne. ¡No puede ser! Su trozo parece más grande que el mío. Pero ese perro tiene cara de bobo. Si lo logro asustar, dejará su pedazo de carne y yo podré comer hoy dos trozos de esta delicia. ¡Soy tan listo!»

Pero al abrir el hocico para ladrar, su pedazo de carne cayó al río, se hundió en el agua y desapareció.

Cada fábula de Esopo tiene una moraleja. En este caso el «enfoque teológico» del apólogo (una narración con instrucción ética) es que la avaricia conduce a la pérdida. El asunto más importante para nuestra consideración es que la fábula tiene un significado. Hay un enfoque moral, solo uno, y de él se deriva la aplicación: ¡no seas avaro! Esta aplicación base se podría practicar de muchas maneras, según la situación vital de los oyentes del cuento. La avaricia y la generosidad se podrían manifestar de muchas formas, y el cuentacuentos hábil intentaría ayudar al público a ver la manera más apropiada de incorporar esta enseñanza a la vida real.

La pragmática, clave de la aplicación

La unicidad del significado de un texto se manifiesta en la pragmática. La pragmática se refiere a lo que el autor pretende hacer con las palabras que ha escrito. Es el enfoque teológico que el autor quiso transmitir con sus frases. Este enfoque teológico es único. El autor quiere decir una cosa y no otra. En otras palabras, cada perícopa tiene un solo significado, y este condiciona la aplicación.

Tomemos como ejemplo una oración sencilla de cuatro palabras:

La puerta está abierta.

Un análisis exegético tendría que aclarar el significado de «puerta», junto con su funcionamiento (se abre y se cierra). El intérprete tomaría nota del tiempo presente del verbo, de cómo describe la situación actual de la puerta. Más análisis léxico aclararía el significado de «abrir». Un examen gramático apuntaría el artículo definido «la». Se trata de una puerta, de esta puerta y no otra.

Para determinar la aplicación, sin embargo, hay que preguntarse ¿qué trata de hacer el autor con esta frase? ¿Cuál es la pragmática de la frase? ¿Qué espera el que habla? ¿Qué quiere que ocurra? Se podría pensar en varios escenarios:

Una discusión. Pepe y María acaban de discutir acaloradamente en el salón de su casa. Frustrado, harto, Pepe dice a María, «La puerta está abierta». Lo que pretende con esta frase es que ella se largue. No quiere seguir discutiendo con ella. Aplicación: ¡márchate!

Un día caluroso. Ramón y Begoña han encendido el aire acondicionado a 23º porque hace un calor sofocante afuera en la calle. Él, al sacar la basura, ha olvidado cerrar la puerta detrás de sí cuando vuelve. Ella le dice, «La puerta está abierta». Está molesta porque todo el aire fresco se escapa de la casa. Aplicación: ¡Apaga el aire!

Una excursión al campo. Pedro y Eva han hecho bocadillos para llevar a los niños a la sierra y pasar un día en familia haciendo senderismo. Mientras cargan el coche con una mesa de camping y sillas, algún balón, y una mochila con la comida, él mira a casa y ve que no han cerrado la puerta. Le dice a Eva, «La puerta está abierta». Quiere decir que no se olviden de echar la llave antes de marcharse de excursión. Aplicación: ¡Cierra la puerta echando llave!

Un cotilleo de oficina. Tomás y Margarita, que trabajan juntos en una empresa, acaban de tomar un café de máquina durante el descanso de media mañana. Ella empieza a contarle un rumor que está circulando por la oficina, un lío de faldas de uno de los directivos. Él la para diciendo, «La puerta está abierta». Quiere decir que otros pueden estar al loro, conviene bajar la voz. Aplicación: ¡Baja la voz!

En estos cuatro casos se pronuncian las mismas palabras, pero en situaciones muy dispares. El significado reside en lo que el autor pretende hacer con las palabras que dice, no el sentido léxico y gramático de las palabras mismas. La aplicación varía según la pragmática del autor. El que se expresa tiene en mente una sola idea, no todas las ideas posibles. La aplicación fluye de la intención práctica del que habla. Esto es lo que el intérprete debe discernir.

Aun cuando el sentido sea único, y la aplicación principal fluye de ella, podría haber varias formas secundarias de ponerla en práctica. Ramón y Begoña podrían apagar el aire o cerrar la puerta para que no se escape el aire fresco. Pedro y Eva podrían cerrar la puerta y echar la llave o mandar a uno de sus hijos a hacerlo. Tomás y Margarita podrían bajar la voz o dejar el cuarto de máquinas expendedoras para compartir confidencias en la escalera.

Lo más importante es que la aplicación se basa en la pragmática del texto. Proponer una aplicación sin tener en cuenta lo que el autor pretende hacer con sus palabras conduce al error. Cuando se trata de un pasaje de la palabra de Dios, desemboca en aplicaciones trilladas e insulsas, de poca utilidad para lograr una poderosa transformación espiritual de los hermanos.

Las tentaciones de Jesucristo

El relato acerca de las tentaciones de Jesucristo en el desierto representa una mina de oro para el predicador. La cuestión es ¿cómo deducir la aplicación correcta de este pasaje? ¿Qué pretende el evangelista al narrar las tres tentaciones que Jesús soportó antes de iniciar su ministerio? ¿Qué importancia tiene su victoria sobre el diablo? ¿Cuál es el enfoque teológico del autor?

Algunos expositores plantean el pasaje simplemente como un modelo a seguir. Hay que imitar a Jesús resistiendo la tentación. Otros profundizarán en el método con que Jesús se enfrenta al diablo citando pasajes de la Escritura. ¡Memoriza textos bíblicos!, dice el predicador. Otro pastor se fija en el hecho de que esta secuencia ocurra al inicio del ministerio público de Cristo, y exhorta a los hermanos a cuidar su santidad personal antes de emprender un servicio al Señor.

Todas estas aplicaciones quedan debilitadas, sin embargo, si no empalman con lo que el autor trata de hacer al contar la historia. Son como una mala aplicación de la frase «La puerta está abierta» en el ejemplo dado arriba. Si la pragmática (lo que el autor quiere hacer con sus palabras) es que Margarita baje la voz, sería un error aplicar la frase apagando el aire acondicionado.

En el relato de Mateo 4.1-11 el autor está retratando el talante moral de Jesucristo. Quiere demostrar que Jesús sufrió tentación verdaderamente y que la rechazó con contundencia. Fue probado de verdad y superó la prueba. La importancia de este hecho reside en cómo capacita a Cristo para ser el sumo sacerdote que los creyentes de hoy necesitamos. Habiendo sido tentado de verdad, se identifica plenamente con nosotros y nuestras luchas. Habiendo descartado la invitación al mal, él es fuerte para ayudarnos a hacer lo mismo en las encrucijadas morales de nuestra experiencia diaria.

Pues en cuanto él mismo padeció siento tentado,
es poderoso para socorrer a los que son tentados (He. 2.18).

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado (He. 4.15).

Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores,  hecho más sublime que los cielos (He. 7.26).

De esta manera, el enfoque teológico de Mateo es que Jesucristo ha demostrado ser la clase de sumo sacerdote que necesitamos, para que acudamos a él cada vez que nos encontramos en una tesitura conflictiva. Debido a su justicia, porque se negó a desviarse de la voluntad del Padre, está capacitado para mediar gracia a su pueblo, como el sumo sacerdote en Israel que llevaba la mitra blanca y una lámina de oro con las palabras «Santidad a Jehová» (Ex. 28.36). Él es como el rey ideal que ha cabalgado sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia, para que derrote poderosamente a los enemigos (Sal. 45.4-5). La calidad moral de su vida le capacita para ayudar a los demás en sus luchas contra el mal.

De esta manera, el enfoque teológico (la idea central, la pragmática) podría resumirse así:

Si Cristo lidió con el mal y superó la prueba,
te puede ayudar cuando eres tentado

Son dos aspectos: lo que Jesús logró y cómo ayuda a los suyos en situaciones parecidas. El bosquejo tendría dos grandes apartados: la naturaleza de la tentación y la esencia de la justicia. Añadiendo detalles se podría concebir un bosquejo algo así:

A. La naturaleza de la tentación
1. Procede del tentador, el diablo
2. Consiste en la invitación a satisfacer alguna necesidad sin contar con Dios
3. Dios permite situaciones de necesidad (lleva a Jesús al desierto)
B. La esencia de la justicia
1. Hay movimientos (el significado de cada tentación)
a. La desesperación frente a la espera (piedras en panes)
b. El nerviosismo frente al silencio de Dios (tirarse de lo alto del templo)
c. La frustración de ser ignorado (recibir gloria adorando al diablo)
2. Hay matices
a. La palabra de Dios aclara el buen camino
b. Practicar la justicia te da un mensaje para los demás (los 40 días en el desierto como los 40 días de Moisés en el monte de Sinaí)
c. Optar por la justicia abre la puerta al apoyo divino (ministerio de los ángeles a Jesús)

La aplicación principal es que conviene acudir a Cristo en medio de la tentación, sabiendo que él fue tentado de verdad y venció aferrándose a la voluntad del Padre. La aplicación podría practicarse, sin embargo, de varias maneras. El predicador podría exhortar a los hermanos a examinar los movimientos profundos de su corazón para discernir dónde se están cansando de esperar la provisión de Dios (la tentación de cambiar piedras en panes), dónde deben seguir confiando en las promesas del Señor a pesar de su silencio (la tentación de tirarse de lo alto del templo para obligar que Dios actúe), y dónde deben dejar con Dios su reconocimiento (la tentación de conseguir gloria adorando al diablo).[2]

El pastor también podría animar a los oyentes a empaparse de la Palabra de Dios, sabiendo que ella aclara los preceptos, las prioridades y las prácticas que caracterizan a la persona justificada por la fe de Cristo. O podría invitarles a acercarse a Cristo en oración, pidiendo fuerzas para hacer lo correcto en un momento ambiguo. O podría explicar cómo funciona la confesión de pecado cuando ha habido un fallo (1 Jn. 1.9, Pr. 28.13).

Otra área para practicar la aplicación del enfoque teológico del pasaje tiene que ver con la providencia divina que a veces permite necesidades intensas (como Jesús en el desierto). Su intención no es quebrantarnos, sino darnos una plataforma para escoger la justicia (confiar en Dios y hacer el bien, Sal. 37.3), para que quede evidente a todos la nueva vida que él ha formado dentro de nosotros. Superar la tentación es lo que da al creyente un mensaje para los demás. Como Moisés impartió el mensaje de Dios después de 40 días en el monte de Sinaí, y como Jesucristo empezó su ministerio público después de 40 días en el desierto, así el creyente de hoy ve respaldado su mensaje verbal si echa mano de Cristo para superar sus pruebas vitales.

Cada perícopa de la Escritura recoge una sola idea central, que se basa en lo que el autor pretende hacer con sus palabras. La pragmática del texto refleja la intención del autor, lo que trata de conseguir en los que leen u oyen sus palabras. Discernir la pragmática del autor requiere una reflexión sostenida sobre el texto bíblico en sí, más que la consulta a comentarios, que suelen centrarse en detalles léxicos y gramaticales, históricos y geográficos, que son interesantes pero no aclaran la idea central. El enfoque teológico correctamente analizado abre la puerta a la aplicación que transforma vidas.

–Esteban Rodemann


[1] La definición exacta de «perícopa» es un pasaje breve de cualquier tipo de documento. Antiguamente se usaba para señalar una porción de los evangelios adecuada para ser leída en público durante el culto dominical. Véase la web de la Iglesia de Pueblo Nuevo:

https://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_pericopa . Algunos autores emplean el término para delimitar un pasaje que sirve para ser predicado. Véase Abraham Kuruvilla, A Vision for Preaching: Understanding the Heart of Pastoral Ministry (Grand Rapids: Baker Academic, 2015), 92-93.

[2] Llama la atención el hecho de que ninguna de las tentaciones tenga que ver con quebrantar los Diez Mandamientos. Atacan algo más sútil, los movimientos profundos del corazón que invitan a apartarse de la voluntad de Dios.

Serie de estudios basados en el evangelio de Juan – La predicación expositiva secuencial II

Ocho señales del evangelio de Juan – La fe que ve

Las imágenes más espectaculares de la NASA –de la luna[1], de la tierra[2], del espacio– están hechas de cientos de fotos que se combinan para una exposición completa. Son fotos cósmicas compuestas. ¿Qué pasaría si tuviéramos una foto compuesta del Señor Jesucristo? Sería una sucesión de cromos que, al juntarlos, darían motivos para creer plenamente, sin ninguna sombra de duda.

La Biblia afirma que andamos por fe, no por vista (2 Co. 5.7). Esto significa que la verdadera fe se basa en las palabras de Dios y no en milagros espectaculares. No necesitamos portentos diarios si tenemos la palabra de Dios. Una fe de milagros puede ser una prueba de candidez más que de confianza. Jesús insiste en que ha sido enviado para transmitir palabras, un mensaje inteligible que las personas necesitan oir: «Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla» (Jn. 3.34).

Al mismo tiempo, las señales que Jesús hace abren el oído para que la gente preste atención al mensaje verbal. Convencen de que se trata de un anuncio del cielo, no las divagaciones incoherentes de un iluminado. Es como observa Nicodemo: «Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro (es decir, lo que importa son las palabras), porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él (es decir, las señales convencen de la urgencia de escuchar la palabra)» (Jn. 3.2).

El evangelio de Juan indica que Jesús hizo muchas señales (Jn. 2.23, 6.2, 7.31, 11.47, 12.37). La palabra «señal» (semeion) se refiere a un milagro con mensaje. Es mucho más que un mero prodigio, más que algo sobrenatural que sorprende porque desobedece las leyes naturales normales. Es una maravilla que a la vez enseña algún concepto espiritual. Así son las sanidades que hace Jesús: anuncian visiblemente las condiciones del reino de Dios, cuando la plenitud de vida humana habrá quedado totalmente restaurada. Los profetas lo anuncian y Jesús, al sanar a unos y otros, apunta que aquel día se acerca: «Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo» (Is. 35.5-6).

Si Jesús hace muchas señales, el evangelista Juan se centra en ocho de ellas para dibujar una imagen completa del Hijo de Dios. Cada señal aporta información sobre una faceta nueva de Cristo, para que la fe del creyente cristalice. El cuadro completo conduce a una fe madura, para que el creyente disfrute al máximo de una experiencia de vida eterna.

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre (Jn. 20.30-31).

Un tema relacionado con las señales es la vista. Cuando los primeros discípulos piden información a Jesús, su respuesta es «Venid y ved» (Jn. 1.39). De la misma manera, cuando Natanael plantea dudas sobre la identidad de Jesús, Felipe le dice «ven y ve» (Jn. 1.46). Ver a Jesús significa acercarse, escucharle, elaborar una noción completa de su persona y su obra. Es verle como Hijo de Dios e Hijo del Hombre. El título «Hijo de Dios» viene del Salmo 2.6-7 y se refiere al hombre designado por Dios para reinar en su nombre sobre toda la tierra. El nombre «Hijo del Hombre» se remonta a Daniel 7.13-14 y también describe al hombre escogido para reinar sobre la tierra. El calificativo «Cristo» (Ungido) indica que el rey elegido estaría señalado y capacitado por Dios para realizar su tarea.

Jesús recrimina a los asistentes en la sinagoga de Capernaum el haberle buscado «no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan» (Jn. 6.26). Ellos, en vez de indagar en el significado del milagro, solo querían una pensión vitalicia. La idea es que la contemplación de las señales debería haber provocado una búsqueda espiritual, porque las señales enseñan algo nuevo acerca de Jesús. Es lo que buscan los griegos cuando se acercan a los discípulos: «quisiéramos ver a Jesús» (Jn. 12.21).

Ver a Jesús significa comprender quién es Jesús. Comprender quién es Jesús despierta deseos de acercarse más a Jesús. Las señales están para convencer que Jesús es el rey que Dios ha prometido, que algún día triunfará sobre todos los males. Cuanto mayor la comprensión, mayor el deseo. El deseo aumenta el entendimiento. Al crecer el entendimiento, crece la fe y crece la riqueza de la vida eterna, que primero se vive en el corazón y luego se manifestará en el mundo entero.

Un ilusionista de feria dice «visto y no visto», y con un gesto de la mano hace desaparecer una carta, una moneda, una bola. El público –crédulo y entusiasta– se deja llevar por la palabrería y la simpatía del mago. Se fija en la chistera vacía y se sorprende cuando el showman saca un conejo o una paloma. Para algunos tener fe es como creer en un ilusionista con poderes sobrenaturales. Pero los que han visto a Jesús a través de las señales que plantea el evangelio de Juan, saben que no se trata de un juego de manos. La imagen compuesta, basada en hechos avalados por testigos, tiene una fuerza arrolladora. Despierta y refuerza la fe. El creyente nutrido por la visión completa de Jesucristo está preparado para vencer en medio de un mundo roto.

La predicación de las ocho señales del evangelio de Juan podría formar una serie de exposiciones para la iglesia local. Sería una manera de aplicar la predicación secuencial para el bien de la congregación, retratando la persona y la obra de Jesucristo para la edificación de los hermanos. Esteban Rodemann


[1] Fotos de la luna: https://rpp.pe/ciencia/espacio/nasa-la-luna-como-nunca-antes-vista-esta-foto-esta-compuesta-por-otras-100-mil-imagenes-noticia-1238587

[2] Fotos de la tierra: https://www.businessinsider.es/27-iconicas-fotos-tierra-tomadas-espacio-que-te-dejaran-fascinado-309227

Serie de estudios basados en el evangelio de Juan – La predicación expositiva secuencial

Las siete señales del evangelio de Juan

Cada predicador de la palabra de Dios aborda su cometido eligiendo entre desarrollar un tema libre (la predicación temática) o seguir un libro de las Escrituras, pasaje tras pasaje (la predicación secuencial). Hay buenos motivos para optar por la predicación secuencial, aunque puede haber distintas maneras de llevarla a cabo. Si la iglesia goza del privilegio de un pastor a tiempo completo que elabora la mayoría de los mensajes, la decisión de cómo plasmar la predicación secuencial le compete principalmente a él. Abrirá pasajes sucesivos del libro bíblico elegido, dejando espacio para la variedad en la exposición: en fechas señaladas (Navidad, Semana Santa), con predicadores invitados, o durante las vacaciones de verano.

En cambio, si varios hermanos comparten la exposición dominical de la Palabra, hay dos maneras de lograr una exposición sistemática: que todos sigan un calendario de predicaciones, abriendo pasajes sucesivos según un orden establecido, o que cada predicador desarrolle el libro bíblico de su elección cada vez que le toca tener ministerio. De este modo, un predicador irá avanzando en un libro de las Escrituras cada vez que suba al púlpito, mientras otro hará la mismo con otro libro distinto que ha preparado. Todos van avanzando, pero en paralelo.

La predicación secuencial se basa en varias consideraciones de peso. Un profesor de homilética ha dicho que recomienda a sus estudiantes predicar un sermón temático solo una vez cada cinco años, ¡pidiendo perdón a Dios inmediatamente después![1] En cambio, seguir un orden sistemático en un libro bíblico aporta grandes beneficios espirituales, tanto al predicador como a la congregación.

Es la única manera de respetar la inspiración de las Escrituras. Si toda la Escritura es inspirada y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia, entonces los que ostentan el ministerio público querrán dar un ejemplo de compromiso con este principio. Dios ha revelado su mensaje progresivamente a través de los siglos porque ha querido edificar en cada época sobre fundamentos ya dados. La predicación secuencial respeta este propósito divino.

Facilita la interpretación correcta de pasajes oscuros. Si un predicador, o un equipo de predicadores, desarrolla el sentido de un libro perícopa por perícopa[2], esto permite discernir mejor el enfoque teológico del autor. Los pasajes oscuros se iluminan a la luz de lo que viene antes y después. Seguir el flujo del argumento del autor hace que en sentido de los textos difíciles se aclare.

Obliga al predicador a enfrentarse con todo el consejo de Dios, tanto para sí mismo como para toda la congregación. Limitarse a sermones temáticos se degenera fácilmente en la repetición de los temas predilectos del predicador. Sus mensajes vuelven una y otra vez sobre las mismas doctrinas trilladas y se convierten en fuente de las mismas exhortaciones cansinas. Sin embargo, si se compromete con la predicación de libros enteros, abriendo pasajes sucesivos, esto abona su propio crecimiento. También suministra alimento espiritual a la congregación, cuyas necesidades más profundas a veces son desconocidas para los pastores.

Asegura que el predicador entregue el mensaje de Dios, no sus propias reflexiones personales. Hay una gran diferencia entre el esfuerzo por descubrir la razón de ser de un pasaje inspirado y la búsqueda enfervorizada por localizar un pasaje que respalde lo que el predicador quiere decir a sus hermanos. La predicación expositiva existe para transmitir palabra del Señor, no de los hombres.

Por todos estos motivos quisiéramos animar a los hermanos que tienen ministerio a dar la máxima prioridad a la predicación secuencial. Permitirá que los hermanos oigan la voz de Dios.

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (Jn. 17.17).


[1] Citado en Abraham Kuruvilla, A Vision for Preaching: Understanding the Heart of Pastoral Ministry (Grand Rapids: Baker Academic, 2015), 25.

[2] Una perícopa es una unidad textual, un pasaje que gira en torno a un solo tema. Puede ser algo corto (un solo proverbio), de extensión mediana (el párrafo de una epístola), o un pasaje relativamente largo (como de la narrativa del Antiguo Testamento). Ver Bibliatodo Diccionario, s.v. “perícopa”, consultado el 31 de agosto de 2020, https://www.bibliatodo.com/Diccionario-biblico/pericopa

La predicación expositiva en tiempos de cuarentena

En España estamos viviendo una situación nueva impuesta por la rápida difusión del coronavirus: la suspensión de cultos de las iglesias locales, la anulación de conferencias y congresos, el abandono de la reunión de grupos de hogar, la prohibición incluso de células de discipulado. El contacto físico entre hermanos, que es el alma de la vida y del ministerio cristiano, está severamente restringido.

¿Cómo hemos de plantear la predicación expositiva en un contexto así?  Se están dando distintas respuestas. En algunas iglesias, los predicadores graban sus mensajes en casa y luego los suben a YouTube o Vimeo. Otras iglesias hacen sus reuniones por Zoom, Google Meet o Skype, y dan la predicación en vivo ante una cuadrícula de hermanos que se han conectado. En algún caso el predicador se ha desplazado a la capilla para hablar desde un local vacío, para que los miembros escuchen por streaming.

De la misma manera, muchas reuniones de oración y grupos de hogar emplean la tecnología de Zoom. El que comparte la Palabra lo hace en vivo durante la reunión o graba el mensaje de antemano para que se comparta en pantalla durante el encuentro. Los mensajes suelen ser más cortos que en la vida real.

Muchos hermanos están llegando a conocer a predicadores de otras iglesias, incluso de otros países, durante este tiempo de confinamiento. Escuchan predicaciones que proceden de otros contextos denominacionales. Sus horizontes se abren al recibir la palabra de un abanico de pastores cualificados.

Hay tres claves que nos pueden orientar respecto al ministerio de la predicación expositiva en estos tiempos tan extraños. Primero, las personas siguen necesitando un mensaje de Dios. Está bien que se nos manden canciones, memes y bromas graciosas. Son cosas que hacen reír y alivian la presión del momento. Está bien visionar vídeos de gatos y de bebés, que también nos arrancan una sonrisa. Las personas reclaman, sin embargo, algo más sólido para su alma. Necesitan una palabra del Dios que está por encima de todas las situaciones vitales.

Un ejemplo de esto podría ser el naufragio que sufrió el apóstol Pablo en Hechos 27. Este predicador soportó con toda la tripulación los estragos de la tempestad en alta mar. Seguramente se caló como todos. Seguramente se mareó como todos. Pero su respuesta fue diferente porque recibió una palabra de Dios asegurando que llegaría a buen puerto con sus compañeros de a bordo. Al recibir una palabra de Dios, Pablo estaba en condiciones de dar una palabra de Dios: «Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho» (Hch. 27.25).

Primero hay que recibir la palabra, estar en «el secreto de Jehová»,recibir panes y peces de manos de Jesús. Después estamos encondiciones de dar la palabra a los demás. Damos de parte de Dios loque hemos recibido de Dios.

La palabra de Dios es lo único que alumbra el camino (Sal. 119.105).Es lo que aporta sanidad a las almas (Sal. 107.20). Es lo que transforma las vidas (Jn. 17.17). La palabra acerca de Jesucristo crucificado es el alimento verdadero (Jn. 6.55). Estos hechos animana pensar que la prioridad, cuando se plantea la reconfiguración telemática de la vida congregacional, no es tanto mantener la identidad de la iglesia local, sino facilitar que la palabra de Dios siga llegando a los corazones.

Una segunda consideración es que los principios acerca de la buena exposición siguen vigentes en la nueva situación. El predicador está llamado a abrir la Biblia, no compartir sus propias reflexiones. Cada pasaje de las Escrituras se basa en una idea central, que el predicador ha de descubrir y aplicar primero a su propia vida, para luego transmitirla a la congregación. Hacer el puente entre el mundo antiguo y el mundo actual es tan necesario como siempre. Las reglas de fidelidad (al mensaje bíblico), pertinencia (a la vida real de los oyentes) y claridad (en el desarrollo del argumento del pasaje) siguen siendo fundamentales. En todo momento, el predicador está llamado a dirigir a los hermanos hacia Cristo. Es como lo que se narra acerca de los discípulos de Juan el Bautista:«Le oyeron hablar… y siguieron a Jesús» (Jn. 1.37).

Por último, la predicación telemática cuenta con algunos aspectos especiales. Hace falta minimizar los factores de distracción para que la palabra llegue mejor. Tanto en una predicación grabada de YouTube como una exposición en vivo por Zoom, los oyentes pueden apagar la cámara y marcharse para hacer otra cosa si pierden interés. Pueden ir a la cocina y preparar un café, ir al baño,abrir la ventana o revisar sus correos electrónicos. Nada de eso ocurre en un culto normal. Esta realidad invita al predicador atrabajar el manuscrito del sermón con esmero, con el fin de cautivarlos corazones para bien. Salomón nos recuerda que «el Predicador procuró hallar palabras agradables y escribir rectamente palabras de verdad» (Ec. 12.10). Es un desafío para el expositor online.

También hay factores ambientales a tomar en cuenta: 1) si se graba con móvil, es mejor grabar en horizontal, no en vertical; 2) conviene ajustar la altura de la cámara. Debe estar a nivel de los ojos, no mirando hacia arriba desde la mesa; 3) hay que cuidar la iluminación del rostro del predicador, para que no quede ni envuelto en sombras ni con un reflejo excesivo en las gafas; 4) urge cuidar el sonido para evitar un audio retumbante. Un micrófono de solapa ayuda; 5) conviene cuidar la vestimenta. Es mejor predicar como harías en el culto, que hacerlo en chandal o pijama; 6) es una ayuda revisar el fondo detrás del predicador, para que respalde el mensaje. Un estante lleno de libros convence más que un fregadero de cocina lleno de cacharros; 7) hay que anticipar interrupciones, para que no suene el teléfono ni entren corriendo los niños.

En este tiempo de cuarentena sería fácil promover alarma y rabia.No sería difícil plantear la situación como una muestra del juicio de Dios, para humillar a su pueblo y quebrantar a los que no le conocen. Algo de eso hay seguramente, aunque desconocemos los misterios de la voluntad divina. Sin embargo, es esencial que el predicador recuerde –para que su exposición lo refleje en el tono–que el fin último del Señor es bendecir a las personas. La crisis está abriendo algunos corazones para que busquen a Dios como nunca antes. Algunos se han vuelto espiritualmente sensibles. Hay creyentes que han reenfocado sus prioridades para bien. La buena exposición dela Palabra se ha vuelto más urgente y más pertinente que nunca.

A vosotros, primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, 
lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

Hechos. 3.26

Esteban Rodemann

Informe sobre TDP Canarias Zoom

¡Hola a todos los compañeros del Taller de Predicación de nuestro país, España!

Nos enfrentábamos a un dilema, ante el estado de alarma decretado por el gobierno para todo el país a partir del 15 de marzo, suspender o no nuestro Taller de Predicadores que iba a tener lugar el 25 de abril de forma presencial, como siempre. Apuramos hasta el final la decisión y supimos a finales de marzo que iba a ser imposible realizarlo de ese modo. Por lo que decidimos asumir el desafío de hacerlo online con la herramienta Zoom, ya que algunos, y sobre todo nuestro hermano Josué García, estábamos usándolo para comunicarnos con nuestras iglesias. 

Desarrollamos el programa y diseñamos cada minuto del día, comunicamos a cada participante el plan y finalmente lo hicimos con una asistencia de 52 participantes a lo largo del día, de los cuales 32 habían participado a lo largo del primer ciclo de tres años de retiros, y como novedad incluimos a 20 nuevos interesados, que no habían participado antes.

La primera parte del programa fue intensa y llena de bendiciones:

  • Un taller sobre la Predicación Temática Expositiva, por Andrés Birch, que nos hablaba desde Palma de Mallorca.
  • Una Exposición bíblica con el tema: el evangelio, base textual en Filipenses capítulo 1, por Andrés Birch.
  • Evaluación sobre la fidelidad, pertinencia y claridad de la exposición bíblica en mini grupos, tuvimos seis grupos en salas independientes, fabulosamente coordinadas en la parte técnica por Josué García y cada grupo dirigido por líderes escogidos que hicieron un excelente trabajo. A la vuelta pudimos señalar a Andrés Birch nuestras conclusiones y todos salimos enriquecidos.
  • En este siguiente bloque, Andres Reid, nos alentó para asistir al Retiro Nacional Taller de Predicación de diciembre 2020 y Pepe Sanchez nos habló del libro que recibiremos: “Sencillamente predica” de Alex Motyer.

Ya sobre las 14:30, después de un tiempo libre de comida de una hora, volvimos entusiasmados para dividirnos en dos grupos:

  • 1) Los que invitamos a participar de esta primera parte, y que serán los nuevos prospectos para el Ciclo TDP de 2021-3, se reunieron con Pepe Sánchez, David Belch y Andrés Birch. Este les dio una introducción a la predicación expositiva y una exposición informativa sobre los Ciclos de TDP y les animaron a ser parte de este maravilloso proyecto.
  • 2) En paralelo se nos dividió a los demás en cinco grupos para las Mini-Predicaciones, dirigidas por los cinco líderes correspondientes. Todos los testimonios dieron fe de la riqueza de la Palabra y del enorme valor de este recurso didáctico.
  • Clausuramos el evento no solo satisfechos y sabiendo que se hizo posible con éxito, sino dándole muchas gracias a Dios y a todos los participantes por hacerlo posible. Así que terminamos motivando a todos para que se inscribieran al Retiro de diciembre 2020 y continuarían los Círculos de Predicadores.

Damos gracias a Dios, al Comité de trabajo y a todos los que participaron.

José Enrique Ortega por el Comité TDP de Canarias.

Una promesa para hoy

En el día malo necesitamos promesas de Dios. Una promesa es algo que Dios ha anunciado, algo que él propone hacer. Nuestra fe responde a su promesa. Así fue al principio («Enviaré a alguien para arreglar esto», Gn. 3.15), y así es en el día a día del cristiano. Andar por la fe en un mundo caído solo es posible echando mano de las promesas del Señor.

Esteban Rodemann comparte con nosotros una serie de promesas para sustentar nuestro corazón en estos días de aislamiento. Esperamos que os sirvan de estímulo.

Clickando en el botón superior-derecha que aparece en el video a continuación, podrás encontrar cada una de las promesas diarias.

Estudio en grupo – Interpretación y aplicación de profecía bíblica – Zacarías 8

Muchos comentaristas han calificado el libro de Zacarías como el más mesiánico, el más escatológico, de todo el Antiguo Testamento. Abundan los símbolos apocalípticos y las referencias al ministerio de Cristo en su segunda venida. El libro tiene el propósito de dar esperanza al pueblo de Dios en un momento de existencia nacional precaria.

Ministrando alrededor de 520 a.C. (el segundo año del rey Darío, Zac. 1.1), el profeta colabora con Hageo para avivar la moral entre los que han vuelto de Babilonia a su tierra ancestral. Los que han regresado son pocos (unos 50.000); muchos de sus compatriotas han quedado en las provincias del imperio persa. Las murallas de la ciudad antigua de Jerusalén siguen derrumbadas; el pueblo está expuesto a las abusos de enemigos que ostentan el poder político.

El decreto el Ciro el Grande que ha permitido el retorno de los exiliados incluye el encargo de levantar de nuevo el templo en Jerusalén: «Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá» (Esd. 1.2). En la mente del rey persa, la orden de levantar el templo es un apaño político para garantizar la complicidad de los dioses de los pueblos vencidos. Si Ciro concede libertad de culto, es posible que sus dioses le favorezcan en sus empresas guerreras.

Para los retornados, sin embargo, levantar el templo supone algo mucho más importante: dar testimonio de Cristo. Sin templo, no era posible ofrecer el holocausto diario. El cordero sacrificado cada mañana y cada tarde –dando su sangre, consumido en el fuego, levantado en alto a la vista de todos– era una poderosa ayuda visual para anunciar la persona y obra del Salvador venidero. El testimonio de Cristo era lo que daba sentido a Israel como nación; levantar el templo sería el medio para transmitir el mensaje de salvación a los pueblos de alrededor.

Sin embargo, los enemigos eran muchos y los recursos pocos. Dios envía a Hageo y Zacarías a predicar en Jerusalén, primero para levantar el ánimo de los responsables Zorobabel y Josué, y luego avivar el compromiso espiritual de todo el pueblo (Esd. 5.1-2). Había que poner manos a la obra, dejar atrás los intereses personales y luchar juntos para construir un testimonio unido en nombre de aquel que sería el Deseado de todas las naciones (Hag. 2.7).

Para estimular la obra de la construcción del templo, Zacarías entrega varias visiones que tienen que ver con la futura restauración de Jerusalén. El capítulo 8 describe con gran viveza la prosperidad, seguridad y alegría que la restauración de la ciudad santa supondrá. Para el predicador, este capítulo obliga a escoger un método hermenéutico. Si las palabras «Sion» y «Jerusalén» (Zac. 8.2-3) se refieren a la Iglesia, ¿cómo se cumplen las promesas de manera espiritual en la Iglesia? ¿Cuál sería la aplicación de ellas a la vivencia espiritual del creyente de hoy?

En cambio, si las promesas se cumplen en el cielo nuevo y tierranueva, se confirma la vertiente futura de la esperanza, lo cualtambién tiene implicaciones para el comportamiento del creyente. Sinembargo, hay un detalle en el pasaje que parece descartar laposibilidad de que estas promesas se refieran al cielo nuevo y tierranueva: la procreación de niños (Zac. 8.5, Mt. 22.30).

Por otra parte, si las promesas se interpretan de forma literal, el cumplimiento ha de dar lugar en una futura edad de oro, entre la segunda venida de Cristo y el comienzo del cielo nuevo y tierra nueva. Sería como la primera etapa del estado eterno. De esta manera, la promesas describen cosas que ocurrirán en la ciudad literal de Jerusalén como bendición para el remanente de Israel, aquel grupo reducido de israelitas según la carne que también habrán creído en Jesucristo como su Mesías (Zac. 8.1, 12; compárese con Is. 1.9, 10.22, 17.6, 24.13). ¿Qué datos aporta Zac.8.14-15 sobre la posible literalidad de las promesas?

Si las promesas sobre la restauración de Jerusalén han de cumplirse literalmente, se plantea el mismo reto para la aplicación: ¿Qué aportan estas promesas al creyente en Cristo hoy? ¿Cuáles serían las aplicaciones que deben resaltar el predicador expositivo en nuestros días?

Estas cuestiones se aclaran analizando los detalles de dos aspectos del texto:

Las promesas de restauración: ¿qué se promete concretamente a los habitantes de Jerusalén?

–8.3 (2.10)

–8.4-6 (cp. 14.11)

–8.7-8

–8.10-12

–8.11-12

–8.13

–8.19

–8.21-23 (cp. 2.11-12, 14.16-19)

Las respuestas de fe: ¿cuáles son las respuestas adecuadas a tan grandes promesas? Las promesas gloriosas influyen en el comportamiento de los que las abrazan.

–8.16

–8.16

–8.17

–8.17

–1.3

–2.13

Exégesis

¿Cómo fluye el argumento de este pasaje? ¿Cuáles son las unidades de pensamiento en este capítulo? ¿Qué sería la idea central del pasaje, el mensaje principal? ¿Cuál sería el propósito de un sermón sobre este pasaje (lo que queremos que ocurra en los oyentes)?

Como grupo, tratad de elaborar un bosquejo que refleje la enseñanza del profeta.

Exposición

1. ¿Cuál será la idea central de vuestro mensaje? ¿Cómo vais a comunicar el énfasis central de este texto a otras personas? Elaborad juntos una sencilla frase o un título que resuma el énfasis principal de vuestro mensaje. La idea es que sea clara y memorable para la audiencia, pero debe reflejar vuestro acuerdo sobre la idea central del texto.

2. Como resultado de escuchar vuestro mensaje, ¿qué queréis que vuestros oyentes entiendan, sientan y hagan? Confirmad que el efecto que queréis para vuestro mensaje refleje el efecto que el autor del texto bíblico buscaba en sus oyentes.

3. Debatid posibles bosquejos para vuestro mensaje. Sed todo lo creativos e imaginativos que podáis, buscando una estructura sencilla que refleje fielmente lo que el texto dice. Buscad encabezados que sean cortos, sencillos y fáciles de recordar.

El predicador como consejero bíblico

La Biblia se refiere al poder sanador de la palabra de Dios. Desde la primera promesa en Edén («alguien vendrá para arreglar esto», Gn. 3.15), las promesas del Señor se multiplican para renovar fuerzas en hombres y mujeres que luchan por sobrevivir en un mundo caído. La certeza que mana de lo que Dios ha prometido hacer infunde vitalidad a la experiencia del creyente:

Envió su palabra, y los sanó,
Y los libró de su ruina (Sal. 107.20).

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (Jn. 17.17).

…con la palabra echó fuera a los demonios,
y sanó a todos los enfermos (Mt. 8.16).

Para que la palabra de Dios ejerza esta función sanadora, tiene que llegar a los oídos de la congregación como palabra de Dios. Así actúa en los creyentes (1 Tes. 2.13), produciendo cambios reales en las vidas humanas. Pablo recuerda a los efesios que habían oído a Jesús, habían sido enseñados por Jesús (Ef. 4.21), aunque Jesucristo en persona nunca había pisado su tierra. Los portavoces humanos en esa ciudad habían sido Pablo y Apolos, y su mensaje llegó a los corazones como si los vecinos de Éfeso hubieran escuchado directamente al Señor Jesucristo.

Hace falta sanidad porque el creyente se desenvuelve en un mundo caído. El cuerpo se desgasta, la enfermedad acecha, surgen conflictos con personas. Algunos luchan con la ansiedad, otros con adicciones. La vida en familia queda corta de lo que uno desearía. Falta trabajo, escasea el sustento material. A veces el carácter de la persona provoca enfrentamientos y malentendidos. Hay residuos del mal latentes en el corazón del cristiano, y se ve inmerso en una lucha constante por no ceder a impulsos indignos. A veces hay un lastre de traumas del pasado: abusos, traiciones, abandonos, accidentes.

Para que el mensaje del predicador humano se escuche como la voz del cielo y aporte sanidad a las almas, hacen falta tres cosas: 1) fidelidad, para que la enseñanza se ciña a un pasaje de la Escritura; 2) pertinencia, para que la enseñanza conecte de forma real con la situación inmediata de los creyentes; y 3) claridad, para que la enseñanza se desarrolle en torno a una idea central, cuyo argumento los oyentes puedan seguir paso a paso.

La exposición bíblica ocurre en las iglesias de dos maneras: en público, desde el púlpito, donde el predicador explica y aplica el mensaje central de un pasaje de las Escrituras. También ocurre en privado, en la intimidad de una casa, donde el predicador utiliza la Palabra pastoralmente para ayudar a los creyentes a encontrar solución a sus problemas. Las dos facetas de la exposición –el predicador como orador y el predicador como consejero– se complementan y se refuerzan, en tres sentidos.

El predicador como profeta

El apóstol Pablo afirma que el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación (1 Co. 14.3). Tiene la misión de manifestar la suficiencia de Jesucristo para todas las necesidades humanas, tanto en esta vida como en el más allá. La carga de la Palabra de Dios es promesa: lo que Dios ha prometido hacer en Cristo. Como respuesta a la promesa divina, las personas creen de todo corazón y se comprometen con la voluntad de Dios, con el mismo espíritu que los egipcios salvados por José de la hambruna:

La vida nos has dado; hallemos gracia en ojos de nuestro señor,
y seamos siervos de Faraón (Gn. 47.25).

Dicho de otra manera: el predicador expone motivos para que las personas confíen en Dios, y después aclara cómo la obediencia es su «culto racional» (deseable, normal, correcto, Ro. 12.1). El salmista lo expresa así: «Confía en Dios, y haz el bien» (Sal. 37.3). Primero la fe, expresada a través de la oración, luego la obediencia, andando en los caminos del Señor.

Desde el púlpito, el predicador se esfuerza en poner delante de los hermanos todas las virtudes de Jesucristo, para que se animen a acudir a Cristo diariamente en su experiencia personal: «Acercándoos a él, piedra viva» (1 P. 2.4). Le llevarán sus cargas en oración («confía en Jehová») y tratarán de seguir el camino de la justicia en todo momento («y haz el bien»).

Cuando los hermanos aprenden la dinámica de una vida espiritual sana, el Espíritu de Dios moldea su personalidad. Les infunde esperanza y consuelo. Los cambia en mejores personas, y estas cosas por sí solas solucionan muchos problemas de convivencia. Cuando la gracia de Dios transforma a una persona peleona en pacífica, una persona suspicaz en benigna, una persona mentirosa en veraz, el cambio siempre supone una mejora en la calidad de las relaciones personales. Jesús dice que el trato que damos a otros es lo que solemos recibir de ellos a cambio (Lc. 6.38).

El predicador como consejero

El predicador que transmite empatía desde la plataforma, que se identifica con las luchas de los creyentes, que comparte de su propia experiencia lo suficiente para que los hermanos vean que no se considera más santo que ellos, esto desprende dulzura espiritual. Invita a que los hermanos acudan en privado, buscando orientación sobre situaciones concretas. Una atención pastoral cercana –escuchando con interés, trayendo a colación algún texto bíblico, orando en voz alta por la persona– ayuda a las personas a seguir avanzando con Cristo, a pesar de todas las vicisitudes de la vida terrenal, que a veces parece un campo minado.

Cuando el predicador sigue la exposición progresiva de libros bíblicos enteros, muchas veces tocan pasajes con un enfoque eminentemente práctico:

Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen,
haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen
(Mt. 5.44).

El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal,
y sus labios no hablen engaño (1 P. 3.10).

Ninguno busque su propio bien, sino el del otro (1 Co. 10.24).

Cuando el predicador abre el sentido de este tipo de pasajes, es consciente de que estará ministrando a varias personas de la congregación al mismo tiempo. El predicador no conoce todas las intimidades de la gente, pero Dios suele usar sus palabras para aportar respuestas en muchas direcciones a la vez.

El predicador como entrenador

A veces la consejería cristiana más eficaz ocurre en un contexto de amistad entre creyentes. Si hay cercanía personal, el amigo es el que escucha mejor y el que comparte mejor cómo el Señor le ha ayudado en una situación parecida. Una relación de amistad es algo duradero; la conversación sigue, en medio de todos los avatares de la vida. Hay más confianza, en base de experiencias compartidas durante tiempo.

Hierro con hierro se aguza;
y así el hombre aguza el rostro de su amigo (Pr. 27.17).

Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento,
de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros (Ro. 15.14).

El predicador sienta las bases para el buen funcionamiento espiritual de la amistad dentro de la congregación, en tres sentidos. Promueve una sana dinámica espiritual con su exposición de Jesucristo como sumo sacerdote celestial. En segundo lugar, enseña cómo funciona la vida bajo el sol. Dios ha hecho la vida de una manera y no de otra. Si el creyente consigue sintonizar su camino con la voluntad de Dios, todo le irá bien. Si no, se hace pupa.

El buen entendimiento da gracia;
mas el camino de los transgresores es duro (Pr. 13.15).

En tercer lugar, el predicador enseña sobre el poderoso ministerio mutuo que los creyentes ejercen, unos sobre otros. Es un tema que se repite a menudo en el Nuevo Testamento, y cualquier exposición sistemática necesariamente lo toca antes o después.

La voz de Dios aporta sanidad a las personas. El desafío para el predicador expositivo es hacer todo lo posible para que los hermanos oigan la voz de aquel que vino para sanar a los quebrantados de corazón.

Esteban Rodemann